Un rosal floribunda es un rosal moderno que florece en ramillete y no de una en una. Esa es la diferencia práctica con el híbrido de té, y de ella se derivan casi todas las demás: flores algo más pequeñas, muchas más flores a la vez, mata más compacta y una temporada de color que en el litoral mediterráneo puede ir de abril a noviembre casi sin pausas. Si lo que se busca es un macizo que se vea florido desde lejos durante meses, es el grupo que hay que mirar.

El precio de esa abundancia es la flor individual. Un floribunda rara vez da la flor de exposición, de tallo largo y forma perfecta, que da un híbrido de té; da racimos de cinco a diez flores más modestas que se abren escalonadas. Quien quiera cortar rosas para un jarrón elige otra cosa. Quien quiera un seto, una bordura o un arriate de color, elige un floribunda.

rosa floribunda

De dónde salen

El grupo nace del cruce entre las polyanthas, rosales bajos y muy floríferos de racimos numerosos y flores diminutas, y los híbridos de té, que aportaban tamaño, forma y una paleta de colores mucho más amplia. Los primeros híbridos de este tipo los obtuvo la casa danesa Poulsen a principios del siglo XX, y durante décadas se llamaron polyanthas híbridas o rosas de Poulsen.

El nombre floribunda se impuso más tarde desde los viveros estadounidenses, que necesitaban una etiqueta comercial para un grupo que ya no encajaba en las polyanthas ni en los híbridos de té. Cuajó, y hoy es la denominación que usan viveros y sociedades de la rosa de todo el mundo.

La frontera con los grupos vecinos sigue siendo borrosa. Hay variedades catalogadas como floribunda en un catálogo y como arbustiva o como grandiflora en otro, y no es un error de nadie: las clasificaciones de rosales describen tendencias, no compartimentos. El grupo grandiflora surgió precisamente para los cruces que quedaban a medio camino, con flor de híbrido de té sobre mata de floribunda.

Cómo se reconoce un floribunda

  • Inflorescencia en corimbo, con un mínimo de tres flores y con frecuencia bastantes más, abriéndose de forma escalonada dentro del mismo ramillete.
  • Flor mediana, de forma variable según variedad: hay floribundas de forma clásica de copa, otras de flor plana y abierta y otras casi simples, con pocos pétalos.
  • Refloreciente. Encadena oleadas de floración desde la primavera hasta que el frío la para, con un bajón claro en el pico del verano seco.
  • Porte compacto, en general entre medio metro y metro y medio según variedad, clima y poda. En el sur peninsular las mismas variedades crecen bastante más que en el norte.
  • Aroma desigual. La fama de que los floribundas no huelen viene de que muchos de los más plantados son poco perfumados, pero hay excepciones notables, como 'Arthur Bell', de aroma franco.
rosa floribunda, macizo de rosas rojas Un macizo de floribunda de una sola variedad da el efecto de mancha de color que el grupo hace mejor que ningún otro.

Dónde colocarlos

El floribunda está pensado para verse en conjunto. En un arriate funciona mejor plantar un solo cultivar por macizo, en grupos de tres o cinco pies, que mezclar colores: la gracia del grupo es la mancha continua, y una mezcla la deshace. Marco de plantación razonable, de cincuenta a setenta centímetros entre pies para las variedades de porte medio, algo más si la variedad es vigorosa y se está en clima cálido.

Como seto bajo o como bordura de camino son insuperables, porque el ramillete cubre la silueta de la mata y no deja huecos. También son los rosales que mejor aguantan una maceta grande en terraza, siempre que el recipiente tenga fondo suficiente, del orden de cuarenta centímetros, y que se acepte que en maceta se riega y se abona bastante más.

Sol directo, seis horas como mínimo. En el interior peninsular, con veranos duros, una situación que reciba el sol de la mañana y quede algo protegida a primera hora de la tarde conserva mejor el color de las flores rojas y anaranjadas, que se decoloran con la insolación fuerte.

Suelo y riego en clima español

Los rosales quieren suelo profundo, fértil y bien drenado, y toleran mal el encharcamiento. En buena parte del este y el sur peninsular el problema no es el drenaje sino la caliza: en suelos con pH alto el hierro queda bloqueado y aparece la clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro y, a más largo plazo, aportando materia orgánica cada año, que es lo que de verdad mejora la disponibilidad de nutrientes.

El riego se hace al pie y nunca sobre el follaje. Mojar las hojas al atardecer es la mejor forma de invitar a la mancha negra y al oídio. Mejor pocos riegos y profundos que muchos y superficiales: en un rosal establecido en tierra, un riego abundante cada tres o cuatro días en pleno agosto suele bastar en clima mediterráneo, y bastante menos en la cornisa cantábrica.

Dos abonados marcan el ritmo: uno de fondo con compost o estiércol maduro al final del invierno y otro complementario al inicio del verano, después de la primera oleada de flor. A partir de finales de agosto conviene levantar la mano con el nitrógeno, para que la madera endurezca antes del invierno.

Poda

La poda de un floribunda es más suave que la de un híbrido de té, y esa es la única regla que hay que retener. Se poda al final del invierno, cuando ha pasado el riesgo de helada fuerte: en la costa mediterránea y en el sur, entre enero y primeros de febrero; en el interior y el norte, de mediados de febrero a comienzos de marzo; en zonas de montaña, más tarde aún.

El criterio es dejar entre cuatro y seis yemas en las ramas del año, cortando siempre por encima de una yema orientada hacia fuera para abrir el centro de la mata. Se eliminan la madera muerta, las ramas finas que no van a sostener flor y las que se cruzan hacia dentro. Cuanto más yemas se dejan, más ramas y más flores, pero más pequeñas; cortando más corto salen menos flores y de mayor tamaño. Para un macizo, interesa lo primero.

Durante la temporada, retirar la flor pasada del ramillete completo, cortando por debajo del corimbo, es lo que dispara la siguiente oleada. Si se deja cuajar el escaramujo, el rosal afloja.

Problemas frecuentes

Los floribundas tienen fama de resistentes, y en conjunto la merecen más que los híbridos de té, pero la resistencia depende de la variedad y del clima, no del grupo. Las tres enfermedades que se van a ver son el oídio, que forma un polvo blanco en brotes y capullos y aparece con días cálidos y noches frescas; la mancha negra, causada por Diplocarpon rosae, que domina donde hay humedad y lluvias de verano, es decir la mitad norte; y la roya, con pústulas anaranjadas en el envés.

Las tres se combaten primero con manejo: aireación de la mata mediante poda, riego al pie, recogida y retirada de las hojas caídas y elección de variedades resistentes al plantar. Solo cuando eso no basta se piensa en un tratamiento, y entonces la referencia es el producto autorizado para jardinería exterior doméstica y la dosis que figure en su etiqueta.

De las plagas, el pulgón en primavera es constante y casi siempre menor, y la araña roja aparece en verano seco. En ambos casos el chorro de agua en el envés y la paciencia con los depredadores naturales resuelven la mayoría de los episodios.

Variedades para hacerse una idea

'Iceberg', vendida en el catálogo alemán de Kordes como 'Schneewittchen', es probablemente el floribunda blanco más plantado del mundo y el que mejor demuestra lo que el grupo hace bien: mata arqueada, floración casi ininterrumpida y una versión trepadora que cubre muros. Su punto débil son los hongos foliares en clima húmedo.

'La Sevillana', de la casa Meilland, es el ejemplo contrario en cuanto a exigencias: rojo bermellón, muy rústica y muy usada en jardinería pública española precisamente porque aguanta lo que le echen. 'Arthur Bell' aporta el amarillo con aroma, aunque el color palidece con el sol fuerte. Y variedades más recientes como 'Gebrüder Grimm' muestran hacia dónde va el grupo: la selección moderna prioriza la sanidad del follaje por encima de la forma de la flor.

En resumen

El floribunda es el rosal de macizo por definición: flores en ramillete, floración larga, mata compacta y poda suave. Nació del cruce entre polyanthas e híbridos de té para reunir la abundancia de las primeras con el color y el tamaño de los segundos, y en un jardín español cumple ese papel mejor que ningún otro grupo, sobre todo plantado en grupos de una sola variedad.

Su cultivo no tiene misterio: sol de sobra, riego al pie y profundo, materia orgánica cada invierno, poda a cuatro o seis yemas al final del invierno según la zona y retirada de los ramilletes marchitos durante toda la temporada. Los problemas serios llegan casi siempre por exceso de riego sobre las hojas, por falta de aireación en la mata o por elegir una variedad poco adecuada al clima de la zona.


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