Un terrario es un trozo de hábitat metido en una caja de cristal, y montarlo es sobre todo jardinería. La parte que da más trabajo y la que decide si el conjunto funciona no son las luces ni los termostatos, sino el sustrato, el drenaje, las plantas elegidas y cómo se reparten la luz y la humedad. Quien sabe montar una jardinera sabe ya la mitad.

Conviene separar dos cosas que se llaman igual. Un terrario puede ser solo de plantas, un pequeño bosque cerrado que se riega dos o tres veces al año, y esa es la versión más sencilla y la que se recomienda para empezar. Y puede alojar un animal, y entonces deja de ser un objeto decorativo: pasa a ser el espacio vital de un reptil o un anfibio, con requisitos que hay que cumplir todos los días durante años. Este artículo trata sobre todo la parte botánica, que es común a los dos casos.

En España la tenencia de reptiles y anfibios está regulada y no todo lo que se ve a la venta es legal. El Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, prohíbe la posesión, el transporte y el comercio de las especies incluidas en él, entre ellas el galápago de Florida (Trachemys scripta), que durante años fue el reptil doméstico más vendido y que hoy no puede adquirirse. El Convenio CITES regula por su parte el comercio internacional de especies amenazadas, y muchas especies de tortugas y camaleones necesitan documentación que acredite su origen.

La consecuencia práctica es doble. Antes de plantearse un animal hay que comprobar en qué categoría está y qué papeles lleva, y hay que descartar la idea de soltarlo en un estanque o en un río si deja de interesar: buena parte de las poblaciones invasoras de galápagos de los humedales españoles vienen exactamente de ahí. Las asociaciones de rescate y los centros de recuperación tienen animales que ya están aquí y buscan sitio, que es una vía mejor que alimentar el comercio de exóticos.

Los tres tipos de terrario y sus plantas

La elección de plantas depende del hábitat que se reproduce, y no hay mezcla posible: una planta de selva no aguanta en un terrario árido por muy bonita que quede.

Terrario árido o de sabana. Poca humedad, mucha luz y un fuerte contraste de temperatura entre el punto caliente y el resto. Aquí funcionan las suculentas duras: Haworthia, Gasteria, Sedum, Sempervivum, Portulacaria afra y las tillandsias fijadas a la roca o a la madera. Si el terrario tiene animal, las cactáceas con espinas largas están descartadas por razones obvias, igual que el áloe y las euforbias, cuyo látex es irritante. La Sansevieria aguanta muy bien esas condiciones pero contiene saponinas, así que se queda para los terrarios sin animal.

Terrario de bosque templado. Humedad media, luz difusa. Helechos como Nephrolepis, Asplenium y Pteris, musgos, Selaginella, Peperomia, Pilea y hiedras pequeñas si no hay animal que las muerda. Es el tipo más agradecido para un terrario cerrado solo de plantas.

Terrario tropical o de selva. Humedad alta y montaje en vertical, con una pared trasera de corcho o de fibra donde enraizar epífitas. Las bromelias (Neoregelia, Guzmania, Vriesea) son la pieza central: retienen agua en la roseta, aguantan la humedad constante y dan refugio. Se completan con Ficus pumila, que tapiza cualquier superficie, Fittonia, Marcgravia, musgo de Sphagnum y pequeñas orquídeas de sombra. Los filodendros y otras aráceas crecen de maravilla en estas condiciones, pero sus cristales de oxalato cálcico las hacen mala idea si dentro hay una especie que come vegetales.

Qué plantas no deben entrar

La lista de exclusión importa más cuando el terrario aloja un herbívoro o un omnívoro, como el dragón barbudo (Pogona vitticeps) o una tortuga terrestre, porque esos animales van a probar lo que tengan a mano. Fuera quedan las euforbias y todas las plantas de látex, la adelfa (Nerium oleander), la difenbaquia (Dieffenbachia), el potos (Epipremnum aureum), el filodendro, la hiedra (Hedera helix), el tejo (Taxus baccata) y el ricino (Ricinus communis).

Hay además un detalle que se olvida: las plantas compradas en vivero llegan con restos de fitosanitarios y con abono de liberación lenta en el cepellón. Antes de meterlas conviene lavarlas bien, sustituir todo el sustrato de origen y dejarlas unas semanas en cuarentena fuera del terrario. Un abono soluble de riego en un terrario con animal es otra fuente de problemas, así que la fertilización se hace mínima y siempre en el sustrato, nunca en pulverización sobre la hoja.

En el lado contrario, para un terrario con especie herbívora hay plantas que se pueden usar y además comer: hibisco (Hibiscus rosa-sinensis), diente de león (Taraxacum officinale), llantén (Plantago), Portulacaria afra y paletas de chumbera sin espinas (Opuntia ficus-indica). Crecen despacio dentro, así que lo habitual es tener macetas de repuesto rotando fuera.

El sustrato y el drenaje

El montaje estándar de un terrario plantado tiene cuatro capas. Abajo, una de arlita o de grava lavada de dos o tres dedos, que recoge el agua sobrante. Encima, una malla de fibra o una tela de jardinería que impide que el sustrato se mezcle con ella. Después una capa fina de carbón vegetal activo, que ayuda a que el agua estancada no huela. Y arriba el sustrato propiamente dicho.

Para los terrarios tropicales, la mezcla habitual es fibra de coco, turba o mantillo, corteza fina y algo de perlita para que no se compacte. Para los áridos, arena lavada de sílice, tierra franca y grava fina, que permite excavar sin apelmazarse. Lo que no vale es arena de playa por la sal, ni tierra de obra, ni arenas finas de calcio o de vitaminas, que se apelmazan y que en el intestino de un reptil que las ingiere con la comida pueden causar impactación.

Ese riesgo es real y se reduce con criterio: sustrato de partícula grande o de fibra en las especies que comen del suelo, y comederos con plato en lugar de dejar los insectos sueltos sobre la arena.

El terrario bioactivo

La versión que más se parece a la jardinería de verdad es el terrario bioactivo, donde el sustrato se puebla con colémbolos (Folsomia candida) y con isópodos terrestres, esas cochinillas de la humedad de toda la vida. Descomponen los restos vegetales y las heces, mantienen a raya los mohos y hacen que no haya que cambiar el sustrato cada pocos meses. Necesitan una capa de hojarasca seca y trozos de corteza donde refugiarse, humedad estable y un poco de paciencia: el sistema tarda semanas en asentarse, y por eso conviene montarlo y plantarlo antes de introducir ningún animal.

Es un sistema vivo, no un truco de limpieza. Si se seca del todo o se satura de agua, la fauna del suelo desaparece y hay que volver a empezar.

El terrario de plantas, sin animal

Merece la pena por sí mismo y no depende de nadie. Un tarro grande o una pecera con tapa, la misma estructura de capas, tres o cuatro plantas de humedad alta y crecimiento lento, y un riego inicial hasta que el sustrato quede húmedo pero sin agua libre en la grava. Una vez cerrado, el ciclo del agua se sostiene solo: condensa en el cristal y vuelve al sustrato. Se abre solo para podar o si aparece condensación permanente en todo el vidrio, señal de exceso de agua.

Las plantas que mejor se portan son Fittonia, Soleirolia soleirolii, Selaginella, helechos pequeños, musgos y Peperomia. Nunca luz solar directa, que en un recipiente cerrado cocina el interior en una tarde. Luz clara indirecta o un tubo led a distancia, y una temperatura estable de habitación.

Mantenimiento a lo largo del año

El terrario no es un mueble. La revisión diaria son dos minutos: humedad, temperatura, agua limpia y retirada de restos. Semanalmente se poda lo que crece de más, se limpian los cristales por dentro y se comprueba que el drenaje no está encharcado. Los focos y los tubos ultravioleta pierden emisión mucho antes de fundirse, y en las especies que los necesitan para sintetizar vitamina D eso se traduce en problemas óseos, así que se sustituyen según lo que indique el fabricante aunque sigan encendidos.

En verano, el terrario situado junto a una ventana puede alcanzar temperaturas peligrosas en pocas horas: se aleja de la ventana y se refuerza la ventilación. En invierno, las especies que hibernan requieren un protocolo específico y una revisión veterinaria previa, y no es algo que se improvise. Ante cualquier signo de enfermedad, letargo fuera de temporada, negativa a comer o problemas de muda, la consulta es con un veterinario especializado en animales exóticos.

En resumen

El terrario funciona cuando se monta como se monta un jardín: pensando primero en sustrato, drenaje, luz y humedad, y eligiendo plantas que correspondan al hábitat que se reproduce. Bromelias, Ficus pumila y helechos para lo tropical; Haworthia, Sedum y tillandsias para lo árido; y fuera todo lo que tenga látex, oxalatos o toxicidad conocida si dentro hay un animal que vaya a morderlo.

Si lo que atrae es el paisaje en miniatura, el terrario cerrado solo de plantas da la misma satisfacción sin comprometer a ningún animal. Y si se opta por un terrario con habitante, la parte seria empieza antes: comprobar la legalidad de la especie, no adquirir nada de origen dudoso, mirar primero en los centros de rescate y aceptar que ese espacio va a necesitar atención diaria durante muchos años.


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