El teckel, dachshund o perro salchicha es un perro de caza en cuerpo de perro de piso. Se crió en Alemania para entrar en las madrigueras de tejones y conejos, y de ahí le vienen las patas cortas, el cuerpo largo, el olfato incansable y una valentía que no encaja con su tamaño. Todo eso sigue dentro del animal aunque viva en un tercero sin ascensor y salga tres veces al día a la misma manzana.

Quien convive con uno suele preguntar dos cosas: cómo se cuida esa espalda tan larga y por qué cava tanto. Las dos respuestas están relacionadas y las dos tienen que ver con el jardín o la terraza, porque es ahí donde el teckel hace lo que le pide su genética (excavar, rastrear, meter el hocico en todos los rincones) y donde más fácil es que se haga daño o que trague algo que no debe.

Tres pelajes y tres tamaños

La Federación Cinológica Internacional dedica al teckel un grupo entero, ella sola, señal de lo particular que es la raza. Dentro de ella se reconocen tres variedades de pelo, que cambian mucho el aspecto sin cambiar al perro: pelo corto, liso y pegado; pelo duro, áspero y con barba; y pelo largo, sedoso y con flecos en orejas, pecho y cola. En los tres casos hay una capa base muy compacta, que en el campo funcionaba como escudo al deslizarse entre zarzas.

Los tamaños no se miden por altura sino por perímetro torácico, tomado a partir de los quince meses: estándar, por encima de 35 centímetros y un peso que suele quedarse en torno a los nueve kilos; enano o miniatura, entre 30 y 35 centímetros; y kaninchen (de conejo), hasta 30 centímetros. Los dos tamaños pequeños se desarrollaron para entrar en huras más estrechas, no como versión decorativa.

La espalda, lo que hay que cuidar toda la vida

Las patas cortas del teckel vienen de una condrodistrofia, es decir, de un desarrollo modificado del cartílago. La misma característica que le da su silueta le da una predisposición documentada a la enfermedad discal, con hernias que pueden aparecer sin un golpe previo. No es una fatalidad, pero condiciona la rutina:

  • Peso ajustado, sin excepciones. Es la medida que más influye. Se controla pesándolo y palpando las costillas, no a ojo, y con la ración medida.
  • Nada de saltar desde el sofá, la cama o el maletero. Rampas o escalones bajos donde suela subirse.
  • Escaleras, las mínimas, sobre todo bajando, que es cuando la columna trabaja peor.
  • Ejercicio regular y repartido, con paseos frecuentes que mantengan la musculatura dorsal, mejor que una sola salida larga a la semana.
  • Arnés en vez de collar para la correa, para no cargar el cuello y la parte alta de la columna.

Si alguna vez se niega a moverse, se queja al cogerlo o arrastra las patas traseras, es una urgencia veterinaria: no se espera a ver si mejora.

Carácter y educación

El teckel suele ser sociable, apegado a su familia y bastante payaso, y a la vez tozudo y muy independiente cuando sigue un rastro. Esto último no es un defecto de carácter: es lo que se seleccionó durante siglos en un perro que tenía que trabajar solo dentro de una madriguera, sin recibir órdenes. Traducido al día a día, significa que responde peor a la llamada cuando ha encontrado un olor interesante y que necesita normas claras y las mismas para todos los de la casa.

La socialización temprana, entre las tres semanas y los tres meses, marca mucho. Un teckel bien socializado convive sin problema con otros perros, con gatos y con niños, aunque conviene supervisar a los más pequeños para que no lo cojan en brazos y lo dejen caer. Cuidado también con roedores, conejos y aves domésticas: el instinto de presa está muy vivo. Y ninguna de estas tendencias es una ley: cada perro es cada perro, y la educación pesa tanto como la raza.

Un excavador profesional en el jardín

Si hay un perro que va a cavar en el jardín, es este. Cavar no es un vicio que corregir sino la conducta para la que se crió, y prohibirla en bloque no funciona. Lo que sí funciona es darle un sitio: un cajón de arena o un rincón de tierra suelta, en sombra, con un par de juguetes enterrados las primeras semanas. Casi siempre acaba concentrando ahí la actividad.

El resto del jardín se protege físicamente. Parterres elevados de treinta o cuarenta centímetros, huerto vallado, malla enterrada al pie de la valla perimetral (un teckel que huele algo al otro lado cava hasta llegar) y las plantas recién puestas cubiertas con una malla hasta que arraiguen, porque la tierra removida es una invitación. Los caminos, mejor de gravilla de canto rodado o tierra compactada, y sin escalones altos: en un jardín con teckel, las rampas suaves valen más que las escaleras de piedra, y las rocallas con desniveles bruscos son justo lo que conviene evitar por su espalda.

Su altura al suelo trae dos problemas más. El vientre y las orejas van rozando la hierba, así que recoge todo lo que hay ahí abajo: barro, garrapatas en la hierba alta y, sobre todo, espiguillas. Las de la cebadilla ratonera (Hordeum murinum) y otras gramíneas silvestres se secan a finales de primavera y se clavan entre los dedos, en las orejas y en la nariz, avanzando siempre hacia dentro. En un teckel de pelo largo, además, se enredan en los flecos sin que se vean. La prevención es de jardinería: segar bordes y zonas descuidadas antes de que la hierba espigue, y revisar al perro dedo por dedo después de cada paseo de mayo y junio.

El otro es la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), que baja de los pinos en fila entre finales de invierno y comienzo de primavera. Un perro que husmea a ras de suelo es el candidato perfecto a meter el hocico en la fila. Sus pelos urticantes causan lesiones graves en boca y lengua y son una urgencia veterinaria inmediata, incluso con las orugas muertas. Si tienes pinos cerca, revisa las copas en invierno buscando los bolsones.

Plantas y productos que hay que revisar

Un perro que escarba llega al bulbo, que suele ser la parte más tóxica de la planta. Con un teckel en el jardín, estas son las especies a retirar o a poner fuera de su alcance real:

  • Bulbos de narciso, tulipán, jacinto y amarilis, con el tóxico concentrado justo donde él cava.
  • Cica (Cycas revoluta), tóxica en toda la planta y muy especialmente en las semillas. Es una de las intoxicaciones vegetales más graves en perros.
  • Adelfa (Nerium oleander), tóxica en todas sus partes, incluidas las ramas secas de poda.
  • Tejo (Taxus baccata) y ricino (Ricinus communis).
  • Dedalera (Digitalis purpurea), azaleas y rododendros e hortensia (Hydrangea macrophylla).
  • Aráceas de patio y de interior: potos, difenbaquia, filodendro, monstera y calas, con oxalato cálcico en toda la planta.
  • En el huerto: parte verde de tomatera y patatera, uvas y pasas, aguacate y el género Allium (cebolla, ajo, puerro, cebollino).

Y los productos, que causan tantas urgencias como las plantas: nada de acolchado de cáscara de cacao (contiene teobromina, el tóxico del chocolate, y huele a chocolate), cuidado con la harina de hueso y la de sangre, que le resultan irresistibles, y fuera las bolitas contra caracoles y babosas y los cebos para roedores. Ante cualquier sospecha de ingestión, al veterinario con una foto o una muestra de la planta, sin remedios caseros. Puedes ampliar el tema en plantas tóxicas para perros y en el perro y el jardín.

Lo que exige la normativa en España

La identificación con microchip es obligatoria para los perros en todas las comunidades autónomas, con inscripción en el registro que corresponda. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales añade la obligación de un seguro de responsabilidad civil para los perros, además de prohibir dejarlos solos más de veinticuatro horas. Las ordenanzas municipales concretan el resto: correa, zonas de esparcimiento y recogida de excrementos. Si te planteas un teckel, mira antes en las protectoras, donde llegan bastantes de esta raza.

En resumen

El teckel es un perro de caza adaptado a la vida en familia, listo, divertido y tozudo, que necesita normas coherentes, ejercicio repartido y un control estricto del peso. Su espalda es el punto que condiciona todo lo demás: ni saltos, ni escaleras si se pueden evitar, arnés en lugar de collar y veterinario a la primera señal de dolor.

En el jardín, dale su rincón de arena para cavar y protege el resto con parterres elevados, malla al pie de la valla y rampas en lugar de escalones. Revisa las especies plantadas (bulbos, cica, adelfa, tejo, ricino, aráceas), retira el acolchado de cacao y los cebos, y ten en el calendario las dos citas que más urgencias generan en un perro que va pegado al suelo: los bolsones de procesionaria en invierno y las espiguillas de finales de primavera.


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