Un hurón como animal de compañía

Son pequeños, simpáticos, juguetones. Por algo los hurones ocupan hoy el tercer puesto entre las mascotas preferidas de los norteamericanos, por detrás de perros y gatos.

Los hurones agradecen los paseos, aunque no son obligatorios. Pueden vivir sueltos por la casa, pero también conviene que tengan su jaula. Abajo, crías de hurón.

El hurón (Mustela putorius furo) es un mustélido doméstico, pariente cercano de la comadreja y del turón europeo, que lleva conviviendo con las personas desde la antigüedad. En casa se comporta como un animal curioso, juguetón y muy dormilón: pasa buena parte del día durmiendo y concentra su actividad en ratos cortos e intensos, sobre todo al final de la tarde. No es un animal de jaula ni un animal decorativo: necesita salir a diario, explorar y jugar con quien vive con él.

Quien se plantea tener uno suele preguntar tres cosas: si huele, si se puede tener suelto por casa y qué come. El olor propio de la especie se reduce mucho con la esterilización y con la limpieza frecuente de su zona de descanso y de la bandeja. Puede vivir suelto siempre que la casa esté a prueba de hurones, porque se cuela por cualquier hueco y muerde lo que encuentra. Y come carne: es un carnívoro estricto, con un tránsito digestivo muy rápido, así que la dieta no se improvisa. Ese último punto es el que conecta con el jardín, porque un hurón que hurga en las macetas y mordisquea hojas está haciendo algo que no le corresponde y que puede acabar mal.

Cómo vive un hurón en casa

El hurón tiene el cuerpo largo y flexible y las patas cortas, una morfología pensada para meterse en madrigueras. Traducido a un piso: se mete debajo del sofá, dentro del somier, detrás de los electrodomésticos, en el hueco de la lavadora y en cualquier tubería o rendija que encuentre. Antes de soltarlo por primera vez conviene recorrer la casa a su altura y tapar huecos, asegurar ventanas y balcones y retirar objetos pequeños de goma o espuma, porque los mordisquea y los traga.

Aun viviendo suelto, le conviene tener su propio espacio: una jaula amplia o un parque con cama cerrada (les gusta dormir tapados, dentro de una hamaca o un saco), comedero, bebedero, bandeja con lecho absorbente y algún túnel o rampa. Ese espacio sirve para las horas en que nadie puede vigilarlo y como refugio propio, no como lugar de castigo. Aprende a usar la bandeja con paciencia, aunque conviene poner varias, porque tiende a hacer sus necesidades en las esquinas.

Es sociable con los suyos y suele convivir bien con otros hurones. Con perros y gatos la convivencia depende de los animales concretos y de cómo se hagan las presentaciones, y siempre bajo supervisión. Con roedores, conejos y pájaros no: el hurón es un depredador y no deja de serlo por vivir en un salón.

Plantas peligrosas para un hurón

El hurón no come plantas por gusto, pero sí las muerde, escarba en las macetas y traga trozos de hoja o de tallo mientras juega. Como carnívoro estricto, su aparato digestivo no está preparado para material vegetal fibroso, así que al riesgo tóxico se suma el riesgo mecánico: un fragmento de hoja o de fibra de coco puede obstruirle el intestino. Por eso, en una casa con hurón suelto, la regla práctica es que las plantas estén fuera de su alcance o no estén.

Estas son las que más problemas dan en casas españolas, y conviene retirarlas o colocarlas en altura real, no en un mueble bajo:

  • Aráceas de interior: potos (Epipremnum aureum), difenbaquia (Dieffenbachia), filodendro (Philodendron), monstera (Monstera deliciosa), calas (Zantedeschia aethiopica) y espatifilo (Spathiphyllum). Toda la planta contiene cristales de oxalato cálcico que irritan boca, lengua y garganta al masticarla.
  • Adelfa (Nerium oleander), muy común en jardines y medianas del sur y del levante. Hojas, tallos, flores y semillas son tóxicos, y también lo es el agua en la que hayan estado ramas cortadas.
  • Cica (Cycas revoluta), la falsa palmera de patio y terraza. Toda la planta es tóxica y las semillas son la parte más peligrosa.
  • Tejo (Taxus baccata): hojas, corteza y la semilla del interior del arilo rojo.
  • Ricino (Ricinus communis), asilvestrado en muchos descampados del sur peninsular. Las semillas son la parte más peligrosa.
  • Bulbos de narciso, tulipán, jacinto y amarilis. El bulbo concentra los compuestos tóxicos, y un hurón que escarba en una maceta va justo a esa parte.
  • Dedalera (Digitalis purpurea) y adelfilla de jardín, además de azaleas y rododendros (Rhododendron), cuyas hojas y flores contienen grayanotoxinas.
  • Euforbias (Euphorbia), incluida la flor de Pascua: el látex blanco irrita piel, boca y ojos.

Si sospechas que ha mordido o tragado parte de una planta, lleva al animal al veterinario y, si puedes, una hoja o una foto de la planta para que la identifiquen. No hay remedios caseros útiles y provocar el vómito por tu cuenta puede empeorar las cosas. Tampoco sirve fiarse de que "solo mordió un poco": en un animal de este tamaño las cantidades pequeñas cuentan.

Macetas, sustrato y productos del jardín

Más allá de la lista de especies, hay cuatro riesgos de jardinería que se olvidan a menudo:

  • El sustrato y el acolchado. Fibra de coco, corteza de pino, perlita y vermiculita acaban en la boca del hurón si escarba. El acolchado de cáscara de cacao merece mención aparte: contiene teobromina, el mismo compuesto del chocolate, y no debe usarse donde haya animales sueltos.
  • Los abonos. La harina de hueso y la harina de sangre son muy apetecibles para un carnívoro, y los abonos de liberación lenta en bolitas se parecen demasiado a la comida. Guárdalos cerrados y riega bien tras aplicarlos.
  • Los fitosanitarios y los molusquicidas. Las bolitas contra caracoles y babosas y los cebos para roedores son un peligro directo. En una terraza con hurón, simplemente no se usan.
  • El agua estancada de los platos de las macetas, donde se acumulan restos de abono.

Si tienes terraza o patio y quieres sacarlo, hazlo con arnés y correa, nunca suelto: un hurón se escapa por un hueco de pocos centímetros y en el exterior no sobrevive bien. Y evita las horas de calor. Los hurones toleran mal las temperaturas altas y sufren golpes de calor con facilidad, algo a tener muy en cuenta en verano en casi toda España.

Alimentación y salud

La dieta es carne. Existen piensos específicos para hurón, con alto contenido en proteína y grasa de origen animal y muy pocos cereales; a falta de ellos, se recurre a alimentos de gato de alta calidad para gatitos, con el mismo criterio. El pescado y los cereales los digiere mal, y los azúcares no le convienen, incluida la fruta que muchos hurones aceptan encantados. Come poca cantidad pero muchas veces al día, así que suele tener comida disponible, siempre con agua limpia al lado.

En cuanto a salud, el hurón tiene un calendario de vacunación y desparasitación que fija el veterinario, con la vacuna antirrábica como pieza fija si se viaja. Conviene una revisión anual y estar atento a cambios de apetito, pérdida de pelo o apatía, porque esta especie tiene problemas endocrinos y digestivos propios que se detectan pronto si se vigila. Un detalle que se repite mucho: el hurón no es hipoalergénico. Ningún mamífero lo es. Produce alérgenos en piel, saliva y orina, y quien es alérgico a perros o gatos puede serlo también a él.

Qué dice la normativa en España

El hurón está reconocido como animal de compañía y, para moverse entre países de la Unión Europea, entra en el mismo régimen que perros y gatos: identificación con microchip, pasaporte europeo y vacunación antirrábica en vigor. Dentro de España, las obligaciones de identificación y registro dependen de la comunidad autónoma, así que lo sensato es consultar la normativa autonómica y la ordenanza municipal antes de tener uno. La esterilización, además de reducir el olor, evita en las hembras los problemas asociados a un celo prolongado sin monta, un motivo médico de peso y no solo una cuestión de comodidad.

En resumen

El hurón es buena compañía para quien puede dedicarle tiempo diario, tiene la casa preparada y acepta que su alimentación es de carnívoro estricto. No es un animal fácil por ser pequeño: duerme mucho, pero cuando está despierto lo investiga todo y se mete donde no debe, y esa curiosidad es justo lo que lo pone en riesgo con las plantas, el sustrato y los productos de jardinería.

Si convives con uno, la parte vegetal de la casa se replantea entera. Fuera adelfa, cica, tejo, ricino, aráceas de interior y macetas con bulbos al alcance; el sustrato, tapado; los abonos y los productos contra caracoles, guardados bajo llave. Y ante la duda de si ha mordido algo, al veterinario, con la planta en la mano.


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