El guppy (Poecilia reticulata) es el pez con el que casi todo el mundo empieza en un acuario de agua dulce: aguanta condiciones muy variadas, es pacífico y tiene una paleta de colores enorme. También es el que más rápido convierte un acuario tranquilo en un acuario desbordado, porque las hembras paren crías vivas cada pocas semanas. Las dos cosas, la facilidad y la superpoblación, se resuelven en gran medida con lo mismo: plantas.
Un acuario de guppys bien plantado consume los nitratos que generan los peces, compite con las algas, da refugio a los alevines para que sobrevivan los que tengan que sobrevivir y estructura el espacio para que las hembras puedan escapar del acoso de los machos. Aquí van las especies de planta que funcionan, cuáles toleran el agua dura de casi toda España y cuáles no deberías comprar ni, en ningún caso, tirar al medio natural.
Qué es un guppy
Es un pecílido originario del noreste de Sudamérica y de las islas del Caribe sur: Venezuela, Guyana, Trinidad, Barbados y el norte de Brasil. Tiene tres nombres comunes porque su historia taxonómica fue enredada. Guppy viene del apellido de Robert John Lechmere Guppy, el naturalista que envió ejemplares desde Trinidad en el siglo XIX; lebiste procede de Lebistes reticulatus, un nombre científico hoy en desuso; y pez millón se lo ganó a pulso por su capacidad de multiplicarse.
Macho y hembra se distinguen sin dificultad. El macho es pequeño, de unos tres centímetros, con la aleta caudal y la dorsal muy desarrolladas y los colores intensos: rojos, naranjas, amarillos, verdes, azules metálicos y ahumados, muchas veces en patrones moteados o atigrados con reflejos iridiscentes. Su aleta anal está transformada en un tubo, el gonopodio, que es el órgano copulador y el rasgo que confirma el sexo sin margen de error. La hembra es bastante más grande, hasta unos seis centímetros, de cuerpo más robusto y color mucho más apagado, y suele tener la caudal más corta.
Toda esa variedad de colas (velo, lira, espada simple y doble, abanico, triángulo) y de colores es producto de décadas de selección, y tiene un coste: las caudales muy largas pesan, el pez nada peor con ellas y se desgarran con facilidad. En un acuario con colas muy desarrolladas hay que cuidar la corriente y evitar decoración con aristas.
El agua que le va: aquí juega en casa
El guppy prefiere agua dura y de reacción alcalina, con pH por encima de neutro. Eso es una ventaja enorme en España, donde el agua de grifo de la mayor parte del territorio es dura o muy dura por el sustrato calizo. Al contrario de lo que pasa con los peces de agua blanda, que exigen tratar el agua, aquí normalmente basta con dejarla reposar o tratarla para eliminar el cloro.
La temperatura cómoda ronda los 22 a 28 grados, y lo importante no es el número exacto sino la estabilidad: los saltos térmicos bruscos lo debilitan. En una casa sin calefacción constante, un calentador con termostato evita sustos en invierno. El filtro debe dar una corriente suave, por el asunto de las colas largas, y los cambios parciales de agua semanales son la rutina que sostiene todo lo demás.
Ese perfil de agua dura condiciona también qué plantas prosperan, y es la razón de que la lista de abajo no sea la de un acuario de agua blanda.
Reproducción: por qué necesitas plantas antes que una paridera
El guppy es ovovivíparo: los huevos maduran y eclosionan dentro de la madre, que expulsa alevines completamente formados y capaces de nadar y comer desde el primer minuto. Una camada suele ir de veinte a sesenta crías, y en hembras grandes puede pasar del centenar. La hembra almacena esperma de una sola cópula y produce varias camadas seguidas sin volver a aparearse, así que separar al macho no detiene nada a corto plazo.
Los adultos, incluida la propia madre, se comen a los alevines. Aquí hay dos escuelas. La paridera, ese recipiente de plástico donde se aísla a la hembra, funciona pero la estresa mucho y hay que devolverla al acuario en cuanto pare. La alternativa que menos molesta a todo el mundo es la vegetal: un acuario con una maraña densa de plantas de tallo y una capa de flotantes en superficie deja que sobreviva una parte de cada camada de forma natural, que es una regulación bastante más sana que criar cien alevines que después no sabes dónde meter.
Sobre eso conviene ser claro: los alevines que salgan adelante son tu responsabilidad. No se sueltan en un río, un estanque ni una acequia bajo ningún concepto. La suelta de peces y de plantas de acuario en el medio natural es ilegal y es exactamente la vía por la que se han establecido especies exóticas invasoras en las cuencas españolas.
Plantas de acuario que funcionan con guppys
Todas las siguientes toleran bien el agua dura y alcalina, crecen sin inyección de CO2 y no piden iluminación de competición:
- Vallisneria (Vallisneria spiralis, Vallisneria americana). La planta de fondo por excelencia para agua dura. Forma cintas largas que llegan a la superficie y se extiende sola por estolones, creando una pantalla vertical donde los alevines se meten.
- Anubias (Anubias barteri var. nana). Hoja dura y ancha, crecimiento lento, indestructible. Se ata a una roca o a una raíz y el rizoma nunca se entierra, porque se pudre.
- Helecho de Java (Microsorum pteropus). Igual de resistente y también epífito: sobre madera o piedra, nunca plantado en el sustrato.
- Criptocorinas (Cryptocoryne wendtii, Cryptocoryne beckettii). Matas de altura media para la zona intermedia. Al trasplantarlas pierden las hojas y rebrotan en unas semanas, es normal y no hay que arrancarlas.
- Musgo de Java (Taxiphyllum barbieri, vendido a menudo como Vesicularia dubyana). El mejor refugio para alevines que existe: forma cojines espesos donde no entra un pez adulto. Tienes más detalle en nuestra ficha del musgo de Java.
- Cornuval (Ceratophyllum demersum). Crece a toda velocidad, se deja flotar sin plantar y consume nitratos como una esponja. Es la planta de emergencia cuando un acuario se llena de algas.
- Hygrophila y Bacopa, plantas de tallo fáciles para el fondo, que se propagan por esqueje simplemente cortando y replantando la punta.
- Espada amazónica (Echinodorus spp.) y Sagittaria subulata, para dar volumen y cubrir el primer plano.
Un montaje que sale bien casi siempre: grava o arena fina de fondo, vallisneria en la pared trasera, un grupo de criptocorinas a media altura, una raíz con anubias y helecho de Java atados, un cojín de musgo de Java en un rincón y flotantes en superficie. Con luz moderada unas ocho horas al día y cambios semanales de agua, el conjunto se sostiene solo. Hay más criterio general en este artículo sobre plantas de acuario y en plantas oxigenadoras.
Flotantes: la guardería
Las plantas de superficie hacen tres trabajos a la vez. Tamizan la luz, que a los guppys les viene bien y frena las algas; cuelgan raíces que forman una maraña donde los alevines pasan sus primeras semanas; y absorben nutrientes directamente del agua, que es lo que baja los nitratos. Las que mejor van son Limnobium laevigatum, Salvinia auriculata, Riccia fluitans (que además puede atarse a una piedra para formar una alfombra sumergida, y de la que tenemos ficha propia) y el helecho de agua Ceratopteris thalictroides, que crece tanto flotando como plantado.
Conviene recortarlas cada semana, porque si cubren toda la superficie tapan la luz de las plantas de abajo y dificultan el intercambio de gases. Los restos van a la basura o al compost, jamás al desagüe.
Lo que no debe entrar en el acuario
Primero, las invasoras. El jacinto de agua (Eichhornia crassipes), la lechuga de agua (Pistia stratiotes), la cabomba (Cabomba caroliniana) y el Myriophyllum aquaticum están incluidas en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea. Su comercio está restringido y no deben acabar nunca en un cauce ni en un estanque de exterior. Cualquier resto vegetal de acuario se tira a la basura, nunca al váter ni al río.
Segundo, las plantas terrestres vendidas como acuáticas, un fraude bastante extendido. El mal llamado bambú de la suerte (Dracaena sanderiana), el singonio (Syngonium podophyllum), la aglaonema y la cinta (Chlorophytum comosum) no son plantas acuáticas: sumergidas se pudren en pocas semanas y ensucian el agua.
Hay un truco que sí funciona con una planta terrestre, y es distinto: dejar que un potos (Epipremnum aureum) enraíce en el filtro o en el borde del acuario, con las raíces dentro del agua y las hojas fuera. Crece rápido y consume nitratos con una eficacia notable. Si en casa hay gato, ten en cuenta que las hojas del potos son irritantes si las muerde, así que colócalo donde no llegue.
Por último, toda planta nueva pasa cuarentena unos días en un recipiente aparte. Llegan con caracoles polizones, planarias y a veces con restos de tratamiento del vivero acuático.
Convivencia en el acuario
El guppy es sociable y encaja en un acuario comunitario, salvo con especies que mordisquean aletas o defienden territorio: el barbo sumatrano, los escalares, los cíclidos y el betta, del que hablamos en su propio artículo. Los machos alcanzan la madurez sexual muy pronto y acosan a las hembras de forma continua, así que la proporción recomendable es de al menos dos o tres hembras por cada macho. Otra opción, si no quieres alevines, es mantener solo machos, que conviven bien entre ellos.
En resumen
El guppy es fácil por dos motivos que se refuerzan: tolera el agua dura y alcalina que sale del grifo en buena parte de España, y se reproduce sin que nadie haga nada. Lo segundo es lo que hay que gestionar, y la mejor herramienta no es una paridera sino un acuario denso de vallisneria, musgo de Java, cornuval y una capa de flotantes, donde la población se regula sola y la calidad del agua se mantiene con mucho menos trabajo.
Dos reglas que no admiten matices. Ni un pez ni un resto de planta salen al medio natural, porque de ahí vienen buena parte de las invasiones biológicas en nuestros ríos. Y si te apetece seguir con animales de agua en el jardín, echa un vistazo a las carpas koi, que juegan en otra liga de espacio y de filtración.