El siamés es un gato esbelto, de pelo corto y ojos azules, con la cara, las orejas, la cola y las patas más oscuras que el resto del cuerpo. Es una de las razas más antiguas reconocidas en Occidente y también una de las más habladoras: emplea un maullido ronco e insistente para pedir lo que quiere, y lo pide a menudo.

Lo importante antes de convivir con uno es esto: es un gato muy dependiente de la compañía. Busca contacto, sigue a su persona por la casa y lleva mal quedarse solo muchas horas. Un siamés aburrido no se queda quieto: maúlla, araña, revuelve y muerde las plantas. Por eso, en una casa con siamés, revisar qué macetas hay y cuáles son peligrosas no es un detalle, es prevención.

Cómo es físicamente

Cuerpo alargado y de líneas finas, patas largas, cola estrecha y afilada, musculatura seca y ligera. La cabeza forma una cuña triangular con orejas grandes y de base ancha, y los ojos, siempre azules, son almendrados y algo oblicuos. El manto es corto, pegado y con muy poco subpelo, lo que hace que suelte bastante menos que otras razas.

Conviene una aclaración: el siamés que se ve hoy en las exposiciones, muy estilizado y de cuña extrema, y el llamado siamés tradicional o thai, de cabeza más redonda y cuerpo más recio, son variantes distintas del mismo tronco. Las dos existen y las dos son siameses.

Por qué es oscuro solo en las puntas

Este patrón se llama colorpoint y tiene una explicación concreta. El gen implicado produce una enzima de la ruta de la melanina que es sensible a la temperatura: apenas trabaja en las zonas cálidas del cuerpo y sí lo hace en las frías. Como el hocico, las orejas, la cola y las extremidades están más frescos que el tronco, ahí se deposita el pigmento y quedan oscuros.

De ahí salen dos consecuencias curiosas y comprobables. Los gatitos siameses nacen casi blancos, porque dentro de la madre la temperatura es uniforme, y el patrón va apareciendo en las semanas siguientes. Y un siamés que vive en un sitio frío tiende a oscurecerse más con los años que uno que vive al calor. Si a un gato le rapan una zona para una intervención, el pelo puede rebrotar más oscuro en ese punto y luego aclararse.

Carácter y necesidad de compañía

Generalizar sobre el carácter de una raza tiene un límite, porque cada gato es un individuo y la crianza y el ambiente pesan tanto como la genética. Dicho eso, quien convive con siameses describe casi siempre los mismos rasgos: mucha sociabilidad, apego marcado a una persona concreta, curiosidad por todo lo que pasa en la casa, tendencia a inventarse juegos y una capacidad poco frecuente entre gatos para aprender rutinas sencillas, acudir a la llamada o pasear con arnés si se le acostumbra desde pequeño.

La contrapartida es que lleva mal la soledad prolongada. No es raza para quien pasa doce horas fuera y llega a dormir. Si esa es la situación, hay que compensarla: otro gato compatible en casa, sesiones de juego largas al volver, y un entorno que le dé qué hacer mientras tanto. Si piensas en un segundo gato, la vía es la adopción en protectora, y la presentación entre ambos se hace despacio y por fases, no soltándolos juntos el primer día.

Un gato aburrido muerde las plantas

Aquí se juntan las dos cosas. El siamés es activo, trepa, alcanza estantes altos y explora con la boca, y si pasa horas solo va a fijarse en lo único que se mueve con el aire y tiene textura interesante: las plantas de interior. La consecuencia práctica es que no vale con poner la maceta arriba. Hay que decidir qué plantas se quedan en la casa y cuáles salen.

Los lirios son el caso grave. El género Lilium y el género Hemerocallis son gravemente tóxicos para el gato incluso en cantidades mínimas, y afectan al riñón. Cuenta toda la planta: la hoja, la flor, el polen que se le queda pegado al pelo y luego se lame al asearse, y el agua del jarrón. Un ramo de floristería con lirios no debe entrar en una casa con gato, y merece la pena avisar a quien acostumbra a regalar flores.

Las aráceas de salón son las que más se mordisquean porque son las más comunes: potos (Epipremnum aureum), difenbaquia (Dieffenbachia), filodendro, costilla de Adán (Monstera deliciosa), anturio, espatifilo y cala. Sus tejidos llevan cristales de oxalato cálcico que al masticarlos provocan dolor de boca, babeo e hinchazón.

Otras que hay que revisar: la cica o falsa palmera (Cycas revoluta), que se vende como planta de interior y cuyas semillas afectan gravemente al hígado; el aloe vera, que causa vómitos y diarrea; la hiedra (Hedera helix); la adelfa (Nerium oleander), muy plantada en terrazas de toda España; el tejo (Taxus baccata); el ricino (Ricinus communis), por la semilla; el muguete (Convallaria majalis); y los bulbos de narciso y de tulipán, que son la parte tóxica de esas plantas y suelen quedarse a mano en época de plantación.

Si sospechas que ha mordido cualquiera de ellas, la indicación es una: veterinario cuanto antes, llevando un trozo de la planta para identificarla. Ni provocar el vómito, ni remedios caseros, ni esperar a ver.

Las plantas que sí

Quitar sin poner nada a cambio no funciona, porque el gato seguirá buscando algo verde. Lo que hay que darle, y a un siamés que se aburre con más motivo, es esto:

  • Hierba para gatos. Brotes tiernos de avena (Avena sativa), cebada (Hordeum vulgare), trigo (Triticum aestivum) o dactilo (Dactylis glomerata). Se siembra muy denso en una jardinera de 15 centímetros de fondo, germina en menos de una semana y aguanta dos o tres cortes. Comer hierba es un comportamiento normal en el gato y ayuda a que expulse el pelo que traga al acicalarse.
  • Hierba gatera (Nepeta cataria). No es de comer sino de olfato: provoca en muchos gatos una reacción de excitación breve. No responden todos, es cuestión de genética, y los gatitos pequeños no suelen hacerlo. Frotada en el rascador o dentro de un juguete de tela es de lo más útil que hay para entretener a un gato que está solo.
  • Valeriana (Valeriana officinalis), que atrae a bastantes gatos a los que la nepeta no les dice nada.
  • Planta paraguas (Cyperus alternifolius), de tallos finos que muchos gatos mordisquean. Quiere el sustrato encharcado, al contrario que las gramíneas.

Sobre estas plantas no se aplica ningún fitosanitario, porque se las va a comer el gato. Y cubre el sustrato de todas las macetas con grava o arcilla expandida: evita que escarbe y que la maceta acabe siendo el segundo arenero.

Si tienes terraza, ciérrala con red antes de dejarle salir y móntale un rincón con jardinera de hierba, una mata de nepeta al sol y un sitio alto donde tumbarse a ver la calle. Para un gato tan pendiente de lo que ocurre alrededor, una ventana con vistas asegurada vale más que cualquier juguete.

Cuidados corrientes

El mantenimiento físico es sencillo. Al tener pelo corto y muy poco subpelo, con un cepillado semanal, o dos en época de muda, va sobrado, y forma menos bolas de pelo que un gato de manto largo. Come lo que corresponde a un carnívoro estricto, alimento formulado para gatos, con la ración medida, porque un gato de interior esterilizado engorda con facilidad.

Fuera de su comida hay cosas que no puede tomar: chocolate, embutidos curados, uva y pasas, y todo el género Allium, es decir cebolla, ajo, puerro y cebollino, crudos o cocinados. El cebollino sorprende a quien tiene aromáticas en la ventana.

En España la identificación con microchip es obligatoria para los perros en todas las comunidades autónomas, y la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales extendió la identificación obligatoria a los gatos, además de la esterilización de los que tienen acceso al exterior. El calendario de vacunación y desparasitación lo marca el veterinario.

En resumen

El siamés es un gato guapo, listo, hablador y de cuidado físico fácil, y a cambio pide una cosa que no todo el mundo puede dar: compañía. Es la raza equivocada para una casa vacía durante toda la jornada, y la acertada para quien quiere un gato que lo siga a todas partes y le conteste.

Como es activo y explora con la boca, la revisión de las plantas es parte del paquete. Lirios fuera sin discusión, aráceas de salón fuera del alcance real y no solo subidas de estante, y a cambio una jardinera de avena o cebada renovada cada pocas semanas y una mata de nepeta. Un gato con verde propio y con qué hacer deja en paz lo que no debe tocar.


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