El bengalí es un gato doméstico con manto moteado, resultado de cruzar gato común con el gato de Bengala silvestre (Prionailurus bengalensis, antes clasificado como Felis bengalensis), un pequeño felino asiático del tamaño aproximado de un gato de casa. Los cruces empezaron en Estados Unidos en los años sesenta y setenta, y las asociaciones felinas reconocen como bengalí a los ejemplares suficientemente alejados del ancestro silvestre, no a los híbridos de primeras generaciones.

Lo que hay que saber antes de nada es que no es un gato para cualquier casa. Es muy activo, trepa, salta, abre puertas de armario, mete la pata en el agua y necesita ocupación durante muchas horas al día. En un piso pequeño y con nadie en casa se aburre, y un bengalí aburrido destroza cosas, empezando por las macetas. Ese es exactamente el punto donde este gato y el jardín se cruzan, y merece la pena tratarlo en serio.

Cómo es

Físicamente es un gato de complexión musculada, con las patas traseras algo más largas que las delanteras, cabeza proporcionalmente pequeña y orejas redondeadas. El manto es corto, muy tupido y de tacto sedoso, con dos patrones reconocidos: el moteado, con manchas que pueden formar rosetas de dos tonos, y el marmolado, de manchas alargadas. En algunos ejemplares el pelo tiene un brillo metálico característico.

El carácter que se le atribuye conviene tomarlo como tendencia y no como ley: cada gato es un individuo y el ambiente pesa tanto como la genética. Dicho eso, quien convive con bengalíes coincide en describirlos como muy activos, curiosos con todo lo que se mueve, insistentes para reclamar atención y bastante habladores. Muchos toleran bien el arnés, aprenden a traer objetos y aceptan la rutina de sesiones de juego, y son sociables con otros gatos y con perros si la presentación se hace con calma.

El agua le interesa

El gato de Bengala silvestre vive asociado a cursos de agua y pesca. Su pariente doméstico conserva parte de ese interés y es muy habitual que meta la pata en el bebedero, golpee la superficie antes de beber, se plante en la ducha o intente entrar en el estanque. En un jardín eso significa que un estanque abierto va a ser visitado, con lo que sale de ahí para los peces y para las plantas de ribera.

Si tienes estanque y bengalí, lo razonable es una zona de borde con vegetación densa donde los peces puedan refugiarse, profundidad suficiente para que no alcancen desde el borde, y asumir que el gato va a mojarse. Una fuente de agua en movimiento dentro de casa suele desviarle bastante el interés.

Un gato así y las plantas de casa

Aquí es donde el bengalí da más trabajo que un gato tranquilo. Salta a alturas donde otros no llegan, así que la estrategia de "poner la planta arriba" no funciona. Escarba en el sustrato con energía, tira macetas y muerde tallos por juego. Todo lo que haya en la casa está a su alcance, y por eso la lista de plantas tóxicas no se resuelve subiéndolas de estante: hay que sacarlas.

Lo primero, los lirios. El género Lilium y el género Hemerocallis son gravemente tóxicos para el gato en cantidades muy pequeñas y provocan fallo renal agudo. Cuenta toda la planta: hoja, flor, polen que se le queda en el pelo y luego se lame, y el agua del jarrón. En una casa con gato no entra un ramo con lirios, y con un bengalí menos todavía, porque lo va a alcanzar.

Después, las aráceas de interior, que son las que más se muerden porque son las más comunes: potos (Epipremnum aureum), difenbaquia (Dieffenbachia), filodendro, costilla de Adán (Monstera deliciosa), anturio, espatifilo y cala. Llevan cristales de oxalato cálcico y al masticarlas causan dolor de boca, babeo e hinchazón.

Y las demás habituales en casas españolas: cica (Cycas revoluta), cuyas semillas afectan gravemente al hígado; adelfa (Nerium oleander), muy plantada en terrazas y medianas; tejo (Taxus baccata); ricino (Ricinus communis); aloe vera; hiedra (Hedera helix); muguete (Convallaria majalis) y los bulbos de narciso y tulipán, que son la parte tóxica y suelen andar sueltos en otoño.

Ante la sospecha de que ha mordido cualquiera de ellas, la indicación es una sola: veterinario cuanto antes, llevando un trozo de la planta para identificarla. No se provoca el vómito ni se dan remedios caseros.

Las plantas que le vienen bien

Con un gato de esta energía no basta con retirar: hay que dar alternativa, porque va a buscar algo verde igual.

  • Hierba para gatos. Brotes de avena (Avena sativa), cebada (Hordeum vulgare), trigo (Triticum aestivum) o dactilo (Dactylis glomerata). Siembra densa en jardinera de 15 centímetros de fondo, germina en menos de una semana y aguanta dos o tres cortes. Comer hierba es normal en el gato y ayuda a expulsar el pelo tragado al asearse. Con un bengalí conviene tener dos o tres macetas desfasadas, porque las arrasa.
  • Hierba gatera (Nepeta cataria). No es de comer, es de olfato: provoca una reacción de excitación breve en muchos gatos, aunque no en todos. En un gato con esta necesidad de estímulo funciona bien frotada en el rascador o metida en un juguete de tela.
  • Valeriana (Valeriana officinalis), útil con los gatos a los que la nepeta no les hace nada.

Sobre cualquiera de estas plantas no se aplica ningún fitosanitario, porque se las va a comer. Y todas las macetas que queden a su alcance, que con este gato son todas, van con la superficie cubierta de grava gruesa o arcilla expandida y con el tiesto sujeto o pesado, o acabarán en el suelo.

Terraza, jardín y cerramiento

Si hay terraza, va cerrada con red antes de dejarle salir. Este gato salta más y calcula peor los riesgos de una barandilla que un gato prudente. Con la terraza asegurada tienes la mejor herramienta que existe para un bengalí: un espacio exterior propio con troncos, plataformas a distinta altura, jardinera de hierba, una mata de nepeta al sol y algo de sombra en verano.

En el jardín, el problema no es que estropee el césped como haría un perro, sino la caza. Un gato exterior activo depreda pájaros y pequeños reptiles, y ese es un motivo de peso para optar por un cerramiento tipo patio cerrado en lugar de dejarlo suelto. Si vas a tener bancales de siembra, cúbrelos con malla mientras germinan, porque el sustrato recién removido es un imán.

Antes de decidirte

El gato de Bengala silvestre es una especie protegida y su comercio internacional está regulado por el convenio CITES. Los híbridos de primeras generaciones no son animales domésticos ni se comportan como tales, y su tenencia está sujeta a requisitos legales que varían. Lo que aquí se describe es el gato doméstico ya alejado de ese cruce.

Con eso claro, la pregunta importante no es cómo conseguir uno sino si puedes darle lo que necesita: horas de juego todos los días, espacio vertical, compañía y paciencia durante quince años o más. Si la respuesta es que sí, mira también en protectoras y en asociaciones de rescate de raza, porque llegan bengalíes con cierta frecuencia, casi siempre por el mismo motivo: alguien que no contaba con esta cantidad de energía.

En resumen

El bengalí es un gato doméstico moteado, muy activo, muy sociable con su gente y con mucha querencia por el agua. No es un felino salvaje ni se lleva bien con una casa donde no hay nadie en todo el día. Requiere juego diario, altura y ocupación, y si no los tiene se los inventa a costa del mobiliario y de las macetas.

Por eso, con este gato, la parte de las plantas no es un detalle. Lirios fuera sin discusión, aráceas de interior fuera de la casa y no arriba de un mueble, macetas pesadas con la superficie cubierta, y a cambio jardineras de avena o cebada renovadas cada pocas semanas. Si además puedes cerrar una terraza y montarle un exterior propio, tendrás resuelta la mitad de la convivencia.


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