El gato es la mascota que mejor encaja en un piso: no necesita salir a la calle, ocupa poco, no hay que sacarlo a horas fijas y se organiza solo con un arenero limpio. Eso es lo que le ha convertido en el animal de compañía más frecuente en las ciudades españolas. Lo que no es cierto es que se cuide solo. Un gato de interior necesita estímulo, sitios altos donde subir, ventana desde la que mirar y algo verde que morder, o se lo buscará por su cuenta.
Y ahí está el punto que casi nadie mira antes de traer un gato a casa: las plantas. Un gato de piso muerde lo que hay, escarba en las macetas y se sube a la estantería donde está el potos. Antes de comprar el rascador conviene revisar qué plantas hay en el salón y cuáles hay que sacar, porque algunas de las más comunes en España son peligrosas de verdad para el gato.
Por qué funciona en un piso
El gato es cazador solitario por naturaleza y no depende de la manada para organizarse el día, así que tolera bien quedarse solo unas horas. Se asea él, aprende a usar el arenero casi sin enseñárselo y regula su actividad en función del espacio. Establece vínculo con quien vive con él, aunque lo exprese distinto que un perro: buscando contacto cuando le apetece, no cuando se le pide.
El tópico de que se alimenta solo y come lo justo hay que cogerlo con pinzas. Muchos gatos de interior, esterilizados y con comida siempre disponible, engordan, y el sobrepeso es uno de los problemas más comunes en la consulta veterinaria. Con un gato de piso conviene medir la ración, no llenar el cuenco cuando se vacía.
Lo que sí necesita es vertical. Un gato en 60 metros cuadrados vive mucho mejor si puede subir a un mueble alto, a una balda o a un rascador de columna, y si tiene una ventana asegurada desde la que ver la calle. Sin nada de eso se aburre, y el aburrimiento en un gato se manifiesta en lamerse en exceso, arañar el sofá y comerse las plantas.
Adoptar
Hay más gatos esperando en protectoras y colonias de las que cualquiera puede atender, y un gato común sin pedigrí es exactamente igual de buena compañía que uno de raza. Es el camino sensato, y en un gato adulto ya adoptado tienes la ventaja de que su carácter está formado y sabes lo que te llevas, cosa que con un gatito es una lotería.
Un gatito no debería separarse de la madre y de sus hermanos antes de las ocho semanas, y mejor si es algo después. Ese periodo es cuando aprende a controlar el mordisco y a relacionarse, y los que salen demasiado pronto arrastran problemas de conducta. Y una decisión de este tipo se toma para quince años o más, no para un rato.
Lo que dice la ley en España
La identificación con microchip es obligatoria para los perros en todas las comunidades autónomas. Para los gatos, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales incorporó la identificación obligatoria a nivel estatal, además de la esterilización de los gatos que tengan acceso al exterior. Las comunidades tienen normativa propia que puede añadir requisitos, así que lo práctico es preguntar en el veterinario, que es quien pone el chip y quien lo registra.
Al margen del papeleo, el calendario de vacunación y la desparasitación los marca el veterinario según si el gato sale o no, si convive con otros y en qué zona vives.
Las plantas que hay que sacar del piso
Esta es la parte que conviene resolver el primer día. El gato explora con la boca y muchas plantas de interior habituales le hacen daño.
Los lirios son la urgencia. El género Lilium y el género Hemerocallis son gravemente tóxicos para el gato en cantidades mínimas y provocan fallo renal agudo. Toda la planta cuenta: hoja, flor, polen que se le queda pegado al pelo y se lame después, e incluso el agua del jarrón. Es la razón por la que un ramo de floristería con lirios no debe entrar en una casa con gato, y conviene decírselo a quien te regala flores.
Las aráceas de salón son las que más se muerden porque son las que más abundan: potos (Epipremnum aureum), difenbaquia (Dieffenbachia), filodendro, costilla de Adán (Monstera deliciosa), anturio, espatifilo y cala. Sus tejidos contienen cristales de oxalato cálcico que al masticarlos causan dolor de boca, babeo e hinchazón.
Otras habituales: la cica o falsa palmera (Cycas revoluta), que se vende como planta de interior y cuyas semillas afectan gravemente al hígado; el aloe vera, que provoca vómitos y diarrea; la hiedra (Hedera helix); el ricino (Ricinus communis), por la semilla; y los bulbos de narciso y de tulipán, que son la parte tóxica de esas plantas y suelen quedarse en una bolsa a mano en época de plantación. La flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) tiene peor fama de la que merece: su látex irrita, pero el cuadro suele ser leve.
Si el gato ha mordido algo de la lista, la indicación es el veterinario cuanto antes, llevando un trozo de la planta para identificarla. Nada de provocar el vómito ni de leche ni de remedios.
Las que sí puede tener
Retirar plantas sin poner nada a cambio no arregla el problema, porque el gato seguirá buscando algo verde. Lo que hay que darle es esto:
- Hierba para gatos. Brotes tiernos de avena (Avena sativa), cebada (Hordeum vulgare), trigo o dactilo (Dactylis glomerata). Se siembra denso en una jardinera de 15 centímetros de fondo, germina en menos de una semana y aguanta dos o tres cortes. Comer hierba es un comportamiento normal en el gato y con frecuencia le ayuda a expulsar el pelo que traga al asearse.
- Hierba gatera (Nepeta cataria). Es de olfato, no de comer. Provoca en muchos gatos una reacción de excitación breve, aunque no responden todos ni suelen hacerlo los gatitos. Va bien como enriquecimiento, frotada en el rascador o en un juguete.
- Valeriana (Valeriana officinalis), que atrae a bastantes gatos a los que la nepeta no les dice nada.
- Planta paraguas (Cyperus alternifolius), de tallos finos que muchos mordisquean. Quiere el sustrato encharcado, al revés que las gramíneas.
Sobre cualquier planta que el gato vaya a morder no se aplica ningún fitosanitario. Y todas las macetas a su alcance van con la superficie cubierta de grava o arcilla expandida, o el sustrato acabará siendo su arenero preferido.
La terraza y el balcón
Si el piso tiene terraza y quieres que el gato salga, va primero la red de protección. Un gato calcula bien los saltos, pero una caída desde altura tras un despiste o un susto es un accidente frecuente y grave. Con la terraza cerrada, puedes montarle un rincón agradable: jardinera de hierba, una mata de nepeta al sol, algo de sombra y un sitio alto donde tumbarse.
En la terraza se repite el mismo repaso de plantas. Fuera adelfa (Nerium oleander), que es de las más plantadas en España y es tóxica para gato, perro y persona; fuera muguete (Convallaria majalis) y digital (Digitalis purpurea); y ojo con las macetas de bulbos en otoño.
Comida, agua y arenero
El gato es carnívoro estricto y su dieta la cubren los alimentos formulados para gatos, secos, húmedos o combinados. Fuera de eso, hay cosas que no puede comer: chocolate, embutidos curados, uva y pasas, y todo el género Allium, o sea cebolla, ajo, puerro y cebollino, crudos o cocinados. Ese último grupo pilla por sorpresa a quien tiene cebollino en el huerto de la ventana.
Muchos gatos beben poco de un cuenco quieto. Varios puntos de agua repartidos por la casa, lejos del comedero y sobre todo lejos del arenero, ayudan a que beba más. El arenero, en zona tranquila y limpio a diario, y si hay más de un gato, un arenero por gato y uno de más.
En resumen
El gato encaja en un piso porque no necesita salir, pero eso no significa que se apañe solo: necesita altura, ventana, juego y ración medida, y la decisión se toma para más de una década. Adoptar, identificar con microchip y llevar el calendario del veterinario es el suelo mínimo.
Y antes de nada, el repaso de las plantas. Los lirios fuera de casa sin discusión, las aráceas de salón donde no llegue, y en su lugar una jardinera de avena o cebada bien visible. Un gato con hierba propia deja en paz las plantas que no debe tocar, y eso es más eficaz que cualquier regañina.