Un gato pasa buena parte del día acicalándose y su lengua, cubierta de papilas duras orientadas hacia atrás, funciona como un peine: arrastra el pelo muerto hacia dentro y lo traga. Casi todo pasa por el tubo digestivo y sale con las heces, pero una parte se queda en el estómago y se compacta en un cilindro de pelo, el tricobezoar, que el animal acaba regurgitando. Que un gato expulse una bola de vez en cuando entra dentro de lo normal.
El problema aparece cuando se acumula. Si el gato intenta vomitar sin conseguirlo, deja de comer, está estreñido, tose o pierde peso, eso ya no es rutina y hay que llevarlo al veterinario, porque una obstrucción digestiva es una urgencia. Prevenir se hace con tres cosas que se refuerzan entre sí: cepillado, fibra y hierba a su alcance. La tercera es la que suele faltar en un piso.
Quién tiene más papeletas
Los gatos de pelo largo y semilargo son los que más pelo tragan, sencillamente porque hay más y porque es más largo, pero los de pelo corto también forman bolas. Suman riesgo el gato mayor, con el tránsito más lento y menos actividad, el gato con sobrepeso, el que se lame en exceso por estrés o por picor, y el que convive con otros y se acicala también a sus compañeros.
La muda marca el calendario: en primavera el gato suelta el pelo de invierno y en otoño cambia al manto grueso, y son las dos épocas de más carga. En un piso con calefacción y luz artificial constante esa señal estacional se difumina, y el resultado es que muchos gatos de interior mudan poco pero de forma continua todo el año, sin las dos puntas claras del gato que vive fuera.
El cepillado, que es la parte aburrida
Es la medida más eficaz y la más barata. Cada pelo que sale en el cepillo es un pelo que no acaba en el estómago. En pelo largo, a diario; en pelo corto, dos o tres veces por semana, y a diario en época de muda y en gatos mayores, que se acicalan peor.
Se pasa primero a contrapelo, para levantar y soltar el subpelo, y luego a favor para recoger. Al terminar, una pasada con un paño ligeramente húmedo se lleva lo que ha quedado suelto. Conviene acostumbrar al gato desde pequeño y en sesiones cortas: un gato que asocia el cepillo con una pelea no se deja peinar cuando más falta hace. Si el pelo está apelmazado en nudos pegados a la piel, eso no se resuelve tirando en casa, lo corta el veterinario o un profesional.
Hierba para gatos: qué es y cuál sembrar
Los gatos comen hierba, y no es un capricho ni una señal de enfermedad. Es un comportamiento normal en la especie, se ve igual en gatos que viven en el campo, y con frecuencia va seguido de una regurgitación en la que sale también el pelo acumulado. Un gato de interior sin acceso a hierba busca la única fibra vegetal disponible, que son las plantas de casa, y ahí es donde empiezan los sustos.
La solución es tener siempre una jardinera de brotes tiernos a su altura. Las especies que se venden como hierba para gatos son gramíneas de toda la vida:
- Avena (Avena sativa), la más agradecida: germina en tres o cuatro días y rebrota bien tras el corte.
- Cebada (Hordeum vulgare) y trigo (Triticum aestivum), de hoja algo más ancha.
- Dactylis glomerata, el dactilo, que es la que se etiqueta más a menudo como hierba gatuna en los centros de jardinería.
- Cyperus alternifolius, la planta paraguas, de tallos finos que muchos gatos mordisquean. A diferencia de las anteriores quiere el sustrato siempre encharcado.
Se siembra muy denso, casi sin tapar la semilla, sobre sustrato universal en una jardinera de 15 centímetros de fondo. Húmedo hasta que nace y luego riego moderado, a media sombra o sol suave. Se ofrece cuando la hoja pasa el palmo. Aguanta dos o tres cortes y después conviene resembrar. Lo práctico es llevar dos macetas desfasadas dos semanas para no quedarse nunca sin.
Dos avisos. Uno: sobre esa hierba no se aplica ningún fitosanitario ni abono fuerte, porque se la va a comer el gato; si se llena de plaga, se tira y se resiembra. Dos: cubre el sustrato con grava o arcilla expandida, o la maceta acabará siendo el segundo arenero de la casa.
Distinta cosa es la hierba gatera (Nepeta cataria). Esa no es fibra ni sirve contra las bolas de pelo: es una labiada aromática que provoca en muchos gatos una reacción de excitación breve al olerla. Ni todos los gatos responden ni los gatitos pequeños suelen hacerlo. Es útil para enriquecer el ambiente, que indirectamente ayuda si el gato se lame por aburrimiento, pero no la confundas con la hierba de comer.
Las plantas de casa que no debe morder
El gato que busca fibra prueba lo que hay. Por eso, en una casa con gato, la lista de plantas de interior importa tanto como la de hierba sembrada.
El caso grave y no negociable son los lirios: el género Lilium y también Hemerocallis. Son gravemente tóxicos para el gato en cantidades mínimas y afectan al riñón. Cuenta toda la planta, incluidos el polen que se le queda en el pelo y el agua del jarrón. Un ramo de floristería con lirios no entra en una casa con gato.
Después vienen las de irritación oral, que son las que más se muerden porque son las que más hay en un salón: potos (Epipremnum aureum), difenbaquia (Dieffenbachia), filodendro, costilla de Adán, anturio y cala. Sus tejidos llevan cristales de oxalato que producen dolor, babeo e hinchazón de boca al masticarlos.
Y las de exterior o de temporada que también le afectan: adelfa (Nerium oleander), tejo (Taxus baccata), cica (Cycas revoluta), muguete (Convallaria majalis), ricino (Ricinus communis) y los bulbos de narciso y de tulipán, que son la parte tóxica de esas plantas y suelen andar sueltos por casa en época de plantación.
Si el gato ha mordido algo de esto, la indicación es una: veterinario, cuanto antes, llevando un trozo de la planta para que puedan identificarla. Ni provocar el vómito ni esperar a ver qué pasa.
Fibra en la comida
Por mucho que se cepille, el gato se seguirá acicalando, así que la tercera pata es la dieta. Los alimentos formulados para bolas de pelo llevan una mezcla de fibra soluble e insoluble: la primera retiene agua y facilita el tránsito, la segunda estorba que el pelo se apelmace. Es la opción más regular porque va en la ración diaria y no depende de que el gato colabore.
La pasta de malta es el clásico anterior a esos piensos. Se ofrece untada y el gato la lame como una golosina. Funciona para muchos, pero unos se cansan y la rechazan y en otros un exceso descompone, así que la frecuencia la marca el veterinario y no la caja.
Lo que no se hace es recurrir a remedios caseros para el estreñimiento como la vaselina o el aceite de parafina. Tienen riesgo propio y no son cosa de improvisar en casa.
Y hay una medida que se pasa por alto: el agua. Un gato bien hidratado tiene un tránsito digestivo mejor, y muchos gatos beben poco de un cuenco quieto. Varios puntos de agua repartidos, lejos del comedero y del arenero, y una parte de comida húmeda si el veterinario lo ve bien, ayudan más de lo que parece.
En resumen
Contra las bolas de pelo funcionan tres cosas a la vez y ninguna sola: cepillar de verdad y con constancia, dar fibra en la comida y tener hierba viva a su alcance. Sembrar avena o cebada en una jardinera cuesta cuatro días y resuelve el motivo por el que el gato se dedica a mordisquear el potos.
La otra cara de esa misma moneda es revisar qué plantas hay en casa. Los lirios fuera, las aráceas de interior donde no llegue, y la hierba de comer bien visible y a su altura. Si aparecen los signos de alarma, arcadas sin resultado, apatía, estreñimiento o pérdida de peso, eso no se maneja en casa: veterinario.