Educar al gatito

Las buenas costumbres se forjan desde gatito. Por eso, los primeros meses de vida son claves para estimular la sociabilidad y el aprendizaje de hábitos correctos en alimentación, higiene y comportamiento. El método: la persuasión. El secreto: entender su mentalidad felina.

La obediencia y el acatamiento no son precisamente cualidades muy felinas, pero una palabra corta y sonora, un ruido fuerte o una rociada con agua al pillarle in fraganti lo disuadirán de los malos hábitos.

Los gatitos son hiperactivos, traviesos, pero también un libro en blanco a la hora de establecer las bases de una buena convivencia. Todo depende de la habilidad y la paciencia del dueño, porque los gatos no aprenden por imposición sino por estímulos positivos.

Los gatos no aprenden por imposición sino por estímulos positivos. El trato ha de ser siempre suave y no se les debe someter a situaciones de tensión. Es clave elegir una raza que se adapte al estilo de vida familiar.
Es fundamental elegir una raza que se adapte al estilo de vida familiar. Y para ello hay que definir prioridades: el tiempo disponible para los cuidados (por ejemplo, el pelo largo requiere mucho más dedicación), si se trata gatos más o menos dependientes de los dueños, vitalistas o de sofá, que soportan la soledad o precisan compañía, de espacios abiertos o interiores urbanos…

La etapa de socialización

Entre la segunda y la séptima semana de vida, la etapa de socialización es un periodo clave en la adaptación natural al contacto humano. Jugar con el gatito a diario y acostumbrarlo a situaciones variadas —gente distinta, entornos y ambientes, salidas…— estimula un carácter abierto. También es importante para su equilibrio no separarlo de la madre antes de la cuarta semana: tiene que darle tiempo a aprender las pautas del comportamiento felino.

Si el gatito no ha nacido en casa, lo ideal es reservarle un fin de semana para recibirlo y prestarle todo el cuidado en esos primeros momentos de adaptación. El trato ha de ser siempre suave; no se le debe someter a situaciones tensas.

Un rincón tranquilo para él

Es importante destinar rincones tranquilos y separados a su alimentación, descanso e higiene, con sus correspondientes accesorios. Enseñarle a usar la bandeja sanitaria es un pilar de la buena convivencia. Si hace sus deposiciones fuera, nunca se le debe restregar el hocico, sino depositar las heces en la bandeja y mostrárselas para que huela y asocie. Conviene limpiar muy bien la zona donde defecó y eliminar los olores para que no lo animen a repetir la travesura. Mantener la bandeja limpia es imprescindible para que al gato le guste usarla.

Pero por muy persuasivo que se sea, es inevitable que despliegue toda su energía trepando a los muebles, arañando los sofás, jugando a cazar… Las palabras cortas y sonoras, los ruidos fuertes o una rociada de agua en la cara al pillarlo in fraganti son trucos para disuadir cualquier comportamiento negativo. Del mismo modo, hay que pemiarle con caricias y afecto cuando se muestre obediente y repita lo aprendido.

Convivencia entre mascotas: como buenos perros y gatos,


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