Cómo educar al gatito

A un gatito no se le educa a base de prohibiciones. Aprende asociando, así que el trabajo consiste en preparar la casa para que haga lo que interesa y en premiarlo cuando ocurre. Incluidas las plantas: se le da la suya y se protege el resto.

Ni gritos ni agua ni restregarle el hocico. Con un gatito funcionan las bandejas bien puestas, los rascadores donde él quiere rascar y el juego diario.

A un gatito no se le educa a base de prohibiciones, porque no aprende así. Aprende asociando: lo que le sale bien lo repite, y lo que le asusta lo evita, incluyendo a quien se lo hizo. De modo que casi todo el trabajo consiste en preparar la casa para que la conducta que te interesa sea la más cómoda para él, y en premiar cuando ocurre. Gritar, rociarle agua en la cara o restregarle el hocico no enseña nada útil: enseña a desconfiar de ti y a hacer lo mismo cuando no estás delante.

Lo segundo es el ritmo. Entre la segunda y la séptima semana de vida transcurre el periodo de socialización, en el que el gatito se hace a las personas, a los ruidos de la casa y a los demás animales. Lo que se maneja con suavidad en esas semanas queda asumido para siempre. Y no debería separarse de la madre y de sus hermanos antes de las ocho semanas, porque de ellos aprende a controlar la fuerza de la mordida y las normas básicas del trato entre gatos.

Los primeros días en casa

Recíbelo en una habitación, no en la casa entera. Un cuarto tranquilo con su comida, su agua, su bandeja bien separada de los cuencos, una cama, un rascador y un par de escondites es mucho menos abrumador que sesenta metros cuadrados desconocidos. Desde ahí él mismo irá ampliando el territorio en cuanto se sienta seguro, normalmente en pocos días.

Conviene reservarle un par de días libres para la llegada, ir despacio con las manos y dejar que se acerque él. Se le acostumbra pronto a cosas que después ahorran disgustos: el transportín abierto en el suelo con una manta dentro, para que sea un mueble más y no el objeto que solo aparece el día del veterinario; el cepillo; y que le toquen las patas y la boca en ratos cortos y agradables.

La bandeja, el pilar de todo lo demás

La mayoría de los gatitos usan la bandeja desde el primer día si está bien planteada. Los puntos que fallan casi siempre son los mismos: pocas bandejas (la regla es una por gato más una), todas juntas en el mismo sitio, colocadas al lado del comedero o en un rincón de paso, con arena perfumada o con demasiada poca cantidad, o limpiadas con productos de olor fuerte. Se recogen los sólidos a diario y se cambia la arena por completo con regularidad.

Si hace sus necesidades fuera, no se le castiga ni se le acerca el hocico a ellas. Se limpia la zona con un producto enzimático que elimine el rastro y no con lejía o amoniaco, que dejan un olor que le invita a repetir, y se revisa qué falla en la bandeja. Un gatito que empieza a fallar de golpe después de haberlo hecho bien puede tener un problema de salud, y eso lo mira el veterinario.

Rascar y trepar no son vicios

Rascar sirve para marcar, para estirarse y para mantener las uñas. No se puede eliminar, solo se puede redirigir. Necesita rascadores estables y altos, lo bastante para estirarse entero, de sisal y también de cartón, y colocados donde él quiere rascar, que suele ser junto a los sitios de paso y donde duerme, no en el rincón donde estorban menos. Si ya ha elegido el sofá, se pone el rascador delante del punto exacto y se cubre esa zona del sofá con algo que resulte incómodo mientras aprende.

Trepar es igual de innegociable. Un gato necesita altura, y si no se la das la buscará en la estantería con la vajilla. Baldas despejadas, un poste hasta el techo o un mueble alto con una manta resuelven la mitad de los problemas de una casa con gato joven.

El gatito y las plantas de la casa

Aquí se juntan tres conductas normales del gato y tres formas de destrozo. Muerde las hojas porque masticar hierba forma parte de su repertorio y le ayuda a expulsar el pelo que traga al acicalarse. Escarba en las macetas porque un sustrato suelto es exactamente lo que su instinto reconoce como sitio para enterrar sus deposiciones. Y tira los tiestos porque todo lo que cae al suelo es un juguete.

Las tres se resuelven dando alternativa, no vigilando:

  • Su propia hierba. Una maceta baja con brotes de cebada (Hordeum vulgare), avena (Avena sativa) o trigo (Triticum aestivum), sembrados densos y renovados cada pocas semanas. Es lo que se vende como hierba para gatos, y en cuanto la tiene a mano deja bastante en paz al resto de las plantas.
  • Hierba gatera (Nepeta cataria) para canalizar la energía en el juego. Su nepetalactona provoca la fase de revolcón y euforia en algo más de la mitad de los gatos, porque la sensibilidad se hereda, y los gatitos muy pequeños no suelen reaccionar hasta unos meses. Si el tuyo es de los que no responden, prueba con valeriana (Valeriana officinalis).
  • Tierra inaccesible. Cubrir la superficie de las macetas grandes con piedras que no se pueda tragar, con piñas o con una malla quita el atractivo de escarbar. Las plantas colgantes y las estanterías altas resuelven el resto, siempre que sean plantas no tóxicas, porque una hoja colgando a la altura de un salto es una invitación.
  • Papiro enano (Cyperus alternifolius): otra planta que muchos gatos mordisquean sin consecuencias y que aguanta bien en interior.

Las plantas que no pueden estar a su alcance

Antes de que llegue el gatito conviene revisar la casa planta por planta, incluidos los ramos que traen las visitas:

  • Lirios (género Lilium) y lirios de día (Hemerocallis). Es el caso más grave con diferencia: producen fallo renal agudo en el gato con cantidades muy pequeñas, y cuenta toda la planta, incluidos el polen que se le queda en el pelo y se traga al lamerse, y el agua del jarrón. En una casa con gato no entran, ni en macetas ni en ramos.
  • Adelfa (Nerium oleander), tejo (Taxus baccata), cica (Cycas revoluta) y ricino (Ricinus communis): tóxicas serias, en todas sus partes o en sus semillas.
  • Potos (Epipremnum aureum), dieffenbachia, filodendro y monstera: sus cristales de oxalato cálcico inflaman la boca y la garganta al masticarlas. Duelen mucho, y son plantas colgantes o de hoja grande que están justo donde el gato juega.
  • Hiedra (Hedera helix), azalea y rododendro, y los bulbos de narciso y de tulipán, más tóxicos que sus hojas.
  • Los aceites esenciales de plantas en difusores y ambientadores: el gato metaboliza mal muchos de esos compuestos, y los de árbol del té, eucalipto, cítricos y pino le pueden afectar por contacto con el pelo o por inhalación en una habitación cerrada.

Si sospechas que ha mordido alguna, la respuesta es el veterinario, con un trozo de la planta o una foto para identificarla. No se provoca el vómito ni se le dan remedios caseros. Puedes ampliar la lista en plantas beneficiosas y tóxicas para el gato.

Juego, mordiscos y energía

Un gatito que muerde manos y ataca tobillos casi siempre es un gatito con juego pendiente. La regla es no usar nunca las manos como juguete, porque el gatito de trescientos gramos que muerde con gracia se convierte en un adulto que muerde de verdad con la misma costumbre. Se juega con caña o con juguetes a distancia, en sesiones cortas y varias veces al día, imitando la secuencia de caza: acecho, persecución, captura, y al final un premio de comida, que es como se cierra en la naturaleza y como el gato se queda tranquilo.

Si en pleno juego los dientes o las uñas llegan a la piel, el juego se acaba en ese momento y sin drama: te levantas y te vas un par de minutos. Repetido con constancia, la lección le llega. Los comederos de juego, en los que tiene que trabajar para sacar la comida, ocupan mucha cabeza y son especialmente útiles en gatos de interior.

Salud y papeles

La primera visita al veterinario se hace pronto: revisión general, desparasitación, calendario de vacunas y conversación sobre la esterilización, que además de evitar camadas no deseadas reduce el marcaje y las escapadas. Con la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, la identificación con microchip pasó a ser obligatoria también para los gatos en toda España, y esa misma ley prohibió la venta de gatos, perros y hurones en tiendas de animales. En las protectoras hay gatitos y gatos adultos esperando, y adoptar sigue siendo la vía más razonable.

En resumen

Educar a un gatito es sobre todo diseñar la casa: bandejas suficientes y bien colocadas, rascadores donde él quiere rascar, altura para trepar y juego diario con caña que termine en comida. El castigo no entra en el método, ni en forma de grito ni de agua, porque lo único que consigue es que te tenga miedo y que la conducta se traslade a cuando no estás.

Con las plantas ocurre lo mismo: no se le enseña a no tocarlas, se le da lo suyo y se protege el resto. Una maceta de hierba de cebada, una Nepeta cataria para el juego, piedras sobre la tierra de los tiestos grandes, y fuera de casa los lirios, la adelfa, la cica y el ricino, con los potos y las dieffenbachias donde no llegue ni saltando.


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