Una dieta para cada gato

El gato es un carnívoro estricto y su alimento tiene que construirse sobre proteína animal. A partir de ahí se ajusta por etapa y modo de vida, y ahí entran las plantas: fibras que ayudan con las bolas de pelo, aceites vegetales y la hierba que come por su cuenta.

La alimentación del gato se ajusta a su edad, a su actividad y a si vive solo en el interior. Lo que no cambia es la base de proteína animal.

El gato es un carnívoro estricto, y esa es la única regla que no admite matices. Su alimento tiene que estar construido sobre carne o pescado, con proteína animal abundante y de calidad, porque hay nutrientes que solo obtiene de ahí. Todo lo demás (que sea húmedo o seco, para gatito o para adulto, para gato de interior o para gato que sale) son ajustes sobre esa base, no alternativas a ella.

Eso no significa que en su comida no haya plantas. Las hay, y cumplen funciones concretas: fibras que regulan el tránsito y ayudan con las bolas de pelo, aceites vegetales que aportan ácidos grasos, extractos con actividad antioxidante. Conviene saber cuáles hacen algo demostrable y cuáles están sobre todo en la etiqueta, y conviene saber también qué plantas de la casa no debe acercarse a la boca.

Por qué un gato no puede comer como un perro

El perro es omnívoro y se adapta a dietas muy variadas. El gato no. Su metabolismo perdió por el camino varias rutas que otros mamíferos conservan:

  • Taurina. No la sintetiza en cantidad suficiente y la pierde continuamente por la bilis. Solo está en tejidos animales. Su carencia prolongada produce daño en la retina y en el músculo cardiaco.
  • Vitamina A. No transforma el betacaroteno de las plantas en retinol, así que necesita vitamina A ya formada, de origen animal.
  • Ácido araquidónico. No lo fabrica a partir de otros ácidos grasos con la eficacia necesaria, y también procede de fuentes animales.
  • Niacina. Apenas la obtiene a partir del triptófano, al contrario que el perro.

De ahí la conclusión práctica: un gato no puede llevar una dieta vegetariana, no se le puede alimentar con comida para perros y no se le puede sostener con sobras de la cocina. Y la etiqueta importa: interesa que la primera posición de la lista de ingredientes sea carne o pescado identificado, no un cereal.

Húmedo, seco o los dos: la cuestión del agua

El gato doméstico desciende de un felino de zonas áridas y conserva un impulso de sed bastante flojo. Compensa poco bebiendo lo que no ingiere con la comida, y por eso el reparto entre húmedo y seco no es un capricho. La comida húmeda aporta mucha agua y ayuda a mantener una orina más diluida, algo que cuenta en una especie con tendencia a los problemas urinarios. El pienso seco es cómodo y se conserva mejor.

La combinación de ambos funciona bien en la mayoría de las casas. Al lado, agua limpia en varios puntos, en recipientes anchos y lejos del comedero y de la bandeja. Muchos gatos beben bastante más de una fuente con agua en movimiento que de un cuenco quieto.

Cada etapa y cada modo de vida

Lo que cambia entre un producto y otro es sobre todo la densidad energética y el ajuste de algunos nutrientes:

  • Gatito en crecimiento: necesita más energía, más proteína y más calcio por bocado, repartido en varias tomas al día.
  • Adulto: mantenimiento, con la ración ajustada a su peso y a lo que se mueve.
  • Esterilizado: tras la esterilización el gasto energético baja y el apetito no siempre lo acompaña, así que es el momento en que más gatos engordan. Los alimentos para gato esterilizado son menos densos en energía, y aun así hay que medir la ración.
  • Gato de interior: se mueve menos, traga más pelo al acicalarse y suele llevar fórmulas menos calóricas y con más fibra.
  • Pelo largo: la cuestión del pelo tragado se multiplica, y aquí la fibra y el cepillado diario van juntos.
  • Gato mayor: cambia la digestibilidad y a veces la palatabilidad, y cualquier ajuste debería ir precedido de una revisión veterinaria, porque a esa edad los cambios de apetito y de peso suelen tener causa.

Las cantidades exactas no se sacan de un artículo. Las marca la tabla del fabricante ajustada por el veterinario según la condición corporal del animal, que es lo que se palpa en las costillas y en la cintura, no lo que dice la báscula sola.

Qué hacen las plantas dentro del pienso

Esta es la parte vegetal de la comida de un carnívoro, y tiene su lógica:

  • Fibra de avena (Avena sativa), salvado de trigo (Triticum aestivum) y pulpa de remolacha (Beta vulgaris): fibras que regulan el tránsito intestinal. En un gato de interior o de pelo largo, ayudan a que el pelo tragado siga su camino en lugar de acumularse en el estómago.
  • Psyllium (Plantago ovata): la cáscara de su semilla forma un gel al hidratarse. Se usa con el mismo objetivo, y además da sensación de saciedad en las fórmulas de control de peso.
  • Pectina de manzana: fibra soluble, otro recurso habitual en los productos light.
  • Aceite de borraja (Borago officinalis): rico en ácido gamma-linolénico, un omega 6 que se asocia al estado de la piel y del pelaje.
  • Semilla de lino (Linum usitatissimum): aporta ácido alfa-linolénico, un omega 3 vegetal. Conviene saber que el gato lo convierte mal en EPA y DHA, que son las formas realmente activas, y esas vienen del pescado. El lino suma, pero no sustituye al aceite de pescado.
  • Extractos con actividad antioxidante: licopeno del tomate, luteína del clavelón o rosa de la India (Tagetes erecta), polifenoles del té verde (Camellia sinensis).

Aparecen también otros ingredientes vegetales, como la raíz de malvavisco (Althaea officinalis) o el quillay (Quillaja saponaria), cuyo efecto concreto en el gato está mucho menos documentado que el de las fibras. No hacen daño en las cantidades en que se usan, pero conviene no elegir un alimento por ellos. Lo que decide la calidad de un pienso sigue siendo la fuente de proteína animal, no la lista de extractos botánicos del reverso del saco.

La hierba que se come por su cuenta

Un gato que mordisquea plantas no está enfermo ni le falta nada raro. Es un comportamiento normal, y la teoría más aceptada es que le ayuda a expulsar el pelo y los restos no digeribles. El problema es que si no tiene hierba propia, la busca en tus macetas.

La solución cuesta muy poco: una maceta baja con brotes de cebada (Hordeum vulgare), avena (Avena sativa) o trigo, sembrados densos y renovados cada pocas semanas. Se vende como hierba para gatos y también se siembra en casa a partir de semilla. El papiro enano (Cyperus alternifolius) es otra planta que muchos gatos mastican sin problema. Y aparte está la hierba gatera (Nepeta cataria), que no es comida sino estímulo: su nepetalactona provoca la fase de revolcón y euforia en algo más de la mitad de los gatos, porque la sensibilidad es hereditaria. Sirve para animar a un gato sedentario a moverse, que en un gato de interior con tendencia a engordar es justo lo que hace falta.

Plantas y alimentos vegetales que no debe probar

La lista corta, y es importante:

  • Lirios (género Lilium) y lirios de día (Hemerocallis): provocan fallo renal agudo en el gato con cantidades mínimas. Toda la planta cuenta, incluidos el polen que se le queda en el pelo y el agua del jarrón. En una casa con gato no deberían entrar.
  • Cebolla, ajo, puerro y cebollino (género Allium): dañan sus glóbulos rojos, y el gato es más sensible que el perro. Ojo con los caldos, los purés y la comida preparada.
  • Uva y pasas: asociadas a daño renal, mejor fuera del alcance.
  • Chocolate y cacao: la teobromina es tóxica también para el gato, aunque a él le atraiga menos que al perro.
  • Aguacate: además de la persina, el hueso es un riesgo de obstrucción.
  • Plantas de interior comunes: potos (Epipremnum aureum), dieffenbachia, filodendro y monstera irritan gravemente la boca por sus cristales de oxalato cálcico; la adelfa (Nerium oleander) y la cica (Cycas revoluta) son tóxicas serias; los bulbos de narciso y tulipán, también.

Ante la sospecha de que ha comido algo de esta lista, al veterinario, y con un trozo de la planta o una foto para identificarla. Nada de provocar el vómito ni de remedios de casa. Hay más detalle en plantas beneficiosas y tóxicas para el gato y en la estrategia contra las bolas de pelo.

En resumen

La dieta de un gato se construye sobre proteína animal porque su metabolismo depende de la taurina, la vitamina A ya formada, el ácido araquidónico y la niacina de origen animal. A partir de ahí se ajusta por etapa y modo de vida, se cuida el aporte de agua combinando húmedo y seco, y se mide la ración, sobre todo tras la esterilización.

Las plantas entran en su alimentación por dos vías. Dentro del pienso, como fibras que ayudan con el pelo tragado y como aceites y extractos que complementan, nunca como sustituto de la carne o el pescado. Y fuera, como una maceta de hierba de cebada o avena que evita que se coma tus plantas, y una Nepeta cataria para moverlo. Lo que no puede haber en casa son lirios, adelfa, cica ni cebolla al alcance.


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