No hay truco para que dos animales se lleven bien de golpe. Lo que sí existe es un método que funciona casi siempre: separarlos al principio, dejar que se conozcan por el olfato antes que por la vista, duplicar los recursos de la casa para que no tengan que competir por nada, y alargar el proceso semanas si hace falta. Las presentaciones rápidas, en las que se sueltan los dos en el salón a ver qué pasa, son las que acaban en peleas y en meses de tensión.
Antes de nada, cuenta los recursos. Cuencos de comida, cuencos de agua, camas, bandejas sanitarias, rascadores, sitios altos y escondites: de todo tiene que haber más unidades que animales, y repartidos por sitios distintos. En una casa con dos gatos, la regla habitual es una bandeja por gato más una de repuesto, y nunca todas juntas en el mismo cuarto. Buena parte de los conflictos que parecen de carácter son en realidad de logística.
Perro conoce a perro
El primer encuentro no se hace en casa. Se hace en terreno neutral, un parque o una calle tranquila, con los dos atados y con una persona por perro, y se empieza paseando en paralelo a cierta distancia sin forzar el saludo. Si los dos van relajados, se acorta la distancia poco a poco. Dos o tres paseos así antes de entrar juntos en casa ahorran muchos problemas.
Ayuda mucho llevarle al veterano una manta con el olor del recién llegado unos días antes. Y ayuda todavía más recoger del suelo, antes de que entre nadie, los juguetes, los huesos y los cuencos del perro que ya vivía allí. Lo que se defiende no es la casa entera, son los objetos concretos.
Ya dentro, el nuevo tiene su habitación con todo su equipo, y una barrera de rejilla o una puerta para bebés permite que se vean y se huelan sin poder llegar el uno al otro. El trato debe ser equitativo en premios y en atención, aunque cueste, porque el veterano detecta perfectamente el agravio. Cuando comen tranquilos a ambos lados de la barrera, ya se puede probar el contacto libre y vigilado.
Gato conoce a gato
Aquí el proceso es más lento y el orden importa más. El recién llegado pasa los primeros días en una habitación cerrada, con su bandeja, su comida, su agua, un rascador y sitios donde esconderse. El gato de la casa sigue con su vida normal y con sus rutinas intactas.
El intercambio de olores es la parte clave. Se frota a cada uno con un paño distinto (mejillas y flancos, con suavidad, y solo si al gato le resulta agradable) y se deja el paño del otro cerca del comedero, no encima. Se cambian también las mantas y se les deja explorar por turnos el territorio del otro con el otro encerrado. Cuando ninguno bufa al oler el paño, se pasa a comer con la puerta de por medio, luego con la puerta entreabierta unos centímetros, y por fin a encuentros cortos y vigilados.
Un gato que se esconde no está siendo maleducado, está gestionando el miedo. Nunca se le regaña por bufar: el bufido es información, es la forma que tiene de decir que necesita distancia, y castigarlo solo consigue que la próxima vez avise menos y pase antes al zarpazo.
Perro conoce a gato
La combinación más delicada, y la que más depende de la escapatoria. El gato tiene que poder subir. Estanterías despejadas, lo alto de un armario, un poste rascador de techo: si tiene una ruta de huida en altura por toda la casa, la convivencia se resuelve sola en la mayoría de los casos. Si está atrapado a ras de suelo con un perro que quiere jugar, no.
Los primeros encuentros, con el perro atado y con algo que le entretenga para que el gato deje de ser lo más interesante de la habitación. Nunca se sujeta al gato en brazos para acercárselo al perro. Y la bandeja sanitaria se coloca donde el perro no llegue, porque hay perros a los que les da por comer heces de gato y porque un gato al que interrumpen en la bandeja deja de usarla.
Las plantas de la casa cuando llega otro animal
Un cambio en la convivencia se nota en las plantas antes que en ninguna otra cosa. Un gato estresado empieza a mordisquear hojas que antes ignoraba, y una maceta grande con tierra suelta es exactamente lo que un gato busca cuando la bandeja está ocupada por el otro: sustrato blando donde cavar. Si de repente aparecen deposiciones en un tiesto, el problema no es el tiesto, es que faltan bandejas o están mal colocadas.
Para proteger las macetas grandes funciona cubrir la superficie con piedras de un tamaño que no se puedan tragar, con piñas o con una malla, de modo que la tierra deje de ser cómoda para escarbar. Y funciona sobre todo darles alternativa vegetal propia:
- Hierba para gatos: brotes de cebada (Hordeum vulgare), avena (Avena sativa) o trigo (Triticum aestivum) en una maceta baja. La mastican, les ayuda a expulsar el pelo que tragan al acicalarse y, si la tienen a mano, van bastante menos a por el resto de tus plantas.
- Hierba gatera (Nepeta cataria): produce nepetalactona, el compuesto que desata el revolcón, los ronroneos y la fase de euforia. No le responden todos los gatos, la sensibilidad es hereditaria y los gatitos muy pequeños suelen ser indiferentes. En una casa con dos gatos conviene ofrecerla en sitios separados, porque un juguete con hierba gatera compartido es un motivo de disputa fácil de evitar.
- Valeriana (Valeriana officinalis) y papiro enano (Cyperus alternifolius) como alternativas para los gatos que no reaccionan a la Nepeta.
Y la lista de lo que hay que sacar de la casa. Con dos animales conviviendo, lo que estaba a salvo en un estante deja de estarlo en cuanto uno de ellos empieza a saltar más alto o a tirar cosas para llamar la atención.
- Lirios (género Lilium) y lirios de día (Hemerocallis): son el caso más grave en gatos. Toda la planta es peligrosa, incluidos el polen y el agua del jarrón, y provocan un daño renal agudo con cantidades muy pequeñas. En una casa con gato no entran ramos de lirios, sin excepciones.
- Adelfa (Nerium oleander), tejo (Taxus baccata) y cica (Cycas revoluta): gravemente tóxicas para gato y para perro. La cica afecta sobre todo al hígado.
- Potos (Epipremnum aureum), dieffenbachia, filodendro y monstera: cristales de oxalato cálcico que inflaman la boca y la garganta al masticarlas. Rara vez son mortales, pero duelen mucho.
- Hiedra (Hedera helix), azalea y rododendro, ricino (Ricinus communis) y los bulbos de narciso y tulipán.
- Los aceites esenciales de plantas en difusores y ambientadores. El gato metaboliza mal muchos de estos compuestos, y los de árbol del té, eucalipto, cítricos, pino y canela le pueden causar problemas por contacto con el pelo o por inhalación en un espacio cerrado. Con animales en casa, ventilación y difusores apagados.
Si sospechas que uno de ellos ha comido parte de una planta, la única respuesta es acudir al veterinario y llevar un trozo o una foto para identificarla. No se provoca el vómito ni se dan remedios caseros. Hay más detalle sobre este tema en plantas beneficiosas y tóxicas para el gato.
El jardín como terreno de todos
Si hay jardín o patio, es la mejor sala de presentaciones que existe: espacio de sobra, olores nuevos que reparten la atención y ninguna esquina sin salida. Con dos perros, un rato de paseo juntos por el jardín antes de entrar a casa rebaja mucho la tensión del primer día dentro.
A cambio, el jardín compartido pide unas reglas. Cercar la zona de plantación con un vallado bajo mientras se establece la convivencia, dar a cada animal un sitio propio a la sombra y separados, y revisar los productos que hay tirados por ahí. Los cebos antilimacos con metaldehído, los abonos con harina de hueso y el acolchado de cáscara de cacao (que contiene teobromina y huele a chocolate) son riesgos reales que se multiplican cuando hay dos animales persiguiéndose por el césped. Para el jardín con perro suelto tenemos una guía aparte en perro y jardín.
En resumen
La convivencia se construye con separación al principio, olores antes que caras, recursos duplicados y repartidos, y un ritmo marcado por el animal más asustado de los dos, no por la prisa de la casa. Con perros, terreno neutral y paseos previos. Con gatos, habitación aparte, intercambio de paños y semanas de paciencia. Con perro y gato, rutas de huida en altura y bandeja fuera del alcance del perro.
Y una revisión de las plantas antes de que empiece todo, porque el estrés del cambio hace que muerdan y escarben cosas que antes ni miraban. Fuera los lirios si hay gato, fuera la cica, la adelfa y el tejo en cualquier caso, arriba los potos y las dieffenbachias, piedras sobre la tierra de las macetas grandes y una maceta de hierba de cebada o de Nepeta cataria por animal, en sitios distintos.
Que un perro y un gato acaben llevándose bien depende sobre todo de cómo se gestionen las primeras semanas. No son enemigos naturales.