La carpa koi es una carpa domesticada, seleccionada en Japón por el color, y es un pez de estanque, no de acuario. Alcanza un tamaño grande, vive muchos años y necesita volumen de agua, filtración y oxigenación de verdad. Un estanque de jardín pensado para koi se diseña alrededor del pez, no al revés.

Y ahí aparece el asunto que se lleva por delante a la mayoría de los estanques nuevos: la koi y las plantas acuáticas están en conflicto directo. La carpa hoza el fondo, remueve el sustrato, arranca las raíces y se come lo tierno. Un estanque de koi mal planteado se queda pelado en un verano. Hay solución, y consiste en elegir bien las plantas y protegerlas, que es de lo que va buena parte de este artículo.

Qué es exactamente una koi

Las koi descienden de la carpa asiática Cyprinus rubrofuscus, durante mucho tiempo clasificada dentro de Cyprinus carpio. La selección por color arrancó en Japón en el siglo XIX a partir de mutaciones aparecidas en carpas de consumo criadas en arrozales, y de ahí salieron las variedades que hoy tienen nombre propio: kohaku (blanca con rojo), sanke, showa, asagi de lomo azulado en red, ogon monocroma metalizada.

Son peces de agua fría que toleran bien el invierno peninsular. Cuando el agua se enfría, bajan el metabolismo, se posan en el fondo y dejan de comer; eso es normal y no hay que forzarlas a alimentarse. En verano, en cambio, están activas y comen mucho. El riesgo estival no es el calor en sí, sino que el agua caliente disuelve menos oxígeno, y ahí es donde se pierden peces.

Un detalle que sorprende: aprenden. Una koi bien tratada asocia la presencia de personas con la comida y acaba subiendo a la superficie, incluso comiendo de la mano. Los bigotes o barbillones a los lados de la boca son órganos táctiles con los que rastrea el fondo buscando alimento, y son también la razón de que remueva todo lo que encuentra.

El estanque: volumen, filtro y profundidad

Tres decisiones marcan la diferencia entre un estanque que funciona y uno que da problemas todos los veranos.

El volumen. Cuanto más grande, más estable. Un volumen pequeño oscila de temperatura y acumula residuos nitrogenados a toda velocidad. Poner pocas koi en mucha agua es siempre mejor negocio que muchas en poca.

La profundidad. Hace falta una zona honda donde el pez pase el invierno sin que se hiele y donde encuentre refugio del sol de agosto y de las garzas. Alrededor de ella se hacen escalones o repisas más someras para plantar.

La filtración. Una koi come mucho y ensucia mucho. El filtro biológico convierte el amonio en nitrito y este en nitrato, y necesita semanas para madurar antes de meter peces. La bomba debe mover el volumen del estanque con holgura, y en verano conviene añadir aireación, con una cascada o un aireador, porque el oxígeno es el factor limitante.

Del agua interesan sobre todo tres cosas: que el pH sea estable y ligeramente básico, que haya dureza de carbonatos suficiente para tamponarlo (un agua muy blanda hace que el pH baile), y que amonio y nitrito estén en cero. Un juego de test y la costumbre de usarlo evitan más disgustos que cualquier producto de bote.

Plantas para un estanque con koi

Las plantas acuáticas no son decoración: consumen los nitratos que produce el pez, dan sombra que frena las algas verdes y ofrecen refugio. El problema es que la koi se las come o las arranca. La estrategia que funciona tiene tres patas.

Uno: plantar en zonas donde el pez no llegue. Las repisas perimetrales, la zona de pantano y el borde húmedo están fuera del alcance de una carpa grande. Ahí van las plantas palustres, que además son las que más nitrato consumen:

  • Lirio amarillo (Iris pseudacorus), nativo de la península, muy resistente y de floración amarilla en primavera.
  • Espadaña (Typha latifolia, T. angustifolia) y carrizo (Phragmites australis), ambos autóctonos y de crecimiento vigoroso: mejor contenidos en cesta, porque se expanden por rizoma.
  • Junco (Juncus effusus), menta de agua (Mentha aquatica), nomeolvides de agua (Myosotis scorpioides) y hierba centella (Caltha palustris).
  • Papiro enano (Cyperus alternifolius), fácil y de mucho efecto, aunque en el interior peninsular hay que resguardarlo del frío.

Dos: proteger físicamente lo que sí va dentro del agua. El nenúfar (Nymphaea spp.) es la planta que más aporta a un estanque de koi porque su hoja flotante da sombra al agua, pero es también la primera que sufre. Se planta en cesta de rejilla con sustrato pesado y arcilloso, sin turba ni compost, y se cubre la superficie con un buen dedo de grava gruesa o canto rodado. Esa capa impide que el pez hoce y enturbie el agua. Aún así, en un estanque muy cargado de koi, conviene además una rejilla sobre la cesta.

Como criterio de superficie, tener entre un tercio y la mitad del espejo de agua cubierto por hoja flotante en pleno verano baja bastante la temperatura y la proliferación de algas.

Tres: asumir que las oxigenadoras sumergidas serán comida. Elodea, Ceratophyllum demersum o Myriophyllum autóctonos aportan oxígeno y consumen nutrientes, pero en un estanque de koi se acaban. No es un fracaso: es una ensalada. Se pueden reponer, o se pueden cultivar en una zona separada del circuito, fuera del alcance del pez, donde hagan de filtro vegetal.

Si quieres profundizar, tenemos artículos sobre cómo hacer un jardín acuático, nenúfares, el lirio amarillo de borde, el papiro y plantas oxigenadoras.

Plantas que no debes meter en el estanque

Hay dos motivos distintos para dejar fuera una planta, y conviene no confundirlos.

Por ilegales e invasoras. Varias acuáticas ornamentales que se vendieron durante años están hoy prohibidas. El jacinto de agua o camalote (Eichhornia crassipes) y la azolla (Azolla filiculoides) figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013. Otras están en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión del Reglamento (UE) 1143/2014, entre ellas la lechuga de agua (Pistia stratiotes), Myriophyllum aquaticum, Ludwigia grandiflora y L. peploides, Lagarosiphon major, Cabomba caroliniana y Elodea nuttallii. Tener, criar o liberar estas especies está prohibido, y el motivo se ve en cualquier tramo del Guadiana colonizado por camalote. La norma vale igual para el pez: una koi nunca se suelta en un río o un embalse.

Por tóxicas para el agua y para el propio jardín. Aquí manda lo que cae dentro. La hojarasca de tejo (Taxus baccata), adelfa (Nerium oleander) y laurel cerezo (Prunus laurocerasus) no debería acabar en el estanque, así que no se plantan a barlovento ni colgando sobre el agua. Y con carácter general, cualquier árbol de hoja caduca junto al estanque significa una carga enorme de materia orgánica en otoño, que se pudre, consume oxígeno y dispara los nitratos. Si ya lo tienes, malla sobre el agua durante la caída de la hoja.

Añade a la lista los tratamientos: un insecticida o un herbicida aplicado cerca puede llegar al agua por deriva o por escorrentía, y los peces no perdonan. En el entorno de un estanque poblado se trabaja sin fitosanitarios.

Alimentación y calendario

La koi es omnívora con tendencia vegetariana. En un estanque maduro obtiene una parte de su alimento de algas, larvas e invertebrados, y el resto se le aporta como pienso específico en gránulos flotantes, que permiten ver cuánto come y retirar el sobrante.

La regla de oro es no pasarse. El alimento no consumido se descompone, sube el amonio y el nitrito y hunde el oxígeno, que es la cadena de sucesos detrás de la mayoría de las mortandades de verano. Mejor raciones pequeñas que se acaben en pocos minutos.

El ritmo lo marca la temperatura del agua. Con calor comen a diario y crecen; según baja la temperatura en otoño se reduce la frecuencia y se pasa a alimentos más digestibles; y en pleno invierno, con el agua fría, no comen y no hay que alimentarlas. Meter comida en un estanque helado es la forma más rápida de estropear el agua.

Sobre problemas de salud, casi todos empiezan por el agua: densidad excesiva de peces, filtro insuficiente, restos de comida, aristas en el borde que provocan rozaduras. Un pez que se roza contra el fondo, se queda aparte del grupo o mantiene las aletas pegadas al cuerpo está avisando. Ante eso, medir los parámetros del agua y consultar a un veterinario con experiencia en peces ornamentales.

En resumen

La koi es una carpa grande y longeva que necesita un estanque de verdad: volumen generoso, zona profunda para invernar, filtro biológico maduro y aireación en verano. La mayor parte de los problemas se resuelven en la fase de diseño, no a base de productos.

La convivencia con las plantas es el punto clave y tiene arreglo: palustres en las repisas y en el borde, donde el pez no llega, nenúfares en cesta con la superficie cubierta de grava para que no hocen, y oxigenadoras asumiendo que servirán de comida o cultivadas aparte como filtro vegetal. Fuera del estanque quedan las acuáticas invasoras prohibidas por el Real Decreto 630/2013 y el Reglamento (UE) 1143/2014, y lejos del agua el tejo, la adelfa y el laurel cerezo, cuya hojarasca no debe caer dentro.


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