El Betta splendens, el luchador de Siam, es probablemente el pez de acuario sobre el que circulan más ideas equivocadas. La primera y la peor: que vive bien en un jarrón sin calentar. No es cierto. Es un pez tropical, necesita agua templada y estable, un volumen razonable y plantas donde esconderse, y con esas condiciones es efectivamente uno de los peces más fáciles y agradecidos que se pueden tener.
La segunda idea equivocada es que hay que criarlo. La reproducción del betta es agresiva, exige separar a los animales y termina con decenas de alevines que hay que aislar uno a uno cuando los machos crecen. No es una actividad para un acuario doméstico. Lo que sí merece la pena es montarle bien su acuario, y ahí las plantas hacen casi todo el trabajo.
Cómo es y de dónde viene
El Betta splendens procede del sudeste asiático, de la cuenca del Mekong y de la llanura de Tailandia y países vecinos. Vive en aguas someras, cálidas, quietas o de corriente muy lenta y densamente vegetadas: charcas estacionales, canales y arrozales. Ese origen explica casi todo lo que necesita en casa. Sus poblaciones silvestres han retrocedido con la desaparición de esos humedales.
Es un anabantoideo, y como tal posee un órgano accesorio llamado laberinto, situado sobre las branquias, con el que respira aire atmosférico. Sube a la superficie a tomar una bocanada cada poco. De ahí dos consecuencias prácticas: el acuario nunca puede quedar cerrado sin cámara de aire, y el aire que hay sobre el agua debe estar templado, porque una corriente fría en el laberinto le sienta muy mal. Una tapa que deje unos centímetros de aire caliente encima resuelve ambas cosas.
El macho es el que luce las aletas largas y los colores intensos, y mide unos seis o siete centímetros contando la cola. La hembra es más pequeña, de aletas cortas y color más apagado. Los ejemplares silvestres son bastante más discretos: la paleta de rojos, azules, cobrizos, turquesas y blancos, y las colas en media luna, corona, velo o abanico, son fruto de décadas de selección. Esa misma selección tiene un coste, porque las aletas muy largas pesan, dificultan el nado y se desgarran con facilidad.
La agresividad entre machos es real y no es un mito. Dos machos en el mismo volumen se atacan hasta que uno queda gravemente herido. También reaccionan ante su reflejo, y por eso conviene no dejar el acuario contra un cristal o un espejo de forma permanente.
El acuario que necesita de verdad
Un betta vive cómodo en un acuario de unos 20 litros o más, mejor alargado que alto, porque necesita alcanzar la superficie sin esfuerzo. Los recipientes de dos o tres litros sin calentador no son un hogar: el agua se enfría, los residuos se concentran y el animal enferma.
La temperatura es el factor crítico. El rango cómodo está aproximadamente entre 24 y 28 grados, y lo importante no es el número exacto sino la estabilidad: los saltos térmicos lo debilitan. En la mayor parte de España eso significa calentador con termostato al menos de octubre a mayo, incluso en casas con calefacción.
El filtro debe ser suave. Un betta con aletas largas nada mal contra corriente y se agota. Un filtro de esponja movido por aire, o un filtro pequeño con la salida difundida, es lo adecuado. Cambios parciales de agua semanales, siempre tratada para eliminar el cloro y a la misma temperatura que la del acuario, y grava o arena fina de fondo.
La decoración se elige por el tacto: nada con aristas ni con bordes cortantes. Las plantas artificiales de plástico duro son una causa habitual de aletas desgarradas. Si se usan artificiales, que sean de seda. Y mejor todavía, plantas vivas.
Plantas de acuario para un betta
Aquí está el corazón del asunto. En su medio natural el betta vive entre vegetación densa, con poca luz directa y muchos escondites, y en el acuario reproduce ese comportamiento: se apoya sobre las hojas anchas para descansar cerca de la superficie, se refugia entre los tallos cuando algo lo inquieta y explora mucho menos si no hay estructura. Un acuario vacío con un betta es un pez aburrido y estresado. Además, las plantas consumen nitratos y compiten con las algas, lo que mantiene mucho mejor la calidad del agua.
Estas son las especies que mejor funcionan, todas de cultivo fácil y sin necesidad de inyección de CO2:
- Anubias (Anubias barteri var. nana). La planta ideal para un betta: hoja ancha, dura y horizontal, perfecta para que se pose. Se ata a una roca o a una raíz y no se entierra el rizoma, que se pudre si se cubre. Crece despacio y aguanta poca luz.
- Helecho de Java (Microsorum pteropus). Igual de resistente, también se fija sobre madera o piedra, con hojas largas que dan sombra y refugio.
- Musgo de Java (Taxiphyllum barbieri, vendido a menudo como Vesicularia dubyana). Forma alfombras y cojines, sirve de refugio y es prácticamente indestructible. Puedes leer más sobre él en nuestra ficha del musgo de Java.
- Criptocorinas (Cryptocoryne wendtii, Cryptocoryne beckettii). Plantadas en el sustrato, forman matas medias muy tolerantes. Al trasplantarlas suelen perder las hojas y rebrotar en unas semanas, es normal.
- Vallisneria (Vallisneria spiralis) y Egeria (Egeria densa), de crecimiento rápido, buenas para el fondo y para consumir nutrientes en un acuario recién montado.
- Cornuval (Ceratophyllum demersum). Se deja flotar sin plantar, crece a toda velocidad y forma una maraña que al betta le encanta.
- Flotantes como Limnobium laevigatum o Salvinia auriculata, que tamizan la luz, algo que este pez agradece, y ofrecen raíces colgantes donde esconderse.
Dos advertencias. La primera, evita el jacinto de agua (Eichhornia crassipes) y la lechuga de agua (Pistia stratiotes): están catalogadas como especies exóticas invasoras en la Unión Europea, su comercio está restringido y nunca deben acabar en un cauce o un estanque exterior. Lo mismo vale para cualquier resto vegetal de acuario, que se tira a la basura y jamás al váter ni al río.
La segunda: en las tiendas se venden como plantas de acuario varias especies que en realidad son terrestres y se pudren bajo el agua en pocas semanas, ensuciando el acuario. Las más frecuentes son el mal llamado bambú de la suerte (Dracaena sanderiana), el singonio (Syngonium podophyllum), la aglaonema (Aglaonema spp.) y la cinta (Chlorophytum comosum). Ninguna es acuática. Si tienes dudas sobre qué plantas van sumergidas y cuáles no, en este artículo sobre plantas de acuario hay más criterio.
Un montaje que funciona casi siempre: sustrato de arena fina o grava, una raíz de madera con anubias y helecho de Java atados, un cojín de musgo, un grupo de criptocorinas a media altura, vallisneria al fondo y un puñado de flotantes en superficie. Con eso, luz moderada unas ocho horas al día y cambios de agua semanales, el acuario se sostiene solo.
Con quién puede convivir
Un macho, uno solo. Nunca dos machos en el mismo volumen, ni separados por un cristal que les permita verse todo el día.
Como compañeros funcionan peces tranquilos, que no muerdan aletas y que no ocupen la superficie. Los corydoras del fondo y algunos pequeños cíclidos enanos suelen convivir bien, y también las gambas de acuario en acuarios bien plantados, aunque un betta decidido puede perseguirlas. Hay que descartar a los mordedores de aletas, como los barbos tigre, y a los peces vistosos de aletas largas, que el betta interpreta como rivales. Los guppis macho entran en esa categoría y son mala idea. Antes de introducir cualquier especie, comprueba la compatibilidad y el volumen mínimo de cada una, y añade siempre a los nuevos con el acuario ya maduro.
Alimentación
El betta es carnívoro, con clara preferencia por el alimento vivo o congelado: larva de mosquito, artemia, dafnia. Los gránulos específicos para betta sirven de base, siempre que no se abuse. Come poco y en la superficie, y el exceso de comida es el error más común: lo que no se traga en un minuto acaba pudriéndose en el fondo y disparando los nitritos. Un día de ayuno a la semana es una práctica habitual y no le hace ningún daño.
Con buenas condiciones vive del orden de dos a cuatro años. Los signos de que algo va mal son fáciles de leer: aletas apretadas contra el cuerpo, color apagado, quedarse tumbado en el fondo o dejar de comer. Casi siempre el origen está en la temperatura, en la calidad del agua o en una compañía inadecuada, y se resuelve revisando esos tres puntos antes que nada.
En resumen
El luchador de Siam no es un pez de jarrón, es un pez tropical de agua templada, estable y bien vegetada. Un acuario de veinte litros o más, calentador con termostato, filtro suave, cambios de agua semanales y un solo macho por acuario cubren prácticamente todo lo que necesita.
Las plantas son la mitad del trabajo. Anubias y helecho de Java atados a una raíz, musgo de Java, criptocorinas, vallisneria y unas flotantes le dan sombra, refugio y sitio donde apoyarse, y mantienen el agua limpia mejor que ningún aparato. Evita las plantas de plástico duro, que le rompen las aletas, las terrestres vendidas como acuáticas, que se pudren, y las especies catalogadas como invasoras, que no deben salir nunca del acuario.