Una tortuga no es una mascota de bajo mantenimiento. Necesita calor, luz ultravioleta, espacio y una dieta bastante más concreta de lo que suele creerse, y vive muchos años, de modo que la decisión compromete décadas. Si además va a estar suelta en un jardín o en un patio, hay una segunda lista que revisar: la de las plantas que tiene a su alcance, porque una tortuga terrestre pasa buena parte del día mordisqueando lo que encuentra.

Antes de nada conviene saber que en España no todas las tortugas se pueden tener. La tortuga de Florida o de orejas rojas (Trachemys scripta elegans), la más extendida en los hogares durante décadas, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013) y en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea del Reglamento (UE) 1143/2014. Eso significa que su venta, cría e intercambio están prohibidos y que soltarla en un río, en una charca o en un parque es una infracción grave, además de un problema ecológico real: desplaza a los galápagos autóctonos. Los ejemplares que ya estaban en casa antes de la prohibición pueden mantenerse en las condiciones que fija la norma, pero no reproducirse ni liberarse.

Qué tortugas se ven en España

Las tortugas son reptiles del orden de los quelonios. Su rasgo común es el caparazón, una envoltura ósea recubierta de escudos córneos que forma parte del esqueleto y no se puede separar del animal. No tienen dientes: la boca termina en un pico córneo con el que cortan.

Entre las terrestres, en la península Ibérica y en Baleares viven dos especies autóctonas, la tortuga mora (Testudo graeca) y la tortuga mediterránea (Testudo hermanni). Ambas están protegidas y su tenencia exige documentación en regla, porque figuran en los anexos del convenio CITES y en la normativa europea de comercio de especies. No son animales que se compren en cualquier sitio ni que se recojan del campo.

Entre las acuáticas, los galápagos autóctonos son el galápago europeo (Emys orbicularis) y el galápago leproso (Mauremys leprosa), también protegidos. Lo que ha habido en las casas ha sido, sobre todo, tortugas americanas del género Trachemys y otras exóticas emparentadas, con el problema legal ya descrito.

La conclusión práctica es sencilla: si buscas una tortuga, la vía razonable hoy pasa por los centros de recuperación y las asociaciones que gestionan animales decomisados o entregados, no por el comercio. Y en cualquier caso conviene consultar antes con la administración ambiental de tu comunidad autónoma, porque los requisitos de identificación y registro varían.

Plantas tóxicas para una tortuga en el jardín

Este es el apartado que más se pasa por alto. Una tortuga terrestre suelta en el jardín se alimenta sola, y no distingue una hoja comestible de una venenosa por el sabor. Hay plantas muy comunes en jardines españoles que no deberían estar a su alcance.

  • Adelfa (Nerium oleander). Toda la planta es tóxica, hojas, flores, tallos y también las hojas secas caídas. Es un arbusto habitual en setos y medianas de toda la costa mediterránea. Donde haya una tortuga suelta, hay que retirar las hojas caídas o cercar la zona.
  • Tejo (Taxus baccata). Toda la planta salvo la parte carnosa roja del arilo, y muy especialmente la semilla y las hojas.
  • Ricino (Ricinus communis). La semilla es la parte más peligrosa. Aparece asilvestrado en muchos solares y cunetas del sur y del levante.
  • Bulbos de narciso, tulipán, jacinto y amarilis. El bulbo concentra la toxicidad, y una tortuga que escarba puede llegar a él.
  • Dedalera (Digitalis purpurea), acónito (Aconitum napellus) y ranúnculos o botones de oro (Ranunculus spp.), plantas de flor con principios activos cardiotóxicos o irritantes.
  • Azaleas y rododendros (Rhododendron spp.). Hojas y flores.
  • Hiedra (Hedera helix), durillo y aligustre (Ligustrum spp.), con frutos y hojas problemáticos.
  • Aráceas de interior que a veces se sacan al patio en verano: potos (Epipremnum aureum), difenbaquia (Dieffenbachia spp.), filodendro (Philodendron spp.) y espatifilo (Spathiphyllum spp.). Contienen cristales de oxalato cálcico que irritan la boca y la garganta.
  • Cica (Cycas revoluta). Muy tóxica, sobre todo las semillas, y frecuente en jardines mediterráneos.

Si sospechas que tu tortuga ha comido alguna de estas plantas, la indicación es acudir a un veterinario con experiencia en reptiles, y llevar si puedes un trozo de la planta para identificarla. No hay remedios caseros que valgan aquí, y los reptiles disimulan los síntomas durante mucho tiempo.

Al margen de las plantas, en un jardín con tortuga hay que revisar dos cosas más: los cebos antibabosas con metaldehído, que son un veneno directo, y los abonos y fitosanitarios recién aplicados. Lo prudente es no tratar las zonas donde el animal pasta.

Un jardín pensado para una tortuga terrestre

La cara positiva es que una tortuga terrestre se lleva muy bien con un jardín poco domesticado. Lo que necesita es un pasto variado de herbáceas, sombra donde retirarse a las horas centrales del día en verano y un refugio seco donde meterse.

Las plantas que suelen formar la base de su dieta son las malas hierbas de toda la vida: diente de león (Taraxacum officinale), llantén (Plantago lanceolata y Plantago major), trébol (Trifolium spp.) en proporción moderada, achicoria (Cichorium intybus), malva (Malva sylvestris) y cerraja (Sonchus oleraceus). Un rincón donde se les deje crecer, sin tratar y sin segar, vale más que cualquier suplemento. También se aprovechan las flores de hibisco (Hibiscus rosa-sinensis) y las de rosal, siempre que no hayan recibido tratamientos.

Como cobertura funcionan bien los arbustos bajos y densos y las gramíneas ornamentales, que dan sombra y escondite. Evita el acolchado de cacao, que es tóxico para perros y no pinta nada en un recinto de tortugas, y los acolchados de corteza muy fina, que se tragan con facilidad. Un bebedero plano, ancho y pesado, que no pueda volcar, completa el recinto.

El cerramiento importa tanto como las plantas. Las tortugas cavan y trepan mejor de lo que parece, así que el muro perimetral debe estar enterrado unos centímetros y ser liso por dentro. Y conviene tapar o vallar los estanques con paredes verticales, donde una tortuga terrestre puede caer y ahogarse.

Agua, luz y calor para las acuáticas

Una tortuga de agua necesita un volumen generoso, mucho mayor que las peceras redondas que se vendían antaño, con agua suficiente para nadar y sumergirse por completo y una zona seca firme donde salir a secarse por completo. Sobre esa plataforma va el punto de calor y la lámpara con emisión ultravioleta B, imprescindible para que el animal sintetice vitamina D y fije el calcio del caparazón. Un cristal entre la lámpara y el animal filtra el UVB y lo deja sin efecto.

El agua se mantiene templada y estable con un calentador dotado de termostato, en el entorno de los 24 a 28 grados para las especies tropicales, y limpia con un filtro dimensionado por encima del volumen real, porque los quelonios ensucian mucho más que los peces. Si se usa agua del grifo, conviene tratarla para eliminar el cloro.

Las plantas acuáticas cumplen aquí dos funciones, refugio y consumo de nitratos, pero hay que asumir que buena parte de las especies acuáticas comen vegetales y destrozan lo que plantes. Las que mejor aguantan son las flotantes de crecimiento rápido, como la Elodea y el cornuval (Ceratophyllum demersum), que se reponen solas y sirven además de complemento vegetal en la dieta. Las plantas plantadas en sustrato rara vez sobreviven al trasiego. Evita el jacinto de agua (Eichhornia crassipes) y la azolla, que están catalogadas como invasoras en España y no deben adquirirse ni acabar en un cauce.

Alimentación

Las tortugas acuáticas jóvenes son marcadamente carnívoras y se vuelven más vegetarianas con la edad. La base suele ser un pienso específico de calidad, completado con vegetales de hoja y, según la especie, algo de proteína animal. Las terrestres mediterráneas son herbívoras estrictas: hierba, hoja verde y flores, con muy poca fruta y nada de proteína animal ni de pienso de perro o gato.

El exceso de proteína y la falta de calcio y de luz ultravioleta producen deformaciones del caparazón que son irreversibles. Como orientación general, cuanto más se parezca la dieta a lo que el animal comería en su medio, mejor. Las cantidades y la frecuencia concretas dependen de la especie y de la edad, y es una conversación que toca tener con un veterinario de exóticos, no con una tabla genérica.

El calendario del jardín cuando hay tortuga suelta

En otoño, las tortugas terrestres mediterráneas reducen su actividad y buscan un lugar donde pasar el invierno. En buena parte de España lo hacen enterrándose bajo hojarasca o al pie de un arbusto. Eso condiciona las labores del jardín: antes de mover un montón de hojas, de pasar el motocultor o de encender una hoguera de restos de poda, hay que comprobar que no hay nadie debajo. Es una causa de accidentes más frecuente de lo que parece.

En primavera vuelven a la actividad y empiezan a comer con ganas justo cuando el jardín está lleno de brotes tiernos, algunos de ellos de plantas de la lista tóxica. Es el momento de revisar el vallado, retirar plántulas de ricino o de adelfa que hayan germinado solas y dejar crecer el pasto. En verano, sombra y agua fresca a diario. Y en cualquier estación, si el jardín se trata con fitosanitarios, el animal se retira antes y no vuelve hasta pasado el plazo de seguridad del producto.

En resumen

Una tortuga es un animal longevo, protegido en muchos casos y con requisitos de luz, calor y espacio que no se improvisan. En España la primera pregunta no es cuál te gusta más, sino cuál puedes tener legalmente y de dónde procede: las autóctonas están protegidas y la de Florida está catalogada como invasora, con la venta prohibida y la suelta perseguida.

Si la tortuga va a vivir en el jardín, la lista de plantas manda tanto como el tortugario. Fuera adelfa, tejo, ricino, cica, azaleas y bulbos de narciso o tulipán, y dentro un rincón de diente de león, llantén, achicoria y malva sin tratar, con sombra y un refugio. Ante cualquier sospecha de que ha comido algo, veterinario especializado en reptiles y la planta en la mano para identificarla.


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