Los rosales tapizantes, también llamados cubresuelos o paisajísticos, son rosales de porte bajo y ramas extendidas que cubren superficie en horizontal en lugar de crecer hacia arriba. Se plantan para tapar taludes, bordes de camino, rocallas y macizos grandes, y son los rosales que se ven en medianas de carretera y en rotondas de toda España, porque dan flor de mayo a noviembre con muy poco mantenimiento.
Son un grupo moderno, desarrollado a partir del último tercio del siglo XX con un objetivo claro: conseguir rosales que florecieran mucho, que no hubiera que podar rama a rama y que no exigieran tratamientos constantes contra la mancha negra, que es el punto débil de los híbridos de té. En buena parte lo consiguieron.
Qué los distingue de otros rosales
La diferencia no está solo en la altura. Un rosal tapizante ramifica lateralmente desde la base, echa ramas largas y flexibles que se tumban o se arquean, y enraíza con facilidad allí donde una rama toca el suelo. Muchos de sus antecesores silvestres son rosas rastreras, sobre todo Rosa wichuraiana, de porte postrado y hoja lustrosa, que aportó también buena parte de la resistencia a hongos del grupo.
Otras características que comparten casi todos:
- Floración en ramillete, como los floribunda, y repetida desde primavera hasta las primeras heladas.
- Flores más pequeñas que las de un híbrido de té, simples o semidobles en la mayoría de variedades. El efecto se busca en la masa de flor, no en la flor individual.
- Aroma discreto o ausente. Es el peaje del grupo: se seleccionó por resistencia y floración, no por perfume.
- Buena sanidad foliar, muy superior a la de los híbridos de té.
- Muchas variedades se producen por esqueje, a raíz propia y sin injerto, lo que abarata la planta y elimina el problema de los chupones del patrón.
La altura varía más de lo que sugiere el nombre. Hay variedades que no pasan de treinta o cuarenta centímetros y se extienden más de un metro, y otras que forman una mata redondeada de setenta u ochenta centímetros. Conviene mirar la ficha concreta antes de calcular el marco de plantación.
Variedades que funcionan en España
- 'The Fairy': polyantha antigua reconvertida en tapizante, con ramilletes de florecillas rosa pálido muy dobles, porte extendido y una rusticidad enorme. Florece algo más tarde que las demás, ya entrada la primavera, y aguanta hasta el otoño. Es la más agradecida para empezar.
- Serie Flower Carpet: rosales cubresuelos de origen alemán, en varios colores, seleccionados específicamente por resistencia a mancha negra y floración continua. Son de los que mejor rendimiento dan en jardinería pública y en macizos grandes.
- 'Swany': cubresuelos de flor blanca muy doble y follaje pequeño y brillante, de porte netamente rastrero. Buena opción para taludes y para desbordar sobre un muro bajo.
- 'Bonica': más arbustiva que rastrera, forma una mata redondeada de flores rosa suave. Resiste bien el calor del interior peninsular y es de las más fiables del grupo paisajístico.
Dónde plantarlos
El sitio manda más que la variedad. Estos rosales quieren sol directo, al menos seis horas al día. A media sombra estiran las ramas, florecen la mitad y se vuelven más sensibles a los hongos. En sombra no funcionan, y ningún rosal lo hace.
Los usos donde rinden de verdad son cuatro: taludes y desmontes donde el mantenimiento es incómodo, bordes de camino y rotondas, macizos amplios donde se busca una mancha de color continua, y jardineras y muros bajos por los que puedan desbordarse. En maceta funcionan si el recipiente es grande, de al menos cuarenta centímetros, porque la mata extiende raíz igual que extiende rama.
Para el marco de plantación, la regla práctica es dos o tres plantas por metro cuadrado en las variedades rastreras, y una por metro cuadrado en las que forman mata. Plantar más apretado no acelera gran cosa la cobertura y complica la aireación, que es lo que mantiene sana la hoja.
Plantación y riego
Se plantan en reposo, entre noviembre y febrero en la mayor parte de España, que es cuando se venden a raíz desnuda y cuando la planta enraíza sin sufrir. En maceta se pueden poner casi todo el año, evitando el verano.
El suelo debe estar mullido y con materia orgánica incorporada, y hay que resolver el drenaje si es pesado. En los suelos calizos del este y el sur peninsular se comportan bien; en terrenos muy compactados, no. En un talud conviene plantar en pequeños alcorques a nivel para que el agua de riego no se escurra pendiente abajo.
El riego es la clave del primer año. Hasta que la mata cubre, hay que regar en profundidad y de forma espaciada, mejor mucha agua cada varios días que un poco a diario, para que la raíz baje. El sistema adecuado es el goteo, por dos motivos: no moja la hoja, que es lo que dispara la mancha negra, y llega al pie con la mata ya cerrada, cuando regar con manguera es incómodo. A partir del segundo o tercer año son bastante tolerantes a la sequía, pero no son plantas de secano: sin riego de apoyo en el verano del interior o del sur, la floración se para.
Poda y mantenimiento
Aquí está la ventaja del grupo. No se podan rama a rama. Al final del invierno, en febrero o comienzos de marzo según la zona, se rebaja la mata a la altura deseada, se retiran las ramas secas, débiles o que se cruzan, y se acabó. En macizos grandes es habitual recortar todo el conjunto de una vez con tijera de setos o desbrozadora, y las plantas responden bien.
Cada tres o cuatro años conviene una poda más severa, dejando la mata a un tercio, para renovar madera y evitar que el centro se apelmace y se llene de ramas viejas sin flor.
Durante la temporada, retirar la flor marchita estimula la siguiente floración, aunque en macizo grande no es práctico ir flor a flor: se hace un repaso general con tijera después de la primera oleada de floración y ya está.
Un aviso que conviene dar, porque se vende lo contrario: un rosal tapizante no ahoga las malas hierbas, al menos no hasta que cierra, y eso tarda dos o tres temporadas. Durante ese tiempo hay que desherbar, y lo más eficaz es un acolchado de corteza o grava de cinco centímetros entre plantas, que además conserva humedad y baja mucho el trabajo.
Sanidad
Son sanos en comparación con otros rosales, pero no inmunes. En zonas húmedas del norte y en jardines con riego por aspersión aparecen mancha negra y oídio. La prevención es de manejo y funciona: riego al pie, distancia de plantación suficiente, poda que airea la mata y recogida de la hoja caída al final del otoño, que es donde el hongo pasa el invierno.
Si aun así hay que tratar, la norma es acudir a productos autorizados para jardinería exterior doméstica, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y aplicar exactamente lo que dice la etiqueta del envase. Y no tratar nunca con la planta en flor ni en horas de vuelo de las abejas, porque un macizo de tapizantes en floración es un comedero de polinizadores.
En resumen
Los rosales tapizantes son la solución cuando se quiere color de mayo a noviembre en una superficie amplia y sin dedicarle tiempo. Piden sol directo, drenaje, riego por goteo y una poda anual de recorte general, y a cambio dan una floración continua con muy pocos problemas sanitarios.
Lo que hay que tener presente es que no huelen apenas, que tardan dos o tres temporadas en cubrir de verdad y que hasta entonces hay que desherbar o acolchar. Variedades como 'The Fairy', 'Bonica' o los cubresuelos de la serie Flower Carpet cubren la mayor parte de las situaciones en un jardín español.