El 23 de abril, día de Sant Jordi, se regala en Cataluña una rosa roja acompañada de una espiga de trigo y una cinta con la señera, y se regala un libro. La costumbre se explica a menudo con la leyenda del caballero y el dragón, pero el origen documentado de la rosa es otro y bastante más antiguo que la parte del libro.
Las dos cosas conviven, y merece la pena distinguirlas: la leyenda explica el simbolismo, y la feria de rosas explica la costumbre. Aquí van las dos, además de lo práctico: por qué la rosa es roja, qué se está comprando realmente ese día y cómo elegir una rosa que aguante hasta la noche.
La leyenda del dragón
La versión catalana sitúa la historia en Montblanc, en la Conca de Barberà. Un dragón asediaba la villa y los vecinos lo mantenían alejado entregándole primero el ganado y, cuando este se acabó, personas elegidas por sorteo. Un día la suerte señaló a la hija del rey.
Cuando el dragón iba a devorarla apareció un caballero, Jordi, que lo hirió de muerte. De la sangre derramada brotó un rosal de flores rojas, y el caballero cortó la más hermosa para ofrecérsela a la princesa.
Conviene saber que el episodio del dragón no forma parte de las versiones más antiguas de la figura de San Jorge: se incorpora en la Edad Media y se populariza a través de la Leyenda dorada, la gran recopilación de vidas de santos del siglo XIII. Desde ahí se difundió por toda Europa, y cada territorio la localizó en su propio paisaje. Montblanc es la localización catalana.
El origen real de la rosa
La costumbre de regalar rosas ese día tiene una raíz más terrenal. En Barcelona se celebraba desde la Edad Media una feria de rosas coincidiendo con la festividad, y en el Palau de la Generalitat se ofrecía una rosa a las mujeres que acudían a la capilla de Sant Jordi. Era una fiesta de primavera, con las rosas en su primera floración justo en esas fechas, y con una tradición de cultivo en el país que daba flor suficiente.
Esa continuidad, feria de rosas y obsequio en el Palau, es lo que ha llegado hasta hoy. La leyenda vino a poner el relato romántico encima de una costumbre que ya existía.
Y el libro
El libro es una incorporación del siglo XX. La celebración del Día del Libro se instituyó en España en los años veinte, impulsada por el editor Vicent Clavel, y acabó fijándose en el 23 de abril por su relación con la muerte de Cervantes. La fecha cuajó en Barcelona, donde se sumó a la costumbre de la rosa, y con el tiempo se convirtió en lo que hoy son las paradas de libros por toda la ciudad.
Un detalle que se repite mal y que conviene aclarar: se dice que Cervantes y Shakespeare murieron el mismo día. En realidad no coincidieron. Cervantes murió el 22 de abril de 1616 y fue enterrado el 23; Shakespeare murió el 23 de abril según el calendario juliano que regía en Inglaterra, que equivale al 3 de mayo del calendario gregoriano que ya se usaba en España. La coincidencia de fecha es de calendario, no de día real. La Unesco tomó esa fecha para el Día Mundial del Libro por su valor simbólico.
Cómo es la rosa de Sant Jordi
El conjunto tradicional tiene tres elementos, cada uno con su lectura:
- La rosa roja, por la leyenda y por la propia feria de primavera.
- La espiga de trigo, símbolo de fertilidad y de la primavera agrícola.
- La cinta con la señera, incorporación más reciente y de significado identitario.
Se regala una sola rosa, no un ramo, y ese es el gesto: la unidad. Es también lo que diferencia esta fecha de San Valentín, donde manda la docena.
La costumbre original era de hombres a mujeres, con el libro en sentido contrario. Hoy eso está bastante disuelto y el intercambio va en cualquier dirección, entre parejas, amigos, familia y compañeros de trabajo. También ha crecido el gesto de regalar las dos cosas, rosa y libro, a la misma persona.
Qué rosa se compra realmente ese día
Aquí conviene ser realista. Sant Jordi mueve millones de rosas en un solo día, una cantidad que la producción local no puede cubrir, así que buena parte de la flor llega importada, sobre todo de Holanda y de países productores de América y África, y se ha conservado en cámara durante días. Eso explica dos cosas: que se venda casi siempre la misma clase de rosa roja de tallo largo y capullo grande, y que la calidad varíe muchísimo entre puestos.
Para elegir bien en la calle, tres comprobaciones rápidas:
- El cuello firme. Si al coger el tallo la cabeza se vence, esa rosa ya está pasada.
- El botón apretado pero que ceda un poco al apretarlo con suavidad. Una rosa cortada demasiado verde nunca llega a abrir.
- Los pétalos exteriores sin bordes pardos ni transparentes.
Casi todas las rosas de este día se venden envueltas en celofán, sin agua. Si la rosa va a pasar horas así, conviene recortarle el tallo en diagonal y ponerla en agua en cuanto se pueda, aunque sea en un vaso. Una rosa que ha pasado el día entero envuelta y sin beber rara vez se recupera del todo.
Alternativas que duran más de una semana
La rosa cortada de Sant Jordi dura, con suerte, entre cinco y ocho días. Quien busca que el regalo se quede tiene tres caminos razonables, y ninguno pretende sustituir el gesto sino prolongarlo.
Un rosal en maceta. Es la opción más coherente con la fecha: en abril hay rosales en flor en cualquier vivero, y bien cuidados florecen durante años. Para balcón, un rosal de patio o una floribunda compacta en maceta de 30 centímetros o más. Conviene avisar de que necesita estar fuera y de que en verano pide riego frecuente.
Una rosa artificial de buena factura. Tiene sentido cuando el regalo va a quedarse expuesto y no se quiere ver marchitar, o cuando se manda por mensajería a otra provincia. Una rosa unitaria de terciopelo de tallo largo mantiene el formato de una sola flor, que es lo propio de esta fecha, y aguanta indefinidamente en un jarrón. No es una flor y no huele; es un objeto decorativo, y como tal funciona.
Una rosa en cúpula. Las rosas montadas bajo campana de cristal con base de madera y luces LED son un regalo de objeto, no de flor, y se compran por lo que son: una pieza de decoración con una referencia evidente al cuento. Es el caso opuesto al del rosal: no hay nada que cuidar.
Lo que no tiene mucho sentido es lo intermedio, comprar flor artificial esperando que engañe. No engaña, y la gracia de una rosa natural el 23 de abril está justamente en que es de temporada.
Si la rosa sale del jardín
El 23 de abril coincide con el arranque de la primera floración del rosal en buena parte de la Península, sobre todo en el litoral mediterráneo, así que a menudo hay rosa en casa. Para que llegue bien:
- Cortar a primera hora de la mañana, con la planta hidratada.
- Elegir un botón que ya muestra color pero no está abierto.
- Cortar en diagonal, por encima de una hoja de cinco foliolos, con tijera limpia y afilada.
- Meter el tallo en agua inmediatamente y no dejarlo al sol.
Cortar una rosa no perjudica al rosal: equivale a retirar la flor marchita y estimula la siguiente floración.
En resumen
La rosa de Sant Jordi viene de una feria de rosas de primavera documentada en Barcelona desde la Edad Media y de la rosa que se ofrecía en el Palau de la Generalitat; la leyenda del dragón y el rosal nacido de su sangre es el relato que se le superpuso. El libro es una incorporación del siglo XX, ligada a la fecha de la muerte de Cervantes.
Se regala una sola rosa roja, con espiga y cinta, y no un ramo. Si se compra en la calle, conviene mirar que el cuello esté firme y ponerla en agua cuanto antes, porque casi toda la flor de ese día se vende envuelta y sin beber. Y si se quiere que el regalo dure, un rosal en maceta es la alternativa más coherente con la fecha.