El narciso es el bulbo de otoño más agradecido que se puede plantar en España: se entierra entre septiembre y diciembre, florece de febrero a abril y, a diferencia del tulipán o del jacinto, se naturaliza. Es decir, se queda en el suelo, se multiplica solo y da más flores cada año en lugar de menos.
Además, es una planta de casa. El género Narcissus tiene su principal centro de diversidad en el Mediterráneo occidental y muy especialmente en la Península Ibérica, donde crecen decenas de especies silvestres, varias de ellas exclusivas de aquí. Los narcisos de trompeta amarilla de los catálogos holandeses descienden en buena parte de material ibérico.
La planta
El narciso es una bulbosa perenne de la familia de las amarilidáceas. Del bulbo tunicado salen hojas acintadas y de un verde azulado, y un escapo hueco que remata en una o varias flores. La altura va de los 15 centímetros de las especies pequeñas a los 50 o 60 de los híbridos de trompeta.
La flor tiene una estructura inconfundible: seis tépalos extendidos y, en el centro, una corona en forma de trompeta, copa o anillo, que puede ser del mismo color que los tépalos o de otro distinto. Los colores se mueven entre el amarillo, el blanco, el crema y el naranja, con muchas combinaciones de tépalo claro y corona intensa.
La clasificación hortícola reparte las variedades en trece grupos según la forma de la flor y su ascendencia. Los que más se ven en el jardín son:
- Trompeta. Una flor por tallo, con la corona tan larga o más que los tépalos. Es el narciso clásico de trompeta amarilla.
- Copa grande y copa pequeña. También una flor por tallo, con la corona más corta que los tépalos.
- Flor doble. Corona y tépalos mezclados en una flor apretada, a menudo perfumada.
- Cyclamineus. Tépalos echados hacia atrás, como las orejas de un caballo al galope, y corona larga. Florecen muy temprano y son ideales para maceta.
- Triandrus. Varias flores colgantes por tallo, delicadas.
- Jonquilla. Varias flores pequeñas y muy perfumadas por tallo, con hoja fina y juncosa. Aguantan bien el calor, así que son de los mejores para el sur y el litoral mediterráneo.
- Tazetta. Muchas flores por tallo y perfume intenso. Aquí está el narciso de ramillete que florece muy pronto en zonas cálidas.
- Poeticus. Tépalos blancos planos y una corona pequeña, amarilla con reborde rojo. Es el más tardío y uno de los más perfumados.
Cuándo y cómo se plantan
La plantación va de septiembre a diciembre. Cuanto antes, mejor, porque el narciso empieza a echar raíz en cuanto refresca el suelo, y un bulbo plantado en septiembre llega a la primavera mucho mejor asentado que uno plantado en enero.
Se eligen bulbos firmes y pesados, sin manchas blandas ni moho en la base. La profundidad estándar es de dos a tres veces la altura del bulbo, o sea, unos 10 a 15 centímetros para los tamaños corrientes, con la punta hacia arriba, y una separación de 10 a 15 centímetros entre ellos.
La profundidad importa más de lo que parece: un narciso plantado demasiado superficial se multiplica en exceso, se apelmaza y deja de florecer, que es la causa más frecuente de matas que solo dan hoja.
Quedan mejor en grupos irregulares de siete, once o quince bulbos que en hilera. Para naturalizar en el césped o bajo árboles de hoja caduca, el truco clásico funciona: se lanzan los bulbos al aire y se plantan donde caen.
Ubicación a pleno sol o en semisombra. Toleran bien la sombra ligera de árboles caducos porque florecen antes de que estos echen la hoja. El suelo debe drenar; en terreno pesado y encharcadizo el bulbo se pudre.
En temporada se encuentran en cualquier centro de jardinería, y por internet es más fácil dar con variedades concretas. Se venden también cajas de bulbos de narciso listas para plantar, prácticas para cubrir un arriate o naturalizar una zona de golpe. Al comprar conviene mirar el calibre, porque los bulbos pequeños tardan una temporada más en dar flor.
Cuidados durante el año
Riego. Desde la plantación hasta el final de la floración, el suelo debe estar fresco. En buena parte de España las lluvias de otoño e invierno bastan, y solo hace falta regar si el invierno viene seco. En cuanto la hoja amarillea, se corta el riego: el bulbo necesita pasar el verano seco, y regarlo en julio es la mejor manera de pudrirlo.
Abonado. El momento útil es al terminar la floración, no antes. Es cuando el bulbo se recarga para el año siguiente. Un abono bajo en nitrógeno y con potasio va bien; el exceso de nitrógeno da mucha hoja y poca flor.
Después de la flor. Se corta la flor marchita con su tallo para que no cuaje semilla, y las hojas se dejan enteras hasta que amarillean solas, unas seis semanas como mínimo. Cortarlas verdes, o atarlas en nudos para que queden ordenadas, reduce a la mitad la floración del año siguiente. En un césped naturalizado, eso significa retrasar la siega de esa zona hasta bien entrado mayo.
División. Cada cuatro o cinco años, cuando la mata se apelmaza y florece menos, se levantan los bulbos con la hoja ya seca, se separan los hijuelos y se replantan más espaciados. Es la única forma de mantener una plantación productiva a largo plazo.
Cuando no florece
Es la consulta más habitual con esta bulbosa: la mata da hojas abundantes y ninguna flor. Las causas son siempre las mismas cuatro:
- Bulbos apelmazados por llevar demasiados años sin dividir.
- Plantación demasiado superficial.
- Hojas cortadas o segadas antes de secarse el año anterior.
- Sombra excesiva, sobre todo bajo árboles de hoja perenne.
Las tres primeras se corrigen levantando y replantando los bulbos más hondos y más separados en verano, y respetando después el ciclo de la hoja.
Problemas
La mosca del narciso (Merodon equestris) pone sus huevos junto al cuello del bulbo y su larva lo vacía por dentro; la planta sale débil o no sale. Ayuda tapar el hueco que deja la hoja al secarse, acercando tierra al cuello.
El nematodo del bulbo deforma la hoja y provoca anillos oscuros visibles al cortar el bulbo. No tiene tratamiento doméstico: los bulbos afectados se retiran y no se replantan narcisos en ese punto durante varios años.
La podredumbre basal, por hongos del suelo, se favorece con calor y humedad en verano, y es otra razón para mantener el suelo seco en esa época.
Toxicidad y flor cortada
Como el resto de las amarilidáceas, el narciso contiene alcaloides tóxicos concentrados en el bulbo. Es tóxico por ingestión para personas y animales domésticos, y se han producido intoxicaciones al confundir bulbos con cebollas. Además, su savia irrita la piel de quienes manipulan muchos bulbos o tallos seguidos.
Conviene plantarlos con guantes, no guardar los bulbos junto a alimentos ni al alcance de niños y mascotas, y acudir al médico o al veterinario ante cualquier ingestión.
Hay una consecuencia práctica de esa savia en el jarrón: los narcisos recién cortados desprenden un líquido que acorta la vida de las demás flores. Si se van a mezclar en un ramo, primero se dejan unas horas solos en agua y luego se combinan, sin volver a cortarles el tallo.
No se recogen del campo
Los narcisos silvestres ibéricos son parte del patrimonio natural y no material de vivero. Varias especies del género están protegidas, algunas de ellas incluidas en los anexos de la Directiva 92/43/CEE, la Directiva Hábitats, y recogidas en la normativa española de protección de especies.
Arrancar bulbos silvestres, además de estar prohibido en esos casos, es inútil: las especies silvestres tienen exigencias muy concretas de suelo y humedad y rara vez prosperan trasplantadas. Lo que se lleva uno a casa es un bulbo que se pudrirá y una mata menos en el monte.
En resumen
Los narcisos se plantan entre septiembre y diciembre, a una profundidad de dos o tres veces la altura del bulbo, en suelo drenado y a pleno sol o semisombra, y florecen de febrero a abril. Se naturalizan y se multiplican solos, lo que los convierte en la bulbosa más rentable para un jardín español.
Todo el secreto está en el ciclo de la hoja: no cortarla hasta que amarillea, abonar justo después de la floración y dejar el bulbo seco durante el verano. Cada cuatro o cinco años se levantan y se dividen para que no se apelmacen. Y conviene recordar dos cosas: el bulbo es tóxico por ingestión e irritante al manipularlo, y las especies silvestres no se recogen del campo.