El iris germánico (Iris germanica) es el lirio de jardín de toda la vida: la mata de hojas en abanico y las flores grandes de tres tépalos caídos y tres erguidos que se ven en abril y mayo en cualquier pueblo del interior peninsular. Es una planta de rizoma, no de bulbo, y esa distinción no es una pedantería: determina cómo se planta y es la causa del error que más flores hace perder.
Porque el rizoma del iris barbado no se entierra. Se coloca casi en superficie, con el lomo asomando al sol. Enterrado a ocho o diez centímetros, como se hace con un tulipán, la planta echa hoja, no florece y con el tiempo se pudre. Lo demás es fácil: sol directo, suelo que drene y una división cada tres o cuatro años.
Qué planta es
Iris germanica pertenece a la familia de las iridáceas y es la especie de referencia del grupo de los iris barbados, llamados así por la fila de pelillos carnosos que recorre la parte central de cada tépalo externo. Se cultiva en Europa desde hace siglos y está naturalizada en buena parte de la cuenca mediterránea, incluida España, donde se ve asilvestrada en taludes, márgenes de camino y muros de piedra.
El nombre del género viene de Iris, la mensajera de los dioses asociada al arco iris en la mitología griega, y es una alusión a la variedad de colores del grupo. Popularmente se le llama lirio azul, lirio común, lirio morado o lirio de tierra, este último para distinguirlo del lirio amarillo de agua (Iris pseudacorus), que es otra especie y que sí vive en suelo encharcado. Conviene no confundirlos, porque los cuidados son opuestos.
Tampoco es el mismo iris que se vende como bulbo pequeño en otoño para flor cortada: aquel es el iris holandés, Iris × hollandica, con bulbo verdadero, hoja acanalada y flor más estrecha.
Porte y flor
De un rizoma grueso, carnoso y horizontal, de color pardo claro, salen entre tres y diez hojas ensiformes dispuestas en abanico, de un verde azulado, que pueden pasar de 40 centímetros. El tallo floral, robusto y ramificado, alcanza habitualmente entre 60 y 90 centímetros, y en cultivares seleccionados de porte alto llega al metro.
Cada tallo lleva varias flores que se abren de forma escalonada, y ahí está una de las gracias de la planta: una mata bien establecida puede estar en flor tres o cuatro semanas seguidas.
La flor tiene seis tépalos en dos verticilos de tres. Los tres externos, los tépalos caídos, se doblan hacia abajo y llevan la barba de pelillos, a menudo de un color distinto, amarillo o anaranjado. Los tres internos, los estándares, se levantan y se cierran en cúpula sobre el centro de la flor. Los tépalos caídos suelen medir entre 8 y 12 centímetros de largo.
La especie es de un azul violáceo intenso, pero la selección hortícola ha producido una paleta enorme: blancos, amarillos, albaricoques, granates, casi negros, y sobre todo bicolores con estándares de un color y tépalos caídos de otro. Muchas variedades desprenden un perfume dulce que recuerda a violeta, más perceptible a mediodía.
Dónde plantarlo
Sol directo, cuantas más horas mejor, y como mínimo seis. En sombra la mata sobrevive y no florece, y esa es la segunda causa de fracaso después del rizoma enterrado.
Suelo que drene. Es lo único innegociable. Tolera suelos pobres, pedregosos y muy calizos, que abundan en el este y el sur peninsular, y no le afecta el pH alto. Lo que no soporta es el encharcamiento invernal en suelos arcillosos y compactados, donde el rizoma se pudre. En terreno pesado se planta en caballón o en un arriate levantado unos centímetros.
Es una planta muy resistente a la sequía y al frío, así que funciona igual de bien en la meseta con heladas fuertes que en el litoral mediterráneo. En jardines de bajo consumo de agua es de las herbáceas más rentables que hay.
Cómo se planta el rizoma
El momento adecuado va de julio a octubre, con el mejor resultado a finales de verano: la planta ha terminado la floración, tiene tiempo de enraizar antes del frío y florece la primavera siguiente. Los rizomas se venden secos, sin hojas o con el abanico recortado, y se plantan cuanto antes.
La operación es sencilla. Se cava el sitio, se hace un pequeño montículo en el centro del hoyo, se apoya el rizoma encima con las raíces repartidas por los lados y se rellena de tierra dejando la parte superior del rizoma a la vista. En zonas de verano muy caluroso puede quedar apenas cubierto por un dedo de tierra, pero nunca más.
El rizoma tiene un extremo con el abanico de hojas y otro más viejo. Crece hacia el lado de las hojas, así que ese extremo se orienta hacia donde se quiere que se extienda la mata. La separación entre plantas es de 30 a 45 centímetros; más juntas se tocan en dos temporadas y hay que dividirlas antes.
Un aviso sobre el acolchado: no se pone sobre el rizoma. La corteza, la paja o el compost encima retienen humedad justo donde no debe haberla, y provocan podredumbre blanda.
Comprar rizomas de variedades concretas es fácil en la época de plantación. Se encuentran rizomas de iris germánico por variedad, útiles cuando se busca un color determinado que el vivero local no tiene. Al recibirlos conviene revisar que lleguen firmes, sin zonas blandas ni olor, y plantarlos en pocos días.
Cuidados durante el año
Riego. Poco y espaciado. Durante el primer otoño después de plantar se riega para asentar las raíces, y a partir de ahí una planta establecida en el suelo aguanta el verano con riegos ocasionales. En maceta sí necesita riego regular, siempre dejando secar entre uno y otro.
Abonado. Nada de abonos ricos en nitrógeno, que producen hoja blanda y favorecen la podredumbre. Un aporte ligero de abono equilibrado o con más fósforo y potasio a finales de invierno, antes de la floración, es suficiente. La materia orgánica fresca sobre el rizoma es contraproducente.
Después de florecer. Se corta el tallo floral por la base, sin tocar las hojas: son las que rellenan el rizoma para el año siguiente. Las hojas se recortan solo cuando amarillean en otoño, y las secas se retiran para no dejar refugio a los hongos.
División. Cada tres o cuatro años la mata se agota por el centro y la floración baja. Se levanta el conjunto en verano, se separan los rizomas jóvenes de la periferia (cada trozo debe llevar un abanico de hojas y raíces propias), se desecha la parte vieja del centro y se replanta. El abanico se recorta a un tercio de su altura para reducir la pérdida de agua mientras enraíza.
Problemas frecuentes
La podredumbre blanda del rizoma es el problema principal. Se detecta porque el rizoma se ablanda, se vuelve pastoso y huele mal. Casi siempre viene de exceso de agua, plantación demasiado profunda o acolchado encima. Se corta la parte afectada hasta llegar a tejido sano, se deja secar al sol y se replanta en un sitio mejor drenado.
Las manchas foliares por hongos aparecen en primaveras húmedas como manchas pardas con halo, sobre todo en matas apretadas. Se controlan aclarando, retirando el follaje afectado y evitando el riego por aspersión.
Los caracoles y babosas roen los brotes tiernos y los tallos florales al comienzo de la primavera. La sal no es una solución: los mata, pero saliniza el suelo y perjudica a las plantas.
Una advertencia sobre su toxicidad
Circula en muchas páginas que el iris tiene propiedades medicinales y que su infusión sirve para tratar afecciones respiratorias o digestivas. Esa recomendación es peligrosa. El rizoma de las especies de Iris contiene compuestos irritantes y es tóxico por ingestión para personas y animales domésticos, con vómitos y trastornos digestivos como cuadro típico, y su manipulación puede provocar irritación en pieles sensibles.
Ni el rizoma ni ninguna otra parte de la planta deben consumirse. Ante una ingestión, sobre todo en niños o mascotas, hay que acudir al médico o al veterinario. Conviene también lavarse las manos después de dividir rizomas.
En resumen
El iris germánico es una planta de rizoma, resistente al frío, a la sequía y a los suelos calizos, que florece en abril y mayo con flores de tres tépalos caídos con barba y tres estándares erguidos. Pide sol directo y suelo drenado, y a cambio se conforma con muy poca agua, lo que la hace ideal para jardines mediterráneos de bajo mantenimiento.
Todo se juega en la plantación: rizoma casi en superficie y con el lomo al sol, entre julio y octubre, separado 30 o 40 centímetros, sin acolchado encima y sin abonos nitrogenados. Cada tres o cuatro años se levanta y se divide la mata para renovarla. Y hay que recordar que su rizoma es tóxico por ingestión, así que no tiene ningún uso medicinal doméstico.