Sembrar semillas de rosal funciona, pero hay que entrar sabiendo tres cosas. La primera es que la semilla necesita pasar frío húmedo antes de germinar, así que no basta con enterrarla y regar. La segunda es que germina poco y despacio: es normal que de un puñado de semillas nazca una fracción, y que lo hagan escalonadas durante semanas. Y la tercera, la que más decepciones causa, es que de la semilla de un rosal no sale ese rosal, sino una planta nueva y distinta.

Aun así merece la pena. Es la forma de obtener patrones, la forma de conseguir rosales silvestres y la única manera de crear una variedad que no tenga nadie más. Lo que no es, es un atajo para multiplicar un rosal que te gusta: para eso están los esquejes, que sí dan una planta idéntica a la madre.

semillas de rosas

Por qué no sale la misma rosa

Las variedades de jardín son híbridos muy complejos y altamente heterocigotos: cada semilla recibe una combinación distinta de los caracteres de sus padres, y el resultado se reparte por todo el rango de posibilidades que hay en ese pedigrí. Sembrando semillas de un híbrido de té rojo puede salir cualquier cosa, incluidos rosales de flor simple, sin aroma y de un rosa apagado, que es lo estadísticamente más probable.

Los obtentores profesionales trabajan exactamente así, sembrando decenas de miles de plántulas para seleccionar unas pocas. En un jardín, sembrar veinte semillas y esperar una maravilla es un juego de azar. Sembrarlas para ver qué sale, sabiendo eso, es una afición estupenda.

La excepción son las especies silvestres. Rosa canina, Rosa rubiginosa o Rosa moschata sembradas a partir de semilla de un ejemplar aislado dan plantas muy parecidas a la madre, porque no son híbridos. Es la razón por la que los viveros producen sus patrones de injerto por semilla.

De dónde salen las semillas

Están dentro del escaramujo, el fruto que forma el rosal cuando la flor ha sido polinizada y no se ha retirado. Maduran en otoño y se recogen cuando el escaramujo ha tomado color rojo intenso y cede un poco a la presión.

El proceso de extracción es este:

  • Cortar el escaramujo por la mitad y vaciarlo con la punta de una cucharilla.
  • Separar las semillas de la pulpa y de los pelillos que las rodean, que además de estorbar son irritantes. Lo más cómodo es aplastar la pulpa en un colador bajo el grifo y frotar.
  • Enjuagar bien y escurrir. La semilla queda de color hueso, dura y de pocos milímetros.
  • Un indicador aproximado de viabilidad: dejarlas en un vaso de agua unas horas. Las que se hunden suelen estar llenas; las que flotan, con frecuencia están vacías. No es infalible, pero ahorra trabajo.

Si en el jardín hay varios rosales, la polinización ha sido cruzada y no se sabe quién es el padre. Para tener algún control hay que polinizar a mano: quitar los pétalos y los estambres de la flor madre antes de que suelten polen, aplicar el polen elegido sobre los estigmas y etiquetar la flor. Es la base del trabajo de cualquier obtentor y no requiere más material que unas pinzas y una etiqueta.

La estratificación en frío

Es el paso que no se puede saltar. La semilla de rosal tiene una latencia que solo se rompe con un periodo prolongado de frío húmedo, que en la naturaleza sería el invierno pasado en el suelo bajo la planta madre. En casa se reproduce en la nevera.

  • Mezclar las semillas limpias con un sustrato ligeramente húmedo, no mojado: vermiculita, turba, arena o incluso papel de cocina humedecido.
  • Meterlo todo en una bolsa de plástico con cierre o en un táper, etiquetado con la variedad y la fecha.
  • Guardarlo en la parte baja de la nevera, entre dos y cinco grados. El congelador no vale.
  • Dejarlo de seis a doce semanas, revisando cada dos semanas que no aparezca moho y que el sustrato siga apenas húmedo.

Algunas semillas empiezan a germinar dentro de la propia bolsa, con la radícula asomando. Esas se sacan y se siembran de inmediato, con muchísimo cuidado, porque si se rompe la raicilla la plántula se pierde. El resto se siembra al terminar el periodo de frío.

Hay especies que necesitan además un periodo cálido previo al frío, y hay lotes que no germinan hasta el segundo invierno. Si al cabo de unos meses no ha salido nada, no conviene tirar la bandeja: se deja en un rincón fresco y a veces germina la primavera siguiente.

La siembra

sembrar semillas de rosas

En clima peninsular, el calendario que mejor encaja es recoger escaramujos en octubre o noviembre, estratificar de noviembre a febrero y sembrar al final del invierno, para que la plántula tenga toda la primavera por delante antes del primer verano.

Se siembra en alveolos o en macetas pequeñas individuales, mejor que en una bandeja común, porque así se manipula cada plántula sin tocar sus raíces. Sustrato de semillero, ligero y limpio, cubriendo la semilla con medio centímetro escaso. Riego suave, por abajo si es posible, y mantener el sustrato fresco pero nunca empapado.

El enemigo real en esta fase no es el frío, es el damping off, la podredumbre del cuello de las plántulas causada por hongos de sustrato. Mata en dos días una bandeja entera. Se previene con sustrato nuevo, recipientes limpios, riego contenido y, sobre todo, ventilación: si se usa una tapa o un miniinvernadero, hay que abrirlo a diario.

Temperatura de germinación, entre quince y veinte grados. Con más calor la germinación empeora. En zonas con heladas nocturnas, el semillero va dentro de casa junto a una ventana muy luminosa o en un invernadero frío.

Los primeros meses

La plántula saca dos cotiledones redondeados y después las primeras hojas verdaderas, ya con la forma dentada característica del rosal. A partir de ahí:

  • Trasplantar a maceta mayor cuando tenga tres o cuatro hojas verdaderas, sin deshacer el cepellón.
  • Media sombra durante las primeras semanas, e ir dándole sol progresivamente.
  • Sustrato que no se seque del todo. Una plántula de rosal no resiste una sequía, y en un verano peninsular una maceta pequeña al sol se seca en medio día.
  • Nada de abonos fuertes al principio. El sustrato de semillero lleva suficiente para arrancar.
  • Pasar al jardín cuando la planta esté bien formada, mejor en el otoño siguiente o en la primavera del segundo año, no en su primer verano.

La primera floración llega, según el tipo, entre el primer y el tercer año. Los rosales miniatura suelen florecer muy pronto, a veces en pocos meses; los arbustos y trepadores tardan bastante más. Y el color de la primera flor no siempre es el definitivo: en muchas plántulas el tono se asienta a partir de la segunda temporada.

Comprar semillas de rosas

Aquí hay que hablar claro. La mayoría de los anuncios de semillas de rosa que se encuentran en los grandes marketplaces están mal etiquetados, y muchos ofrecen colores que sencillamente no existen en el género. Las semillas de rosas azules no pueden dar rosas azules, porque el rosal carece de la vía que produce delfinidina, el pigmento azul; lo que se vende como rosa azul es una rosa blanca teñida. Lo mismo pasa con las rosas arcoíris, que son una técnica de floristería sobre flor cortada, y con las llamadas rosas negras, que son rojos muy oscuros. Un lote de semillas ilustrado con esas fotografías está vendiendo algo que no puede entregar.

Con esa advertencia por delante, y sabiendo que se compra la experiencia de sembrar y no un color garantizado, los dos formatos que se encuentran son estos:

  • Lotes de semillas de rosa roja, que es la propuesta más contenida de todas: un solo color y de los que sí existen. Sigue sin haber garantía de que la descendencia salga roja, por lo que se ha explicado sobre la herencia.
  • Lotes de semillas de rosas en mezcla de colores, con muchas unidades y precio bajo, pensados para sembrar en cantidad y quedarse con lo que salga. Es la opción para quien quiere practicar el proceso de estratificación y siembra sin depender de la cosecha de escaramujos de su propio jardín.

La alternativa seria, si lo que se busca es una planta previsible, es comprar semilla de especie a un proveedor de material forestal o de vivero: Rosa canina para patrón, o rosa mosqueta si el objetivo es el escaramujo.

En resumen

Para germinar semillas de rosal hay que recoger escaramujos maduros en otoño, limpiar bien las semillas, estratificarlas de seis a doce semanas en la nevera con sustrato apenas húmedo y sembrarlas al final del invierno en alveolos individuales, a quince o veinte grados, con riego contenido y mucha ventilación para evitar el damping off.

Hay que contar con una germinación baja y escalonada y con una espera de uno a tres años hasta la primera flor. Y sobre todo hay que asumir que la planta que salga no será la misma que la madre: la semilla sirve para obtener patrones, especies silvestres y variedades nuevas, no para reproducir el rosal que ya se tiene.


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