La mayoría de las orquídeas que se mueren en casa lo hacen por exceso de riego, no por falta. Es el dato con el que conviene empezar, porque cambia todo lo demás: una Phalaenopsis se riega cuando sus raíces pasan de verdes a plateadas, y no un día fijo de la semana.

La segunda idea que ordena el resto es que "orquídea" no es una planta, es una familia enorme. Una Phalaenopsis epífita y una Bletilla terrestre necesitan sustratos, macetas y riegos distintos. Antes de cuidar la tuya hay que saber de qué tipo es, y por suerte casi siempre es fácil averiguarlo.

cuidar una orquidea

Epífitas, terrestres y litófitas

Epífitas. Viven sobre troncos y ramas, con las raíces al aire. No son parásitas: el árbol solo les sirve de soporte. Sus raíces están recubiertas por el velamen, una capa esponjosa de células muertas que absorbe agua y sales disueltas con enorme rapidez y que, mojada, se vuelve verde, y seca, plateada. Ese cambio de color es el mejor indicador de riego que existe. Además, las raíces contienen clorofila y fotosintetizan, motivo por el que se cultivan en macetas transparentes.

Aquí entran la Phalaenopsis, la Cattleya, la Vanda, la Oncidium y la mayoría de Dendrobium.

Terrestres. Enraízan en el suelo y obtienen de él sus nutrientes. En cultivo destacan Bletilla striata, resistente al frío y cultivable al aire libre en buena parte de España, y Spathoglottis plicata, tropical. Las orquídeas silvestres europeas también son terrestres.

Litófitas. Crecen sobre roca, agarradas al musgo y la hojarasca de las grietas. Es el caso de muchos Paphiopedilum, las orquídeas zapatilla. Se cultivan como las epífitas.

Toda la familia Orchidaceae está incluida en el Apéndice II de CITES, y algunas especies concretas en el Apéndice I. En la práctica, eso significa que el comercio internacional de orquídeas está regulado y que las plantas legales llevan documentación que acredita su origen en vivero.

Consecuencia directa: no se recolectan orquídeas del medio natural, ni aquí ni de viaje. España tiene una flora orquidícola silvestre notable (Ophrys, Orchis, Serapias), y arrancar una de esas plantas es ilegal y además inútil: dependen de hongos micorrícicos del suelo donde crecen y no sobreviven en maceta.

Qué mirar al comprar

  • Raíces. En la maceta transparente deben verse firmes, verdes o plateadas. Descarta la planta si hay muchas raíces marrones, blandas o huecas al apretarlas.
  • Hojas. Firmes, de verde uniforme, sin manchas ni arrugas. Las hojas arrugadas indican deshidratación por raíz dañada, no falta de riego.
  • Flores. Elige una planta con varios capullos sin abrir: la floración durará semanas más. Una orquídea con todas las flores abiertas está en la recta final.
  • Base de la planta. Comprueba que el cuello, donde nacen las hojas, esté seco y firme. Una zona blanda ahí es podredumbre y no tiene arreglo.

Luz

Mucha luz, sin sol directo. Las epífitas viven bajo la copa de los árboles, con luz abundante y filtrada, y el sol directo del mediodía en verano les quema la hoja en cuestión de horas.

La ubicación ideal es junto a una ventana al este, con sol suave de mañana, o a un metro de una ventana al sur con visillo. Al norte suele faltar luz salvo en verano.

Las señales son claras. Hoja de un verde oscuro intenso y planta que no florece: le falta luz. Hoja amarillenta o con manchas pardas secas: le sobra, o le está dando sol directo. Un verde medio, ligeramente claro, es el color de una orquídea con la luz correcta.

ubicacion de las orquideas

Riego, donde se cometen casi todos los errores

Cuándo. En una epífita en maceta transparente, mira las raíces: verdes significa que hay agua disponible y no hay que regar; plateadas o blanquecinas significa que toca regar. Otra comprobación fiable es el peso de la maceta, que se aprende en dos o tres riegos. En verano eso suele caer cada cinco o siete días; en invierno, cada diez o quince. No hay un calendario válido: depende de tu casa.

Cómo. El método más eficaz para sustrato de corteza es el riego por inmersión: se mete la maceta interior (con sus agujeros) en un recipiente con agua hasta cubrir el sustrato sin llegar al cuello de la planta, se deja diez o quince minutos para que la corteza se empape de verdad, y se saca. La corteza seca repele el agua, y un riego rápido por encima apenas la moja.

Después, escurrir del todo: el paso que salva o mata la planta. Deja la maceta drenando media hora antes de devolverla a su cachepot y nunca dejes agua en el plato. La raíz en contacto permanente con agua se pudre en días.

Con qué agua. Lo ideal es agua de lluvia, de ósmosis o embotellada de baja mineralización. Con agua dura, habitual en el este y el sur peninsulares, las sales se acumulan en la corteza y dañan el velamen. Si riegas del grifo, lava el sustrato cada pocos meses con agua abundante y renueva la corteza más a menudo.

Un aviso: el truco del cubito de hielo no es buena idea. Son plantas tropicales, y poner hielo sobre raíces adaptadas a 20 grados no tiene justificación alguna.

Evita mojar las hojas y, sobre todo, que quede agua en el cogollo central. El agua estancada ahí pudre el punto de crecimiento. Si sucede, seca con un papel absorbente.

raices de orquidea

Temperatura y humedad

Las de cultivo común están cómodas entre 18 y 28 grados. Por debajo de 15 grados sostenidos, la mayoría de las tropicales sufren.

Lo decisivo es el salto térmico entre el día y la noche: una orquídea sana puede no florecer nunca si vive a temperatura constante. En Phalaenopsis, una bajada nocturna de 5 a 8 grados durante unas semanas en otoño dispara la vara floral. En muchas casas basta con dejarla junto a una ventana en octubre o sacarla a una terraza cubierta mientras las noches no bajen de 15 grados.

Los Cymbidium son aún más exigentes y necesitan noches frescas al final del verano, por lo que en clima mediterráneo se cultivan mejor fuera, a la sombra, durante la temporada cálida.

La humedad ambiente cómoda está entre el 50 y el 60 por ciento, y en invierno la calefacción la baja mucho. La solución es una bandeja con guijarros y agua bajo la maceta, sin que la base toque el agua, o agrupar varias plantas. Pulverizar las hojas ayuda poco y favorece manchas y hongos.

Maceta y sustrato

Una orquídea epífita no se planta en tierra de jardín. Sus raíces necesitan aire, y en tierra se asfixian y pudren. El sustrato adecuado es corteza de pino de granulometría media, a veces con carbón vegetal, fibra de coco, perlita o una pequeña proporción de esfagno.

Los sustratos específicos para orquídeas a base de corteza seleccionada son la opción práctica y sirven tanto para epífitas como para litófitas. Si acabas de comprar la planta y toca cambiarla de tiesto, hay kits que traen maceta transparente con agujeros de drenaje, plato y sustrato, que resuelven el trasplante de una vez; la maceta transparente no es un capricho estético, es lo que permite ver las raíces y acertar con el riego.

Las terrestres van en maceta opaca y en sustrato con más retención, con mayor proporción de materia orgánica.

El sustrato de corteza se descompone y se compacta: renuévalo cada dos o tres años, después de la floración. Retira toda la corteza vieja, corta con tijeras limpias las raíces huecas y marrones y respeta las firmes, aunque salgan de la maceta.

Abonado

Son plantas acostumbradas a vivir con muy pocos nutrientes, así que la regla es abonar poco y con frecuencia, nunca fuerte. Se usa abono líquido específico para orquídeas, formulado con bajo contenido en sales precisamente porque el velamen es sensible a la salinidad; un fertilizante de plantas verdes corriente puede quemar las raíces.

Se abona durante el crecimiento y la floración y se suspende cuando la planta está parada, siempre sobre sustrato ya húmedo y en la dosis del envase. Cada pocos abonados, riega solo con agua para arrastrar sales.

Después de la floración

Si la vara sigue verde, córtala un par de centímetros por encima del segundo o tercer nudo desde abajo y con suerte emitirá una vara secundaria. Si se ha secado y amarilleado, córtala a ras: la planta dedicará esa energía a hoja y raíz.

A veces aparece un keiki, una plantita con hojas y raíces propias sobre la vara. Cuando tenga dos o tres raíces de unos 5 cm, se separa y se planta en su propia maceta con corteza fina.

Plagas y problemas

En interior lo más frecuente es la cochinilla, en el envés de las hojas, en las axilas y bajo las brácteas de la vara. Se retira con un bastoncillo de algodón y se limpia la planta con agua jabonosa cada semana hasta acabar con ella. También aparecen araña roja, favorecida por el aire seco, y a veces pulgón.

Los hongos dan manchas oscuras y zonas necróticas en hoja o flor. Primero se corrige la causa (exceso de agua, mala ventilación, agua estancada en el cogollo) y después se retiran las partes afectadas con herramienta desinfectada.

Sobre tratamientos: en jardinería particular solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, y la única dosis válida es la de la etiqueta del envase; los productos vigentes están en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. El marco es el Real Decreto 1311/2012, de uso sostenible, con la gestión integrada de plagas como principio: prevención y medios físicos primero, biológicos después, químico al final. En una planta de interior, la limpieza manual y corregir las condiciones de cultivo resuelven casi todo.

En resumen

Identifica primero si tu orquídea es epífita, terrestre o litófita, porque de eso dependen sustrato, maceta y riego. Para la Phalaenopsis, que es la de casi todo el mundo: mucha luz sin sol directo, riego por inmersión solo cuando las raíces estén plateadas, escurrido total y ningún plato con agua, corteza de pino en maceta transparente y abono específico en dosis pequeñas durante el crecimiento.

Si la planta está sana pero no florece, casi siempre falta una de dos cosas: luz suficiente o una bajada de temperatura nocturna en otoño. Y recuerda que toda la familia está en el Apéndice II de CITES: las orquídeas se compran en vivero, nunca se recogen del campo.


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