Un árbol es una planta leñosa perenne con un tronco principal único, que engorda año tras año gracias a un tejido llamado cámbium vascular, y que en la madurez supera convencionalmente los cinco metros de altura. Esa es la definición operativa, y conviene subrayar la palabra convencional: el límite de altura es un acuerdo práctico, no una frontera natural.
Lo importante viene después. «Árbol» no es una categoría del parentesco entre plantas, sino una forma de crecer. No existe un grupo botánico de los árboles como existe el de las rosáceas o el de los helechos: la forma arbórea ha aparecido de manera independiente decenas de veces en linajes que no tienen nada que ver entre sí, porque levantar las hojas por encima de la competencia es una solución rentable siempre que haya suficiente agua y luz. Un pino, una encina, un drago y un helecho arborescente son árboles y son parientes remotísimos.
Qué hace que un tronco sea un tronco
La clave está en un cilindro de células que rodea todo el tallo y todas las ramas: el cámbium vascular. Ese tejido produce madera hacia dentro y floema hacia fuera, año tras año, y es lo que permite que un tronco de dos centímetros acabe midiendo dos metros de diámetro. A eso se le llama crecimiento secundario, y es la característica que de verdad separa a los árboles del resto.
Hay un segundo cámbium, el felógeno o cámbium suberoso, que fabrica la corteza y la va renovando a medida que el tronco se ensancha y la vieja se resquebraja. Sin él no habría alcornoques ni corcho.
De la actividad estacional del cámbium salen los anillos de crecimiento: en primavera produce vasos anchos y madera clara, y a final del verano vasos estrechos y madera oscura. El contraste entre ambas hace visible un anillo por año, y sobre esa regularidad se construye la dendrocronología, que permite datar vigas, cuadros y clima pasado. Conviene saber que los árboles de zonas tropicales sin estación marcada suelen no formar anillos o los forman de manera irregular: contar anillos solo funciona donde hay un invierno o una sequía que pare el crecimiento. Sobre lo que hay dentro, hay un artículo específico en las partes del tronco de un árbol.
Cinco plantas que parecen árboles y no lo son
Este es el punto donde la definición se gana el sueldo, porque explica cosas muy prácticas de jardín.
Las palmeras. Son monocotiledóneas y no tienen cámbium vascular. El grosor del tronco queda fijado arriba, en el ápice, antes de que el tallo se alargue: por eso una palmera joven ya tiene casi el diámetro que tendrá de adulta y no engorda después. Las consecuencias son concretas y muy relevantes: una palmera no puede cicatrizar una herida en el estípite, porque no tiene el tejido que lo haría, así que cualquier corte, clavo o golpe en el tronco es permanente, y por ahí entran picudo rojo y hongos. Tampoco tiene ramas, ni anillos que contar. Más detalles en las características de las palmeras.
El plátano o banano. Lo que parece un tronco es un pseudotallo formado por las vainas de las hojas apretadas unas contra otras. No hay ni un gramo de madera. Botánicamente es una hierba gigante, la mayor del mundo, y muere después de fructificar dejando hijuelos.
El bambú. Es una gramínea. El culmo emerge del suelo ya con su diámetro definitivo y alcanza su altura final en una sola temporada de crecimiento, a veces en semanas. Después no engorda ni un milímetro más, porque tampoco tiene crecimiento secundario.
El drago y las yucas. Dracaena draco sí engrosa, pero mediante un meristemo de engrosamiento secundario atípico, distinto del cámbium de un roble, que produce haces vasculares dispersos en lugar de anillos concéntricos. Esa es la razón de que no se pueda datar un drago contando anillos, y de que las edades milenarias que se atribuyen a algunos ejemplares canarios sean estimaciones, no medidas.
Los helechos arborescentes. Su «tronco» es un tallo delgado envuelto en una masa compacta de raíces adventicias. No tiene madera ni cámbium, y por eso no se puede podar como un tronco ni soporta que se le retire esa cubierta.
Caduco, perenne y una tercera categoría poco nombrada
- Caducifolio. Pierde toda la hoja en una estación desfavorable. En clima templado, en invierno; en clima tropical seco, en la estación sin lluvia. Es una estrategia de ahorro: mantener hojas cuesta agua y no rinde si no hay luz o si el suelo está helado. Ver las características de las plantas de hoja caduca.
- Perennifolio. Renueva las hojas de forma escalonada y nunca queda desnudo. Encina, alcornoque, pino, laurel, madroño: la base del paisaje mediterráneo. La hoja dura, pequeña y coriácea es una adaptación a la sequía estival, no al frío.
- Marcescente. La categoría intermedia y la más curiosa: la hoja se seca en otoño pero no se desprende, y permanece pardo y crujiente en el árbol hasta que la empujan los brotes nuevos en primavera. Es el comportamiento del rebollo Quercus pyrenaica, del quejigo Quercus faginea y de las hayas jóvenes, y da a los bosques del interior peninsular ese color canela que dura todo el invierno.
Las raíces: dónde están de verdad
La imagen mental habitual (una raíz principal que baja recta y profunda, reflejo de la copa) es falsa en la mayoría de los árboles adultos. Lo que hay realmente es un sistema mucho más ancho que hondo:
- Entre el 80 y el 90 por ciento de las raíces absorbentes están en los primeros 60 centímetros de suelo, donde hay oxígeno.
- El sistema radicular se extiende habitualmente más allá del diámetro de la copa, con frecuencia una o dos veces esa distancia.
- La raíz pivotante existe en la plántula y en algunas especies concretas (encina, pino piñonero, nogal), pero en muchos árboles adultos se ha transformado en un sistema de raíces horizontales con anclajes verticales.
Eso tiene una traducción directa: compactar el suelo bajo la copa, echar hormigón o hacer una zanja a dos metros del tronco daña al árbol muchísimo más de lo que la gente supone. Sobre profundidades reales hay un artículo dedicado en a cuántos metros bajan las raíces de los árboles.
Las especies con raíces más problemáticas cerca de edificios, saneamientos y piscinas son bien conocidas: Populus, Salix, Ficus, Ailanthus altissima, Robinia pseudoacacia, Melia azedarach y Ulmus. La regla razonable es plantarlas a una distancia igual o mayor que el radio de la copa adulta, y en la práctica no plantarlas en un jardín pequeño. Alternativas de raíz contenida, en 5 árboles con poca raíz.
Qué distancia exige la ley en España
Es una duda muy frecuente y tiene respuesta concreta. El Código Civil establece en su artículo 591 que no se pueden plantar árboles cerca de una finca ajena sino a la distancia autorizada por las ordenanzas o la costumbre del lugar, y que a falta de ellas la distancia es de dos metros desde la línea divisoria para los árboles de tronco alto y de cincuenta centímetros para los arbustos y plantaciones bajas. El vecino puede pedir que se arranque lo plantado a menor distancia.
El artículo 592 añade el otro lado del asunto: si las ramas de un árbol se extienden sobre la finca vecina, el propietario de esta puede reclamar que se corten en cuanto se extiendan sobre su propiedad; y si son las raíces las que penetran, puede cortarlas él mismo dentro de su terreno.
Antes de aplicar el Código Civil conviene comprobar la ordenanza municipal y las normas urbanísticas locales, que en muchos ayuntamientos son más exigentes y prevalecen. Y si el árbol es un ejemplar protegido o está catalogado, hay reglas específicas y podarlo o talarlo sin licencia acarrea sanción.
Cuánto refresca un árbol y por qué
El efecto no es solo la sombra. Un árbol adulto bien abastecido de agua transpira cientos de litros al día a través de sus estomas, y cada litro evaporado absorbe alrededor de 2.400 kilojulios del aire circundante. Es un aparato de refrigeración por evaporación funcionando gratis.
La diferencia medible bajo una copa densa frente a una superficie asfaltada expuesta al sol de julio en una ciudad española puede superar con holgura los diez grados de temperatura de superficie, y varios grados de temperatura del aire. A eso se suma la intercepción de agua de lluvia, la retención de partículas y la reducción del ruido. Es la razón por la que el arbolado urbano ha pasado de ser un asunto de ornato a ser un asunto de salud pública.
Cómo elegir un árbol para un jardín normal
El error clásico consiste en comprar por la foto de la etiqueta y no por el tamaño adulto. Un cedro es precioso en un vivero y una calamidad en un jardín de doscientos metros. Las preguntas correctas son cuatro:
- ¿Cuánto medirá dentro de treinta años, de alto y de ancho? Esa es la única cifra que importa, no la que tiene ahora.
- ¿Cuánta agua va a necesitar cuando esté hecho? En clima mediterráneo, un árbol que no aguante el verano sin riego es una hipoteca perpetua.
- ¿Qué hace en cada estación? ¿Da sombra en verano y deja pasar el sol en invierno? ¿Ensucia con fruto? ¿Es alergénico? Plátano de sombra, ciprés, olivo y arizónica son fuertes emisores de polen.
- ¿Dónde van a ir sus raíces? Mide la distancia a la casa, al saneamiento, a la piscina y al muro del vecino.
Para jardines de tamaño medio y pequeño en España funcionan muy bien Cercis siliquastrum, Lagerstroemia indica, Arbutus unedo, Acer campestre, Koelreuteria paniculata, Prunus cerasifera 'Pissardii' y Olea europaea. Hay una selección comentada en 6 árboles ornamentales para jardín pequeño.
Árbol, arbusto, mata o hierba
| Tejido leñoso | Ejes principales | Altura habitual | |
|---|---|---|---|
| Árbol | Todo el tallo, permanente | Uno dominante | Más de 5 m |
| Arbusto | Todo el tallo, permanente | Varios desde la base | 0,5 a 5 m |
| Mata o subarbusto | Solo la base; arriba herbáceo | Varios desde la base | Menos de 1 m |
| Hierba | Ninguno persistente | Variable | Variable |
La frontera entre árbol y arbusto es la que más discusión genera, y no siempre depende de la especie: una encina en un bosque es un árbol de quince metros y la misma especie en un matorral batido por el viento es un arbusto de metro y medio. El caso está desarrollado en cuál es la diferencia entre un árbol y un arbusto.
En resumen
Un árbol es una planta leñosa con un eje dominante y crecimiento secundario a partir de un cámbium vascular, que por convención supera los cinco metros; no es un grupo de parentesco, sino una forma de crecer que ha aparecido de forma independiente muchas veces. Ese cámbium explica los anillos anuales (que faltan en muchos árboles tropicales) y explica también por qué las palmeras, el bambú, el banano, el drago y los helechos arborescentes no son árboles en sentido estricto: ninguno lo tiene, y de ahí que una herida en el tronco de una palmera nunca cicatrice. En hoja hay tres categorías, y la tercera, la marcescencia del rebollo y el quejigo, es la que da color al invierno del interior peninsular. Las raíces están mucho más extendidas y mucho menos profundas de lo que se cree, con el 80 o 90 por ciento en los primeros 60 centímetros. Y en España la distancia legal por defecto, a falta de ordenanza local, es de dos metros a la linde para árboles de tronco alto según el artículo 591 del Código Civil.