Los Allium ornamentales son los ajos y cebollas decorativos: el mismo género que el ajo de cocina, la cebolla y el puerro, pero seleccionados por la flor. Se plantan en otoño como bulbos secos, florecen a finales de primavera y levantan esferas de flores violetas, blancas o rosas por encima del resto del arriate. Son, además, de las bulbosas que mejor encajan en el clima peninsular, porque su periodo de reposo coincide con el verano seco.
Lo que más sorprende a quien los planta por primera vez es que las hojas se secan justo cuando la flor está abriendo. No es un fallo de cultivo, es su ciclo: la planta invierte en la inflorescencia y abandona el follaje. Por eso los Allium se colocan siempre detrás o entre vivaces que tapen la base, nunca solos en primera fila.
Qué es un allium y a qué familia pertenece
El género Allium reúne más de novecientas especies repartidas por el hemisferio norte, con un núcleo importante en Asia central y en la cuenca mediterránea. La clasificación ha cambiado y conviene tenerlo claro, porque los textos antiguos siguen circulando: hoy Allium se sitúa en las amarilidáceas (Amaryllidaceae, subfamilia Allioideae). Durante décadas se colocó en las liliáceas y hubo también una familia propia, Alliaceae, que ya no se mantiene como tal.
El rasgo común es el olor a cebolla al romper una hoja o un bulbo, que viene de compuestos azufrados. En las especies ornamentales ese olor está solo en el tejido, no en el aire: la flor no huele a ajo, y quien lo tema puede quedarse tranquilo mientras no las pise.
Las especies y variedades que se encuentran a la venta
Los catálogos de bulbo de otoño manejan una veintena larga de nombres, pero se agrupan en cuatro tipos por porte y forma de la inflorescencia:
- Los altos de bola compacta. Allium giganteum es el más conocido: tallo de más de un metro y esfera densa de flores violeta. Allium 'Globemaster' y 'Gladiator' van por el mismo camino, con cabezas aún mayores. Son los que hacen el efecto arquitectónico.
- Los medianos de floración masiva. Allium hollandicum (vendido a menudo como A. aflatunense) y su selección 'Purple Sensation' rondan los 80 o 90 centímetros y son los más agradecidos para plantar en grupos grandes.
- Los de cabeza abierta y aérea. Allium christophii levanta una esfera enorme de flores estrelladas sobre un tallo corto, y Allium schubertii lleva ese aspecto al extremo, con pedicelos de longitudes desiguales que parecen fuegos artificiales. Las dos secan bien y aguantan meses en el jardín como estructura.
- Los pequeños. Allium moly, amarillo y de apenas 30 centímetros; Allium neapolitanum, blanco, silvestre en buena parte del Mediterráneo; Allium sphaerocephalon, con cabezuelas ovaladas granates que florecen más tarde que el resto y alargan la temporada. Allium karataviense es un caso aparte, con hojas anchas grisáceas que sí son decorativas por sí mismas.
Si empiezas, la combinación que menos falla es un grupo de 'Purple Sensation' para el grueso de la floración y unos cuantos sphaerocephalon repartidos para recoger el testigo cuando los primeros ya están secos.
Cuándo y cómo plantarlos en España
La plantación va de septiembre a noviembre, y hay margen hasta primeros de diciembre en el sur y en el litoral. Cuanto antes se planten dentro de esa ventana, más tiempo tienen las raíces para instalarse antes del frío.
La regla de profundidad es la general de los bulbos: entre dos y tres veces el diámetro del bulbo. Un bulbo de giganteum de seis centímetros va a unos quince o dieciocho de profundidad; uno pequeño de moly, a cinco o seis. La distancia entre bulbos sigue la misma proporción, aunque para los grandes conviene ampliarla a 20 o 25 centímetros, porque las bolas necesitan espacio para no tocarse.
Sobre el suelo, la condición seria es el drenaje. Los Allium toleran perfectamente los suelos calizos y pobres del este y el sur peninsular, y de hecho prosperan mejor ahí que en una tierra rica y húmeda. Lo que no toleran es el agua parada en invierno: en terreno arcilloso hay que abrir el hoyo más ancho y mezclar arena gruesa y compost, o plantar en un caballón elevado. La exposición debe ser de sol pleno; a media sombra estiran el tallo y se tumban.
Se plantan siempre en grupos, y en número impar, con la yema hacia arriba y la placa radical (el disco plano del que salen las raíces) hacia abajo. Un bulbo suelto no luce; siete juntos, sí.
Riego, abonado y qué hacer después de la floración
Tras plantar se da un riego de asiento y se olvida uno hasta la primavera: las lluvias de otoño e invierno bastan en casi toda la Península. Durante el crecimiento, si el final del invierno viene seco, se riega de forma moderada. En cuanto la flor se abre, el riego sobra, y a partir de que las hojas amarillean hay que cortarlo del todo. El bulbo necesita un verano seco para madurar y volver a florecer al año siguiente; ese es exactamente el clima que tenemos, y por eso los Allium se naturalizan aquí con tanta facilidad.
De abonado, con incorporar compost bien hecho al preparar el terreno hay suficiente. Un exceso de nitrógeno da hoja blanda y tallos que se doblan.
Terminada la floración quedan dos opciones. Si quieres la estructura seca en el jardín, se dejan las cabezas hasta que se deshacen solas, que es uno de sus mayores atractivos. Si prefieres que el bulbo engorde, se corta el tallo floral en cuanto la flor se marchita, pero nunca se cortan las hojas mientras conserven algo de verde, aunque estén feas: es cuando la planta rehace sus reservas.
No hay que levantar los bulbos. Se quedan en el suelo año tras año, forman bulbillos alrededor del bulbo principal y la mata se va espesando. Cada cuatro o cinco años se pueden desenterrar en verano, separar los hijuelos y replantarlos en otoño.
Problemas y precauciones
Son plantas rústicas y rara vez dan disgustos. Los dos problemas serios que existen en el género vienen del suelo: la podredumbre blanca (Sclerotium cepivorum) y las podredumbres de bulbo asociadas al encharcamiento. Los dos se previenen de la misma manera, con drenaje y sin repetir Allium año tras año en el mismo sitio si ya hubo problemas. Un bulbo blando al tacto en el momento de la compra se descarta.
En jardinería doméstica, lo primero frente a cualquier plaga son las medidas de prevención y los medios físicos, que es el principio de gestión integrada que recoge el Real Decreto 1311/2012 sobre uso sostenible de productos fitosanitarios. Si llegara a hacer falta un tratamiento, solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis es siempre la de la etiqueta del envase.
Un aviso que no suele aparecer en las fichas de venta: las plantas del género Allium son tóxicas para perros y gatos. Los compuestos azufrados que les dan el olor característico les provocan daño en los glóbulos rojos, y afecta tanto al bulbo como a las hojas. Si tienes animales que roen en el jardín, plántalos donde no lleguen, y ante una ingestión el sitio al que se acude es el veterinario.
Dónde conseguir los bulbos
La temporada de venta de bulbo seco es corta, de finales de verano a principios de otoño, y fuera de ella no se encuentran. En vivero se puede comprobar el estado del bulbo con la mano, que es la mejor garantía; comprando en línea hay que fijarse en el calibre, porque en los Allium grandes el tamaño del bulbo determina directamente el tamaño de la bola de flores el primer año.
Para probar sin invertir mucho, un lote pequeño de bulbos de allium ornamental permite ver cómo se comportan en tu suelo antes de encargar una plantación grande. Si funcionan, el año siguiente se compra por decenas, que es como lucen de verdad.
En resumen
El Allium ornamental es una bulbosa de otoño casi sin mantenimiento que pide tres cosas: sol pleno, suelo que drene y un verano seco sin riego. A cambio florece a finales de primavera, se naturaliza sola y deja unas cabezas secas que siguen decorando meses después. La única precaución de diseño es plantarla entre vivaces, porque su follaje se seca justo cuando abre la flor.
Al comprar, importa el calibre del bulbo y su firmeza al tacto, no el nombre comercial. Y conviene recordar dos cosas que las fichas suelen callar: la familia correcta es la de las amarilidáceas, no las liliáceas, y todo el género es tóxico para perros y gatos.