El agapanto es una de esas plantas que resuelven un jardín entero: mata de hojas acintadas verde oscuro durante todo el año, y en pleno verano unos tallos rígidos coronados por esferas de flores azules o blancas. Florece cuando casi todo lo demás está de capa caída, aguanta la sequía una vez arraigado y no pide prácticamente nada.
Su nombre viene del griego agape, amor, y anthos, flor, de donde salen los nombres populares de flor del amor y planta del amor. También se le llama azucena africana o lirio africano, aunque no es ni una azucena ni un lirio. Es originario de Sudáfrica y, contra lo que dicen muchas etiquetas, no pertenece a las liliáceas: hoy se sitúa en la familia Amaryllidaceae, en la subfamilia Agapanthoideae, aunque algunos autores mantienen la familia propia Agapanthaceae.

Ficha rápida
| Género | Agapanthus |
|---|---|
| Familia | Amaryllidaceae (subfamilia Agapanthoideae) |
| Origen | Sudáfrica |
| Tipo | Vivaz rizomatosa con raíces carnosas, no bulbosa |
| Altura | De 40 cm en variedades enanas a 1,2 m con la flor |
| Floración | De finales de primavera a finales de verano |
| Exposición | Sol pleno; tolera sombra parcial |
| Riego | Abundante en crecimiento y floración, escaso en invierno |
| Suelo | Fértil y con buen drenaje |
Qué tipo de planta es
Es una vivaz con rizoma corto y raíces gruesas y carnosas, muy densas. No es un bulbo, aunque se venda en el mismo expositor que las bulbosas de primavera y se plante en la misma época. Esa masa de raíces carnosas es su reserva de agua y lo que le permite pasar el verano mediterráneo sin sufrir.
Las hojas son acintadas, de treinta a cincuenta centímetros, arqueadas y de verde oscuro, y forman una mata densa que tiene valor ornamental por sí misma. El tallo floral sale limpio del centro de la mata, sin hojas, y termina en una umbela con decenas de flores tubulares o acampanadas, de unos tres o cuatro centímetros, que abren de forma escalonada durante semanas.

Especies y variedades
Aquí hay bastante confusión comercial y conviene aclararla, porque determina la resistencia al frío:
- Agapanthus praecox. Es la especie que se cultiva en realidad en la inmensa mayoría de los jardines españoles, aunque se venda etiquetada como A. africanus. De hoja perenne, mata grande y flores azules o blancas. Resistente a la sequía pero sensible a las heladas fuertes.
- Agapanthus africanus. Especie real, mucho menos frecuente en cultivo de lo que sugieren las etiquetas, de porte más contenido.
- Agapanthus campanulatus. De hoja caduca: pierde el follaje en invierno y por eso tolera bastante más frío que las perennes. Es la elección para el interior peninsular.
- Agapanthus inapertus. Flores colgantes y tubulares, muy distintas de la umbela abierta habitual.
- Variedades enanas y de colores. Selecciones de porte bajo, adecuadas para maceta y borduras, y variedades de hoja variegada. Los colores van del azul intenso al blanco puro, pasando por lilas y azules pálidos.
La regla práctica: si la planta conserva la hoja en invierno, es sensible al frío; si la pierde, aguanta más.
Dónde plantarlo en España
En todo el litoral mediterráneo, el sur, el sureste y Canarias vive en el jardín sin ninguna protección y se naturaliza con facilidad. En el litoral atlántico también, con la salvedad del exceso de lluvia en suelos pesados.
En el interior peninsular la limitación es la helada. Las especies perennes sufren con heladas por debajo de unos cuatro o cinco grados bajo cero, y aunque el rizoma suele rebrotar, la mata pierde todo el follaje y tarda en recuperarse. Las soluciones son tres: elegir una especie de hoja caduca, cubrir el pie en otoño con una capa gruesa de hojarasca, paja o compost, o cultivarlo en maceta y resguardarlo.
En cuanto a la exposición, prefiere el sol pleno, que es donde florece mejor. En zonas muy calurosas y secas agradece sombra durante las horas centrales, especialmente si está en maceta.
Cultivo y cuidados
Suelo. Fértil, con materia orgánica y sobre todo con buen drenaje. En suelos pesados o que se encharcan en invierno se pudren las raíces carnosas, que es prácticamente la única forma de perder un agapanto establecido. En arcilla se mejora con compost y arena gruesa, o se planta en un arriate elevado.
Plantación. A comienzos de la primavera. Las raíces se colocan a pocos centímetros de la superficie, no enterradas en profundidad. Entre planta y planta, de treinta a sesenta centímetros según la variedad, contando con que la mata se ensancha cada año.
Riego. Abundante durante la primavera y el verano, mientras crece y florece, dejando secar la superficie entre riegos. En otoño se reduce y en invierno prácticamente se suspende en exterior. En maceta hay que ser más constante, porque el cepellón se seca deprisa.
Abonado. Al final del invierno, con un abono bajo en nitrógeno. El exceso de nitrógeno produce una mata magnífica de hojas y muy pocas varas florales, que es la queja más habitual con esta planta.
Maceta. Florece mejor cuando está algo estrecho, así que no conviene sobredimensionar el recipiente. Lo que sí ocurre es que las raíces acaban llenando la maceta y llegan a deformarla o romperla, de modo que cada dos o tres años toca dividir y replantar. Elija macetas resistentes.
Después de la floración. Se cortan las varas florales por la base salvo que quiera recoger semilla. Esto evita que la planta gaste energía en fructificar y, en zonas donde se naturaliza con facilidad, impide que se disperse fuera del jardín.
Multiplicación
Por división de mata, que es el método normal y el que da flores al año siguiente. Se hace al final del verano, cuando ha terminado la floración, o a comienzos de la primavera. Se levanta la mata entera, se separan las raíces con un cuchillo bien afilado y se replantan las divisiones. Conviene hacer pocas divisiones y grandes: cuanto más se trocea, más tarda cada porción en volver a florecer. La operación toca cada cuatro o cinco años, cuando la mata se ha cerrado sobre sí misma.
Por semilla, más lento. Se dejan secar las varas en la mata hasta que las cápsulas pasen de verde a marrón, hacia el final del verano, y se guarda la semilla hasta la primavera. Se siembra en bandeja sobre sustrato fino, apenas cubierta, y se riega con cuidado de no desplazarla. Las plántulas se repican a maceta cuando puedan manejarse, y tardarán tres años o más en florecer. Además, las plantas obtenidas de semilla no reproducen exactamente el color de la madre.
Si quiere probar con semilla aun sabiendo lo que tarda, se venden sobres de semillas de agapanto de flor blanca. Es la vía barata y la interesante si le gusta el proceso; si lo que quiere es flor el próximo verano, compre plantas o consiga una división de un jardín vecino.
Problemas y advertencias
No florece. Las tres causas por orden de frecuencia: exceso de nitrógeno, falta de sol y planta recién dividida o recién trasplantada. También ocurre en matas muy jóvenes, que necesitan un par de temporadas para asentarse.
Raíces podridas. Encharcamiento invernal. Se corrige con drenaje, no con menos riego en verano.
Caracoles y babosas. Atacan sobre todo a las hojas jóvenes en primavera. Lo eficaz es la recogida manual al anochecer y las trampas de cerveza, que atraen y ahogan. Lo que no debe hacerse es echar sal: no es un método de control, es una forma de salinizar el suelo y estropearlo. La ceniza pierde todo su efecto en cuanto llueve. Hay más sobre esto en la guía de plagas de babosas.
Toxicidad. Es un punto que casi nunca se menciona y conviene tenerlo claro: la savia del agapanto contiene saponinas y es irritante, especialmente la del rizoma y las raíces. Puede provocar irritación en la piel y en las mucosas, y su ingestión causa molestias digestivas. No es una planta comestible ni medicinal. Conviene usar guantes al dividir las matas y lavarse las manos después, y ante cualquier ingestión, por una persona o por un animal, quien debe valorarlo es el médico o el veterinario.
Capacidad de naturalización. En zonas de clima suave el agapanto se reproduce por semilla con facilidad y puede salir del jardín, sobre todo cerca de la costa. Cortar las varas florales una vez pasada la flor evita ese problema y de paso mantiene la mata más vigorosa.
En resumen
El agapanto es una vivaz rizomatosa sudafricana, no un bulbo y no una liliácea, que da mata de hoja perenne o caduca según la especie y umbelas azules o blancas en pleno verano. Quiere sol, suelo fértil con buen drenaje, riego abundante mientras crece y prácticamente nada en invierno, y un abono bajo en nitrógeno al final del invierno para que dé varas y no solo hojas.
En el litoral y en el sur vive en el jardín sin cuidados; en el interior peninsular conviene elegir una especie de hoja caduca, acolchar el pie en otoño o cultivarlo en maceta. Se multiplica dividiendo la mata cada cuatro o cinco años, mejor en pocas porciones grandes. Y dos precauciones: guantes al manipular las raíces, porque la savia es irritante, y cortar las varas pasadas para que no se disperse por semilla.