Hay un efecto del aceite de coco sobre el pelo que está medido en laboratorio y no depende de creérselo: reduce la pérdida de proteína del cabello durante el lavado. Lo publicaron Rele y Mohile en el Journal of Cosmetic Science en 2003, comparándolo con aceite mineral y con aceite de girasol en cabello sano, decolorado, teñido y expuesto a radiación ultravioleta. Solo el de coco redujo la pérdida en todos los escenarios.

Ese hallazgo, y la forma de aprovecharlo, es lo que justifica tener un tarro en el baño. Lo que no justifica es esperar que haga crecer el pelo, que quite la caspa o que repare unas puntas abiertas, porque nada de eso ocurre. Y hay cabellos a los que directamente no les sienta bien.

Aceite de coco aplicado sobre un mechón de cabello

Por qué penetra el láurico y no otros aceites

La fibra capilar tiene tres capas: la cutícula externa, escamosa; la corteza, que es el grueso de la fibra y donde está la queratina; y en pelos gruesos, una médula central. Casi todos los aceites cosméticos se quedan en la cutícula, dando brillo y deslizamiento superficial, y ahí se acaba su función.

El aceite de coco es la excepción documentada. Su ácido láurico tiene tres características que se combinan bien: cadena lineal, peso molecular bajo y afinidad por las proteínas. Con eso atraviesa la cutícula y llega a la corteza. Un trabajo posterior del mismo grupo, con espectrometría de masas de iones secundarios, siguió el rastro del aceite dentro de la fibra y confirmó esa penetración, que el aceite mineral no mostraba.

Del mecanismo se sigue un segundo efecto: al ocupar espacio dentro de la fibra, el aceite limita cuánta agua entra durante el lavado. La entrada y salida repetida de agua hincha y deshincha el pelo, y ese ciclo (lo que se conoce como fatiga hígrica) es una causa reconocida de deterioro. Menos hinchado significa menos daño acumulado.

AceitePenetra la cortezaQué aporta
CocoReduce pérdida de proteína y el hinchado por agua
OlivaParcialmenteDeslizamiento, algo de acondicionamiento
AguacateParcialmenteEmoliencia, peso
GirasolNoBrillo superficial
Aceite mineralNoBarrera y brillo, sin interacción con la queratina
ArgánEscasaAcabado ligero, buena tolerancia

La forma de usarlo que aprovecha ese efecto

Puesto que lo que hace es limitar el daño durante el lavado, el momento lógico es antes de lavarse el pelo, no después. Es lo que en el mundo del cabello rizado se llama tratamiento previo al champú.

Se aplica sobre el pelo seco o apenas humedecido, nunca empapado: si la fibra ya está llena de agua, el aceite no tiene por dónde entrar. Se concentra en medios y puntas, que es donde está el daño acumulado, y se deja actuar. Los estudios trabajaron con tiempos que iban de unas horas a toda la noche; en la práctica, entre treinta minutos y una noche entera cubre el rango útil, y más allá no aporta.

Después se lava con champú. Como el aceite no lleva emulsionantes, no se va con agua sola: hay que enjabonar sobre el pelo todavía seco o apenas mojado, porque el champú aplicado sobre pelo empapado de aceite resbala sin agarrar. A veces hacen falta dos pasadas.

La cantidad es lo que más se falla. Con el pelo por los hombros basta una porción del tamaño de una avellana, fundida entre las palmas. El exceso no penetra más rápido: se queda fuera, y sacarlo puede llevar varios lavados con la sensación de pelo apelmazado por el camino.

A qué cabellos no les sienta bien

Esta parte falta en casi todas las recomendaciones y explica los resultados decepcionantes.

Cabello fino y liso. Pesa. Aunque penetre, el residuo superficial aplasta la raíz y deja el pelo sin cuerpo durante días. En este tipo funcionan mejor los aceites ligeros y en cantidades mínimas, solo en puntas.

Cabello de baja porosidad. Es el que tiene la cutícula muy cerrada y compacta: tarda en mojarse y tarda en secarse. El aceite se queda encima formando una capa cerosa y no llega a entrar. Ayuda aplicarlo con el pelo templado, tras un enjuague con agua caliente, pero si sigue notándose grasiento y apagado, no es el producto adecuado.

Cabello que reacciona mal a la rigidez. En comunidades de cabello rizado se describe una reacción de fibra tiesa, quebradiza y difícil de peinar tras el uso repetido de aceite de coco. La explicación que se propone es que, al reducir el hinchado, la fibra queda más rígida de lo que le conviene a un rizo. Conviene decir que esto es observación de usuarias y no un hallazgo publicado. Si el pelo se nota como paja después de dos o tres tratamientos, la respuesta correcta es dejarlo, no insistir.

Cabello graso en raíz. Aplicado en el cuero cabelludo, sobra. Solo medios y puntas.

El cuero cabelludo es otro asunto

Todo lo anterior se refiere a la fibra. La piel de la cabeza sigue otras reglas y una en particular importa: las levaduras del género Malassezia, implicadas en la caspa y la dermatitis seborreica, se alimentan de ácidos grasos de entre once y veinticuatro carbonos. El láurico tiene doce y el mirístico catorce, así que casi todo el aceite de coco cae dentro de ese rango.

Traducción práctica: con un cuero cabelludo que descama, pica, enrojece o se irrita, el aceite de coco no es el producto indicado, por más que se venda como remedio para la caspa. Ahí lo que tiene evidencia son los champús con ketoconazol, piritiona de zinc o sulfuro de selenio, que se compran en farmacia y conviene consultar con el farmacéutico o el dermatólogo. El repaso problema por problema está en para qué sirve el aceite de coco en el cabello.

Tres cosas que no hace

No hace crecer el pelo. El crecimiento depende del folículo, que está bajo la piel y tiene su propio ciclo, y ningún aceite aplicado sobre la superficie lo modifica. Lo que sí puede parecerlo: un pelo que se rompe menos conserva más longitud, y eso da la impresión de haber crecido más. Es retención, no crecimiento. Ante una caída llamativa, entradas que avanzan o pérdida en zonas concretas, lo que corresponde es una consulta médica; hay tratamientos con eficacia demostrada y algunos requieren prescripción.

No repara las puntas abiertas. Una fibra partida está partida: la queratina no se regenera. Los aceites y siliconas pegan temporalmente el extremo y disimulan, y eso se va con el siguiente lavado. Lo único definitivo son las tijeras.

No devuelve el color ni retrasa las canas. No existe mecanismo por el que pudiera hacerlo.

Dos usos concretos que sí compensan

Antes de la piscina. El pelo se daña en el agua clorada sobre todo porque la absorbe. Una capa de aceite aplicada antes de entrar reduce esa absorción y limita el efecto. No lo elimina (el gorro sigue siendo mejor) pero ayuda, y es una aplicación coherente con el mecanismo conocido.

Después de decolorar o teñir. El cabello decolorado ha perdido proteína y sigue perdiéndola en cada lavado. Es justamente el escenario en el que el estudio de 2003 encontró más diferencia. Con una advertencia de calendario: antes de un tinte no se aplica, porque la película de aceite interfiere con la penetración del color y el resultado sale desigual. Después del tinte, y una vez pasados los días de sellado que indique el peluquero, sí.

Cómo elegirlo y guardarlo

Virgen, de un solo ingrediente, sin perfume. Un aceite de grado alimentario sirve y cumple controles más estrictos. Tarro de cristal, armario oscuro, cuchara o mano seca: el agua dentro del bote es lo que lo estropea. Si el olor pasa de coco a cera o a pintura, está rancio y se tira. Las categorías comerciales y lo que significan están en aceite de coco extra virgen.

En resumen

El aceite de coco reduce la pérdida de proteína capilar, un efecto documentado desde 2003 y explicado por la penetración del ácido láurico hasta la corteza de la fibra. Para aprovecharlo hay que aplicarlo sobre pelo seco, en medios y puntas, antes del champú, en cantidad pequeña y con un tiempo de acción de entre media hora y una noche. Va especialmente bien en cabello decolorado o teñido y antes de la piscina. No conviene en cabello fino, de baja porosidad ni en cuero cabelludo con caspa o dermatitis seborreica, donde puede empeorar el cuadro. Y no hace crecer el pelo, no repara puntas abiertas ni actúa sobre las canas: ante una caída importante, la consulta es con el dermatólogo.


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