Los tulipanes siguen creciendo dentro del jarrón. Un ramo cortado puede alargarse entre tres y cinco centímetros en los días siguientes, y además los tallos se curvan buscando la ventana y luego se enderezan hacia arriba, deshaciendo el arreglo por su cuenta. No es que estén mal cortados ni que les falte agua: el tulipán conserva células capaces de elongarse en la zona alta del tallo, y sigue respondiendo a la luz y a la gravedad como si estuviera plantado.

Esa vitalidad terca resume bien a la planta. Tulipa es un género de unas noventa especies de la familia Liliaceae, originario de las montañas de Asia Central (Tien Shan, Pamir, Hindu Kush) y de Anatolia, y no de los Países Bajos, que solo son desde el siglo XVII su centro comercial. En España hay incluso tulipanes silvestres: Tulipa sylvestris y su subespecie australis aparecen en pastos y márgenes de cultivo de buena parte de la Península, con flores amarillas pequeñas y perfumadas.

Tulipanes de varios colores abiertos mostrando los seis tepalos

Cómo dominar un ramo que se mueve

Ya que el crecimiento en jarrón es inevitable, se puede encauzar. Los floristas usan tres recursos, y los tres funcionan.

El primero es envolver el ramo bien apretado en papel de periódico o de estraza, dejando solo las flores fuera, y meterlo así en agua fría durante una noche. Los tallos se enderezan y se endurecen en esa posición.

El segundo es pinchar el tallo con un alfiler justo por debajo de la flor, atravesándolo. Eso libera el aire retenido y reduce la curvatura del cuello.

El tercero es de sitio: alejar el jarrón de la ventana y girarlo cada día. Un ramo iluminado desde un solo lado se dobla hacia allí en cuestión de horas.

Añade poca agua, entre 8 y 10 centímetros, fría, cambiada a diario, y sin flores de narciso en el mismo jarrón: la savia del narciso tapona los tallos de tulipán y le acorta la vida a la mitad, un asunto que explicamos en la ficha de los narcisos. Así, un tulipán dura de cinco a ocho días.

De un turbante mal entendido

El nombre viene de un malentendido diplomático. En el Imperio otomano, donde la flor se cultivaba y se seleccionaba desde mucho antes que en Europa, se la llamaba lale. Los viajeros occidentales del siglo XVI, al preguntar por ella, recibieron una respuesta que describía su parecido con un turbante, tülbend en turco, y se llevaron esa palabra creyendo que era el nombre de la planta. De ahí tulipa, tulipán, tulip, tulpe.

Los bulbos llegaron a Europa occidental a mediados del siglo XVI, y Carolus Clusius, que había dirigido los jardines imperiales de Viena, los llevó a Leiden en 1593. Aquel primer plantel es el origen directo de la industria neerlandesa del bulbo.

Cuándo plantarlos en España y por qué tan tarde

Aquí hay un error de calendario muy repetido. Los tulipanes no se plantan a la vez que el resto de los bulbos de otoño. Se plantan más tarde, cuando la tierra ya se ha enfriado por debajo de unos 15 grados, porque plantados en tierra tibia enraízan mal y quedan expuestos a podredumbres durante semanas.

En la práctica española eso significa noviembre en la mitad norte y de finales de noviembre a mediados de diciembre en el sur y en el litoral mediterráneo. Se puede plantar incluso en enero con buenos resultados si el bulbo se ha conservado bien.

La profundidad estándar es tres veces la altura del bulbo, entre 12 y 15 centímetros, pero hay un matiz que merece la pena: plantar a 20 centímetros retrasa un poco la floración y a cambio reduce mucho la tendencia del bulbo a dividirse en bulbillos pequeños, que es la principal causa de que un tulipán no repita al año siguiente. Si tu intención es que duren, entiérralos más de lo que dice el envase. Puedes ampliar en cuándo plantar tulipanes y en consejos para plantarlos.

El frío que necesitan y qué hacer si tu invierno no lo da

Un bulbo de tulipán trae dentro la flor ya formada en miniatura, pero para que ese esbozo se desarrolle y suba necesita un periodo prolongado de temperaturas bajas: entre doce y dieciséis semanas por debajo de 9 grados, según variedad. Es la memoria de un invierno continental de montaña.

En Castilla, Aragón, el norte y las zonas de altitud, ese frío llega solo. En la costa mediterránea, en Andalucía occidental y en Canarias, no. Ahí se compran bulbos preenfriados, o se enfrían en casa, y se plantan luego contando con que darán una única floración.

El enfriamiento doméstico se hace en el cajón de verduras del frigorífico, a 4 o 5 grados, durante ocho a doce semanas, con los bulbos en una bolsa de papel perforada, nunca en plástico cerrado. Y hay una condición que arruina la operación si se ignora: lejos de la fruta. Manzanas, peras y plátanos liberan etileno, y el etileno destruye el primordio floral dentro del bulbo. El resultado es un tulipán que sale con hojas perfectas y un botón seco y abortado, un fenómeno que en el sector se conoce como flor ciega.

Por qué el segundo año salen hojas y no flores

Es la queja más habitual con esta planta y tiene una explicación fisiológica precisa. El bulbo que compras es un bulbo maduro que ha pasado varios años en campo hasta alcanzar el calibre necesario para florecer. Al florecer, se consume: literalmente se vacía y desaparece, y en su lugar quedan uno o varios bulbos hijos formados durante la temporada.

Si las condiciones son las de su tierra de origen, uno de esos hijos alcanza el tamaño de floración y el ciclo sigue. Si no lo son (verano húmedo, invierno templado, tierra pobre, follaje cortado antes de tiempo) los hijos se quedan pequeños y se limitan a producir hojas durante dos o tres años, si es que sobreviven.

Lo que se puede hacer para inclinar la balanza: plantar hondo, elegir suelo muy drenante, no cortar las hojas hasta que amarilleen del todo, abonar con potasio justo después de la floración, cortar la flor marchita para que no forme semilla, y mantener el arriate seco en verano. Con todo eso, en España, la mayoría de los tulipanes grandes de catálogo siguen comportándose como anuales.

Los tulipanes que sí vuelven cada año

Y aquí está la solución real, que casi no se cuenta. Las especies botánicas y sus selecciones directas se naturalizan sin problema en clima mediterráneo, porque proceden de sitios con veranos secos y calurosos parecidos a los nuestros. Son más pequeñas, más tempranas y se multiplican solas.

Tulipa clusiana, el tulipán de la dama, es roja y blanca, estilizada, y aguanta perfectamente en Andalucía. Tulipa saxatilis, cretense, rosa lila con centro amarillo, se extiende por estolones. Tulipa praestans da varias flores rojas por bulbo. Tulipa sylvestris, la autóctona, es amarilla y perfumada y se naturaliza en pastos. Tulipa bakeri y Tulipa humilis son excelentes en rocalla.

Entre los tulipanes grandes de jardín, los que mejor repiten son los híbridos de Darwin y el grupo Fosteriana, seleccionados precisamente por eso. Si quieres un arriate de tulipanes que dure más de una temporada en España, la lista empieza ahí. Tienes un repaso de variedades en variedades de tulipán.

El virus que valía una casa

Entre 1634 y 1637 el precio de determinados bulbos en las Provincias Unidas alcanzó cifras equivalentes a las de una casa en Ámsterdam, en el episodio especulativo que se conoce como tulipomanía. Los ejemplares más cotizados eran los de pétalos flameados, con llamas y plumas de un color sobre un fondo más claro, y llevaban nombres como Semper Augustus.

Lo que nadie sabía entonces es que esas flores estaban enfermas. El patrón flameado lo causa el virus del rayado del tulipán, transmitido por pulgones, que rompe de forma irregular la distribución del pigmento en el tépalo dejando ver el color de fondo. Los bulbos infectados son además débiles, se multiplican mal y van degenerando generación tras generación, lo que explica que fueran tan escasos y por tanto tan caros. El mercado más caro de la historia de la jardinería se sostenía sobre plantas virósicas.

Los tulipanes flameados que se venden hoy con el nombre de grupo Rembrandt no llevan virus: son cultivares sanos seleccionados por variegación genética estable, precisamente porque los infectados están prohibidos en el comercio para no contaminar los campos. Tenemos la historia completa en la tulipomanía y en la historia de los tulipanes.

Los grupos de tulipán, en corto

GrupoÉpocaAlturaRasgo
Simples tempranosMarzo25-40 cmAguantan bien el viento
Dobles tempranosMarzo25-35 cmFlor de peonía, se estropean con lluvia
TriunfoAbril40-50 cmEl grupo más numeroso del comercio
Híbridos de DarwinAbril50-70 cmFlor grande y los que mejor repiten
Simples tardíosMayo50-75 cmTallo largo, buenos para cortar
Flor de lirioAbril a mayo45-60 cmTépalos apuntados y arqueados hacia fuera
FlecadosAbril a mayo40-60 cmBorde del tépalo con flecos cristalinos
ViridifloraMayo40-55 cmBanda verde en el tépalo, muy duraderos
PapagayoMayo45-60 cmTépalos retorcidos y rasgados
Kaufmanniana y GreigiiFebrero a marzo15-30 cmBajos, hoja jaspeada, repiten bien
Especies botánicasFebrero a abril10-30 cmSe naturalizan en clima mediterráneo

El fuego del tulipán

La enfermedad seria del cultivo se llama fuego del tulipán y la causa Botrytis tulipae. Empieza con manchas pequeñas, claras y hundidas en hojas y tépalos, que crecen y confluyen hasta dar a la planta un aspecto de quemada, y en tiempo húmedo se cubre todo de un moho gris. Los brotes salen deformados y retorcidos desde el principio.

El hongo persiste en el suelo y en el propio bulbo como esclerocios, pequeñas costras negras y duras adheridas a la túnica. Se controla revisando los bulbos antes de plantar y descartando cualquiera con manchas negras o zonas blandas, retirando de inmediato las plantas afectadas con su bulbo, no compostando esos restos, y sobre todo no repitiendo tulipanes en el mismo punto del jardín durante al menos tres años.

Dedos de tulipán y toxicidad

Los bulbos contienen tuliposidos, que se convierten en tulipalina A, un compuesto sensibilizante bien conocido en medicina laboral. Manipular bulbos a diario sin guantes produce una dermatitis característica en las yemas de los dedos y bajo las uñas, con sequedad, grietas dolorosas y engrosamiento de la piel, que en el sector de los bulbos se conoce desde hace décadas con el nombre de dedos de tulipán. Con guantes no ocurre.

Ingerido, el bulbo provoca vómitos, dolor abdominal, salivación y, en cantidad, alteraciones más serias. En perros y gatos que escarben y muerdan bulbos recién plantados el cuadro es el mismo. Como con los narcisos, la vía habitual de intoxicación humana es la confusión con una cebolla en la despensa: los bulbos se guardan etiquetados y fuera de la cocina.

En resumen

El tulipán es una liliácea de las montañas de Asia Central que se planta en España en noviembre o diciembre, cuando la tierra se ha enfriado, a 12 o 15 centímetros y mejor a 20 si quieres que repita. Necesita entre doce y dieciséis semanas por debajo de 9 grados para formar la flor, así que en el litoral cálido hay que preenfriar los bulbos en el frigorífico y lejos de la fruta, porque el etileno mata el botón dentro del bulbo. El bulbo original se consume al florecer, y por eso el segundo año suelen salir solo hojas; la solución real para clima mediterráneo son las especies botánicas y los híbridos de Darwin. Los tulipanes flameados de la tulipomanía estaban infectados por un virus, y los actuales no. Cortado, el tallo sigue creciendo y curvándose, y se domestica con papel apretado y una noche en agua fría.


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