La abadía de Morienval, al norte de París, alberga el primer jardín oficial de David Austin Roses en Europa continental. Se abrió al público en 2014, ocupa una parte de una finca privada de origen medieval y está dedicado en exclusiva a las Rosas Inglesas, el grupo de rosales que el obtentor británico David Austin desarrolló a partir de los años sesenta. La floración principal arranca en mayo y, al tratarse de variedades remontantes, vuelve a levantar en septiembre y octubre.
Si el sitio interesa más allá del viaje es porque enseña, en un solo recorrido, cómo se comportan estas rosas plantadas en masa: qué variedades aguantan, cómo se agrupan por color, qué distancia hay entre ejemplares y qué pasa cuando un rosal arbustivo se deja crecer sin la disciplina del rosal de pie alto. De todo eso se pueden sacar ideas aplicables a un jardín pequeño en España, que es lo que aquí interesa.
La iglesia abacial románica aparece entre las flores de The Albrighton Rambler, de color rosa muy suave, y el trepador The Garland, de tono blanco crema y muy fragantes. En primer plano, Lady of Shalott y Graham Thomas.
Qué es exactamente una rosa inglesa
La denominación English Rose no corresponde a una especie ni a una clasificación botánica: es el nombre comercial de las obtenciones de la casa Austin. Lo que las define es el cruce deliberado de dos mundos. Del lado de los rosales antiguos vienen la flor de corola muy llena, con decenas de pétalos dispuestos en cuartos o en roseta, el porte arbustivo y la fragancia; del lado de los rosales modernos, la gama de colores amplia (incluidos amarillos y albaricoques que las rosas antiguas europeas no tenían) y, sobre todo, la remontancia, es decir, la capacidad de volver a florecer varias veces en la misma temporada.
Ese cruce explica por qué encajan bien en jardinería doméstica. Un rosal antiguo florece una vez, en mayo o junio, y el resto del año es un arbusto verde. Un híbrido de té florece muchas veces pero tiene un porte rígido, de tallo desnudo, que pide compañía a los pies. La rosa inglesa da flor repetida con un arbusto que se sostiene solo, y por eso funciona plantada entre vivaces, en un seto florido o en un macetón grande.
Cómo está organizado el jardín de Morienval
El diseño es informal dentro de una estructura muy legible: grandes camas rectangulares alargadas, cada una plantada con varios ejemplares de la misma variedad en lugar de uno solo. Es el mismo criterio que Austin aplica en su jardín de Albrighton, en Shropshire, y responde a una razón práctica: un rosal inglés aislado deja huecos entre floración y floración, mientras que tres plantas juntas de la misma variedad, plantadas a poca distancia, se leen como una sola mata densa que casi nunca se queda vacía.
Sobre las camas se levantan arcos de hierro con rosales trepadores y rampantes. La distinción importa a la hora de comprar. Los rampantes (ramblers) tienen tallos largos y flexibles, flores pequeñas en ramillete y, en la mayoría de los casos, una sola floración muy abundante en primavera; sirven para cubrir un pino viejo, una pérgola grande o un muro largo. Los trepadores (climbers) tienen tallos más rígidos, flores mayores y suelen ser remontantes; se manejan mejor en un arco, una celosía o una fachada.
El tercer recurso que se ve allí y que se copia fácilmente es la mezcla con otras plantas: glicina sobre la estructura, manzanos viejos como fondo y bordes de vivaces que tapan la base leñosa de los rosales. Un macizo solo de rosales es un macizo desnudo cuatro meses al año.
De 'Constance Spry' a la remontancia
El punto de partida de todo esto es 'Constance Spry', obtenida por Austin y presentada en 1961, un rosal de flor rosa muy grande y muy llena que florece una sola vez. Tenía el aspecto de una rosa antigua pero no reflorecía. El trabajo posterior consistió en recuperar esa flor y añadirle la floración repetida de los rosales modernos, y de ahí salió la serie que hoy se conoce como Rosas Inglesas, con más de doscientas variedades registradas a lo largo de seis décadas.
Conviene saberlo antes de comprar, porque algunas de las variedades más vendidas siguen siendo de floración única o casi única. Si lo que se quiere es color de mayo a noviembre, hay que mirar la etiqueta y no solo la foto.
Rosas inglesas en un jardín español
Aquí es donde el modelo inglés necesita traducción. Estas variedades se seleccionaron en el centro de Inglaterra, con veranos frescos, humedad alta y luz suave. En la mitad sur peninsular y en el litoral mediterráneo se encuentran con otra cosa: insolación intensa, aire seco y varias semanas por encima de los 35 grados.
Las consecuencias son previsibles. La flor muy doble, con muchos pétalos, se abre de golpe y dura la mitad; los colores intensos (los rojos oscuros, los malvas) se queman y viran; y la planta suele parar la floración en pleno agosto para retomarla en septiembre. Nada de eso es un fracaso de cultivo, es el comportamiento normal de una rosa remontante en clima mediterráneo, con dos picos claros, mayo y junio por un lado, septiembre y octubre por otro.
Tres decisiones ayudan mucho:
- Situación con sol de mañana y sombra de tarde. En el interior y en el sur, unas horas de sombra a partir de las cuatro alargan la duración de cada flor sin reducir la floración.
- Plantar en otoño, no en primavera. De noviembre a febrero, con raíz desnuda o en contenedor, para que el sistema radicular se instale antes del primer verano. Un rosal plantado en abril llega al calor sin raíces hechas.
- Hoyo grande y materia orgánica. Los rosales agradecen suelo profundo. En terrenos compactos o muy pedregosos, un hoyo amplio con compost bien hecho marca la diferencia durante años.
Suelos calizos y clorosis
Buena parte del este y el sur de España tiene suelos calizos, con pH alto. El rosal los tolera mejor que las camelias o los rododendros, pero por encima de cierto punto el hierro deja de estar disponible para la planta y aparece la clorosis férrica: hojas jóvenes amarillas con los nervios todavía verdes, brotes cortos, floración escasa.
Se corrige con quelato de hierro aplicado en riego durante la primavera, y se previene aportando materia orgánica cada año, que acidifica ligeramente y mejora la disponibilidad de nutrientes. Si el agua de riego es además muy dura, el problema se agrava con los años en cultivo en maceta, donde las sales se acumulan; ahí lo eficaz es renovar el sustrato de la parte alta del tiesto cada primavera y regar en abundancia de vez en cuando para lavar el sustrato.
Riego, poda y sanidad
El riego se hace al pie, nunca mojando el follaje. Es la medida más barata contra las tres enfermedades habituales del rosal: la mancha negra (Diplocarpon rosae), que aparece con humedad y temperaturas suaves, el oídio, favorecido por noches húmedas y días secos, y la roya. Un rosal bien aireado, plantado sin agobiar a sus vecinos, enferma mucho menos que uno metido en un rincón cerrado.
La poda de formación y limpieza se hace al final del invierno, cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes y antes de que la planta arranque: en el litoral mediterráneo y en Andalucía, a lo largo de enero; en la meseta y el norte, en febrero, incluso en marzo en zonas de montaña. En los rosales arbustivos ingleses no conviene la poda drástica de híbrido de té: se acortan las ramas en torno a un tercio o la mitad, se eliminan las ramas viejas, secas o cruzadas y se busca una mata equilibrada. Los rampantes de floración única se podan después de florecer, en verano, no en invierno, porque la flor sale sobre madera del año anterior.
Durante la temporada, cortar las flores marchitas por encima de una hoja bien formada mantiene el ciclo de floración. A partir de octubre se deja de cortar si se quieren los escaramujos, que son decorativos y alimento para los pájaros.
Qué llevarse de un jardín así
De Morienval se copian tres cosas sin necesidad de nueve hectáreas. La primera, plantar en grupos de la misma variedad en vez de una colección de ejemplares sueltos: el efecto es incomparablemente mayor. La segunda, dar altura con arcos o pérgolas sencillas, porque un rosal trepador ocupa muy poco suelo y multiplica la superficie florida. La tercera, aceptar el calendario real de la zona en la que uno vive y elegir variedades en consecuencia, en lugar de perseguir la foto de un catálogo hecho en otro clima.
En resumen
El jardín de la abadía de Morienval es un catálogo vivo de las Rosas Inglesas de David Austin, plantadas en grandes camas y sobre estructuras verticales, con floración fuerte en mayo y remontada en otoño. Su interés práctico está en el método: grupos de la misma variedad, mezcla con vivaces y trepadoras, y estructura clara bajo un aspecto informal.
Trasladado a España, el planteamiento funciona con ajustes: plantación en otoño, sol de mañana y sombra de tarde en las zonas cálidas, riego al pie, materia orgánica anual y atención a la clorosis en suelos calizos. Con eso, un rosal arbustivo inglés da dos temporadas de flor al año y se sostiene solo dentro del macizo, que es justamente lo que se le pide.