El jardín blanco de referencia es el White Garden de Sissinghurst, en el condado de Kent, que Vita Sackville-West y Harold Nicolson plantaron a partir de finales de los años treinta del siglo XX. Su centro es una pérgola cubierta por un rosal trepador vigoroso, Rosa mulliganii, de origen chino, que se llena de ramilletes de flores simples y en otoño da escaramujos anaranjados, rodeado de compartimentos de vivaces entre setos recortados de boj.
Ese jardín está en un clima oceánico de veranos suaves y lluvia repartida, y su lista de plantas no se puede copiar tal cual en la mayor parte de España. Lo que sigue es esa lista traducida: qué funciona en la vertiente atlántica peninsular, que sí se parece a Kent, y qué hay que usar en el interior y en el clima mediterráneo, donde la selección cambia por completo. Los principios de composición están en la primera parte.
Las hortensias blancas no deberían faltar en un jardín en la vertiente atlántica española. En la foto, la densa cabeza floral de una Hydrangea arborescens Annabelle.
Qué hay plantado en Sissinghurst
Conviene conocer la referencia antes de adaptarla. Entre los setos de boj se despliegan vivaces y anuales de flor blanca en las cuatro texturas: umbelas ligeras (Ammi majus, Orlaya grandiflora), masas compactas (peonías, hortensias), espigas verticales (Delphinium 'Ice Cap', Physostegia virginiana 'Alba') y floraciones vaporosas (Cosmos bipinnatus blanco).
Se suman azucenas (Lilium candidum), margaritas grandes (Leucanthemum x superbum), phlox, violas blancas y masas del cardo Eryngium giganteum, de reflejos grises y azulados. Entre los arbustos, varias hortensias: Hydrangea macrophylla de tipo lacecap, Hydrangea arborescens 'Annabelle' y Hydrangea quercifolia, de hoja lobulada parecida a la del roble. Y trepando por obeliscos de madera, el guisante de olor (Lathyrus odoratus).
El follaje no es un relleno: la Melianthus major, de grandes hojas dentadas verdeazuladas, está ahí precisamente por la hoja.
Para la España atlántica
En Galicia, la cornisa cantábrica y las zonas de montaña húmeda, la lista de Sissinghurst se puede seguir casi entera, porque el clima es comparable. Lo que mejor se comporta:
- Hortensias. Son la base. Hydrangea arborescens 'Annabelle', de cabezas esféricas enormes; Hydrangea paniculata, la más resistente al sol y la que mejor seca en invierno; Hydrangea quercifolia, que además da buen color otoñal de hoja. Todas quieren suelo ácido, fresco y sombra de tarde.
- Camelias blancas. Floración de invierno, cuando no hay nada más, y estructura perenne todo el año. Acidófilas estrictas.
- Rododendros y azaleas de flor blanca. Mismo requisito de suelo ácido y ambiente húmedo.
- Clemátides. Clematis armandii, perennifolia y muy perfumada a comienzos de primavera; Clematis 'Duchess of Edinburgh', de flor doble en mayo y junio; Clematis terniflora, que florece a finales de verano. Todas piden el pie a la sombra y la parte aérea al sol.
- Árboles de floración blanca. Cerezos ornamentales (Prunus x yedoensis), ciruelos (Prunus domestica), perales (Pyrus) y manzanos (Malus). Un árbol en flor blanca resuelve la primavera entera de un jardín.
- Vivaces. Peonías (Paeonia lactiflora), Phlox paniculata blanco, Anemone x hybrida 'Honorine Jobert', que florece a finales de verano y llega al metro de altura, Delphinium 'Snowgoose', de espigas de metro y medio, y Veronicastrum virginicum 'Album', de follaje verticilado.
- Bulbosas. Agapantos blancos, tulipanes, narcisos y Allium 'Mount Everest', de esferas blancas sobre tallo largo.
Para el interior y el clima mediterráneo
Aquí hay que cambiar de paleta, no de idea. El verano seco y caliente, las heladas del interior y las aguas de riego duras y calizas del este y el sur dejan fuera a las acidófilas y a la mayoría de las vivaces de arriate inglés. A cambio, la flora mediterránea aporta una cantidad enorme de flor blanca y de follaje plateado.
Arbustos. Las jaras son la aportación ibérica más obvia: Cistus ladanifer, de flores blancas grandes con mancha oscura en la base de los pétalos, y Cistus salviifolius, más bajo y extendido. Aguantan la sequía total y suelos pobres, y no toleran el riego excesivo. El mirto (Myrtus communis) da flor blanca perfumada en verano y es una perenne de primer orden para estructura. El durillo (Viburnum tinus) florece en pleno invierno. La celinda (Philadelphus coronarius) perfuma intensamente en primavera y aguanta bien el frío del interior. Choisya ternata florece dos veces al año y su hoja huele a cítrico al frotarla.
Mención aparte para la adelfa blanca (Nerium oleander), que florece de junio a octubre sin apenas agua y es probablemente el arbusto más resistente que existe para un verano peninsular. Hay que decir lo que corresponde: es tóxica por ingestión en todas sus partes, hojas incluidas, y también lo es su savia. Es una planta de uso masivo en jardinería pública, y en un jardín con niños pequeños o animales conviene valorar si compensa. Ante una ingestión, la consulta es al médico, o al veterinario si el afectado es un animal.
Rosales. Los blancos rústicos rinden mucho en clima seco. El rosal banksia de flor blanca (Rosa banksiae var. banksiae) es de una resistencia notable y cubre muros enteros con una floración temprana y perfumada. Entre los modernos, los arbustivos blancos de floración repetida cubren de mayo a noviembre.
Trepadoras. El falso jazmín (Trachelospermum jasminoides) es la mejor opción para clima mediterráneo: perenne, resistente, de flor blanca muy perfumada en primavera y verano, y de mantenimiento mínimo. El jazmín común (Jasminum officinale) perfuma más y pierde parcialmente la hoja.
Vivaces y tapizantes. Gaura lindheimeri de flor blanca, que da el efecto de nube y florece durante meses aguantando el calor; Achillea 'The Pearl'; Iberis sempervirens, que cubre de blanco en primavera; Convolvulus cneorum, que suma flor blanca y follaje plateado en una sola planta; Erigeron karvinskianus, que se instala en juntas de muro y florece casi todo el año; Lobularia maritima, de perfume a miel; y salvias arbustivas de flor blanca.
Bulbosas. La azucena (Lilium candidum) es mediterránea y, a diferencia de casi todos los lirios de jardinería, tolera la caliza. Narcisos blancos para el final del invierno y Agapanthus blanco donde no hiele fuerte.
Follaje plateado, la pieza que falta en las listas inglesas
En clima seco, el gris y el plateado hacen la mitad del trabajo: rebajan la intensidad del blanco, mantienen la escena cuando no hay flor y son, por definición, plantas adaptadas a la sequía, porque ese color viene de la pilosidad o la cera que reduce la pérdida de agua.
Los más útiles: Stachys byzantina, de hoja aterciopelada, como tapizante; Artemisia, de porte plumoso; Santolina chamaecyparissus, que se puede recortar en bola y aporta volumen gris (con la salvedad de que su flor es amarilla, así que en un jardín estricto se corta antes de abrir); Senecio cineraria, de hoja muy dividida y blanca; Teucrium fruticans, excelente para setos recortados de tono grisáceo; y el olivo, que a distancia funciona como una masa plateada.
Repartir la floración a lo largo del año
El fallo típico de un jardín monocromo es que todo florezca en mayo y el resto del año no haya nada. Conviene elegir con el calendario delante.
| Época | Atlántico | Mediterráneo e interior |
|---|---|---|
| Invierno | Camelia blanca, narcisos | Durillo, narcisos |
| Primavera | Cerezos y perales, clemátides, peonías | Rosal banksia, jaras, celinda, iberis |
| Verano | Hortensias, phlox, delphinium | Adelfa, mirto, gaura, azucena, falso jazmín |
| Otoño | Anémona japonesa, hortensia paniculata | Gaura, salvias, rosales de floración repetida |
Cuatro plantas y ya hay jardín blanco
No hace falta una colección. En clima mediterráneo, un esquema mínimo que funciona de verdad sería: un Teucrium fruticans o un mirto recortado como estructura y fondo, un Convolvulus cneorum por el doble efecto de flor blanca y hoja plateada, una Gaura blanca para la nube de floración larga y un falso jazmín en el muro para el perfume de las noches de junio. Con cuatro especies repetidas por el espacio se obtiene un conjunto coherente que aguanta el verano.
En la vertiente atlántica, el equivalente sería una hortensia 'Annabelle', una camelia blanca para el invierno, una anémona japonesa para el final del verano y una clemátide en el muro.
En resumen
La lista del White Garden de Sissinghurst se traslada casi entera a la España atlántica, donde las hortensias, las camelias, los rododendros, las clemátides, las peonías y los frutales de flor encuentran el clima húmedo y el suelo ácido que necesitan. En el interior y en el clima mediterráneo hay que cambiar de plantas: jaras, mirto, durillo, celinda, rosal banksia, falso jazmín, gaura, iberis, azucena y Convolvulus cneorum, todas ellas resistentes al verano seco y al agua calcárea.
El follaje plateado (artemisia, Stachys, santolina, teucrio, olivo) es la pieza que hace viable aquí una fórmula nacida en clima oceánico, y conviene repartir las floraciones por estaciones para que el jardín no se quede vacío diez meses. Un aviso a tener presente: la adelfa, que es el arbusto blanco más resistente del verano peninsular, es tóxica por ingestión en todas sus partes.