El Jardín de la Especulación Cósmica está en Portrack House, una finca privada en la región de Dumfries, en el suroeste de Escocia, y es probablemente el jardín contemporáneo más comentado de Europa. Lo empezó a finales de los años ochenta el arquitecto y teórico estadounidense Charles Jencks (1939-2019) junto a su mujer, Maggie Keswick, especialista en jardín chino, sobre la propiedad familiar de ella.
Su particularidad no es botánica sino topográfica: aquí el material de trabajo es la tierra. Colinas en espiral, terrazas onduladas, lagos de perfil dibujado y superficies de césped que modelan la luz sustituyen casi por completo a la vegetación ornamental. Cada forma remite a una idea científica del siglo XX, del ADN a los agujeros negros. Es un jardín privado que abre al público muy pocos días al año, de modo que conviene comprobar el calendario antes de planear una visita.
Las colinas y los estanques artificiales semejan conchas de caracol. La espiral, recuerda su autor, Charles Jencks, está presente como estructura fundacional y matemática en la morfología de la naturaleza.
De dónde salió el jardín
Jencks fue el teórico que popularizó el término posmodernidad aplicado a la arquitectura, y su punto de partida en Portrack fue una queja: que el arte contemporáneo había dejado de ocuparse de las grandes explicaciones del mundo justo cuando la ciencia del siglo XX las estaba reescribiendo. Su respuesta fue construir un paisaje que las contara.
El proyecto arrancó de forma casi doméstica. Al excavar un estanque en la finca sobró una enorme cantidad de tierra, y en lugar de retirarla se decidió modelarla. De ahí salió el primer montículo en espiral, y de ahí el resto del jardín, desarrollado durante décadas. Maggie Keswick, formada en el jardín chino, aportó una tradición donde precisamente la montaña artificial, el agua y el recorrido tienen un peso simbólico central, y que encaja mucho mejor con lo que se ve en Portrack que cualquier referencia occidental.
Para las piezas más conceptuales, Jencks consultó a científicos, entre ellos el astrofísico Martin Rees, y les pidió que le explicaran sus ideas de forma que pudieran traducirse a formas construidas. El jardín no es, por tanto, una ilustración literal de teorías, sino la interpretación de un arquitecto sobre lo que le contaron.
Tierra, agua y césped como únicos materiales
Lo que hace singular a Portrack desde un punto de vista jardinero es la renuncia. Casi no hay arriates, ni floración, ni colecciones de plantas. Hay movimiento de tierras a gran escala hecho con maquinaria pesada, superficies de césped que cubren esas formas, láminas de agua y algunas esculturas.
Esa reducción de materiales es lo que da la potencia visual. Una forma modelada en tierra y tapizada de césped es, en realidad, un instrumento para trabajar con la luz: la misma colina cambia por completo entre la mañana y la tarde, porque lo que se ve no es un color sino la sombra que proyecta su propia curvatura. Por eso las fotografías del jardín parecen tan distintas entre sí.
El agua cumple una función parecida y también reductora. Los estanques están despejados de árboles en su perímetro, de manera que reflejan el cielo entero. Un estanque rodeado de vegetación refleja vegetación; uno abierto refleja nubes, y en Escocia eso es un espectáculo que cambia cada diez minutos.
Las piezas del recorrido
El visitante entra por una puerta que Jencks llamó Zeroroom, un pasillo donde una sucesión de iconos lo va situando de lo grande a lo pequeño: el Universo, la Vía Láctea, el Sistema Solar, la Tierra y finalmente ese punto exacto de Escocia. Es una declaración de intenciones sobre la escala del jardín.
Los montículos en espiral y los lagos que los acompañan son la imagen más conocida del conjunto. La espiral aparece como patrón recurrente en la naturaleza, de la concha de un caracol a la disposición de las escamas de una piña, y la elección no es decorativa: es el argumento del jardín.
Las terrazas onduladas reproducen la forma de un solitón, un tipo de onda que se propaga a lo largo de una distancia considerable sin deformarse, descrito en el siglo XIX por el ingeniero escocés John Scott Russell tras observarlo en un canal. Es una referencia local, además de física.
La terraza del agujero negro juega con un pavimento ajedrezado que se deforma y parece ser absorbido, una manera visual de sugerir la curvatura del espaciotiempo. Otras zonas aluden a la doble hélice del ADN, a la teoría del caos y a la geometría fractal, y una caseta mirador llamada Nonsense distorsiona deliberadamente la perspectiva.
El recorrido de entrada termina en un panel con unos ojos abiertos que dirigen la mirada hacia un tejo (Taxus baccata) de gran porte, árbol sagrado para los celtas y uno de los seres vivos más longevos de Europa, con ejemplares milenarios. Un apunte que conviene recordar en cualquier jardín: el tejo es tóxico por ingestión en casi todas sus partes, incluidas las semillas, con la excepción de la parte carnosa y roja que las rodea. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.
Una tradición más antigua de lo que parece
Aunque el resultado sea rotundamente contemporáneo, la idea de un jardín que cuenta una historia no es nueva. El Renacimiento y el Barroco europeos la practicaron con naturalidad: el Sacro Bosque de Bomarzo, en el Lacio italiano, con sus monstruos de piedra, o el parque alemán de Sanspareil, concebido como homenaje a una obra literaria, son jardines pensados para ser leídos, no solo mirados.
Portrack conecta también con el land art de los años sesenta y setenta, que sacó la escultura del museo y empezó a trabajar directamente con el territorio. La diferencia es que Jencks aplicó ese lenguaje a un jardín habitado, con recorridos, praderas y estanques, y no a un desierto remoto.
Qué se puede llevar uno a un jardín normal
El jardín completo no es replicable, ni falta que hace. Pero contiene tres lecciones que funcionan a cualquier escala.
El relieve es un material de jardinería. Un montículo, un talud o un simple cambio de nivel de medio metro hacen más por un jardín llano que veinte plantas nuevas, porque introducen sombra propia, perspectiva y un recorrido. Y no requiere maquinaria pesada: en un jardín pequeño se consigue con la tierra que sobra al excavar cualquier cosa.
Repetir una forma une el conjunto. En Portrack la espiral aparece una y otra vez a distintas escalas, y eso es lo que hace que el jardín se lea como una sola pieza. En un jardín doméstico funciona igual con algo mucho más modesto: repetir una curva, un material o una misma planta a lo largo del recorrido.
Menos materiales, más efecto. Un espacio resuelto con dos o tres elementos tiene siempre más fuerza que uno con quince. Es exactamente lo contrario de lo que suele hacerse.
Ahora bien, la traducción al clima español exige un cambio evidente. En Escocia el césped se mantiene verde solo con la lluvia; en la mayor parte de la península, una superficie de césped de esas dimensiones significa un consumo de agua difícil de justificar. La versión mediterránea de esas formas modeladas se hace con otros acabados: gravas de distinto color, tapizantes de secano como Rosmarinus officinalis de porte rastrero, Frankenia, tomillos o Dymondia, o gramíneas bajas de estación cálida. La luz y la sombra sobre la forma funcionan igual, y el mantenimiento es asumible.
Si se quiere visitar
Portrack House es una casa particular y el jardín no está abierto de forma regular. Abre contadas jornadas al año, con fines benéficos, y las fechas se anuncian con antelación, así que la visita hay que planificarla alrededor de ese calendario y no al revés. Quien quiera ver obra de Jencks con más facilidad tiene otras piezas de paisaje modelado suyas repartidas por el Reino Unido y accesibles al público de forma habitual.
Vale la pena señalar algo que suele quedar fuera de los artículos sobre este jardín: Maggie Keswick, tras enfermar de cáncer, impulsó junto a Jencks una red de centros de apoyo a pacientes oncológicos, edificios pequeños con jardín encargados a arquitectos de primer nivel y basados en la idea de que el entorno influye en cómo se atraviesa una enfermedad. Es, en cierto modo, la aplicación práctica de lo que en Portrack se plantea de forma especulativa.
En resumen
El Jardín de la Especulación Cósmica es un jardín escocés de finca privada donde la tierra modelada, el agua y el césped sustituyen a la plantación ornamental, y donde cada forma remite a una idea científica: espirales, ondas solitón, geometría fractal, agujeros negros, ADN. Lo concibieron Charles Jencks y Maggie Keswick a finales de los años ochenta y creció durante décadas. Abre al público muy pocos días al año.
Para un jardín corriente deja tres ideas aprovechables: mover tierra y crear relieve rinde más que añadir plantas, repetir una misma forma da unidad al conjunto, y menos materiales producen más efecto. En clima español, esas mismas formas piden un acabado de gravas o tapizantes de secano en lugar de césped, que aquí sale caro en agua y en trabajo.