Hay una decisión de jardinería que cambia por completo el aspecto de un jardín entre noviembre y febrero, y no cuesta nada: no cortar. Las gramíneas secas, los tallos con cabezas de semilla y las corolas tostadas de muchas vivaces aguantan de pie todo el invierno, y bajo la escarcha o el sol bajo de enero son lo único que queda con estructura en un arriate.

El planteamiento viene del movimiento New Perennial, asociado al paisajista neerlandés Piet Oudolf, y su idea central es que una planta también cuenta en la fase en que se seca. En la práctica se traduce en dos cosas: elegir especies cuya estructura persista, y retrasar la limpieza del arriate hasta finales del invierno. A cambio se consigue un jardín con interés ocho meses al año en lugar de cuatro, y con bastante menos trabajo.

El jardín vallado de Scampston, en el Reino Unido, creado por el paisajista Piet Oudolf, refleja la luz del otoño y el invierno en las gramíneas secas.

Qué significa que una planta se seque bien

No todas las vivaces valen. Muchas se derrumban con la primera lluvia y quedan hechas una masa parda pegada al suelo, que es exactamente lo que la gente asocia con jardín descuidado. Las que funcionan cumplen tres condiciones.

  • Tallo firme. Se sostiene erguido cuando la planta ya está seca, y aguanta el viento y el peso del agua.
  • Estructura con forma reconocible. Una espiga, un plumero, una umbela, una cabeza esférica de semillas. Algo que dibuje una silueta a contraluz.
  • Persistencia. Que esa estructura no se deshaga a las tres semanas.

Y hay un condicionante climático que conviene tener claro: este esquema funciona mejor cuanto más seco es el invierno. En el interior peninsular, con inviernos fríos y secos y heladas que dejan escarcha, las estructuras secas aguantan de maravilla hasta marzo. En la cornisa cantábrica y en el noroeste, con lluvia y viento constantes de noviembre a febrero, muchas se vencen antes y hay que ser más selectivo con las especies de tallo más rígido.

Las gramíneas ornamentales

Son la base del sistema. Aportan verticalidad, textura, movimiento con la más mínima brisa e incluso sonido, y sus inflorescencias secas se mantienen meses. Además son rústicas, resisten bien la sequía una vez establecidas y su mantenimiento se reduce a un corte al año.

Las que mejor se comportan en España:

  • Miscanthus sinensis, con penachos plateados que atrapan la luz de invierno. Hay cultivares de todos los tamaños, desde ejemplares de más de dos metros hasta 'Little Kitten', que no pasa de unos 60 centímetros y cabe en una terraza.
  • Panicum virgatum, de floración vaporosa y buen color otoñal, muy resistente al calor.
  • Stipa gigantea, que levanta espigas doradas muy altas sobre una mata baja y compacta. Es de origen ibérico y aguanta el verano seco sin ayuda.
  • Stipa tenuissima (hoy también citada como Nassella tenuissima), de follaje finísimo y ondulante, ideal en primer plano. Se siembra sola con facilidad, así que conviene vigilarla.
  • Calamagrostis, de porte estrecho y muy erguido, que es de las que mejor aguantan de pie el invierno húmedo.
  • Deschampsia cespitosa, de efecto de nube dorada, aunque quiere más humedad que las anteriores y en el sur seco lo pasa mal.
  • Molinia, para suelos ácidos y frescos, con un otoño de color muy bueno.

Falta un nombre que en estos artículos aparecía siempre y que hoy no se puede recomendar. El plumero de la pampa (Cortaderia selloana) figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, lo que conlleva la prohibición de su introducción en el medio natural, y también de su posesión, transporte, tráfico y comercio. En términos prácticos: no se planta, no se compra y no se regala. Se ha extendido masivamente por la cornisa cantábrica y otras zonas, donde desplaza a la vegetación autóctona colonizando taludes, terrenos removidos y márgenes de carretera. Cada penacho produce una cantidad enorme de semillas que el viento lleva a kilómetros, y esa es la razón de que un ejemplar de jardín no sea un asunto privado. Para el mismo efecto visual, Miscanthus sinensis y Stipa gigantea cumplen de sobra.

Las vivaces que aguantan de pie

Las gramíneas sostienen la estructura y las vivaces ponen los puntos de forma. Las que mejor se secan son las de inflorescencia densa o cabeza de semillas leñosa.

Los sedum de porte alto, tipo 'Herbstfreude', son probablemente los más agradecidos: sus corimbos pasan del rosa al cobre y luego a un marrón oscuro que se mantiene rígido todo el invierno. Las milenramas (Achillea) dejan umbelas planas que hacen un contrapunto horizontal muy útil entre tanto vertical. Las rudbeckias y las equináceas secan en forma de cono o esfera oscura sobre tallo recto, que es la silueta más característica de estos jardines. Los ásteres aportan la última floración de la temporada, ya en octubre, y luego una masa de estructura fina.

Phlomis russeliana merece mención aparte: sus flores se disponen en pisos a lo largo del tallo, y al secarse quedan como pompones leñosos escalonados que persisten hasta la primavera. Es de las pocas plantas que están mejor secas que en flor, y además es mediterránea y aguanta la sequía.

Entre los cardos, la cardencha (Dipsacus fullonum) y el cardo azul (Eryngium) dejan cabezas de semillas espinosas de una dureza que aguanta cualquier temporal. El cardo (Cynara cardunculus) hace lo mismo a lo grande, con hojas plateadas enormes y capítulos que se abren en penacho. Los tres son plantas de campo español, y de ahí que estén tan cómodos en el clima de aquí.

No hay que olvidar los arbustos. Las hortensias, en particular Hydrangea paniculata, conservan sus panículas secas todo el invierno, y dejarlas sin podar hasta el final de la estación tiene además una función práctica: protegen las yemas de las heladas tardías. Las umbelas secas de los agapantos hacen algo parecido a menor escala.

Cuándo cortar, y por qué no antes

El calendario es sencillo: se deja todo en pie desde el otoño y se corta a finales de febrero o principios de marzo, justo antes de que arranque la brotación. En el sur, donde la brotación se adelanta, puede ser a mediados de febrero; en zonas frías de montaña, a mediados de marzo.

Las gramíneas se cortan a unos diez centímetros del suelo; las vivaces, a ras. Es un trabajo de una tarde que sustituye a la limpieza continua del otoño, y ahí está buena parte del ahorro de mantenimiento.

Retrasarlo no es solo estético. Un arriate que pasa el invierno en pie es un comedero para los pájaros, que van desgranando semillas de rudbeckias, cardos y gramíneas durante los meses de escasez, y un refugio de hibernación para arañas, crisopas, mariquitas y otros auxiliares que en primavera se encargan de una parte del control de plagas. Cortar en octubre y dejar la tierra desnuda elimina las dos cosas.

La misma sesión de corte es el momento de dividir matas. La mayoría de estas gramíneas y vivaces se dividen a final de invierno con una pala, se replantan los trozos exteriores y se descarta el centro cuando la mata está envejecida y hueca.

Controlar lo que se siembra solo

Es la contrapartida honesta de este estilo de jardín. Dejar las cabezas de semillas hasta marzo significa que esas semillas caen y germinan. Varias de las especies implicadas se siembran con mucha eficacia: Verbena bonariensis, Dipsacus fullonum, Eryngium, Deschampsia, Stipa tenuissima y la lunaria.

Bien llevado, eso es una ventaja: el jardín se rellena solo y la plantación adquiere un aspecto natural que no se consigue plantando. Mal llevado, en tres años hay una especie dominando el arriate entero. El control consiste en arrancar plántulas donde no se quieren, en primavera, cuando salen a docenas y se van con dos dedos, y en cortar antes de la dispersión aquellas que se estén yendo de las manos. Es media hora en marzo, no una batalla.

Cómo montar el arriate

La condición previa es sol. Casi todas estas especies quieren pleno sol y suelo con buen drenaje, y en sombra se estiran, se vencen y pierden precisamente lo que se buscaba, que es la estructura.

La versión fácil, y la recomendable para empezar, es trabajar por grupos: elegir dos o tres especies que combinen y plantarlas en manchas separadas, repitiendo las manchas a lo largo del arriate. Por ejemplo, un Miscanthus sinensis de porte medio como masa principal, un sedum alto o una milenrama de un solo color como mancha baja delante, y un Eryngium como planta de acento, en grupitos sueltos. La repetición es lo que hace que un arriate se lea como diseño y no como colección.

En terraza y jardín pequeño

La fórmula se adapta a espacios reducidos siempre que haya sol. La clave es elegir tamaño: Miscanthus sinensis 'Little Kitten' y Stipa tenuissima se quedan en torno a los 60 centímetros, y entre los sedum los hay tapizantes de 15 centímetros como Sedum album o Sedum spurium, ambos muy rústicos y buenos para zonas costeras.

En resumen

Un jardín de invierno con estructura se consigue eligiendo especies que se sequen bien (tallo firme, silueta reconocible, persistencia) y no cortándolas hasta finales de febrero. La base son las gramíneas ornamentales, con Miscanthus, Panicum, Stipa gigantea y Calamagrostis como apuestas seguras, acompañadas de sedum altos, milenramas, rudbeckias, ásteres, Phlomis russeliana y cardos.

Dos advertencias. El plumero de la pampa (Cortaderia selloana) está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, con la prohibición de comercio y de introducción en el medio natural que eso implica, y no debe plantarse. Y varias de estas especies se siembran solas con mucha facilidad, así que el mantenimiento real del sistema consiste en arrancar plántulas en primavera y dividir matas cuando se corta a final de invierno.


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