Las plantas de Navidad se compran en noviembre y en enero suelen estar en la basura. No es mala suerte: casi todas mueren por las mismas tres causas, y todas evitables. Un golpe de frío en el trayecto desde la tienda a casa, un radiador a medio metro y un plato con agua estancada bajo la maceta bastan para acabar con una poinsettia en quince días.
Estas plantas no son de temporada en el sentido de desechables. La flor de Pascua es un arbusto tropical perenne, el ciclamen es una planta mediterránea de invierno que puede durar años, y una amarilis rebrota cada temporada durante décadas si se le respeta el ciclo. Lo que sigue es qué elegir, cómo comprarla bien y cómo mantenerla viva, con las advertencias de toxicidad que corresponden cuando hay niños o animales en casa.
Cómo elegirlas en el punto de venta
El criterio general es comprar la planta cuando esté empezando a abrir, no en su máximo esplendor: dura mucho más en casa. Y comprobar tres cosas antes de pagar.
- Dónde está expuesta. Si el lote está en la puerta de la calle, a la intemperie o en un pasillo con corrientes, ya ha pasado frío. Una poinsettia que ha estado por debajo de unos 10 °C se defolia en casa unos días después, aunque en ese momento parezca perfecta.
- El sustrato. Ni encharcado ni tan seco que la maceta pese como el papel. Si está anegado, las raíces ya pueden estar comprometidas.
- El envés de las hojas. Es donde aparecen mosca blanca y araña roja, muy frecuentes en cultivo forzado bajo plástico.
Y el traslado importa tanto como la elección. En diciembre, media hora en el maletero o en el asiento trasero con la ventanilla bajada es suficiente para dañar una poinsettia. Que la envuelvan en papel y no dar rodeos de camino a casa.
Poinsettia o flor de Pascua
La poinsettia (Euphorbia pulcherrima) es un arbusto originario de México que en su clima llega a hacerse grande. Lo que se ve rojo no son pétalos sino brácteas, hojas modificadas que cambian de color; las flores de verdad son las estructuras pequeñas y amarillentas del centro. Un truco útil al comprar: si esas flores centrales ya están abiertas o han caído, la planta lleva tiempo y durará menos.
Sus condiciones en casa son concretas. Luz abundante pero indirecta, junto a una ventana clara sin sol directo detrás de un cristal. Temperatura estable entre 15 y 20 °C, sin corrientes de aire frío al abrir ventanas y lejos de radiadores y estufas, que le secan el ambiente. El riego, cuando la superficie del sustrato esté seca al tacto, mojando bien y dejando escurrir del todo. El envoltorio metalizado con el que viene es una trampa: retiene el agua en el fondo y pudre las raíces en pocas semanas. O se quita, o se le hacen agujeros.
Su color depende del fotoperiodo: colorea las brácteas cuando las noches se alargan. Por eso, para que vuelva a ponerse roja al año siguiente hay que darle noches largas y completamente a oscuras durante varias semanas en otoño, sin que le llegue la luz de una farola o de la lámpara del salón. Es factible en casa, pero exige constancia; la planta seguirá viva sin ello, simplemente con las brácteas verdes.
Precaución: como toda euforbia, al romper un tallo suelta un látex blanco que irrita la piel y sobre todo los ojos y las mucosas. Su toxicidad por ingestión es leve y suele quedarse en molestias digestivas, pero conviene lavarse las manos después de podarla y no dejarla al alcance de un niño pequeño o de un gato que mordisquee. Ante una ingestión o una salpicadura en el ojo, la consulta es al médico, y si el afectado es un animal, al veterinario.
Ciclamen
El ciclamen (Cyclamen persicum) es la planta de flor de invierno más agradecida que existe, con una condición: odia el calor. En un salón a 22 °C se derrumba en dos semanas. Su temperatura ideal está entre 12 y 16 °C, lo que la convierte en la planta perfecta para un recibidor fresco, una galería, una escalera o una terraza cubierta y resguardada de heladas. En muchas zonas del litoral mediterráneo vive mejor fuera que dentro.
El riego se hace por abajo, poniendo agua en un plato durante veinte minutos y retirando el sobrante. Mojar el tubérculo y la base de las hojas es la vía directa a la podredumbre del cuello. Las flores y hojas marchitas se retiran tirando con un giro suave desde la base, no cortando, porque el trozo de peciolo que queda se pudre.
Cuando en primavera empiece a amarillear no está muriendo: entra en reposo, que es su comportamiento natural. Se deja secar, se guarda el tubérculo en la maceta en sitio fresco y sin riego durante el verano, y en septiembre se retoma el riego para que rebrote.
Precaución: el tubérculo es tóxico por ingestión, y es la parte que un perro que escarba puede alcanzar.
Amarilis
La amarilis de bulbo que se vende en Navidad (Hippeastrum) es la más espectacular y la más fácil. Se planta el bulbo dejando alrededor de un tercio fuera del sustrato, en una maceta ajustada, apenas mayor que el propio bulbo. Se riega poco hasta que arranca el escapo floral, y luego con normalidad. Del plantado a la floración pasan unas seis a ocho semanas, así que si se quiere en flor para Nochebuena hay que plantarla a finales de octubre o principios de noviembre.
Después de la floración se corta el tallo floral, pero no las hojas: son las que recargan el bulbo para el año siguiente. Se mantiene con riego y abono hasta el final del verano, se deja secar en otoño, y se vuelve a empezar. Un bulbo bien tratado florece cada año y va aumentando de tamaño.
Precaución: el bulbo es tóxico por ingestión.
Cactus de Navidad
El llamado cactus de Navidad (Schlumbergera) es una suculenta epífita de la selva brasileña, y eso lo cambia todo respecto a un cactus de desierto: quiere media sombra, humedad ambiental y riego regular, no sequía. Florece con los días cortos, en noviembre y diciembre en nuestro hemisferio, y sus flores duran semanas.
Es una planta longeva y muy fácil, con una manía: no le gusta que la muevan mientras tiene botones florales. Cambiarla de sitio o girarla en ese momento provoca que los tire. Se multiplica sin esfuerzo partiendo segmentos de tallo, dejándolos secar un par de días y clavándolos en sustrato.
Acebo y muérdago: dos avisos
El acebo (Ilex aquifolium) es un arbusto dioico: hay pies macho y pies hembra, y solo los femeninos dan frutos, siempre que haya un macho cerca que los polinice. Quien compre un acebo en maceta para tenerlo en el jardín debería saberlo, porque un ejemplar solo puede no dar una sola baya nunca. En el jardín es una planta lenta, de sombra y suelo fresco, que en el sur seco lo pasa mal.
Hay una cuestión que no es de jardinería: el acebo silvestre está protegido por normativa autonómica en varias comunidades, y cortarlo del monte no es una opción. El que se vende con fines decorativos procede de cultivo.
El muérdago (Viscum album) es una planta hemiparásita que vive sobre las ramas de árboles como chopos, manzanos, almendros y pinos, de los que toma agua y sales minerales mientras hace su propia fotosíntesis. No se planta en maceta: se compra la rama cortada.
Precaución: los frutos del acebo y los del muérdago son tóxicos por ingestión, y son bolitas de colores llamativos colgadas a la altura de un niño. Es el motivo más razonable para colocar ambos fuera de su alcance, o para preferir los de plástico si en casa hay niños pequeños. Ante una ingestión, médico o veterinario según quien la haya tomado.
El abeto en maceta
Si el árbol es natural y viene con cepellón, conviene tratarlo como una planta y no como un adorno. Sitio lo más fresco posible dentro de casa y lejos del radiador, cepellón siempre húmedo pero no encharcado, y el menor tiempo posible en el interior: dos o tres semanas es lo razonable. Después se saca a la terraza o al jardín progresivamente, sin pasarlo del salón caliente a una helada de golpe.
Hay que ser honesto con las expectativas. Las especies que se venden como árbol de Navidad son de clima frío y húmedo, y en el interior seco y caluroso de España o en el litoral mediterráneo tienen difícil prosperar plantadas a largo plazo. En el norte peninsular y en zonas de montaña sí. Si no se dan esas condiciones, un abeto de alquiler o uno artificial de larga duración son alternativas más sensatas que comprar uno vivo cada diciembre para que muera en marzo.
En resumen
Casi todas las plantas de Navidad se pierden por frío en el traslado, calor de radiador en casa y agua estancada en el envoltorio o el plato. Corregidas esas tres cosas, la poinsettia quiere luz indirecta y 15 a 20 °C, el ciclamen quiere fresco de verdad y riego por abajo, la amarilis solo pide plantarla con tiempo y conservar las hojas después de florecer, y el cactus de Navidad es una epífita de riego regular que no soporta que la muevan en botón.
Con niños o animales en casa, tres apuntes: el látex de la poinsettia irrita piel y mucosas, el tubérculo del ciclamen y el bulbo de la amarilis son tóxicos por ingestión, y los frutos de acebo y muérdago también lo son. Para cualquier incidente, el médico o el veterinario, no internet.