En una terraza, un ático o un patio no hay suelo donde plantar, así que todo el jardín cabe en macetas. Y una maceta es dos cosas a la vez: un volumen de sustrato que determina si la planta vive o no, y un objeto que ocupa espacio y se ve. Las dos decisiones se toman por separado, y confundirlas es lo que produce terrazas llenas de tiestos bonitos con plantas que van muriendo una detrás de otra.

Este artículo se ocupa de la primera parte del problema, la de elegir y componer: qué tamaño hace falta, qué implica cada material y cómo se agrupa un conjunto para que se lea como un jardín y no como un almacén de recipientes.

El tamaño manda sobre el estilo

El volumen de sustrato de una maceta es, literalmente, la reserva de agua y de nutrientes de la que dispone la planta. Cuanto más pequeño es, más deprisa se seca, más se calienta y más rápido se agota. En un balcón orientado al sur, una maceta de tres litros en agosto puede pasar de mojada a seca en una tarde.

De ahí una regla práctica que evita disgustos: para plantas de temporada, mínimo veinte o veinticinco centímetros de diámetro; para arbustos pequeños y aromáticas, treinta o cuarenta; para un arbusto grande, una trepadora o un frutal enano, cincuenta o sesenta; y para un árbol pequeño, un olivo o un cítrico adulto, un contenedor de al menos setenta u ochenta centímetros de lado. Es preferible una maceta grande de más que una pequeña de menos.

Vale también al revés. Muchas macetas pequeñas repartidas dan mucho trabajo de riego y poco efecto visual; unas pocas grandes dan un efecto mayor y se riegan mejor. En una terraza pequeña, tres contenedores grandes funcionan mejor que quince tiestos.

Qué implica cada material

La elección de material no es solo estética: cambia el peso, la temperatura de la raíz y la frecuencia de riego.

  • Barro cocido sin vidriar. Es poroso, transpira y evapora agua por la pared, lo que mantiene la raíz más fresca y airea el sustrato. A cambio hay que regar bastante más a menudo. Es el material que mejor va a plantas mediterráneas, aromáticas y cactáceas, y el peor para plantas que exigen humedad constante. Pesa mucho y, si no es resistente a heladas, se descascarilla y se raja en invierno: en zonas frías conviene comprobarlo antes.
  • Barro vidriado. Mismo peso, misma inercia térmica, pero impermeable: se comporta como el plástico en cuanto a riego.
  • Plástico y resina. Ligeros, baratos y estancos, con lo que se riega menos. Su problema es el calor: al sol se calientan mucho y transmiten esa temperatura al cepellón, que es donde más daño hace. Los rotomoldeados de gran formato han resuelto buena parte del problema estético y son la opción realista cuando el peso importa.
  • Fibrocemento y fibra de vidrio. Aspecto de piedra u hormigón con una fracción del peso. Es lo que se usa hoy en la mayoría de las terrazas cuando se quieren volúmenes grandes.
  • Acero corten. Su pátina oxidada estable combina muy bien con la vegetación. Es metal, así que se calienta: conviene evitarlo en exposición sur sin aislar el interior, y tener en cuenta que el óxido mancha los pavimentos claros los primeros meses.
  • Madera. Buen comportamiento térmico y aspecto cálido, pero vida limitada por el contacto permanente con tierra húmeda. Dura mucho más con una lámina impermeable interior que separe la madera del sustrato, dejando libres los agujeros de drenaje.
  • Zinc y metales pulidos. Muy decorativos y muy conductores. Van bien en sombra o en interior, mal a pleno sol.

Cómo se elige el conjunto

El error más frecuente en terrazas no es elegir mal una maceta, es elegir doce distintas. Un conjunto heterogéneo, cada pieza de un material, un color y una forma, convierte el espacio en un muestrario y hace que la vista no descanse en ninguna parte.

La solución es fijar una constante y variar el resto. Se puede mantener el material y variar el tamaño y la forma. Se puede mantener la forma y variar el tamaño. O se puede mantener el color, que es la constante más fuerte de todas: media docena de macetas distintas pintadas del mismo tono se leen como un conjunto.

Sobre el color, dos consideraciones. La primera es que el verde de las plantas se ve mejor sobre fondos neutros, de manera que el blanco, el gris, el negro y los terrosos son las apuestas seguras. La segunda es que el color saturado funciona, pero como decisión deliberada y repetida: el jardín Majorelle de Marraquech sostiene un azul cobalto intensísimo precisamente porque lo repite en todas partes. Una sola maceta fucsia entre diez de barro no es una excepción interesante, es un despiste.

Y conviene que el estilo dialogue con la casa, porque estos espacios se ven desde dentro y funcionan como prolongación del salón. No es una regla rígida, pero un conjunto de barro toscano en una terraza de líneas muy contemporáneas necesita alguna razón para estar ahí.

Componer un grupo

Agrupar macetas se parece bastante a componer un bodegón, y responde a las mismas reglas.

Números impares y alturas distintas. Tres o cinco piezas, de tamaños claramente diferentes, funcionan mejor que cuatro parecidas. Si todas miden lo mismo, hay que jugar con la altura de las plantas o elevar algunas sobre soportes.

Solaparlas. Un grupo se lee como conjunto cuando las piezas se tocan o se tapan parcialmente. Alineadas y separadas se leen como objetos sueltos.

Proporción entre planta y maceta. Como referencia, la planta debería medir aproximadamente entre una vez y media y el doble de la altura del recipiente para que el conjunto se vea equilibrado. Una mata pequeña en un macetón enorme y un arbusto grande en un tiesto mínimo se ven mal, y en el segundo caso además se cae con el viento.

Repetir. El recurso más eficaz y el más barato. Una serie de macetas idénticas con la misma planta, alineadas a lo largo de una pared o escalonadas en una escalera, produce un efecto de orden que ninguna colección variada consigue. Es la base del uso contemporáneo del contenedor.

Las plantas también en pocas especies

La misma lógica se aplica al contenido. Muchas especies distintas dan sensación de desorden, y además complican el riego, porque cada una pide una cosa. Restringir el número de especies y la gama de color, y repetirlas, es lo que hace que una terraza parezca proyectada.

Van especialmente bien en maceta los arbustos de crecimiento lento y las formas recortadas (mirto, pitósporo enano, olivilla, laurel, romero, lavanda), las gramíneas y los Phormium, los olivos y los cítricos, y las colecciones de crasas y cactáceas, que además toleran mejor que nada el olvido en el riego.

Si se combinan varias plantas en un mismo contenedor, el criterio no es estético sino agronómico: solo pueden convivir especies que compartan exigencias de sol, agua y sustrato. Meter en la misma jardinera una lavanda y un helecho es condenar a una de las dos.

La relación con el espacio

Una terraza es un espacio pequeño y muy definido por sus límites: el pavimento, la pared de la casa, la barandilla o el murete. Todo lo que se coloque va a dialogar con esos tres planos, quiera o no.

Lo primero es la proporción. El volumen total de macetas y plantas tiene que guardar relación con el espacio disponible: en una terraza de doce metros cuadrados, dos contenedores grandes bien situados ordenan, y ocho reparten el desorden. Lo segundo es el fondo: contra una pared clara destacan los follajes oscuros y las macetas oscuras, y contra un fondo oscuro ocurre lo contrario. Y lo tercero, que en un espacio reducido cualquier introducción de color o de acabado brillante pesa mucho más de lo que parece en el vivero.

En resumen

Al elegir macetas, primero el tamaño y el material, que deciden si la planta vive, y después el aspecto. Grande antes que pequeño, poroso para plantas mediterráneas, estanco para las que quieren humedad, y ligero cuando el peso sea un problema.

En la composición manda la coherencia: fijar una constante, material, forma o color, y variar lo demás; agrupar en números impares con alturas distintas y piezas que se solapen; guardar la proporción entre planta y recipiente; y repetir. Pocas especies, pocos modelos de maceta y muchas repeticiones dan siempre mejor resultado que una colección de piezas magníficas y distintas.


Contenidos relacionados