Con el presupuesto de agua decidido y el suelo preparado, quedan las dos cosas que se ven: qué se planta y cómo se riega. La paleta de un jardín de bajo riego español no es corta. La flora mediterránea reúne miles de especies, y a ellas se suman las de los otros cuatro climas mediterráneos del mundo, en California, Chile central, el Cabo sudafricano y el sur y suroeste de Australia, que comparten el mismo patrón de verano seco.
La segunda parte, regar, es donde se pierde más agua de la que nadie cree. Casi todos los jardines domésticos se riegan por exceso y con poca profundidad, que es la peor combinación posible: mantiene la raíz en los primeros centímetros del suelo, justo donde antes se seca, y convierte a la planta en dependiente del programador.
Un paisaje de salvias y Allium violetas y Stachys bizantina gris azulado en un jardín diseñado por el paisajista Fernando Martos en una finca entre Madrid y Guadalajara.
El filtro que hay que aplicar antes de elegir
Que una planta sea mediterránea no basta. En el interior peninsular hace falta además rusticidad, es decir, capacidad de aguantar heladas. Muchas especies australianas y sudafricanas magníficas en la costa de Málaga o de Alicante no pasan un invierno en Guadalajara. El filtro son tres preguntas seguidas: aguanta el verano de aquí, aguanta el invierno de aquí, y aguanta el suelo de aquí, que en el este y el sur suele ser calizo.
Hay un cuarto filtro, y es legal. Algunas plantas muy usadas en jardines secos están incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, que prohíbe su posesión, transporte, comercio y plantación. Dos casos habituales en jardinería: el plumero de la Pampa (Cortaderia selloana), que durante años se vendió como gramínea ornamental, y la uña de gato (Carpobrotus edulis), empleada como tapizante en taludes costeros. Ninguna de las dos puede plantarse.
Arbustos: la estructura del jardín
Los arbustos perennifolios son lo que sostiene la imagen del jardín los doce meses, y los mediterráneos admiten recorte, con lo que sustituyen sin problema al boj y al ciprés en setos y volúmenes.
- Filirea (Phillyrea angustifolia) y olivilla (Teucrium fruticans). Las dos aguantan recortes frecuentes. La primera da un verde oscuro cerrado; la segunda, un gris aluminio muy luminoso.
- Mirto o arrayán (Myrtus communis). El seto clásico de los jardines andaluces. Hoja pequeña y aromática, flor blanca en verano, tolera bien la poda en formas geométricas.
- Lentisco (Pistacia lentiscus). Arbusto autóctono de gran resistencia, de crecimiento lento, que una vez establecido no pide prácticamente nada.
- Laurel (Laurus nobilis) y durillo (Viburnum tinus). Para las zonas con algo más de humedad o media sombra. El durillo florece en pleno invierno.
- Espino albar (Crataegus monogyna). Caducifolio, útil cuando interesa un seto que marque las estaciones y dé flor y fruto para las aves.
- Romero, lavandas, santolina, salvia común. Aromáticas leñosas que hacen a la vez de arbusto bajo, de bordura y de refugio para insectos.
Vivaces y gramíneas: el color y el movimiento
Es el estrato que cambia con el año y el que da la sensación de exuberancia. Entre las vivaces que se comportan bien en secano funcionan las salvias arbustivas, la milamores (Centranthus ruber), los gordolobos (Verbascum), las achilleas, los sedum de otoño, la Stachys byzantina de hoja afelpada, las euforbias mediterráneas y los ajos ornamentales (Allium), que florecen en primavera y desaparecen bajo tierra antes de que apriete el calor. Los bulbos mediterráneos, en general, son grandes aliados: viven exactamente el ciclo del clima.
Entre las gramíneas, dos autóctonas resuelven casi todo. La Stipa gigantea levanta espigas doradas de metro y medio que se encienden a contraluz al atardecer, y la Stipa tenuissima, hoy Nassella tenuissima, forma matas finísimas que se mueven con cualquier viento. A ellas se suman Festuca glauca, de mata azulada compacta, y los Pennisetum en las zonas sin heladas fuertes. Todas se limpian una vez al año, a finales de invierno, peinándolas o cortándolas según la especie.
Árboles para clima seco
La sombra es el ahorro de agua más grande que existe en un jardín, porque baja la temperatura del suelo y reduce la evaporación de todo lo que hay debajo. Y los árboles que la dan sin pedir riego son, en general, los de siempre: encina, quejigo, almez, algarrobo, pino carrasco, pino piñonero, olivo, almendro, granado e higuera. Los frutales mediterráneos tienen la ventaja de dar flor, fruto y sombra, y ninguno necesita riego una vez establecido en terreno profundo.
El olivo merece mención aparte por una razón práctica: soporta el trasplante de adulto mejor que casi ningún otro árbol, de modo que es la vía más rápida para tener porte y carácter en un jardín nuevo.
Qué hacer con el césped
El césped es, con diferencia, la partida de agua más grande de un jardín español, y también la más fácil de reducir. No hace falta eliminarlo, sino dejarlo donde de verdad se pisa, que suele ser una fracción pequeña de la superficie que se planta.
Para la parte que se mantenga, las gramíneas de estación cálida consumen bastante menos que las de estación fría: la grama (Cynodon dactylon) y el zoysia se ponen amarillos en invierno, y eso hay que aceptarlo, pero pasan el verano con una fracción del agua de una mezcla de festuca y ray-grass. Para el resto de la superficie, las alternativas son tapizantes leñosas de bajo porte, praderas de gramíneas ornamentales que se siegan una o dos veces al año, y superficies de grava o gravilla plantadas con matas dispersas, que es como se ven muchos jardines secos bien resueltos.
Cómo regar
Estas son las pautas que más agua ahorran, por orden de importancia.
- Riegos profundos y muy espaciados. Es la regla principal. Mojar quince o veinte centímetros de suelo una vez cada diez días hace bajar la raíz; mojar tres centímetros cada día la mantiene en superficie y multiplica el consumo. Para saber si el riego llega, se clava una varilla o se abre un pequeño hoyo una hora después: si a veinte centímetros la tierra está seca, el riego se ha quedado corto.
- Goteo, no aspersión. El goteo lleva el agua a la zona radicular, no moja el follaje y no compacta el suelo. En plantas mediterráneas mojar la hoja en verano favorece los hongos. La aspersión solo tiene sentido en pradera.
- De noche o al amanecer en verano. Con el suelo y el aire frescos se pierde mucha menos agua por evaporación. En invierno, mejor por la mañana, para que la planta no pase la noche con el suelo encharcado y frío.
- Ajustar al suelo. En suelo arenoso, riegos más frecuentes y de menor volumen, porque retiene poco. En suelo arcilloso, riegos muy espaciados y lentos: si se aplica el agua deprisa se va por escorrentía antes de infiltrarse.
- Reprogramar cada estación, y poner sensor de lluvia. Un programador que riega lo mismo en abril que en agosto desperdicia buena parte del año. El sensor de lluvia evita el espectáculo de los aspersores funcionando bajo el agua.
- Alcorque y acolchado. Un pequeño rebaje alrededor de árboles y arbustos concentra el agua donde está la raíz en lugar de dejarla escapar. El acolchado encima reduce la evaporación de forma muy notable.
- Agua de lluvia siempre que se pueda. Está libre de cal y de cloro, y en zonas de agua dura evita que el pH del suelo suba año tras año. Un depósito conectado a las bajantes de la cubierta cubre buena parte del riego de otoño e invierno.
- Cortar el viento. En la meseta el viento seco de verano deshidrata tanto como el sol. Un seto o una pantalla en la cara expuesta reduce el consumo de todo lo que queda a su abrigo.
En resumen
La paleta de un jardín de bajo riego se construye por capas: árboles de secano que dan sombra, arbustos mediterráneos que sostienen la estructura y admiten recorte, y vivaces, bulbos y gramíneas que ponen el color y el movimiento estacional. Antes de comprar conviene pasar el filtro completo, verano, invierno, suelo, y comprobar que la especie no figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.
Y regar bien vale tanto como elegir bien. Riegos profundos y espaciados, goteo, horario nocturno en verano, ajuste al tipo de suelo y acolchado permanente. Con eso, un jardín mediterráneo establecido pasa el verano con un riego cada siete o diez días, y el resto del año prácticamente solo.