Un jardín que solo se riega de vez en cuando puede tener flor de marzo a noviembre. Lo que hace falta es elegir plantas cuyo ciclo esté ajustado al clima mediterráneo, es decir, que florezcan aprovechando la humedad de primavera y de otoño y que pasen el verano con las reservas que tienen. Las diez que siguen cumplen esa condición y llevan décadas probadas en jardines españoles, del litoral a la meseta.
La segunda clave es cuándo se plantan. El otoño es la mejor época en casi toda la Península: la planta enraíza con las lluvias y llega al primer verano con raíz suficiente. Plantar en primavera obliga a regar todo el verano siguiente. Y ninguna de estas especies resiste la sequía el primer año: la resistencia llega cuando la raíz ha bajado, no cuando se saca la planta del contenedor.
Jaras de flor rosada y milamores entre matas de hoja gris, y al fondo, el color púrpura del Erysimum Bowles Mauve en flor, en un jardín de vivaces en la provincia de Toledo, creado por Miguel Urquijo y Renate Kastner.
Salvia greggii y sus híbridos
Es probablemente la vivaz de flor más rentable de todo el grupo. Mata subarbustiva de 40 a 60 centímetros, hoja pequeña, coriácea y aromática que no se cae, y floración muy larga: de finales de primavera hasta las primeras heladas, con un bajón en los días más duros de julio y agosto del que se recupera sola en septiembre.
Sus cruces con Salvia microphylla se agrupan bajo el nombre Salvia × jamensis, y de ahí sale la paleta larga: blancos, rosas, salmones, corales, rojos oscuros, con el mismo cultivo que la especie. Quiere sol y suelo suelto y drenado, y tolera la caliza sin problema. Lo que la mata es el exceso de agua en invierno y el abono nitrogenado, que la vuelve blanda. Un recorte fuerte al final del invierno, dejando la mata a un tercio, la mantiene compacta muchos años. Aguanta en torno a los diez o doce grados bajo cero, de modo que en el interior peninsular conviene plantarla al abrigo de un muro.
Lavandas: cuál elegir depende del suelo
Las tres lavandas de jardín no son intercambiables, y confundirlas explica buena parte de las que se pierden.
- Lavandula angustifolia, el espliego. La más rústica de las tres, aguanta inviernos continentales sin ayuda. A cambio es la que peor lleva el calor húmedo y la que más agradece un riego de apoyo en verano en el sur. Florece en verano.
- Lavandula dentata. La más resistente a la sequía y la que da flor durante más meses, prácticamente todo el año en la costa mediterránea y en el sur. Es la menos rústica: en zonas de heladas fuertes no es una apuesta segura.
- Lavandula stoechas, el cantueso. Es calcífuga: exige suelo ácido o al menos descarbonatado. Plantarla en las margas calizas del este peninsular es tirar la planta. Donde el suelo es silíceo, en el oeste y el centro-oeste, es la lavanda natural del sitio y no pide nada.
Todas quieren suelo pobre, seco y muy drenado, y todas se agotan si no se recortan. El recorte se hace después de la floración, sobre madera del año, sin entrar nunca en la madera vieja sin hoja, de la que no rebrotan.
Erysimum 'Bowles Mauve'
Forma bolas compactas de 40 a 80 centímetros, de hoja alargada verde grisácea, y da racimos erguidos de flor malva durante gran parte del año, con el grueso en primavera. Es muy visitada por abejas y mariposas. Vive en suelo ligero, pobre o medianamente fértil, incluido el calizo, y resiste bien la sequedad.
Tiene un defecto que conviene conocer antes de usarla en masa: es de vida corta. En tres o cuatro años la mata se abre por el centro y se agota, en parte por lo mucho que florece. Conviene repartirla entre plantas longevas y renovarla por esquejes, que arraigan con facilidad en verano.
Caryopteris × clandonensis
Es el arbusto que resuelve el final del verano. Mientras casi todo el jardín seco está parado, entre agosto y octubre se cubre de ramilletes axilares de un azul intenso poco frecuente en clima mediterráneo. El follaje es aromático, verde grisáceo y caduco, y las matas rondan el metro.
Florece sobre la madera del año, así que se corta casi a ras a finales de invierno: sin ese corte queda un esqueleto leñoso con flor solo en las puntas. Quiere sol y suelo suelto y profundo, admite el calizo y es más rústico que la mayoría de las plantas de esta lista.
Jaras (Cistus)
Las jaras son plantas de matorral mediterráneo y se comportan como tales: crecen deprisa, florecen mucho, piden cero mantenimiento y viven pocos años, del orden de ocho a doce. Es un ciclo natural, no un fracaso de cultivo.
El género da desde tapizantes muy bajas hasta matas de metro y medio, con flores blancas, rosadas o rosa fuerte, a menudo con mácula púrpura en la base de los pétalos. La flor dura un día y se renueva cada mañana durante semanas, en primavera. Varias especies llevan las hojas impregnadas de resina y perfuman el aire en las horas de calor.
El requisito innegociable es el drenaje. Con eso resuelto, admiten suelos muy pobres y pedregosos. En cuanto al pH conviene mirar la especie: Cistus albidus y Cistus clusii son propias de terrenos calizos, mientras que Cistus ladanifer es de suelo silíceo. No se trasplantan bien de mayores, así que se plantan pequeñas y se dejan.
Achillea filipendulina
Aporta lo que falta en muchos jardines secos: amarillo alto y plano. Sobre un tapiz de follaje muy recortado y grisáceo levanta tallos rígidos rematados por corimbos densos de flor amarilla que se sostienen sin tutor y que, secos, siguen decorando el jardín en invierno. Vive en cualquier suelo, también calizo, y se adapta bien a la sequía una vez establecida. Su pariente Achillea millefolium, autóctona, es más baja, de flor blanca o rosada, y bastante más agresiva por rizoma: útil en pradera naturalizada, incómoda en un arriate ordenado.
Euphorbias mediterráneas
Euphorbia characias es la más usada, con matas de follaje perenne verde azulado y grandes inflorescencias de brácteas verde limón desde finales de invierno. La subespecie wulfenii es la de flor más luminosa y la de mayor porte. Junto a ella funcionan bien Euphorbia myrsinites, rastrera y muy rústica, ideal para rocalla, y Euphorbia rigida, en cojín, cuya inflorescencia amarilla vira a naranja y luego a rojizo.
Todas las euforbias tienen látex tóxico e irritante. Basta romper un tallo para que salga. Irrita la piel y es especialmente peligroso en contacto con los ojos, así que se podan con guantes y sin llevarse la mano a la cara. También es tóxico por ingestión, lo que las descarta en jardines con niños pequeños. Si hay contacto ocular, es cosa de médico y no de remedios caseros.
Gaura, hoy Oenothera lindheimeri
Se sigue vendiendo como Gaura lindheimeri, aunque el nombre aceptado hoy es Oenothera lindheimeri. Es la planta del efecto ligero: tallos finísimos y muy numerosos, poco ramificados, con flores blancas o rosadas que se mueven con cualquier brisa. En masa da una textura vaporosa que ninguna otra vivaz seca consigue.
Florece de primavera a otoño, acepta cualquier suelo que drene, tolera el calizo y resiste la sequía, aunque si pasa mucha sed corta la floración. Es de vida corta, pero se resiembra con facilidad y suele mantenerse sola. Un recorte a media altura tras la primera oleada de flor la renueva.
Sedum de otoño
Los antiguos Sedum telephium y Sedum spectabile, hoy en el género Hylotelephium, son crasas de porte erguido, con hojas carnosas que almacenan agua y grandes corimbos rosados o púrpura que abren a final de verano y se mantienen todo el otoño, ya secos, con un bonito color cobrizo. Quieren suelo mediano o pobre y muy drenado. Su problema típico no es la sed sino lo contrario: en suelo rico y con riego se estiran y se abren por el centro. Cuanto más pobre esté el suelo, más compactos se mantienen.
Nepeta
Nepeta racemosa (vendida a menudo como Nepeta mussinii) y Nepeta × faassenii dan masas de espigas azul violeta sobre follaje aromático y afelpado, y son la mejor bordura para acompañar a rosales y a plantas de hoja gris. La primera se queda en unos 20 o 30 centímetros; la segunda ronda los 40, y el cultivar 'Six Hills Giant' bastante más.
Son muy rústicas y poco exigentes. La única labor que necesitan es un recorte a la mitad cuando la primera floración decae, a principios de verano: con eso rebrotan limpias y vuelven a florecer en otoño. Atraen a los gatos, que se revuelcan en las matas recién plantadas.
Cómo combinarlas
El error más común es plantar una de cada. Estas especies funcionan en masa: grupos impares de tres, cinco o siete pies de la misma planta, repetidos a lo largo del arriate. Las de estructura permanente (jaras, caryopteris, lavandas, euforbias, salvias) forman el esqueleto, y entre ellas se reparten las de textura ligera (gaura, nepeta, erysimum).
Se planta de septiembre a noviembre, con un riego abundante el mismo día para que el cepellón haga contacto con la tierra, y después uno al mes en invierno. El primer verano, riego profundo cada semana o diez días. A partir del segundo año, riegos escasos, profundos y muy espaciados, mejor de noche o a primera hora. Y acolchado de grava o de corteza desde el principio: reduce la evaporación y ahorra escardas.
En resumen
Estas diez plantas cubren el año casi entero: euforbias desde finales de invierno, jaras, erysimum y lavandas en primavera, salvia, gaura y nepeta durante todo el verano, y caryopteris y sedum cerrando en otoño. Ninguna pide suelo bueno, todas piden drenaje, y casi todas se estropean antes por exceso de agua y de abono que por falta.
La diferencia entre que este esquema funcione o no está en dos decisiones que se toman al principio: plantar en otoño y regar bien el primer año, y elegir la especie según el suelo real del jardín, sobre todo en el caso de las lavandas y las jaras, donde la caliza decide qué se puede plantar y qué no.