El otoño es el momento de plantar en clima mediterráneo, y la selección de especies decide el resultado mucho más que cualquier cuidado posterior. Una vivaz adaptada al calor y a la sequía plantada en octubre habrá hecho raíz durante el invierno y llegará a su primer julio en condiciones de aguantarlo. La misma planta puesta en abril dependerá del riego para sobrevivir al verano.

Esta primera parte reúne seis vivaces y matas de flor que funcionan en jardines de bajo riego de casi toda España, con sus datos reales de floración, rusticidad y porte, y lo que hay que hacer con el suelo antes de plantarlas. La segunda parte continúa con otras especies, entre ellas las lavandas y la Salvia greggii.

Las tonalidades azul pastel y violetas de las Perovskia atriplicifolia y la Salvia nemorosa dominan en la floración de verano de este jardín de bajo riego en Castilla-La Mancha diseñado por Fernando Martos.

Preparar el suelo

La operación clave es descompactar en profundidad, sobre todo en terreno seco. Una raíz que puede bajar rápido dispone de una reserva de agua muy superior a una que se queda arriba, y esa diferencia se paga en agosto. Si el suelo es muy pedregoso, se abren los hoyos retirando piedra y se rellenan con tierra.

El drenaje es la otra condición, y para estas plantas es más importante que el frío. La mayoría de las vivaces mediterráneas mueren por encharcamiento en un invierno lluvioso, no por helada. En suelo arcilloso hay dos soluciones: descompactar y mezclar con árido grueso o arena de río, o plantar sobre caballones o montículos de 20 a 30 cm de altura.

Sobre el compost, cuidado. Las plantas mediterráneas prefieren suelos pobres. Un aporte generoso de materia orgánica produce crecimiento blando, plantas que se abren por el centro y menor resistencia a la sequía. Se enmienda para mejorar la estructura, no para engordar.

Cómo leer los datos de una ficha

Dos indicadores conviene entender antes de fiarse de ellos.

La rusticidad, la temperatura mínima que resiste una planta, no es un valor absoluto. Depende del drenaje, de la edad del ejemplar y de si el frío llega con el suelo seco o empapado. Una Phlomis que aguanta doce grados bajo cero en un talud drenado se pudre a cinco bajo cero en una arcilla encharcada. Como criterio, conviene dar un margen de dos o tres grados respecto a la mínima histórica de la zona.

El código de sequía, que en jardinería mediterránea se usa en una escala del 0 al 6, indica cuántos meses de sequía estival soporta una planta ya establecida sin riego. Un código 4 o 5 significa que, pasados dos veranos de establecimiento, esa planta no necesita riego en la mayor parte del interior peninsular. Es el dato más útil de todos y el que menos aparece en las etiquetas.

Perovskia atriplicifolia, la salvia rusa

Floración de junio a octubre, a pleno sol, de 80 a 120 cm de altura y de 30 a 80 cm de extensión. Muy rústica, resiste sin problema los inviernos del interior peninsular.

Forma una mata de ramillas finas, erectas y blanquecinas, con hojas estrechas de verde grisáceo que huelen a salvia y que caen o persisten según el clima. En flor produce el efecto de una bruma azul lavanda, con espigas largas y abiertas llenas de néctar que atraen abejas y mariposas. El cultivar más usado es 'Blue Spire', un híbrido vigoroso que mantiene mejor la forma que la especie.

Quiere suelo seco y bien drenado, y admite la caliza sin dificultad. Lo que no tolera es el exceso de humedad. Necesita una poda severa a finales de invierno, dejando la mata a unos veinte centímetros: sin ese corte anual se desgarba y florece peor. Crece rápido. Conviene saber que la clasificación botánica la ha llevado al género Salvia, como Salvia yangii, aunque en viveros sigue etiquetada como Perovskia.

Centranthus ruber, la milamores

Floración de mayo a julio y de septiembre a noviembre, a sol y a media sombra, de 60 a 80 cm de altura por unos 50 de extensión. Resiste bien el frío, con un margen de en torno a quince grados bajo cero.

Es una vivaz mediterránea de toda la vida, la que crece sola en los muros y en los taludes de carretera. Da panículas ligeras de color rosa fuerte tirando a rojo, ricas en néctar, sobre matas muy ramificadas de follaje verde azulado. Le va bien cualquier suelo mientras no sea muy rico, incluido el calizo, el pedregoso y el rocoso.

Tiene dos advertencias. Fuera de la floración la mata no es gran cosa, así que conviene ponerla entre plantas que la disimulen. Y se resiembra con enorme facilidad: aparecerá donde no se la ha puesto, en las juntas del pavimento y en los muros. Eso es una virtud en un jardín naturalista y un problema en uno muy ordenado. El cultivar 'Albus', de flor blanca, es menos llamativo y más fácil de combinar.

Catananche caerulea, la hierba de Cupido

Floración de mayo a agosto, a sol y a media sombra, de 45 a 70 cm de altura en flor por 25 a 50 de extensión. Es de las más rústicas de esta lista.

Desde una mata baja, de apenas diez o quince centímetros, de hojas alargadas y estrechas, salen flores azules en capítulo sobre pedúnculos largos. Cuando la flor se seca quedan en la planta las brácteas plateadas del involucro, que en otoño convierten la mata en una masa plateada muy decorativa. Es una vivaz mediterránea de aspecto silvestre, ideal para plantaciones naturalistas.

Prefiere suelos secos y bien drenados, incluidos los calizos. El cultivar 'Tizi n'Test' tiene reflejos plateados en la hoja y floración azul lavanda especialmente abundante.

Phlomis fruticosa, la salvia de Jerusalén

Floración en primavera, a pleno sol, de 1 a 1,5 m de altura en flor por 0,8 a 2 m de extensión. Aguanta en torno a diez o doce grados bajo cero, siempre con buen drenaje.

Es una de las matas más resistentes a la sequía que existen, con código alto en cualquier escala. Forma matas vigorosas de tallos largos y aterciopelados, hojas perennes verde grisáceo y flores amarillas brillantes dispuestas en verticilos alrededor del tallo. Cuando se secan, esos verticilos siguen siendo decorativos y mantienen el interés del jardín durante el otoño y el invierno, de modo que no conviene cortarlos en cuanto pasan.

Quiere suelo ligero, bien drenado, incluso alcalino, y soporta el aire marino. El híbrido 'Edward Bowles' forma matas más bajas y de hábito rastrero, sirve como cubresuelos, tolera la media sombra y es algo más rústico aunque menos resistente a la sequía. Phlomis italica es más pequeña, de unos 60 por 80 cm, con flores malva y follaje ligeramente dorado.

Erigeron karvinskianus, la margarita cimarrona

Floración de marzo a noviembre, y en climas suaves prácticamente todo el año. Sol y media sombra, de 20 a 60 cm de altura y otro tanto de extensión. Aguanta unos diez grados bajo cero.

Es la nube de margaritas diminutas, blancas al abrir y rosadas al pasar, que se ve creciendo en las grietas de los muros. Vive con un mínimo de sustrato, en los resquicios de la piedra, y tolera el aire de mar. Admite cualquier suelo, incluso pobre y calcáreo, mientras sea ligero y drene. Puede perder la hoja con una sequía severa, mucho calor o temperaturas por debajo de cinco grados bajo cero, y rebrota en otoño.

Su facilidad es también su inconveniente: se resiembra con muchísima soltura, sobre todo en clima suave, y coloniza muros, escaleras y juntas de pavimento en toda la parcela y en las vecinas. Es una planta americana ampliamente naturalizada en Europa. Si se planta, conviene saber que no se va a quedar donde se la puso.

Romero rastrero

Floración de marzo a mayo, sol y media sombra, de 30 a 40 cm de altura por 1 a 2 m de extensión. Aguanta en torno a diez o doce grados bajo cero, algo menos que el romero erecto.

El romero de porte rastrero es más florífero que la forma tipo y su interés está en el hábito colgante: tapiza taludes, se derrama desde lo alto de un muro de piedra o de una rocalla y funciona muy bien en tiesto grande. Vive en cualquier suelo, incluido el calizo, con preferencia por los secos, arenosos y bien drenados, y su demanda de nutrientes es baja. Entre los cultivares destaca 'Boule', más redondeado, también rastrero y algo más rústico.

Como con la perovskia, la botánica ha movido el romero al género Salvia, como Salvia rosmarinus, aunque el nombre Rosmarinus officinalis sigue siendo el habitual en el comercio.

Cómo combinarlas

Las seis funcionan juntas porque comparten exigencias: sol, suelo pobre y drenaje. Ese es el primer criterio de composición, mucho antes que el color: solo se mezclan en el mismo parterre plantas que quieran lo mismo.

El reparto por alturas es evidente: phlomis y perovskia al fondo, catananche y milamores en el plano medio, romero rastrero y erigeron en el borde y derramándose por los muros. Y el calendario se cubre casi entero: romero y phlomis en primavera, catananche y milamores desde mayo, perovskia de junio a octubre, erigeron casi sin parar. Con las lavandas y las salvias de la segunda parte se completa el verano.

En resumen

Plantar en otoño, descompactar en profundidad, asegurar el drenaje con caballones si el suelo es arcilloso y no abonar en exceso son las cuatro decisiones previas que determinan si una plantación de bajo riego funciona. La rusticidad de una etiqueta solo es fiable con el drenaje resuelto: estas plantas mueren mucho más de encharcamiento que de frío.

Perovskia, milamores, catananche, phlomis, erigeron y romero rastrero cubren juntas de marzo a noviembre en suelo pobre y calizo, con sol pleno y sin riego una vez establecidas. Dos avisos: la milamores y sobre todo el erigeron se resiembran con enorme facilidad y no se quedan donde se plantan, así que no son para un jardín que se quiera muy controlado.


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