Si hay una planta que define la Alhambra es el arrayán, que es como se llama al mirto en toda Andalucía. La palabra viene del árabe ar-rayhan, el aromático, por el olor que suelta la hoja al frotarla. Y hay una variedad concreta, el arrayán morisco, que se cultiva en el recinto desde época medieval y que ha estado a punto de perderse.
La otra mitad de este conjunto que casi nadie visita son las huertas del Generalife, cuatro bancales que llevan cultivándose sin interrupción desde el siglo XIII con las mismas técnicas, transmitidas de una generación de hortelanos a la siguiente. Son la prueba de que un espacio puede ser bello y productivo a la vez, que es justo lo que hoy se busca cuando se habla de huerto ornamental.
Las huertas ocupan las laderas aterrazadas entre la muralla de la Alhambra y el palacio del Generalife desde el siglo XIII. Se siguen cultivando con las técnicas de entonces, que se han transmitido entre generaciones.
/ Terry J. Lawrence
El arrayán morisco
En 1564 el botánico flamenco Carolus Clusius visitó la Alhambra y describió varios mirtos distintos del arrayán común (Myrtus communis). Entre ellos uno al que llamó Myrtus baetica latifolia, que había visto en los jardines moriscos de Granada rodeando albercas y estanques en forma de seto.
Ese mirto de hoja ancha se distingue del común por varios rasgos: mayor tamaño, hojas anchas y algo abarquilladas, aroma más intenso, y corteza rojiza que se desprende en escamas. En el recinto quedan ejemplares dispersos, algunos centenarios, y ha hecho falta un trabajo largo de localización, propagación y replantación para asegurar su continuidad. Es un caso poco habitual de conservación de una variedad ornamental de cultivo, no de una especie silvestre.
Cómo se hace un seto de mirto
El mirto es probablemente el mejor arbusto de seto para clima mediterráneo, y es una alternativa seria al boj, que en gran parte de España está hoy comprometido por la oruga del boj. Tiene hoja pequeña y perenne, brota bien tras la poda, aguanta la sequía una vez arraigado, huele y da flor blanca en verano y fruto azul oscuro en otoño.
Estas son las condiciones que pide:
- Sol o media sombra. A pleno sol crece más denso; en sombra se alarga y clarea.
- Suelo con drenaje. Tolera la caliza sin problema y admite suelos pobres. Lo que no soporta es el encharcamiento.
- Frío moderado. Aguanta heladas ligeras y moderadas, pero sufre en los inviernos continentales duros de las dos mesetas y del valle del Ebro. En esas zonas necesita muro protegido o pierde hoja.
- Distancia de plantación. Para un seto continuo, tres o cuatro plantas por metro lineal, plantadas en otoño para que enraícen con las lluvias.
El recorte se hace después de la floración de verano, y se puede repetir a principios de otoño para dejarlo limpio en invierno. Rebrota de madera vieja, cosa que el romero o la lavanda no hacen, así que admite rebajes fuertes para recuperar un seto descuidado. Se multiplica bien por esqueje semileñoso tomado en verano, lo que permite reproducir un ejemplar concreto en vez de comprar plantas de origen distinto, algo importante si se quiere un seto uniforme.
Las huertas del Generalife
La misma Acequia Real que alimenta los patios hacía posibles los cultivos de la almunia. El Generalife, cuyo nombre suele traducirse como la huerta del alarife, es decir del arquitecto, tenía en época nazarí al menos cuatro huertas destinadas a abastecer a la corte, además del palacio construido a finales del siglo XIII, al que un visir poeta llamó Casa Real de la Felicidad.
La estructura del suelo se mantiene en gran medida como estaba: bancales o paratas escalonados en la ladera, entre la muralla de la Alhambra y el palacio. Ese aterrazado no es decorativo. Convierte una pendiente inservible en superficie horizontal cultivable, frena la erosión, y permite el riego por inundación, que es el que corresponde a un sistema de acequias con turnos: el agua llega por el canal, se desvía al bancal, lo llena y pasa al siguiente.
Lo que se conserva ahí, más que las plantas, es el conocimiento. Las técnicas de laboreo, los turnos de riego, los momentos de siembra y las variedades locales se han transmitido de hortelano a hortelano sin interrupción, y ese es un patrimonio tan frágil como el edificio.
Lo que se cultiva
Las huertas mezclan hortalizas de temporada, frutales y plantas aromáticas y condimentarias, sin separar lo útil de lo bonito. Entre los frutales conviven higueras y olivos con manzanos, perales, ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros, almendros, cerezos, nogales, caquis y membrilleros.
La vid tuvo mucha importancia en Granada, y se cultivaba tanto para uva de mesa como para pasas y vinagre. En la parata de la Huerta Grande siguen creciendo las variedades Jerezana y Corazón de cabrito, de las más antiguas que se conservan en Andalucía. Mantener variedades locales en cultivo no es nostalgia: son las que están adaptadas al suelo, al clima y a las plagas del sitio, y una vez perdidas no se recuperan.
Un huerto con criterio de jardín
La lección aprovechable de las huertas del Generalife es que la separación entre huerto y jardín es una invención reciente y bastante mala. En una parcela pequeña, mezclarlos da mejor resultado que apartar el huerto a un rincón feo del fondo. Cuatro criterios concretos:
Frutales como estructura. Un membrillero, un granado o un almendro cumplen el papel de árbol ornamental con la misma solvencia que cualquier especie de jardinería y además dan fruto. Florecen, cambian con las estaciones y aguantan el verano.
Aromáticas como borde. Romero, tomillo, salvia, orégano y lavanda hacen de límite entre zonas, se recortan, huelen, atraen polinizadores y se usan en la cocina. Es la capa que más rinde por metro cuadrado.
Bancales para la pendiente y para el riego. Un bancal elevado, aunque sea de treinta centímetros, ordena el espacio visualmente, concentra el buen sustrato donde hace falta, evita pisar la tierra de cultivo y permite regar sin que el agua escurra.
Variedades locales. En cualquier zona de España existen variedades tradicionales de tomate, judía, pimiento o fruta adaptadas al lugar. Buscarlas en redes de intercambio de semillas da mejores resultados que las variedades comerciales genéricas, sobre todo en secano y en años calurosos.
Sobre la sombra, un apunte práctico que las huertas aterrazadas resuelven bien: en el sur peninsular, la hortaliza de hoja y muchas plantas de verano agradecen sombra durante las horas centrales de julio y agosto. Un frutal caduco bien situado da esa sombra en verano y deja pasar el sol en invierno, que es justo el comportamiento que se busca.
En resumen
El arrayán morisco es una variedad de mirto de hoja ancha y corteza escamosa, cultivada en la Alhambra desde época medieval, descrita por Clusius en 1564 y recuperada de una situación crítica mediante propagación. Como planta de seto, el mirto es la mejor alternativa mediterránea al boj: perenne, aromático, resistente a la sequía y a la caliza, rebrota de madera vieja y se multiplica fácilmente por esqueje de verano.
Las huertas del Generalife, aterrazadas en bancales y regadas por inundación desde la Acequia Real, llevan cultivándose sin interrupción desde el siglo XIII con las mismas técnicas y conservan variedades de vid de las más antiguas de Andalucía. Su enseñanza para un jardín actual es que huerto y jardín funcionan mejor juntos: frutales como estructura, aromáticas como borde, bancales para ordenar el riego y variedades locales adaptadas al sitio.