La xerojardinería no consiste en llenar el jardín de cactus. Consiste en diseñar el espacio para que la mayor parte de él viva con lo que llueve, y concentrar el riego en la porción pequeña donde de verdad hace falta. Un jardín así puede tener césped, flor y sombra; lo que no tiene es superficie regada por inercia.

El ahorro que se consigue es grande, del orden de la mitad del consumo o más según cuál sea el punto de partida, y depende mucho menos del sistema de riego de lo que la gente supone. Las decisiones que ahorran agua se toman antes, cuando se decide qué superficie lleva césped, cómo se agrupan las plantas y si el suelo se acolcha o se deja desnudo.

Un xerojardín puede ser también un jardín de flores, Osteospermum en este caso. No faltan el olivo, las aromáticas y un ágave. Abajo, Callistemon citrinus, arbusto de origen australiano muy resistente a la sequía.

De dónde viene la palabra

El término xeriscape lo acuñó en 1981 la compañía pública de aguas de Denver, en Colorado, después de la sequía que había padecido la región a finales de los setenta. Está formado con el prefijo griego xero, seco, y se difundió con un método asociado que sigue siendo válido. En España se tradujo como xerojardinería y empezó a aplicarse en la década de los noventa.

Conviene señalar que la idea no era nueva. Los jardines de la Alhambra y el Generalife funcionan con criterios de xerojardinería seis siglos antes de que existiera la palabra: superficie regada pequeña y muy delimitada, agua conducida y reutilizada, sombra construida y masas de vegetación agrupadas por necesidades. Lo que hizo Denver fue ponerle nombre y método a algo que en el sur de Europa se había perdido a base de imitar el jardín inglés.

El suelo, antes que las plantas

El primer trabajo es entender el suelo, porque la textura decide cómo se mueve el agua. Un suelo arenoso drena muy bien pero retiene poco, de manera que hay que regar menos cantidad y más a menudo. Un suelo arcilloso retiene mucho pero admite el agua despacio, se encharca en superficie y forma costra, así que hay que regar más despacio y más espaciado.

Para saber cuál se tiene basta la prueba del rollo: se humedece un puñado de tierra y se intenta hacer un cilindro. Si no liga, es arenoso. Si liga y se puede doblar en anillo sin romperse, es arcilloso. Lo intermedio, que es lo deseable, se llama franco.

La enmienda que más rinde es la materia orgánica bien descompuesta, incorporada antes de plantar: mejora la estructura en los dos casos, aumenta la retención en los arenosos y facilita la infiltración en los arcillosos. Y hay una labor previa que se salta casi siempre: descompactar en profundidad. Una raíz que puede bajar 60 cm dispone de una reserva de agua muy superior a una que se queda en los 15 primeros centímetros, y esa diferencia se nota en agosto.

Zonificar por sed

Es el criterio central del método y el que más agua ahorra. Se divide el jardín en tres zonas según necesidad hídrica y no se mezclan plantas de zonas distintas en el mismo parterre.

  • Zona de riego regular, pequeña y pegada a la casa: el césped si se quiere tener, las macetas, alguna vivaz de flor. Es la que consume, así que es la que se limita.
  • Zona de riego ocasional: arbustos y vivaces mediterráneas que agradecen unos riegos de apoyo en julio y agosto pero no dependen de ellos.
  • Zona sin riego, una vez establecida: árboles y arbustos autóctonos o de clima equivalente, aromáticas, tapizantes. Se riega los dos primeros años y después se cierra el sector.

Ese último matiz es importante: un jardín xerófito no es un jardín sin riego desde el día uno. Necesita riego de establecimiento durante dos veranos, hasta que las raíces alcanzan profundidad. Cortarle el agua el primer año es la causa más frecuente de fracaso.

El riego, poco pero bien

Goteo o microaspersión, nunca aspersión sobre plantación arbustiva, y goteo enterrado donde tenga sentido. Se riega antes de la salida del sol, que es cuando menos se evapora y cuando la hoja tiene tiempo de secarse antes del calor. Regar al mediodía desperdicia buena parte del agua; regar de noche mantiene la hoja mojada muchas horas y favorece los hongos.

La regla de frecuencia es regar poco a menudo y en profundidad. Un riego largo cada varios días obliga a la raíz a bajar; un riego corto diario la mantiene arriba y crea una planta incapaz de aguantar una avería del programador. Un programador con sensor de lluvia y la revisión periódica de goteros atascados hacen más por el ahorro que cambiar de sistema.

Recuperar el agua de lluvia con un aljibe o un depósito conectado a las bajantes es la otra medida clásica, y en clima mediterráneo el volumen que se recoge en las lluvias de otoño da para cubrir buena parte del riego de apoyo.

Césped: cuándo sí y cuándo no

El césped es la superficie que más agua consume de un jardín, con diferencia. Eso no obliga a eliminarlo, sino a reducirlo a la zona que de verdad se pisa y a elegir la especie correcta.

En España la decisión clave es césped de estación fría o de estación cálida. Las mezclas de estación fría (festucas, ray-grass, poas) se mantienen verdes todo el año pero necesitan riego constante en verano. Las gramas de estación cálida (Cynodon dactylon, Zoysia, Stenotaphrum secundatum, Paspalum vaginatum) consumen bastante menos, resisten el pisoteo y el calor, y a cambio se agostan en invierno tomando color pajizo. Quien acepte esa pausa invernal ahorra mucha agua.

Como alternativas están las tapizantes de bajo mantenimiento, apropiadas para zonas de poco pisoteo, y los áridos. El césped artificial se instala a veces con esa lógica, pero conviene saber que a pleno sol en verano peninsular alcanza temperaturas muy altas y no aporta nada de refresco al ambiente, al contrario que una superficie vegetal.

Acolchar toda la superficie

El acolchado es la medida de mayor relación entre efecto y coste. Reduce la evaporación, frena la erosión, evita la costra y la compactación por el impacto de la lluvia, mantiene la temperatura del suelo más estable y suprime buena parte de las hierbas.

El acolchado orgánico (corteza de pino, restos de poda triturados, paja) mejora el suelo al descomponerse, pero hay que reponerlo cada uno o dos años. El mineral (grava, albero, picón, gravilla de machaqueo) no se descompone, no se lo lleva el viento y encaja mejor en jardín seco. La tradición está de las dos partes: el albero de los patios andaluces y la grava rastrillada de los jardines secos japoneses son acolchados minerales con siglos de uso. El espesor útil está entre 5 y 8 cm, menos no cubre y más asfixia.

Qué plantar

GrupoEspecies
Árboles caducosÁrbol del amor (Cercis siliquastrum), granado (Punica granatum), almez (Celtis australis), ginkgo (Ginkgo biloba), jabonero de la China (Koelreuteria paniculata)
Árboles perennesOlivo (Olea europaea), encina (Quercus ilex), algarrobo (Ceratonia siliqua), laurel (Laurus nobilis), árbol botella (Brachychiton populneus)
Arbustos caducosGriñolera (Cotoneaster horizontalis), retama negra (Cytisus scoparius), jaras (Cistus)
Arbustos perennesMadroño (Arbutus unedo), mirto (Myrtus communis), aladierno (Rhamnus alaternus), lentisco (Pistacia lentiscus), limpiatubos (Callistemon), Ceanothus
SetosEnebros y sabinas (Juniperus), pitosporo (Pittosporum tobira), durillo (Viburnum tinus)
TapizantesMilenrama (Achillea millefolium), santolina (Santolina chamaecyparissus), Sedum acre, Sedum spurium, Myoporum, Aloe arborescens
Flor de temporadaAmapola de California (Eschscholzia californica) y verdolaga (Portulaca grandiflora), ambas anuales; tagetes arbustivo (Tagetes lemmonii); Osteospermum, Gazania, Euryops

Las crasas y cactáceas encajan bien en el litoral y el sureste, pero la mayoría no soporta heladas fuertes, así que en el interior continental no son la respuesta. Y allí donde llueve en otoño e invierno, el problema no es el frío sino el encharcamiento: plantar sobre montículo y con árido grueso en el hoyo.

Qué no plantar

Algunas plantas que aparecen en listas antiguas de xerojardinería no deberían recomendarse hoy, precisamente porque su resistencia es tan buena que se escapan del jardín.

La uña de gato (Carpobrotus edulis) está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013: su plantación, comercio y transporte están prohibidos. Tapiza taludes costeros enteros y elimina la flora dunar autóctona.

La hierba nudosa japonesa (Reynoutria japonica, antes Polygonum cuspidatum) se cita a veces como tapizante rústica. Es una de las plantas invasoras más dañinas que existen: rebrota de fragmentos mínimos de rizoma, atraviesa pavimentos y su erradicación puede llevar años. No debe plantarse en ningún caso.

Varias acacias australianas, en especial la mimosa (Acacia dealbata), figuran en el mismo catálogo del Real Decreto 630/2013 y colonizan con rapidez el noroeste peninsular tras los incendios. Antes de plantar cualquier Acacia hay que identificar la especie exacta y comprobar su situación legal.

La falsa acacia (Robinia pseudoacacia) rebrota de raíz con enorme facilidad, coloniza riberas y bordes de camino, y su corteza y semillas son tóxicas por ingestión. Como árbol de jardín pequeño da más problemas que sombra.

En resumen

Un xerojardín se define por el diseño, no por la lista de plantas: suelo descompactado y enmendado antes de plantar, plantas agrupadas en tres zonas según su sed, riego por goteo antes del amanecer y espaciado para que la raíz baje, césped reducido a lo que se pisa y con especie de estación cálida, y toda la superficie restante acolchada con 5 a 8 cm de árido u orgánico.

La paleta puede ser tan variada como se quiera, con olivo, madroño, mirto, lentisco, jaras, aromáticas, gramíneas y flor de bajo consumo, y no tiene por qué renunciar al color. Lo que sí conviene descartar son las especies con comportamiento invasor: uña de gato y mimosa figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, y la hierba nudosa japonesa no debería plantarse en ningún jardín.


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