Stourhead, en el condado inglés de Wiltshire, es el ejemplo mejor conservado de una idea que cambió la jardinería europea en el siglo XVIII: que un jardín se compone como un cuadro y se recorre como una secuencia de cuadros. Alexander Pope lo formuló en 1734 con una frase que se repitió durante un siglo, según la cual toda jardinería es pintura de paisajes.

El jardín lo hizo Henry Hoare, banquero de la City de Londres, a partir de 1744 y durante casi cincuenta años. Su punto de partida no fue un plano sino un óleo, Paisaje clásico, de Gaspard Dughet, pintor del siglo XVII de la campiña romana. Lo que construyó fue una versión tridimensional de esa pintura, con un lago artificial, templos clásicos y masas de arbolado calculadas por su color.

Stourhead a finales de mayo, cuando los rododendros en flor intercalan sus masas de color entre los distintos verdes del paisaje. Estas especies fueron introducidas a comienzos del siglo XIX. En lo alto, el templo de Apolo. Fotos: Anne Farrelly

De un cuadro a un jardín

Los Hoare eran orfebres convertidos en banqueros, y compraron la finca en 1717 buscando el prestigio social que daba una propiedad rural con casa palladiana. La casa ya estaba. Faltaba el jardín, y Henry Hoare volvió del Grand Tour por Italia y Francia con la idea muy clara de cuál quería.

Las pinturas de Claudio de Lorena y Gaspard Dughet, muy apreciadas entonces por la aristocracia inglesa, siempre siguen el mismo esquema de composición: un primer plano oscuro que enmarca, un plano medio con agua y arquitectura, y un fondo luminoso que se pierde. Stourhead traslada ese esquema al terreno. Hoare fusionó varios estanques existentes y levantó una presa para formar un lago único, plantó las laderas semidesnudas en grupos y fue colocando edificios en los puntos exactos desde los que se ven mejor.

El recorrido es el argumento

El jardín se organiza como un paseo circular alrededor del lago, y ese recorrido tiene un contenido: es un viaje alegórico inspirado en la Eneida de Virgilio, con las virtudes que Eneas pone a prueba desde Troya hasta el Lacio. Hoare era gran lector de Pope, Milton, Virgilio y Ovidio, y quería un jardín que además de gustar significara algo.

La consecuencia de diseño es la que interesa hoy: en Stourhead nunca se ve el conjunto entero. El camino serpentea, y en cada tramo se abre una ventana entre las copas que enmarca un solo elemento, un templo al otro lado del agua, un puente, una gruta. Cada vista está calculada desde un punto concreto del sendero, y desde el punto siguiente ya es otra. El lago es el elemento que da unidad a todas, porque aparece en casi todas ellas desde ángulos distintos.

Los edificios

El arquitecto que trabajó con Hoare fue Henry Flitcroft. Lo primero que se levantó fue el templo de Flora, en 1744, dedicado a la diosa de las flores y la primavera. Después el Panteón, entre 1753 y 1754, con pórtico de cuatro columnas corintias y una colección de esculturas, dedicado a Hércules.

La gruta, húmeda y rústica, guarda la estatua del dios Tíber, que en la Eneida se aparece a Eneas en un sueño profético, y una ninfa dormida que alude a la cueva de las ninfas de Cartago. El puente de piedra de cinco arcos está tomado del de Palladio en Vicenza, y su calzada está cubierta de césped. El templo de Apolo, circular y de 1765, corona una colina y está inspirado en un templo romano de Baalbek, en el actual Líbano; la subida es dura y compensa, porque desde ahí se ve la parte más ancha del lago.

Se completa con dos guiños a la historia inglesa: una torre dedicada a Alfredo el Grande y la Cruz de Bristol, una cruz gótica trasladada desde aquella ciudad.

Cómo se plantó

La parte que más se estudia hoy es la plantación, porque Hoare trabajó el arbolado exactamente como un pintor trabaja el color. Dejó escrito el criterio: los verdes deben modularse en grandes masas, contrastando las oscuras con las claras y aligerando cada masa oscura con pequeñas pinceladas de verdes más claros repartidas.

Un equipo de unos cincuenta jardineros plantó caducifolios (hayas, robles, arce blanco Acer pseudoplatanus, castaños, fresnos, alerces) y perennifolios (encinas, tejos, abetos, cedros). El reparto no es decorativo: los perennifolios oscuros hacen de fondo y de marco, y los caducifolios claros construyen los planos intermedios y aportan el cambio estacional, que es lo que hace que el mismo recorrido sea otro en octubre.

Su nieto Richard Colt Hoare hizo una segunda plantación masiva a comienzos del siglo XIX, ya con el gusto por lo exótico propio de la época: arces, castaños de Indias, catalpas, abedules, tulíperos, liquidámbares, plátanos, cerezos, robinias, tilos y cipreses calvos. Y añadió el mar de laureles y rododendros bajo las arboledas que hoy da a Stourhead su imagen de finales de mayo. Colt Hoare fue además coleccionista de Pelargonium, con unas seiscientas variedades en el invernadero.

Aquellos rododendros son también el punto débil del jardín. El Rhododendron ponticum plantado masivamente en las fincas británicas del XIX se convirtió en una de las peores invasoras de las islas: forma masas impenetrables, impide la regeneración del bosque y su erradicación cuesta millones. Conviene saberlo antes de admirar la estampa. En España existe una población relicta de esta especie, Rhododendron ponticum subsp. baeticum, en los canutos de Cádiz y Málaga, donde es autóctona y está protegida.

La finca pasó al National Trust en 1946, cuando los últimos propietarios se quedaron sin heredero: su único hijo murió a consecuencia de las heridas sufridas en la Primera Guerra Mundial.

Un escenario de cine

El templo de Apolo y el puente palladiano son escenario de la primera declaración de amor de la película Orgullo y prejuicio, rodada en 2005 sobre la novela de Jane Austen: Elizabeth Bennet cruza el puente bajo la lluvia, se refugia entre las columnas del templo y ahí la alcanza Mr. Darcy. En el mismo puente se rodó una escena de Barry Lyndon, de Stanley Kubrick, en 1975, en la que se aprecia el césped que cubre la calzada y un lateral del templo de Flora al fondo.

Qué de esto funciona en un jardín español

Copiar Stourhead literalmente en España no tiene sentido: es un jardín de clima atlántico, con lluvia repartida todo el año, hayas, un lago artificial y cincuenta jardineros. Lo que sí se traslada es el método, y es sorprendentemente útil incluso en parcelas pequeñas.

Diseñar desde los puntos de vista, no desde el plano. Antes de plantar nada, decidir desde dónde se va a mirar el jardín: la ventana del salón, la mesa de la terraza, el banco del fondo. Cada una de esas posiciones es un cuadro, y la plantación se organiza para que desde ahí se vea algo compuesto.

Enmarcar y ocultar. Una vista mejora cuando algo la encuadra por los lados y por arriba, y cuando lo que sobra queda tapado. Dos arbustos altos a ambos lados de una perspectiva hacen más que cualquier añadido en el centro.

Trabajar por masas de verde, no por ejemplares. El criterio de Hoare sobre contrastar masas oscuras y claras funciona igual con especies mediterráneas: encina, ciprés y laurel dan los verdes oscuros de fondo; almez, olivo, granado y gramíneas dan los claros y grises del plano medio.

Un recorrido que no lo enseñe todo. Aunque el jardín tenga cien metros cuadrados, un camino que gire y un elemento que tape el fondo convierten un espacio único en una secuencia de dos o tres escenas.

En resumen

Stourhead es la traducción al terreno de un cuadro de paisaje del siglo XVII: un lago artificial rodeado de un paseo circular desde el que se abren vistas enmarcadas hacia templos clásicos, con el arbolado compuesto en masas de verdes claros y oscuros como si fueran gamas de pintura. Lo levantó el banquero Henry Hoare desde 1744 y lo amplió su nieto Richard Colt Hoare con especies exóticas y rododendros.

De su método se aprovechan cuatro cosas en cualquier jardín: proyectar desde los puntos de vista reales, enmarcar cada vista y tapar lo que sobra, componer por masas de color en vez de por ejemplares sueltos, y diseñar un recorrido que no enseñe todo de una vez. Con la advertencia que el propio jardín ilustra: el Rhododendron ponticum plantado allí en el XIX es hoy una de las peores invasoras de las islas británicas.


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