El jardín de la Casa Szoke, en la ladera sur del monte Abantos, en El Escorial, resuelve un problema que se repite en media sierra de Madrid: una parcela en fuerte pendiente, un pinar alrededor, veranos secos y una casa muy contemporánea que hay que enlazar con todo eso sin que parezca un jardín pegado encima. La respuesta de Olmo Rengifo y Enriqueta León del Olmo, del estudio Planta Paisajistas, fue plantar masas fluidas de vivaces y arbustos mediterráneos inspiradas en la vegetación natural del entorno.
Es un proyecto que se puede estudiar como manual de plantación en talud seco: qué especies aguantan, cómo se sujeta la tierra en pendiente, cómo se riega sin desperdiciar y por qué las gramíneas sostienen la escena cuando la floración se acaba. Lo que sigue desarma el jardín en esas piezas.
El jardín superior de la Casa Szoke hacia finales de la primavera de 2021, a dos años de plantado. El despliegue floral y el verde de la vegetación contrastan con el blanco de los volúmenes de la casa y el rojo del acero corten. Foto: Planta Paisajistas
El sitio manda
La parcela es un balcón sobre el Bosque de la Herrería, con el Real Monasterio de El Escorial al fondo. La casa, del estudio Aranguren y Gallegos, es una sucesión de volúmenes blancos con grandes cristaleras y cerramientos de acero corten; se hizo conocida además por aparecer en la película de Pedro Almodóvar La habitación de al lado.
El encargo tenía dos condiciones que decidieron la paleta. La primera, que desde cada ventanal el jardín se leyera como un cuadro, lo que obliga a que las plantaciones tengan interés desde un punto de vista fijo y durante todo el año. La segunda, que el jardín se fundiera con el pinar y sus jarales, lo que descarta cualquier cosa que se note importada. De ahí que la inspiración fuera la vegetación natural de la sierra, con una condición estética añadida: que la paleta realzara el rojo óxido del acero corten de la casa y de los muros de contención.
La paleta mediterránea
El fondo lo forman arbustos y matas de la propia sierra o del ámbito mediterráneo, todos de hoja pequeña o grisácea, poco exigentes en agua y bien adaptados al suelo pobre y ácido de granito de Abantos.
- Jaras (Cistus), la especie que domina el sotobosque del pinar de alrededor. Floración corta y abundante en primavera, aroma resinoso en verano, cero riego una vez arraigadas. No se trasplantan bien: se plantan pequeñas.
- Cantueso (Lavandula stoechas), la lavanda de suelo ácido, que es justo la que corresponde a esta zona y no la lavandina de suelos calizos.
- Salvias y romero rastrero para volumen bajo y floración larga.
- Ballota (Ballota pseudodictamnus), una mata de hoja lanuda y gris que aporta textura fuera de la floración.
- Teucrium chamaedrys, pequeño, tapizante, con floración rosa.
- Euphorbia ceratocarpa, que se corona de amarillo fluorescente y mantiene la mata verde muchos meses.
- Perovskia (Salvia yangii), de espigas lilas sobre tallos grises, que florece cuando casi todo lo demás ha terminado.
En los rincones protegidos y a la sombra la paleta cambia: helechos con Hakonechloa macra, y brezos con pequeños Pinus mugo. Conviene señalar que la Hakonechloa es japonesa y necesita sombra y humedad constante, así que en un jardín de este tipo funciona solo en esos huecos concretos y con riego. No es una planta para el talud soleado.
En la parte baja de la parcela, la que se ve desde la calle hacia arriba, predominan las tapizantes entre los troncos de los pinos: Euphorbia cyparissias y Falkia repens. Más arriba, Stachys byzantina 'Big Ears' se extiende junto a las gramíneas, aportando la mancha gris plateada de hoja aterciopelada.
Las gramíneas son la estructura
El acierto del proyecto está en el uso de las gramíneas, que son las que dan continuidad cuando la floración se acaba. Se repiten en bloques por todas las áreas del jardín, lo que unifica sectores muy distintos, y trabajan por movimiento y luz más que por color.
Sesleria autumnalis es la que hace de tejido de fondo: mata compacta, hoja verde claro que amarillea en otoño, semiperenne, tolera la sombra seca bajo los pinos y no se desmadra. Stipa gigantea aporta las espigas altas y transparentes que atrapan el sol rasante de la tarde, sobre una mata basal baja que ocupa poco. Ampelodesmos mauritanicus, el albardín o cañuela, es la pieza grande, con penachos que superan los dos metros y una presencia casi arquitectónica.
Sobre el mantenimiento de este tipo de plantación hay una regla que se incumple mucho: las gramíneas no se cortan en otoño. Se dejan secas todo el invierno, porque es cuando se ven mejor, y se recortan a finales de invierno o principios de primavera, antes de que arranque la brotación nueva. Cortarlas en octubre convierte el jardín en un rastrojo durante cinco meses.
Plantar en pendiente sin perder la tierra
El problema real de un talud no es la plantación sino la escorrentía: la primera tormenta fuerte se lleva el sustrato y descalza las plantas antes de que enraícen. Aquí se resolvió con geoceldas, una malla tridimensional de celdas que se extiende sobre la pendiente, se ancla y se rellena de tierra. Cada celda retiene su porción de sustrato y frena el agua, y la planta se coloca dentro.
Junto a eso, hay tres medidas que funcionan en cualquier talud seco:
- Plantar pequeño. Un ejemplar en contenedor de un litro enraíza y se sujeta mucho mejor en pendiente que uno grande, que hace de vela con el viento y necesita más riego.
- Hacer un alcorque a media luna en el lado de abajo de cada planta, para que el agua se pare ahí en vez de seguir bajando.
- Acolchar. Una capa de árido o de corteza sobre la pendiente reduce el impacto de la gota de lluvia, que es lo que arranca las partículas del suelo.
Los muros de contención de acero corten cumplen la doble función de sujetar los cambios de nivel y hacer de telón de fondo. El corten se oxida los primeros meses hasta formar una capa estable, y durante ese proceso escurre óxido: conviene tenerlo en cuenta si debajo hay pavimento claro o piedra porosa.
El riego
El jardín se riega con goteo automático con goteros autocompensantes, y ese detalle no es menor en una parcela con desnivel pronunciado. Un gotero normal entrega más caudal donde la presión es mayor, es decir, en la parte baja de la instalación, de modo que en un talud las plantas de arriba se quedan secas y las de abajo se encharcan. El gotero autocompensante mantiene el mismo caudal en todo el ramal dentro de un rango de presiones, y es lo que iguala el riego de arriba abajo.
La otra decisión de peso es limitar el césped al entorno de la piscina. En la sierra de Madrid, con dos o tres meses sin lluvia útil y calor fuerte, el césped es con diferencia lo que más agua consume de un jardín. Reducirlo a la zona donde de verdad se pisa descalzo, y resolver el resto con plantación mediterránea, es lo que hace viable un jardín de este tamaño.
Una precaución con las euforbias
Las Euphorbia del proyecto, tanto la ceratocarpa como la cyparissias, contienen un látex blanco que sale al cortar o romper cualquier parte de la planta. Ese látex es irritante para la piel y especialmente peligroso en contacto con los ojos, y las plantas son tóxicas por ingestión. Para podarlas o recortarlas conviene usar guantes y evitar tocarse la cara mientras se trabaja. Si el látex llega a un ojo, la consulta es al médico, no un remedio casero.
Cómo trasladarlo a un jardín pequeño
La lección aprovechable no es la lista de especies sino la proporción. En este tipo de plantación el reparto que funciona es aproximadamente la mitad de la superficie en gramíneas y matas de textura, repetidas en bloques, y el resto en floración distribuida a lo largo del año. Las especies se agrupan en manchas irregulares de varios ejemplares, nunca de uno en uno, y cada mancha se repite en otros puntos del jardín para que la vista encuentre continuidad.
Y una decisión previa que ahorra disgustos: elegir las plantas por el suelo que hay, no por el que uno querría. En un granito ácido de sierra van jaras, cantuesos y brezos; en un suelo calizo del valle del Ebro o de Levante, esas mismas jaras se vuelven cloróticas y hay que cambiar a romero, lavandín, Phlomis y santolina, que dan el mismo tipo de jardín con las especies que corresponden.
En resumen
El jardín de la Casa Szoke funciona porque copia la vegetación que ya crece alrededor y la organiza en masas fluidas: jaras, cantuesos, salvias, ballota, teucrios y euforbias como floración, y Sesleria, Stipa gigantea y Ampelodesmos como estructura permanente repetida por todo el recinto. El acero corten hace de telón y el césped queda reducido al entorno de la piscina.
Los detalles técnicos son los que sostienen el resultado: geoceldas para que la tormenta no se lleve el talud, plantación en contenedor pequeño para que arraigue mejor en pendiente, y goteo autocompensante para que el agua se reparta igual arriba y abajo. Y una precaución de mantenimiento: las euforbias sueltan un látex irritante, así que se podan con guantes.