Las acidófilas son las plantas que necesitan un suelo con pH por debajo de 7 para absorber el hierro y el resto de micronutrientes. En la lista están las que más se piden en un vivero: hortensias, camelias, azaleas, rododendros, arces japoneses, brezos, gardenias, pieris. Y también están las que más se mueren en el este y el sur peninsular, porque ahí el suelo suele ser calizo y el agua del grifo, dura.
El diagnóstico honesto es que en un suelo con caliza activa no se puede tener un macizo de acidófilas en plena tierra. Se puede tenerlas en maceta o en un macizo elevado con sustrato propio, que es una solución distinta y perfectamente válida, pero corregir el pH de un suelo calizo entero no funciona a medio plazo por mucho azufre que se eche. Lo que sigue explica cómo saber en cuál de los dos casos estás y qué hacer en cada uno.
Los macizos de hortensias resultan espectaculares, ya sea en un solo color o combinando distintos tonos. Abajo, azaleas, coníferas y arces, todos acidófilos, en el jardín Leonardslee, en West Sussex, Reino Unido.
Qué pH necesitan y por qué
La mayoría de las acidófilas de jardín viven bien entre pH 5 y 6,5. Los brezos y las callunas admiten valores más bajos todavía. Por encima de 7 empiezan los problemas, y a partir de 7,5 o 8 la clorosis es cuestión de meses.
El motivo no es que el calcio les siente mal en sí mismo, sino que a pH alto el hierro y el manganeso del suelo pasan a formas insolubles que la raíz no puede tomar. El nutriente está ahí, pero no está disponible. Por eso echar más abono no arregla nada: el problema es de química del suelo, no de falta de fertilizante.
Estas especies comparten además otras exigencias que conviene tener presentes desde el principio: humedad ambiental, lluvia repartida, temperaturas suaves y sombra parcial. Casi todas tienen raíces finas y superficiales, mal preparadas para la sequía y para competir con otras plantas. Por eso la cornisa cantábrica, de Galicia al País Vasco, es donde se dan con esplendor sin que nadie las mime.
Dónde funcionan en España
Los suelos ácidos de la península coinciden a grandes rasgos con los sustratos silíceos: Galicia, la cornisa cantábrica, buena parte del oeste peninsular (Extremadura, Salamanca, Zamora), Sierra Morena y las sierras graníticas del Sistema Central, como Gredos y Guadarrama. Ahí las acidófilas se plantan en tierra sin más trámite.
Los suelos calizos dominan el valle del Ebro, buena parte de las dos mesetas, el levante y la Andalucía bética. Ahí lo razonable es la maceta o el macizo elevado. En Canarias la situación es distinta según la isla y la altitud, con suelos volcánicos de reacción variable, así que conviene medir antes de decidir nada.
Dos medidas antes de comprar nada
La primera es el pH. Las tiras reactivas de papel dan una idea aproximada: se mezcla una parte de tierra con dos de agua destilada, se deja reposar y se moja la tira. Un medidor electrónico de pH de suelo es más fiable y no cuesta mucho. La muestra se toma a unos 20 cm de profundidad y en varios puntos del jardín, porque el pH varía entre zonas de la misma parcela.
La segunda medida es más importante y casi nadie la hace: comprobar si hay caliza activa. Se pone un poco de tierra seca en un plato y se le echan unas gotas de vinagre fuerte o de salfumán rebajado. Si burbujea, el suelo tiene carbonatos libres. Y si tiene carbonatos libres, cualquier acidificante que se aplique se consume neutralizándolos y el pH vuelve a subir en cuanto se deja de aplicar. Esa efervescencia es la respuesta definitiva: en ese suelo, macizo elevado o contenedor.
Corregir el suelo: qué funciona y qué no
En un suelo ligeramente alcalino pero sin carbonatos libres, la corrección tiene sentido. El acidificante real es el azufre elemental en polvo o granulado, que las bacterias del suelo transforman en ácido sulfúrico a lo largo de meses. Actúa despacio, necesita suelo húmedo y templado, y hay que repetirlo cada dos o tres años. La dosis depende de la textura y del pH de partida, así que lo sensato es aplicarla escalonada y volver a medir antes de repetir.
El sulfato de hierro acidifica poco y sobre todo aporta hierro, que en suelo calizo se oxida y deja de estar disponible en pocas semanas. Mancha el pavimento y la ropa. Sirve como apoyo puntual, no como corrección del suelo.
La materia orgánica ácida (mantillo de hojas de castaño o roble bien descompuesto, tierra de brezo, tierra de castaño, corteza de pino compostada) baja el pH ligeramente y, sobre todo, mejora la estructura y la retención de agua, que es lo que estas plantas agradecen. El efecto acidificante del acolchado de corteza de pino existe pero es pequeño y lento: no cuentes con él para pasar de 7,5 a 6.
La turba rubia tiene un pH de 3,5 a 4,5 y es el material clásico para preparar sustratos ácidos. Conviene saber que su extracción destruye turberas, que son ecosistemas que tardan milenios en formarse; hay sustratos ácidos comerciales con fibra de coco y compost de corteza que reducen esa proporción.
Para el macizo elevado, la receta que funciona es sencilla: caja de al menos 40 cm de altura con drenaje asegurado, aislada del suelo calizo, y relleno con sustrato para acidófilas. Y una advertencia práctica: si el agua de riego es dura, el sustrato del macizo se irá alcalinizando desde arriba de todos modos.
El agua de riego, el factor que se olvida
En el arco mediterráneo el agua del grifo lleva bicarbonatos, y ese es el motivo por el que una camelia plantada en sustrato ácido perfecto acaba clorótica al segundo año. Cada riego deja algo de cal en la maceta.
El agua de lluvia recogida es la mejor solución y la más barata de mantener. Un bidón bajo una bajante cubre las necesidades de una colección de macetas en buena parte del año. Donde no sea posible, se acidifica el agua de riego hasta un pH de entre 5,5 y 6,5, medido con tiras o con un medidor de líquidos, no a ojo. El exceso es tan dañino como el defecto, y añadir ácido sin medir es la forma más rápida de quemar las raíces.
Conviene ir alternando riegos con agua acidificada y con agua normal, y suspender el tratamiento en invierno, cuando la planta apenas absorbe. En maceta, un buen lavado ocasional con agua abundante ayuda a arrastrar las sales acumuladas.
Clorosis férrica: cómo se reconoce y qué aplicar
La clorosis férrica se ve primero en las hojas nuevas, que amarillean entre los nervios mientras las nervaduras se mantienen verdes y marcadas. Es característico que la planta muestre a la vez hojas sanas y hojas cloróticas. Si el amarilleo empieza por las hojas viejas, probablemente sea otra cosa: falta de nitrógeno, exceso de agua o raíz asfixiada.
El remedio rápido son los quelatos de hierro, y aquí importa cuál se compra, porque no todos aguantan el pH alto:
| Quelato | Estable hasta | Uso |
|---|---|---|
| Fe-EDTA | pH ligeramente ácido | Solo en sustratos ya ácidos; inútil en suelo calizo |
| Fe-DTPA | pH intermedio | Suelos poco alcalinos y cultivo en maceta |
| Fe-EDDHA | pH alto | El único fiable en suelo calizo; es el más caro |
Se aplican al riego o en gránulos al pie, respetando la dosis del envase, sin repetir antes de tiempo y suspendiendo en invierno. Manchan mucho. La aplicación foliar reverdece antes pero dura menos. Y una advertencia de fondo: el quelato corrige el síntoma, no la causa. Si el pH no baja, habrá que repetirlo indefinidamente.
Especies para un macizo
| Planta | Tipo | Floración |
|---|---|---|
| Hortensia (Hydrangea macrophylla) | Arbusto caduco | Verano |
| Hortensia trepadora (H. petiolaris) | Trepadora caduca | Primavera avanzada |
| Camelia (Camellia japonica) | Arbusto perenne | Invierno y primavera |
| Camelia de otoño (C. sasanqua) | Arbusto perenne | Otoño e invierno |
| Azaleas y rododendros (Rhododendron spp.) | Arbusto caduco o perenne | Primavera |
| Arce japonés (Acer palmatum) | Árbol pequeño caduco | Interés por el follaje otoñal |
| Brezo de invierno (Erica carnea) | Mata perenne | Invierno |
| Brecina (Calluna vulgaris) | Mata perenne | Final de verano y otoño |
| Pieris (Pieris japonica) | Arbusto perenne | Primavera, con brotación roja |
| Hamamelis (Hamamelis x intermedia) | Arbusto caduco | Invierno, sobre rama desnuda |
| Magnolia (Magnolia x soulangeana) | Árbol pequeño caduco | Primavera, antes de la hoja |
| Skimmia (Skimmia japonica) | Arbusto perenne dioico | Primavera; bayas rojas en pies femeninos |
| Gaulteria (Gaultheria procumbens) | Tapizante perenne | Verano; fruto rojo en invierno |
Para componer el macizo, tres criterios: alturas escalonadas con lo alto al fondo si se ve desde un solo lado, mezcla de caducas y perennes para que en invierno quede estructura, y floraciones repartidas a lo largo del año. Con camelia de otoño, hamamelis y brezo de invierno se cubre la temporada fría, que es cuando un macizo de acidófilas puede resultar más valioso.
Cuidado, muchas de estas plantas son tóxicas
Es un dato que rara vez aparece en las guías de acidófilas y que conviene tener claro si hay niños pequeños o animales en casa. Los rododendros y azaleas son tóxicos por ingestión en todas sus partes, flores y néctar incluidos, por su contenido en grayanotoxinas. Lo mismo ocurre con el pieris y con la kalmia (Kalmia latifolia), de la misma familia. Las hortensias contienen glucósidos cianogénicos y también son tóxicas por ingestión. Los frutos rojos de la gaulteria y de la skimmia, que resultan muy llamativos precisamente en invierno, no son comestibles.
Ninguna de estas plantas tiene un uso culinario ni un remedio casero asociado que merezca la pena repetir. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.
En resumen
Antes de plantar acidófilas hay que hacer dos comprobaciones: medir el pH del suelo y verificar con unas gotas de vinagre si hay carbonatos libres. Si el suelo burbujea, no hay corrección que aguante: la opción es el contenedor o el macizo elevado con sustrato propio y aislado de la tierra de debajo. Si el suelo es solo ligeramente alcalino, el azufre elemental y la materia orgánica ácida sí pueden bajar el pH, despacio y con repeticiones.
El agua de riego decide el resultado a medio plazo, sobre todo en el arco mediterráneo: agua de lluvia siempre que se pueda, y si no, riego acidificado a pH 5,5 o 6,5 con medición, nunca a ojo. Contra la clorosis, quelato Fe-EDDHA en suelo calizo, sabiendo que corrige el síntoma y no la causa. Y una precaución que no suele decirse: rododendros, azaleas, pieris, kalmias y hortensias son tóxicas por ingestión.