Inspiración oriental en busca de calma (1ª parte)

En estos tiempos de vértigo e incertidumbre, la jardinería contemporánea sigue buscando en el Lejano Oriente, especialmente en Japón, rasgos formales que permitan crear atmósferas de equilibrio y sosiego. El resultado: unos jardines eclécticos, que huyen de los estereotipos cuando se basan en las especies autóctonas o adaptadas y el alma del entorno en el que se levantan.

Un estanque formal sobre el que se cruzan dos sinuosos caminos, uno de pizarra gris y otro de nenúfares. Arabella Lennox-Boyd buscó rasgos orientales sin abandonar la tradición inglesa en este jardín para el Chelsea Flower Show.

En la edición del Chelsea Flower Show de la Royal Horticultural Society, en mayo de 2012 en Londres, la ascendente paisajista Sarah Price obtenía la medalla de oro por su jardín para el periódico The Daily Telegraph : un pequeño paisaje lleno de calma, con un fuerte protagonismo de la piedra y creado con vegetación autóctona. Este jardín evocaba la belleza de las zonas silvestres de la campiña inglesa, sus bosques, su flora, sus arroyos y laderas. “Quise destilar algo de la atmósfera que se respira en esos lugares salvajes y misteriosos, y tratar de capturar la magia de encontrarse con las flores silvestres”, explicaba la diseñadora.

La influencia japonesa en la jardinería contemporánea persigue la creación de atmósferas de sosiego y contemplación, la estabilidad en equilibrio con la mutabilidad, el respeto a la Naturaleza y el entorno.
Una zona acuática destacaba como punto central, bordeada de cantos rodados de granito suavizados por plantaciones de pradera y ribera. Entre las diferentes especies escogidas, vivaces como la valeriana (Valeriana officinalis), la euforbia (Euphorbia palustris), la aguileña común (Aquilegia vulgaris) e incluso ‘Lady’s Slipper’, una orquídea silvestre de Lancashire, junto con juncos (Juncus effusus y Juncus ensifolius), lirios (Iris pseudacorus, Iris sibirica) y Lychnis flos-cuculi, entre otras plantas palustres. El espacio acuático conectaba con una zona recogida al fondo del jardín, con senderos y rincones con piedras y helechos Osmunda regalis, a la sombra de elegantes abedules blancos (Betula pendula). Este proyecto buscaba “fomentar una reflexiva conexión con el mundo natural”, señalaba la paisajista, autora del diseño de los Jardines de 2012 del Parque Olímpico de Londres (ver páginas 46-49, en la hemeroteca online).

En esta misma edición de la cita de Londres la medalla de plata premiaba otro jardín que invitaba a la reflexión y la relajación: el del estudio Second Nature Gardens, formado por tres jóvenes paisajistas, para un hospicio de niños (Rainbows Children’s Hospice). En él, un pequeño estanque cuadrado elevado aparecía rodeado de macizos de flores silvestres de color naranja, amarillo y púrpura entre mechones de gramíneas y árboles (ramificados Amelanchier) que formaban una bóveda verde. La tonalidad naranja de un par de asientos redondos, un color que simboliza en Asia la humildad y la solidaridad, ponía un vivo acento entre las geometrías de las losas de piedra de York pulidas, el estanque con los nenúfares, la cama de rastreras verdes y las superficies de áridos blancos. El jardín estaba rodeado de pantallas donde se proyectaban sombras y siluetas, otro guiño al Lejano Oriente.

Láminas de agua y bambú

Pero estos rasgos asiáticos de los proyectos que se exhiben en la exposición de tendencias jardineras más importante del mundo se ven prácticamente todos los años. En 2008, Arabella Lennox-Boyd ganaba la medalla de oro por un jardín para The Daily Telegraph cuya intención era crear “un lugar de reflexión y paz”. En él, una gran lámina de agua rectangular, rodeada de una estrecha franja de áridos, dominaba el espacio creando una atmósfera de sosiego; en las esquinas opuestas en diagonal, un par de rocas y otra solitaria. Un sinuoso sendero de pizarra azulada se cruzaba con un camino de nenúfares rompiendo la formalidad del estanque.

La paisajista transcribía así esa influencia oriental a un lenguaje actual, con una mezcla de estilos y una percepción romántica del jardín contemplativo. La propuesta conseguía mantener interesantes características del jardín inglés en las plantaciones y el uso de la pizarra. Dominaba la plantación de fondo un nogal del Cáucaso (Pterocarya fraxinifolia), y una pantalla de bambúes (Phyllostachys aurea y Phyllostachys sulphurea var. viridis) ejercía de telón de un rico macizo de plantas de floración blanca —rododendros, Paeonia suffruticosa, Digitalis purpurea ‘Alba’, Iris sibirica ‘Fourfold White’ y las vaporosas flores del Anthriscus sylvestris ‘Ravenswing’—, además de ruibarbos (Gunnera tinctoria) de enormes hojas y helechos Athyrium niponicum var. pictum.

Ese mismo año, Haruko Seki y Makato Saito obtenían la medalla de plata por su diseño Garden in the Silver Moonlight, inspirado en la observación de la luz de la Luna, cuyos reflejos en el agua evocan lo efímero, lo transitorio y el devenir de la vida. “Poner en valor la jardinería japonesa y también las futuras posibilidades de diseño contemporáneo” era la intención del proyecto, según Seki. En este jardín destacaban escultóricos grupos de cañas de bambú elevándose sobre el estanque junto a un sendero curvo sobreelevado, grandes pasos japoneses sobre el agua y escalones en tonos blancos que destacaban sobre el verde de la vegetación.

Ver 2ª parte

Jardines japoneses: comunión con la Naturaleza,

Jardines de Isamu Noguchi,

Entrevista con Luis Vallejo,


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