El High Line de Nueva York es un parque lineal de unos 2,3 kilómetros construido sobre una antigua línea de ferrocarril de mercancías elevada, en el lado oeste de Manhattan. Se recorre a unos nueve metros por encima del tráfico, entre los edificios de Chelsea y el Meatpacking District, y su interés real no está en la anécdota de que sea una vía de tren reciclada, sino en cómo se resolvieron dos problemas difíciles: cómo se planta un jardín sobre una estructura con muy poco espesor de suelo, y cómo se conserva el carácter de un sitio que se había vuelto silvestre por abandono.

La estructura se construyó en los años treinta para sacar los trenes de mercancías de las calles de Manhattan, en las que provocaban atropellos constantes. Dejó de usarse en 1980 y durante dos décadas quedó abandonada, tiempo suficiente para que se acumulase una capa fina de sustrato entre las traviesas y para que llegase por el aire una vegetación espontánea de gramíneas, herbáceas y arbolillos pioneros. Esa vegetación de ruina es la que da origen a todo el proyecto.

La vegetación asilvestrada de las praderas de Chelsea y Washington parece emerger de forma espontánea entre las traviesas de hormigón. Los bancos de madera surgen extruidos del pavimento.

De vía muerta a parque

En 1999, cuando la demolición de la estructura estaba sobre la mesa, dos vecinos del barrio, Joshua David y Robert Hammond, fundaron la asociación Friends of the High Line para intentar salvarla. El concurso de diseño lo ganó un equipo formado por el estudio de paisajismo James Corner Field Operations y los arquitectos Diller Scofidio + Renfro, con el diseñador de plantación holandés Piet Oudolf a cargo de la vegetación.

La apertura se hizo por tramos: el primero en 2009, entre la calle Gansevoort y la calle 20; el segundo en 2011, hasta la calle 30; y el tercero, el que rodea las antiguas playas de vías, en 2014. Un ramal adicional, el Spur, se incorporó en 2019.

La agritectura: cómo se resuelve el suelo

El concepto que ordena todo el diseño es lo que sus autores llamaron agri-tecture, mitad agricultura mitad arquitectura: una gradación continua entre el pavimento y la plantación, desde tramos que son cien por cien suelo duro hasta tramos que son cien por cien vegetación.

El mecanismo es un pavimento de piezas alargadas de hormigón prefabricado, con juntas abiertas por las que emerge la vegetación, y con los extremos afilados en punta, de manera que se van adentrando en las zonas plantadas y se disuelven en ellas. No hay un borde entre camino y arriate: hay una transición. El resultado imita el modo en que las plantas espontáneas se instalan en las grietas de una acera, que es exactamente lo que ocurría en la ruina original.

Bajo esa superficie, el High Line funciona técnicamente como una cubierta ajardinada. El espesor de sustrato es reducido, mayor solo en los puntos donde hay arbolado, y el sistema está diseñado para captar el agua de lluvia a través de las juntas del pavimento y conducirla a las zonas de plantación antes de evacuar el excedente. Hay riego, importante en la fase de establecimiento y en episodios de sequía, pero la plantación se seleccionó para no depender de él a largo plazo.

Esa limitación de espesor condiciona la paleta entera. Solo entran plantas capaces de vivir con poca profundidad de enraizamiento, con exposición al viento, con contrastes térmicos fuertes y con drenaje muy rápido. Es, en la práctica, un jardín de condiciones extremas disfrazado de pradera.

La plantación de Oudolf

Piet Oudolf trabajó con una paleta dominada por vivaces y gramíneas, con arbolillos y arbustos de porte pequeño distribuidos en grupos. Una parte muy alta de las especies del primer tramo son nativas de la región de Nueva York, y algunas de las plantas que habían colonizado espontáneamente las vías se incorporaron al proyecto.

Entre los leñosos aparecen el guillomo (Amelanchier laevis), el árbol del amor americano (Cercis canadensis), abedules (Betula), el zumaque y los manzanos silvestres (Malus). Entre las herbáceas y gramíneas, Echinacea, Salvia nemorosa, Allium, Eupatorium, Aster, Panicum virgatum, Sporobolus heterolepis, Carex pensylvanica, Sesleria y Molinia, además de bulbosas de primavera como narcisos, tulipanes botánicos y Muscari.

El principio de fondo del trabajo de Oudolf es que una planta se elige por su estructura y no por su flor, porque la flor dura semanas y la estructura dura meses. De ahí la insistencia en tallos rígidos que no se tumban, en inflorescencias que se secan de pie y en semillas que aguantan el invierno. El parque no se limpia en otoño: la siega general se hace a mano a finales de invierno, antes de la brotación, y el material cortado se composta en el propio parque.

Es también un jardín pensado para condiciones muy variables a lo largo del recorrido. La propia estructura genera microclimas distintos, tramos soleados y tramos permanentemente en sombra por los edificios adyacentes, zonas ventosas y zonas resguardadas, y la plantación cambia en consecuencia: en el punto donde una pasarela metálica se eleva sobre el nivel del parque, la sombra permanente de debajo se resolvió con musgos y tapizantes.

El otro lado del éxito

El High Line se ha convertido en uno de los espacios públicos más visitados de Nueva York, con varios millones de visitantes al año, y en el modelo que se cita en cualquier debate sobre reutilización de infraestructuras. Conviene, sin embargo, no contar solo la mitad amable.

El parque disparó el valor del suelo en su entorno inmediato y aceleró un proceso de sustitución de población y de comercio en los barrios que atraviesa, hasta el punto de que uno de sus propios impulsores ha reconocido públicamente que el proyecto no supo anticipar ese efecto. Y la afluencia es tan alta que en muchos tramos la experiencia se parece más a una cola que a un paseo por una pradera.

Son problemas relevantes para cualquiera que quiera replicar la idea: un parque lineal estrecho tiene una capacidad de acogida limitada, y una intervención paisajística de este calibre transforma el mercado inmobiliario de su entorno tanto como el paisaje.

Qué se puede trasladar a España

La lección técnica es directamente aplicable. Hay una red muy amplia de trazados ferroviarios en desuso convertidos en itinerarios ciclables y peatonales, las Vías Verdes, y hay ejemplos españoles de reutilización de infraestructuras a gran escala, como los Jardines del Turia en Valencia, que ocupan el cauce del río desviado tras la riada de 1957, o Madrid Río, sobre el soterramiento de la M-30.

La lección botánica, en cambio, no se traslada tal cual. La plantación de pradera de Oudolf está construida con vivaces norteamericanas adaptadas a un clima con lluvias de verano; en Madrid, Murcia o Sevilla, esa misma paleta necesitaría riego constante para no agostarse en julio. El equivalente mediterráneo se construye con otra lista: Stipa gigantea, esparto, Ampelodesmos, Phlomis, salvias arbustivas, Teucrium, lavandas, santolinas, jaras, Euphorbia characias, Ballota y bulbosas mediterráneas de floración otoñal e invernal.

Lo que sí se traslada íntegro son los principios: elegir por estructura y no por flor, aceptar la estacionalidad en lugar de disimularla, no limpiar en otoño, trabajar con especies adaptadas a las condiciones reales del sitio en vez de forzarlas con riego y abono, y aprovechar el agua de lluvia dentro del propio sistema.

Y hay una lección de escala doméstica que suele pasarse por alto: la mayor parte de los recursos del High Line son los de una cubierta ajardinada. Poco espesor de sustrato, drenaje muy rápido, viento, sol directo y plantas que aguanten sequía. Es exactamente el problema de una terraza o de un ático en una ciudad española, y la respuesta es la misma: gramíneas, vivaces resistentes, sustrato ligero y drenante, y renunciar a las especies que necesitan un suelo profundo que ahí no existe.

En resumen

El High Line convirtió un viaducto ferroviario abandonado de Manhattan en un parque de 2,3 kilómetros abierto por tramos entre 2009 y 2014, con un diseño de James Corner Field Operations y Diller Scofidio + Renfro y una plantación de Piet Oudolf. Su acierto técnico es la agritectura, un pavimento de piezas de hormigón con juntas abiertas y extremos afilados que se funden con las zonas plantadas, sobre una estructura que funciona como cubierta ajardinada y capta el agua de lluvia.

Para un jardín español, lo aprovechable no es la lista de plantas, pensada para un clima con lluvias de verano, sino el método: seleccionar por estructura antes que por flor, dejar la mata seca de pie durante el invierno y podar a finales de este, ajustar la paleta a los microclimas reales del sitio y trabajar con especies que vivan con poco sustrato y poca agua. En clima mediterráneo, esa paleta existe y es en buena medida nativa.


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