Las gramíneas ornamentales aportan al jardín tres cosas que ninguna otra familia de plantas da a la vez: volumen ligero que no tapa, movimiento con el viento y una temporada de interés que se prolonga desde el verano hasta bien entrado el invierno, cuando la mata seca sigue de pie con la escarcha encima. A eso se suma lo que las ha puesto de moda, que es su bajo consumo de agua y de mantenimiento.
Este primer artículo trata de qué son y cómo se usan en el diseño. El cultivo, la poda, la multiplicación y las especies concretas disponibles en España se ven en la segunda parte.
Nasella tenuissima (primer plano), en el jardín del restaurante El Serrat del Figaró, Taradell, Barcelona, diseñado por Dolors Collbatallé.
Qué se está llamando gramínea
En sentido estricto, las gramíneas son las poáceas, la familia del trigo, el maíz, el arroz y el césped, con miles de especies repartidas por todos los continentes. En jardinería, sin embargo, la etiqueta se usa de forma más amplia y engloba también plantas de aspecto parecido que pertenecen a otras familias: las ciperáceas, como los Carex, y las juncáceas, como los Juncus.
La distinción no es una pedantería botánica, porque implica diferencias prácticas. Los Carex, en general, toleran mucho mejor la sombra y el suelo húmedo que las poáceas de pradera, y esa es precisamente la razón por la que se recurre a ellos en situaciones donde una gramínea verdadera no funciona.
Otra distinción que conviene tener presente desde el principio es entre las especies que forman mata cerrada, que crecen en corona y se quedan donde se plantan, y las que se extienden por rizoma, que colonizan superficie. Para un arriate se quiere lo primero. Lo segundo sirve para tapizar un talud, y es un error grave si se planta en una composición mixta.
Por qué funcionan en el diseño
Su papel es el de tejido. En una plantación naturalista contemporánea, las vivaces de flor son los acentos y las gramíneas son la matriz que las une, el fondo continuo que evita que el arriate parezca una colección de plantas sueltas. Ese es el uso que popularizaron los diseñadores del movimiento de plantación naturalista y el que explica su presencia en casi cualquier proyecto reciente.
Aportan además algo poco frecuente: transparencia. Una mata de Stipa o de Panicum de metro y medio deja ver a través de ella, de manera que se puede plantar en primer plano sin tapar lo que hay detrás. Con un arbusto del mismo tamaño eso es imposible.
Y aportan movimiento y sonido. Es un valor real, no un adorno literario: en una terraza expuesta o en un jardín de costa, donde el viento es un problema para casi todo, las gramíneas convierten ese problema en el principal atractivo del sitio.
El ciclo anual, que es lo que hay que diseñar
Una gramínea ornamental no se elige por cómo está en el vivero en mayo, sino por cómo va a estar en octubre y en enero.
En primavera la mata rebrota y crece; es su momento más discreto, y por eso conviene acompañarlas con bulbos, que florecen y desaparecen antes de que la gramínea alcance su tamaño. En verano alcanzan el pleno desarrollo foliar y empiezan a florecer las de estación cálida. El otoño es su momento: la floración culmina, las inflorescencias se secan y el follaje vira a ocres, dorados, cobrizos o rojizos. Y en invierno, si no se cortan, la mata seca aguanta de pie, capta la luz rasante y se cubre de escarcha.
Esa última fase es la más infravalorada en España, donde existe la costumbre de dejar el jardín limpio en noviembre. Cortar las gramíneas en otoño elimina cuatro meses de interés, priva a los pájaros de semilla y, además, deja la corona de la planta expuesta al frío y a la humedad invernal.
Cómo se combinan
La regla que mejor funciona es plantar en masas repetidas y no en ejemplares aislados. Tres, cinco o siete plantas de la misma especie agrupadas, y ese grupo repetido a lo largo del arriate, producen ritmo. Una planta de cada especie produce desorden.
Con qué combinarlas, en clima peninsular:
- Vivaces de inflorescencia plana o en umbela, que contrastan con la verticalidad de la espiga: aquileas, eryngiums, Sedum de flor tardía, Achillea, Phlomis.
- Vivaces de espiga, para reforzar la verticalidad: salvias, Salvia yangii (la antigua Perovskia), Verbascum, Agastache.
- Vivaces de flor en nube: gaura, Verbena bonariensis, Gypsophila.
- Arbustos de hoja perenne recortados en bola, que dan la masa oscura y sólida sobre la que se lee la textura de la gramínea: Teucrium fruticans, mirto, pitósporo, westringia.
- Bulbos: Allium, narcisos y tulipanes botánicos, que aprovechan la primavera antes del crecimiento de la mata.
- Un árbol o arbusto de color otoñal como telón: liquidámbar en suelo ácido, cercis o Pistacia en suelo calizo.
El fondo importa tanto como la planta. Una gramínea se ve cuando la luz la atraviesa, de modo que el mejor sitio es aquel donde recibe el sol de la mañana o de la tarde a contraluz, con algo oscuro detrás: un seto, un muro, una masa de perenne.
Los otros usos
Además de en el arriate mixto, las gramíneas resuelven bien cuatro situaciones concretas.
Sustituir superficies de césped. No como pradera pisable, que no lo son, sino como masa vegetal en las zonas del jardín por las que no se camina. La reducción de consumo de agua y de siegas es considerable, y en clima mediterráneo es probablemente el cambio con mayor impacto sobre la factura de riego.
Pantallas y separaciones estacionales. Un Miscanthus o un Arundo forman en verano una pantalla de dos metros que desaparece en invierno, lo que puede ser exactamente lo que se busca en una terraza que en enero necesita sol.
Macetas y cubiertas vegetales. Necesitan poca profundidad de sustrato y aguantan sequía y viento, así que funcionan en jardineras de terraza y en cubiertas ajardinadas donde el espesor de sustrato es limitado.
Jardines de costa. Viento fuerte, brisa salina y suelos arenosos y pobres son condiciones en las que fracasan muchas plantas y en las que varias gramíneas están en su ambiente.
Una precaución antes de comprar
El auge de las gramíneas ornamentales ha traído un problema serio. Varias de las especies más vendidas durante décadas son plantas colonizadoras que producen semilla en cantidad enorme y muy fácil de dispersar por el viento, y algunas de ellas figuran hoy en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, lo que prohíbe con carácter general su posesión, transporte y comercio.
Es el caso del plumero de la pampa (Cortaderia selloana), que ha colonizado taludes, márgenes de carretera y zonas industriales de toda la cornisa cantábrica, y del Pennisetum setaceum, especialmente problemático en Canarias. Otras especies muy usadas, sin estar catalogadas, se resiembran con tal facilidad que conviene pensárselo dos veces antes de plantarlas cerca de un espacio natural.
La consecuencia práctica es sencilla: antes de comprar una gramínea, comprobar la especie exacta y su situación normativa, y preferir cultivares estériles o de baja producción de semilla cuando existan. La segunda parte de este artículo entra en el detalle de las especies concretas.
En resumen
Las gramíneas ornamentales funcionan en el jardín como tejido de fondo, no como piezas sueltas: se plantan en masas repetidas de la misma especie, se combinan con vivaces de inflorescencia plana o en espiga y con arbustos perennes recortados que den masa oscura, y se colocan donde el sol rasante las atraviese a contraluz. Su ciclo se diseña pensando en otoño e invierno, y por eso no se cortan en noviembre.
Además del arriate, resuelven cuatro situaciones difíciles: sustituir césped en zonas no pisables, crear pantallas estacionales, vivir en jardineras y cubiertas con poco sustrato, y aguantar el viento y la sal de los jardines de costa. Antes de comprar, hay que identificar bien la especie: varias de las más vendidas históricamente están hoy prohibidas por figurar en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013.