Meter suculentas en un jardín mediterráneo no consiste en hacer un rocalla de cactus en una esquina. Consiste en usar unas cuantas piezas de forma muy marcada, aloes, ágaves, aeonios, como elementos de estructura permanente, y dejar que el resto de la plantación, arbustos recortados, vivaces y gramíneas, se mueva alrededor. El contraste entre una roseta rígida y una mata de gramínea que ondula con el viento es de los recursos más eficaces del diseño de plantación en clima seco.
Funciona además por una razón práctica: las suculentas y las mediterráneas de bajo riego comparten exigencias. Sol directo, suelo pobre, drenaje impecable y muy poca agua en verano. Se pueden plantar juntas en el mismo arriate sin que ninguna sufra por el régimen de riego de la otra, algo que no ocurre casi con ningún otro grupo de plantas.
Un rincón del jardín bajo los pinos y una jardinera de obra plantada con aloes y otras suculentas en un proyecto de Alfonso Pérez-Ventana en Ibiza. Fotos: A. Pérez-Ventana
Por qué aguantan tan bien
Las suculentas almacenan agua en hojas, tallos o raíces, y la mayoría emplea un metabolismo distinto del habitual: abren los estomas de noche, cuando la humedad es alta y la temperatura baja, fijan el dióxido de carbono en forma de ácido y lo procesan de día con los estomas cerrados. El resultado es una pérdida de agua por transpiración muy inferior a la de una planta convencional.
Eso explica su comportamiento en un verano peninsular y también su punto débil. Una planta preparada para no perder agua tampoco sabe deshacerse del exceso: el problema de las suculentas en España no es el calor de agosto, es el agua parada de noviembre combinada con el frío. En el litoral mediterráneo pasan el invierno sin problema si el suelo drena; en el interior húmedo y frío, no.
Los aloes, la puerta de entrada
De todo el grupo, los aloes son los que mejor se integran en una plantación mediterránea, porque florecen en invierno o a comienzos de primavera, cuando casi nada más lo hace, y porque sus rosetas dan volumen sin la agresividad de un ágave.
El Aloe vera (también citado como Aloe barbadensis) forma rosetas de hojas carnosas verde grisáceo, emite hijuelos con facilidad y florece en primavera en varas rematadas por racimos de flores tubulares amarillentas. Lleva siglos cultivado en el área mediterránea y es probablemente el aloe más resistente al descuido.
El Aloe arborescens, sudafricano, forma matas grandes y ramificadas de rosetas con hojas largas, estrechas y curvadas hacia fuera. Su interés está en la floración, entre mediados de invierno y primavera, en racimos cónicos de un naranja coral muy intenso. Es de los más usados como masa arbustiva en jardines de costa.
El Aloe ferox, el aloe del Cabo, es de porte arbóreo: un tronco único que va acumulando las hojas secas y una roseta terminal, con una inflorescencia ramificada muy vistosa. Es la pieza escultórica, la que se planta sola y se ve desde lejos.
El Aloe striata tiene las hojas anchas, cortas, sin dientes en el margen, de un verde azulado con finas líneas longitudinales y un borde rosado. Sus rosetas son bajas, casi a ras de suelo, y aguantan bien la media sombra.
El Aloe cameronii es la excepción cromática: sus hojas viran a un rojo cobrizo intenso cuando la planta pasa sed y recibe sol directo. Es una de las pocas plantas en las que el estrés hídrico es el efecto buscado, así que regarlo bien equivale a perder el color.
El Aloe maculata es pequeño, con hojas moteadas de manchas claras, y sirve como tapizante en grupo. Conviene saber que emite hijuelos con mucha facilidad, se naturaliza e hibrida sin control, y en zonas de clima suave puede escaparse del jardín y colonizar taludes y márgenes; en un jardín próximo al campo, mejor mantenerlo confinado en jardinera.
Sobre la resistencia al frío de todos ellos hay que ser prudente. Toleran heladas ligeras y breves si el suelo está seco, pero el frío acompañado de humedad los pudre. Cualquier cifra concreta depende tanto del drenaje, de la edad de la planta y de la duración de la helada que no sirve de mucho: la prueba real es cómo pasan el primer invierno en ese sitio concreto.
Cómo se plantan y cómo se combinan
El drenaje se resuelve antes de plantar y no después. En terreno pesado, la solución es elevar: jardineras de obra, caballones o montículos de treinta o cuarenta centímetros con una mezcla muy mineral, y acolchado de grava o picón en superficie para que el cuello de la planta esté siempre seco. Las jardineras de obra a pleno sol son, de hecho, donde mejor se comportan estas plantas, porque calientan y drenan.
La plantación se hace en primavera, cuando el suelo ya está templado y la planta tiene toda la temporada por delante para enraizar antes del invierno. Los primeros meses se riega poco pero de forma regular; después, muy espaciado.
En cuanto a la combinación, la fórmula que funciona es sencilla: suculentas como puntos fijos, arbustos mediterráneos recortados en bola o en nube para dar masa, y vivaces y gramíneas como tejido de fondo. Los arbustos que mejor encajan son el Teucrium fruticans, el mirto (Myrtus communis), el pitósporo (Pittosporum tobira), la westringia (Westringia fruticosa) y el lentisco (Pistacia lentiscus). Como tapizantes, el romero rastrero y los hipéricos arbustivos. Y entre las vivaces y gramíneas, la gaura, la Verbena bonariensis, la Salvia yangii (la antigua Perovskia atriplicifolia), las salvias arbustivas y gramíneas de porte suave como Muhlenbergia o Pennisetum alopecuroides.
Dos advertencias sobre este último grupo. La Verbena bonariensis se resiembra con enorme facilidad y en pocos años puede aparecer por todo el jardín. Y varias gramíneas ornamentales muy usadas en este estilo tienen un comportamiento colonizador acusado por resiembra, así que conviene informarse de la situación normativa de cada especie antes de plantarla, porque algunas de las más vendidas en el pasado están hoy prohibidas.
Lo que no se planta, y lo que se planta con cuidado
La uña de gato (Carpobrotus edulis), esa crasa rastrera de flores rosas o amarillas que cubre acantilados enteros del litoral, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras regulado por el Real Decreto 630/2013, lo que prohíbe con carácter general su posesión, transporte y comercio. Ha desplazado a la flora dunar y de acantilado en gran parte de la costa española. Como sustitutos con el mismo efecto tapizante están los Lampranthus, el Delosperma, el Frankenia laevis o el propio romero rastrero.
Los ágaves y las chumberas requieren dos precauciones. La primera es de ubicación: un Agave americana adulto tiene hojas con una espina terminal muy dura capaz de causar heridas profundas, así que no se planta junto a caminos, zonas de juego ni pasos estrechos; si ya está ahí, se recorta la punta de las hojas. Su savia, además, contiene compuestos irritantes que provocan dermatitis, de modo que la poda se hace con guantes y manga larga. La segunda es de comportamiento: varias especies de Agave y de Opuntia se reproducen vegetativamente con enorme facilidad a partir de hijuelos y de palas caídas, y en zonas de clima suave se han naturalizado en el campo. Un fragmento tirado en una cuneta es una planta nueva.
Las chumberas tienen además un problema sanitario reciente y grave: la cochinilla del carmín (Dactylopius opuntiae), que desde hace años arrasa las poblaciones de Opuntia en el sur peninsular, Murcia y Canarias. Plantar chumberas hoy en esas zonas es aceptar que probablemente habrá que tratarlas o retirarlas.
Un apunte final sobre toxicidad. Muchas suculentas de aspecto cactiforme son en realidad euforbias, y todas las euforbias segregan un látex blanco irritante y peligroso en contacto con los ojos; es fácil confundirlas con cactus, y no se podan sin guantes ni protección ocular. Los Kalanchoe son tóxicos por ingestión para perros y gatos. Ante cualquier síntoma, la consulta es al médico o al veterinario.
En resumen
Las suculentas funcionan en un jardín mediterráneo cuando se usan como estructura y no como colección: unos cuantos aloes, ágaves o aeonios repetidos entre arbustos recortados, vivaces y gramíneas, todos con el mismo régimen de sol, suelo pobre y riego escaso. Los aloes son los más fáciles de integrar por su floración invernal, y entre ellos Aloe arborescens, Aloe vera y Aloe striata son los más agradecidos.
El drenaje manda sobre todo lo demás: plantación elevada en suelos pesados, mezcla mineral, acolchado de grava y cuello siempre seco, porque lo que las mata no es el calor sino el agua parada del invierno. Y una lista de cautelas: nada de uña de gato, que está en el Catálogo del Real Decreto 630/2013; ágaves lejos de los pasos y podados con guantes; chumberas descartadas en las zonas afectadas por la cochinilla del carmín; y guantes y gafas para cualquier euforbia.