Un árbol de Navidad natural dura en buen estado entre dos y cuatro semanas dentro de casa, y lo que decide en qué extremo de ese rango cae son tres cosas: la especie que se compra, la temperatura del salón y si tiene agua. Nada más.

Si además la intención es que sobreviva a enero y acabe plantado en el jardín, la conversación cambia por completo: entonces lo que importa es el cepellón, la aclimatación al salir de casa y, sobre todo, si la especie tiene alguna posibilidad de vivir en el clima donde se va a plantar. En buena parte de España, no la tiene.

Qué especie estás comprando

La inmensa mayoría de los árboles naturales que se venden en España pertenecen a tres o cuatro especies, y no se comportan igual.

El abeto de Nordmann (Abies nordmanniana), originario del Cáucaso, es hoy el más vendido y con diferencia el que mejor retiene la acícula en interior. Tiene la hoja ancha, de un verde oscuro brillante, roma en la punta y por tanto poco pinchosa, y una ramificación regular en pisos. Es también el más caro, porque tarda muchos años en alcanzar el tamaño comercial.

El abeto rojo o picea (Picea abies) es el árbol de Navidad clásico europeo, más barato, de silueta más estrecha y aroma más marcado. Su problema es conocido: en un salón con calefacción pierde la acícula deprisa, a veces en diez o quince días.

El abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii) tiene la hoja más blanda y un olor cítrico característico, y el pino silvestre (Pinus sylvestris) aparece en algunas plantaciones con la ventaja de aguantar bien el calor seco, aunque con una forma menos cónica.

Conviene saber que casi todos proceden de plantación agrícola, cultivados para esto durante seis, ocho o diez años, y no de tala de bosque. En España hay producción en Cataluña, sobre todo en la comarca de Osona, y en Galicia, además de la importación del norte de Europa.

Cortado o con raíz

Un árbol cortado es un ramo grande: se compra sabiendo que va a durar unas semanas y luego se recicla. Se elige mirando el color, la flexibilidad de las ramas y, la prueba más útil, pasando la mano en sentido contrario a la acícula: si caen muchas hojas en la tienda, caerán todas en casa.

Un árbol con raíz solo tiene sentido si el cepellón es real. Hay que levantarlo y comprobar que el sustrato está trabado por raíces vivas y que el árbol no baila dentro de la maceta; un ejemplar arrancado y metido en un contenedor pocas semanas antes tiene el sistema radicular mutilado y no arraigará por mucho que se cuide. También conviene desconfiar de un árbol grande en una maceta pequeña.

Y hay una tercera vía que en clima mediterráneo funciona mejor que las dos anteriores: prescindir del abeto. Un pino piñonero joven (Pinus pinea), un enebro, un romero conducido en cono, un olivo pequeño o incluso una araucaria de interior (Araucaria heterophylla) se decoran igual de bien y, a diferencia del abeto, tienen futuro en un patio de Murcia o de Córdoba.

Cuidados dentro de casa

El enemigo es el aire caliente y seco. Un abeto viene de un clima fresco y húmedo, y en un salón a 23 grados con radiador debajo se deshidrata en días. Las medidas que de verdad cambian el resultado son estas:

  • Colocarlo lejos de radiadores, chimeneas, salidas de aire acondicionado y del sol directo de una ventana grande. El rincón más fresco de la casa es el mejor sitio.
  • Si está cortado, recortar uno o dos centímetros de la base justo antes de montarlo y colocarlo en un soporte con depósito de agua. Un abeto de tamaño medio puede consumir un litro o más al día durante la primera semana, y si el depósito se seca la base se sella con resina y ya no vuelve a absorber.
  • Si tiene cepellón, mantener el sustrato húmedo pero nunca encharcado, con la maceta dentro de un cubremacetas que no acumule agua en el fondo.
  • Pulverizar agua sobre el follaje cada pocos días ayuda, sobre todo en pisos con calefacción central.
  • Usar luces LED, que apenas calientan, y no dejarlas encendidas toda la noche. Las guirnaldas antiguas de bombilla incandescente resecan el follaje del punto donde se apoyan.

El tiempo máximo razonable en interior para un árbol con raíz que se quiere conservar es de dos semanas. Cada día de más dentro de casa lo desorienta: empieza a brotar como si fuera primavera y luego se encuentra con el frío de la calle.

Sacarlo de casa sin matarlo

Este es el paso donde se pierden casi todos los árboles con cepellón. Pasar de 22 grados de salón a una helada nocturna de enero es un choque que el árbol no encaja. La aclimatación se hace en dos etapas: una semana en un espacio intermedio, un porche, un garaje luminoso, una galería sin calefacción o una terraza protegida, y solo después a la intemperie.

Una vez fuera, el árbol se queda en su maceta o se planta. Si se planta, el momento es bueno, porque el invierno es la época de plantación de las coníferas en la mayor parte de la Península, con el suelo húmedo y la planta en reposo. Se cava un hoyo bastante más ancho que el cepellón, se afloja el fondo, se planta al mismo nivel que estaba (enterrar el cuello es un error clásico y mortal), se riega abundantemente para asentar y se acolcha la superficie.

Dónde puede vivir un abeto en España, y dónde no

Hay que decirlo claro: el Abies nordmanniana es un árbol de montaña húmeda. Necesita clima fresco, humedad ambiental, suelo profundo, ácido o neutro y bien drenado, y sufre mucho con el calor seco y con la cal. En la cornisa cantábrica, en el norte de Cataluña, en zonas de montaña del Sistema Central o del Pirineo y en jardines gallegos, puede vivir décadas. En el interior seco de la meseta, en Levante o en Andalucía, un abeto plantado en el jardín es un árbol que se va a ir secando poco a poco durante dos o tres veranos.

Si el sitio no acompaña, lo honrado es mantenerlo en maceta grande, en semisombra fresca y con riego regular durante el verano, y sacarlo unos días en Navidad, o reconocer desde el principio que no es la especie adecuada y comprar el árbol cortado sabiendo que se va a reciclar.

Después de las fiestas

Muchos ayuntamientos españoles organizan en enero puntos de recogida de árboles naturales, que se trituran para compost o acolchado, y algunos ofrecen la recogida de ejemplares con cepellón para replantarlos en parques municipales. Es la salida razonable para un árbol cortado, mejor que el contenedor de la calle.

Un apunte doméstico: las acículas caídas y el agua estancada del soporte pueden sentar mal a un perro o un gato que las ingiera, así que conviene barrer a menudo y tapar el depósito. Ante cualquier síntoma, la consulta es al veterinario.

Y sobre el eterno debate del árbol artificial: su balance ambiental depende sobre todo de cuántos años se reutilice, porque está fabricado con plásticos y metal y se transporta desde muy lejos. Un artificial que dura quince años es una decisión defendible; comprar uno nuevo cada tres, no.

En resumen

Para que un árbol natural aguante bien las fiestas: elegir Nordmann si se quiere que no pierda la acícula, colocarlo en el rincón más fresco y lejos de cualquier fuente de calor, recortar la base y mantener el depósito con agua si está cortado, sustrato húmedo sin encharcar si tiene cepellón, y luces LED.

Para que sobreviva después: máximo dos semanas dentro de casa, una semana de aclimatación en un espacio intermedio antes de sacarlo al frío, y plantación en invierno sin enterrar el cuello. Y una comprobación previa de sentido común: el abeto solo prospera en clima fresco y húmedo y en suelo sin cal. En el interior seco, en Levante o en el sur, mejor un pino piñonero, un enebro, un olivo o un romero conducido en cono, que sí se quedan a vivir en el jardín.


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