Las plantas que se venden en diciembre tienen un problema común: se compran en un invernadero a 18 grados y se llevan a un salón con calefacción a 24, aire seco y poca luz. Ese cambio, y no la falta de cuidados, es lo que mata a la mayoría antes de Reyes.
Todas las que aparecen aquí se pueden mantener bastante más allá de las fiestas, y varias vuelven a florecer año tras año si se les da lo que piden. Lo que piden, casi siempre, es menos calor, más luz y menos agua de la que se les suele dar.
La flor de Pascua
La flor de Pascua o poinsetia (Euphorbia pulcherrima) es un arbusto tropical originario de México. Lo que parecen pétalos rojos son brácteas, hojas modificadas que cambian de color; las flores de verdad son las bolitas amarillentas del centro.
Es sensible al frío y a las corrientes de aire, así que el viaje desde la tienda hasta casa importa: envuelta, y sin dejarla en el coche. En casa quiere el sitio más luminoso posible, sin sol directo abrasador y lejos de radiadores, de la puerta de entrada y de la ventana que se abre a diario. Temperatura estable, alrededor de 16 a 20 grados.
El riego es donde se pierde. Se riega cuando la superficie del sustrato está seca al tacto, con agua no fría, y se vacía siempre el plato: la Euphorbia no soporta el cepellón encharcado y responde al exceso de agua exactamente igual que a la falta, dejando caer las hojas de golpe. Conviene además quitar el envoltorio metalizado o perforarlo, porque retiene el agua drenada en el fondo.
Como todas las euforbias, al partir un tallo suelta un látex blanco que resulta irritante para la piel y sobre todo para los ojos y las mucosas. Manos lavadas después de podarla, y planta fuera del alcance de niños y animales. Su fama de planta mortal está muy exagerada, pero irritante lo es. Ante cualquier problema, la consulta es al médico o al veterinario.
El ciclamen
El ciclamen (Cyclamen persicum) es la planta con flor de interior más agradecida del invierno y la que peor lleva la calefacción. Es una planta mediterránea de ciclo invernal: crece y florece en la estación fresca y descansa en verano. En un salón caliente se agota en semanas; en un rellano fresco, en una galería o en un balcón protegido de las heladas, con temperaturas de 10 a 16 grados, florece durante meses.
Se riega por el plato o por el borde de la maceta, nunca sobre el tubérculo ni sobre el corazón de la planta, y se retira el agua sobrante a los quince minutos. Las flores y hojas marchitas se arrancan tirando con un giro seco desde la base, no se cortan con tijera, porque el trozo de pecíolo que queda se pudre.
El tubérculo contiene saponinas y es tóxico por ingestión. Es la parte que interesa a los animales que escarban en las macetas.
La amarilis
La amarilis (Hippeastrum) es un bulbo grande de origen sudamericano que florece en pleno invierno dentro de casa. Se planta en una maceta apenas mayor que el bulbo, con un tercio de este asomando por encima del sustrato, y se riega muy poco hasta que aparece el vástago floral; a partir de ahí, riego normal. Desde la plantación hasta la flor suelen pasar entre seis y diez semanas, según la temperatura.
La vara florece mejor si la planta está en un sitio luminoso, y se mantiene más recta si se gira la maceta cada dos o tres días. Cuando termina la floración se corta la vara, pero no las hojas: son las que recargan el bulbo para el año siguiente. Con riego y algo de abono durante la primavera y el verano, y un descanso seco en otoño, vuelve a florecer.
El bulbo contiene alcaloides y es tóxico por ingestión, un rasgo común a la familia de las amarilidáceas.
El cactus de Navidad
El mal llamado cactus de Navidad (Schlumbergera) es un cactus epífito de la selva brasileña, no una planta de desierto, y ese malentendido explica casi todos los fracasos con ella. No quiere sol directo, no quiere sequía prolongada y no quiere sustrato mineral: quiere luz filtrada, un sustrato aireado que drene bien y riego regular sin encharcar.
Florece porque los días se acortan y las noches refrescan. Si pasa el otoño en una habitación con luz artificial encendida hasta medianoche, no florece. Es una planta muy longeva, fácil de multiplicar partiendo segmentos y dejándolos cicatrizar un par de días antes de clavarlos en sustrato húmedo. No figura entre las plantas tóxicas de interior.
Acebo, muérdago y hiedra
Los tres son plantas europeas asociadas al solsticio de invierno mucho antes que a la Navidad, y los tres tienen frutos tóxicos por ingestión.
El acebo (Ilex aquifolium) es un arbusto o arbolillo de crecimiento muy lento, de media sombra, que en la Península vive de forma natural en las montañas del norte y en enclaves frescos del interior. Es dioico: para tener bayas hace falta un pie hembra y un pie macho cerca. Sus frutos rojos son tóxicos por ingestión. Su recolección en el medio natural está regulada en varias comunidades autónomas, de manera que las ramas y las plantas que se comercializan proceden de cultivo.
El muérdago (Viscum album) no es una planta de maceta: es un hemiparásito que vive sobre las ramas de otros árboles, sobre todo de manzanos, chopos, pinos y almendros. Sus bayas blancas son tóxicas por ingestión, y son justo lo que llama la atención de un niño pequeño. Colgado en alto, ningún problema; al alcance de la mano, mejor no.
La hiedra (Hedera helix) es la más útil de las tres para decorar, porque aguanta días cortada en agua y porque en el jardín cubre muros en sombra donde no crece nada más. Sus frutos, negros y maduros a finales de invierno, también son tóxicos por ingestión, y la savia provoca dermatitis en personas sensibles.
Bulbos forzados y ramas de invierno
Los jacintos y los narcisos paperwhite plantados a finales de otoño florecen en interior en pleno diciembre y perfuman una habitación entera. Se pueden cultivar en un vaso con agua rozando la base del bulbo, o en sustrato, y quieren un periodo previo fresco y a oscuras de varias semanas para desarrollar raíz antes de sacarlos a la luz. Los bulbos de narciso y jacinto también son tóxicos por ingestión.
Y una alternativa que no cuesta nada: las ramas del propio jardín. Cornejo de corteza roja, sauce, avellano retorcido, ramas de olivo, piñas y frutos secos del otoño. Combinadas en un jarrón alto duran todas las fiestas y no hay que cuidarlas.
Después de Reyes
La flor de Pascua se puede conservar. Cuando las brácteas pierden color, hacia febrero o marzo, se podan los tallos dejando unos diez o quince centímetros, se reduce el riego y se guarda en un sitio luminoso y fresco. En primavera se trasplanta y brota de nuevo. Volver a teñir de rojo las brácteas es otra historia: exige un régimen estricto de noches largas y completamente oscuras durante semanas en otoño, y en una casa normal casi nunca sale.
El ciclamen y la amarilis, en cambio, rebrotan sin ninguna dificultad si se respeta su descanso estival. Y el acebo comprado en maceta, si se planta en el jardín en un sitio de media sombra y suelo fresco, seguirá ahí dentro de veinte años.
En resumen
Las plantas de Navidad se pierden por exceso de calor y exceso de agua, no por descuido. Flor de Pascua entre 16 y 20 grados, mucha luz, riego solo cuando la superficie está seca y plato vacío. Ciclamen en el sitio más fresco de la casa, regado por abajo. Amarilis con el bulbo asomando y poco riego hasta que arranca. Schlumbergera con luz filtrada, sustrato drenante y noches largas en otoño para que florezca.
Y una advertencia que conviene repetir cada diciembre: el látex de la flor de Pascua es irritante, y el tubérculo del ciclamen, el bulbo de la amarilis, las bayas del acebo, las del muérdago y las de la hiedra son tóxicos por ingestión. Con niños o animales en casa, en alto y fuera de alcance. Ante cualquier síntoma, médico o veterinario.