Para que los pájaros silvestres visiten el jardín en invierno hacen falta tres cosas: comida, agua sin congelar y sitios donde esconderse. Con eso basta. Si además el jardín tiene arbustos con fruto y no se limpia hasta dejarlo pelado en noviembre, las aves llegan solas y vuelven cada día a la misma hora.

La temporada de comederos en España va, a grandes rasgos, de octubre a marzo, y es más útil cuanto más frío sea el invierno: en la meseta norte, el Sistema Ibérico o la cornisa cantábrica marca mucha más diferencia que en la costa mediterránea. Lo importante es la constancia. Un comedero que se llena un fin de semana y se olvida tres no ayuda a nadie; los pájaros incorporan el punto de alimentación a su ruta diaria y gastan energía en llegar hasta él.

Un petirrojo ha acudido a alimentarse a una clásica casita de madera llena de semillas en pleno invierno.

Qué pájaros vas a ver

En un jardín o una terraza con vegetación de la mitad norte peninsular lo habitual es el petirrojo (Erithacus rubecula), muy territorial y el primero en acercarse a un comedero nuevo; el carbonero común (Parus major) y el herrerillo común (Cyanistes caeruleus), que trabajan los comederos colgantes cabeza abajo; el mirlo (Turdus merula) y el zorzal común (Turdus philomelos), que prefieren comer en el suelo; y los fringílidos, verderón (Chloris chloris), jilguero (Carduelis carduelis), pinzón vulgar (Fringilla coelebs) y lúgano (Spinus spinus), este último muy irregular de un año a otro.

Buena parte de estas aves están en la Península todo el año, pero en invierno se ven mucho más porque la vegetación está desnuda, porque bajan de la montaña al llano y porque a la población local se le suman ejemplares centroeuropeos que invernan aquí. La curruca capirotada (Sylvia atricapilla) es un buen ejemplo: en invierno se vuelve frugívora y aparece en los jardines a comer bayas de durillo y de hiedra.

Arbustos y árboles que dan de comer

La comida que se pone en un comedero es un complemento. La base es la vegetación, y ahí es donde se decide si un jardín tiene pájaros o no. Interesan las especies que fructifican en otoño y aguantan el fruto en la planta durante el invierno, que es cuando escasea todo lo demás.

Para clima mediterráneo y suelos calizos funcionan muy bien el durillo (Viburnum tinus), con bayas azul metálico entre finales de invierno y primavera; el lentisco (Pistacia lentiscus); el madroño (Arbutus unedo), que florece y fructifica a la vez en otoño; el majuelo o espino albar (Crataegus monogyna); el aladierno (Rhamnus alaternus); y los cotoneaster y pyracanthas, que no son nativos pero producen fruto en cantidad y aguantan sequía y cal sin problema.

En zonas más frescas y de suelo ácido, el serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), el acebo (Ilex aquifolium), el cornejo (Cornus sanguinea) y el saúco (Sambucus nigra). Del acebo conviene saber dos cosas: sus frutos son tóxicos por ingestión para las personas, aunque las aves los consuman sin problema, y su recolección en el monte está regulada en varias comunidades autónomas, así que las plantas que se venden proceden de cultivo.

La hiedra (Hedera helix) merece capítulo aparte. Florece en otoño, cuando ya casi no queda nada en flor, y sus frutos maduran a finales de invierno, justo en el momento de mayor escasez. Un muro cubierto de hiedra adulta es a la vez despensa, dormidero y lugar de nidificación. Sus frutos también son tóxicos por ingestión para las personas.

A esto se suman los rosales silvestres, que dejan escaramujos hasta bien entrado el invierno, las zarzas de un seto de fondo, y todo lo que produce semilla y se puede dejar sin cortar: cardos, equináceas, gramíneas ornamentales, girasoles, Sedum de flor tardía. La costumbre de recortar el jardín a ras en cuanto llega el otoño elimina exactamente la comida que hace falta en enero.

Distintas alturas, distintas aves

Un jardín con una sola capa de vegetación atrae pocas especies. Uno con árbol, arbusto alto, arbusto bajo y algo de hierba sin segar atrae muchas, porque cada grupo busca alimento a una altura distinta. Los fringílidos y los páridos trabajan en las ramas; los túrdidos, en el suelo; los currucas y chochines, en la maraña baja de los setos. Añadir un seto mixto en lugar de uno de una sola especie es probablemente la intervención que más diversidad aporta por metro cuadrado.

El montón de hojarasca que se barre y se tira es otro recurso desperdiciado. Amontonada bajo un arbusto retiene humedad, guarda invertebrados y mantiene ocupados a mirlos y petirrojos durante semanas.

Comederos: qué poner y qué no

Hay tres formatos básicos, y lo razonable es combinarlos porque cada uno sirve a un grupo de aves. La bandeja o plataforma elevada sobre un poste sirve para casi todos. El tubo o la malla colgante es para carboneros, herrerillos y jilgueros, que trepan sin dificultad. Y un puñado de grano en el suelo, bajo un arbusto, es para mirlos, zorzales, currucas y palomas.

En cuanto al alimento, lo más aprovechable es la pipa de girasol, mejor la negra, que tiene la cáscara más fina y más proporción de grasa. Detrás van los cacahuetes crudos sin sal (enteros solo en malla, para que no se los lleven de golpe), el mijo, la avena, las bolas o bloques de grasa vegetal o sebo, y fruta pasada: manzana y pera partidas por la mitad, que agradecen mirlos y currucas.

Lo que no conviene: nada salado ni frito, restos de comida condimentada, y frutos secos con moho, porque las toxinas de los hongos son peligrosas para las aves. El pan es un caso aparte: no las envenena, pero llena sin aportar prácticamente nada, así que como alimento principal es un mal negocio para un pájaro que necesita grasa en enero.

Higiene, y dónde colocar el comedero

Concentrar muchos pájaros en un punto pequeño facilita el contagio de enfermedades, sobre todo cuando los restos de comida se mojan y fermentan. La rutina razonable es retirar cada pocos días lo que quede húmedo, lavar el comedero y el bebedero con agua caliente y cepillo cada una o dos semanas, y mover el punto de alimentación en el suelo para no acumular cáscaras siempre en el mismo sitio.

La colocación importa casi tanto. El comedero debe estar a un par de metros de un arbusto o árbol donde las aves puedan refugiarse en dos aletazos si aparece un gavilán, pero no pegado a un seto denso a ras de suelo, que es justo desde donde acecha un gato. Si hay gatos en la finca, un poste liso y alto, sin ramas ni muros de apoyo cerca, resuelve la mayor parte del problema.

El agua, lo que más se olvida

En invierno las aves necesitan beber y también bañarse: el plumaje limpio y bien engrasado aísla del frío, y un pájaro sucio pasa más frío. Un bebedero sirve si es poco profundo (dos o tres centímetros bastan), si el fondo no resbala y si tiene una piedra o una rampa por la que salir.

Donde hiela, hay que romper el hielo o renovar el agua por la mañana. Nunca se añaden sal, azúcar, glicerina ni anticongelante: son perjudiciales para las aves y además la sal estropea el aislamiento de las plumas. Un recipiente de barro o de plástico grueso, apoyado sobre el suelo y no sobre metal, tarda algo más en congelarse.

Pensando ya en primavera

El invierno es buen momento para colocar cajas nido, porque así las aves las tienen localizadas cuando empiece a haber luz en febrero. Las cajas de agujero pequeño, de unos 28 a 32 milímetros de diámetro, son las que usan carboneros y herrerillos. Van a dos o cuatro metros de altura, con la entrada orientada lejos del sol de mediodía y de la lluvia dominante, en la Península normalmente entre el norte y el este, y ligeramente inclinadas hacia abajo para que no entre agua.

Un detalle que suele pasarse por alto: los mismos pájaros a los que se alimenta en enero son los que en mayo estarán buscando orugas para sus pollos en los rosales y los frutales. Una pareja de carboneros criando consume una cantidad enorme de larvas al día. Alimentarlos en invierno no es solo un gusto, es una forma barata y silenciosa de control de plagas en primavera, siempre que se renuncie a los insecticidas de amplio espectro que se llevan por delante ese mismo alimento.

En resumen

Para tener pájaros en el jardín en invierno hace falta plantar bien y ensuciar un poco: arbustos con fruto invernal como durillo, madroño, lentisco, majuelo o cotoneaster, hiedra adulta en un muro, plantas de flor que se dejan sin cortar para que den semilla, y un montón de hojarasca bajo un seto. Todo lo demás es complemento.

El complemento, eso sí, hay que hacerlo bien: pipa de girasol negra, cacahuete sin sal y grasa en comederos de varios tipos, nada salado ni enmohecido, limpieza cada semana o dos, agua limpia y sin congelar todos los días, y el comedero colocado con salida de escape cerca pero sin emboscada para los gatos. Se empieza en octubre, se mantiene hasta marzo y se aprovecha el invierno para colgar las cajas nido de la primavera siguiente.


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