Casi todo lo que hace falta para adornar una casa en Navidad se puede recoger en un jardín o en una terraza a lo largo del año: piñas, ramas, frutos secos, hojas, espigas, flores que se secan solas. El material no cuesta nada y el resultado tiene una textura que ningún adorno industrial imita, porque no hay dos piezas iguales.

La única condición es la previsión. Casi nada de esto se consigue en diciembre: las piñas se recogen en otoño, las hortensias se secan a final de verano, las espigas se cortan en junio. Quien lo piensa en noviembre llega tarde a la mitad de las cosas, así que lo primero es un calendario.

Qué recoger y cuándo

  • Junio y julio. Espigas de cereal y gramíneas ornamentales, cortadas antes de que la semilla esté del todo madura para que no se desgranen. Lavanda en espiga, justo cuando empieza a abrir.
  • Agosto y septiembre. Hortensias, que es cuando la flor adquiere ese tacto de papel y los tonos apagados de verde, vino y bronce. Cortadas antes se marchitan; cortadas en ese punto se secan perfectas.
  • Octubre y noviembre. Piñas de pino y de ciprés, bellotas, castañas de indias, cápsulas de amapola, farolillos de Physalis, monedas del Papa (Lunaria annua), cardos secos, vainas y cortezas caídas.
  • Todo el invierno. Ramas desnudas de sauce, avellano, abedul o cornejo, que se cortan de la propia poda y sirven de estructura para casi todo.
  • Diciembre. El verde de hoja dura para lo que se monta en fresco: eucalipto, olivo, romero, laurel, pino, ciprés, brezo.

Sobre recoger fuera de casa, dos advertencias. La primera, general: en montes públicos y en espacios protegidos la recolección de material vegetal suele requerir autorización, y varía según la comunidad autónoma. La segunda, específica y muy repetida cada diciembre: no se arranca musgo ni líquenes del monte. Tardan años en recuperarse, su extracción degrada el suelo forestal y en bastantes lugares está expresamente prohibida. El musgo para decoración se compra ya recolectado de forma controlada o se sustituye por otra cosa.

Cómo secar cada cosa

Secado al aire. Es el método para lavanda, espigas, gramíneas, cardos, lunaria y flores de tallo firme. Se atan en manojos pequeños, no gruesos, y se cuelgan boca abajo en un lugar oscuro, seco y con aire. La oscuridad es lo que conserva el color; al sol todo queda pajizo.

Hortensias. Tienen su propio método, y es el más sencillo que existe: se ponen en un jarrón con dos dedos de agua y se deja que el agua se evapore sin reponerla. Secan lentamente, dentro del jarrón, y mantienen la forma sin encogerse.

Glicerina, para hojas flexibles. Una parte de glicerina por dos de agua caliente en un recipiente, y los tallos dentro dos o tres semanas. La planta absorbe la mezcla y las hojas quedan flexibles y curtidas en lugar de quebradizas. Funciona muy bien con eucalipto, magnolio, laurel y hiedra, y esas ramas duran años.

Cítricos deshidratados. Rodajas de naranja, limón o pomelo de medio centímetro, escurridas sobre papel y al horno a temperatura baja, entre 80 y 90 grados, con la puerta entreabierta para que salga el vapor, durante tres o cuatro horas dándoles la vuelta. Quedan translúcidas y son de lo más agradecido para colgar del árbol o coser a una guirnalda.

Piñas. Vienen del campo con inquilinos, así que conviene tratarlas: un rato en el congelador dentro de una bolsa, o mejor un paso por el horno a unos 90 grados durante media hora sobre papel. El calor tiene además un efecto útil, que es abrir por completo las escamas.

Qué se puede montar con eso

La corona. Base de sarmientos de vid, mimbre o ramas flexibles de sauce retorcidas en aro. Encima se atan con alambre fino manojos superpuestos, siempre en el mismo sentido, hasta cubrir. El verde de hoja dura aguanta tres semanas sin agua; el material seco, indefinidamente.

El árbol alternativo. Un haz de ramas desnudas clavadas en una maceta con arena o yeso, o un cono de alambre forrado. Ocupa poco, no pierde acícula y es la solución para un piso pequeño o para una segunda estancia. Colgando de las ramas, las rodajas de naranja y las estrellas de paja funcionan mejor que las bolas.

Adornos colgantes. Estrellas atadas con espigas o con canela en rama, bolas de rafia o de esparto tejido, piñas con un lazo, discos de rodaja de madera. Todo se cuelga con cordel de cáñamo o de yute, que visualmente sostiene el conjunto mucho mejor que un hilo dorado.

Centros y guirnaldas de mesa. Verde tendido directamente sobre la mesa, con frutos entre medias: granadas, kumquats con hoja, nueces, bayas de hipérico. Se monta el mismo día y se retira sin más.

Bulbos como adorno. Un recipiente bajo con grava y bulbos de narciso de racimo blanco, plantados a mediados de noviembre, está en flor en Navidad y dura varias semanas. Es el adorno vivo más agradecido de esas fechas.

Textura antes que color

Trabajando con material natural, el criterio que ordena la composición no es el color sino la textura y la escala. La gama es corta de por sí (verdes apagados, marrones, cremas, algún rojo de fruto), así que lo que hay que buscar es contraste de superficies: la piña rugosa junto a la lunaria translúcida, el eucalipto liso junto a la espiga áspera, la corteza junto al fruto brillante.

Tres cosas que ayudan: agrupar piezas iguales en números impares, mezclar tres tamaños distintos del mismo elemento en lugar de todos medianos, y dejar espacio vacío entre grupos. Un montaje natural bien hecho tiene menos elementos de los que uno cree, no más.

Dos precauciones

El material vegetal seco arde con una facilidad notable. Una corona de espigas, unas ramas secas o un manojo de lavanda prenden en segundos. Junto a este tipo de decoración solo van luces led, nunca velas encendidas, y conviene revisar que ninguna guirnalda eléctrica antigua caliente al tacto.

Y aunque casi todo lo que se usa aquí es inocuo, hay frutos ornamentales que no lo son. Las bayas rojas de acebo y las del muérdago son tóxicas por ingestión, y son precisamente las más atractivas para un niño pequeño; el acebo silvestre está además protegido en varias comunidades autónomas y solo debe adquirirse de cultivo. Si hay niños o animales en casa, esos adornos van en alto.

Guardarlo de un año para otro

El material seco se conserva bien si se protege de tres enemigos: la humedad, la luz y las polillas. Cajas de cartón rígido, no bolsas de plástico cerradas, que condensan; un sitio seco y sin cambios bruscos de temperatura, mejor un armario interior que un trastero; y unas bolsitas de gel de sílice dentro si la casa es húmeda.

Las piezas más frágiles (hortensias, cápsulas, cítricos secos) se envuelven sueltas en papel de seda y no se apilan. Con ese trato, una colección de adornos naturales sirve cinco o seis Navidades, y cada año se le añaden las piezas nuevas que haya dado el jardín.

En resumen

La decoración navideña con material natural se hace a lo largo del año, no en diciembre: espigas en junio, hortensias en septiembre, piñas y frutos en otoño, ramas desnudas de la poda invernal y verde de hoja dura los últimos días. Secando al aire en oscuridad, con glicerina para las hojas y con el horno para los cítricos y las piñas, se tiene material para varias temporadas.

El resto es criterio: componer por textura y no por color, agrupar en números impares y dejar hueco. Y dos cosas que no se negocian, no arrancar musgo del monte ni comprar acebo silvestre, y no acercar una llama a nada de esto: solo luces led.


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