El fuego alarga la temporada del jardín por los dos extremos: permite estar fuera en las noches de abril y en las de octubre, que en casi toda España son perfectamente utilizables si uno no se queda frío. Y hace algo que ninguna estufa consigue, que es reunir a la gente alrededor.
Antes de comprar nada conviene decidir qué se busca exactamente, porque hay dos cosas distintas que se venden juntas: calor y fuego visible. Una chimenea de bioetanol da mucho fuego y casi nada de calor. Un brasero de leña da mucho calor y bastante humo. Elegir mal es la causa de que el aparato acabe arrinconado.
Las chimeneas de exterior permiten disfrutar al aire libre durante las noches más frescas. Admiten muchos tipos de materiales y diseños.
Qué opciones hay
- Chimenea de obra con hogar y campana. Es la que más calienta y la que mejor controla el humo, porque lo evacúa por el tiro en lugar de soltarlo a la altura de la cara. Necesita cimentación, materiales refractarios y una ubicación fija bien pensada. Es una obra, no una compra.
- Brasero o cesta de fuego de leña (los llamados fire pits). La opción más social: fuego abierto, gente alrededor, calor radiante en un radio de dos o tres metros. Barato y eficaz, pero produce humo y chispas, así que hay que colocarlo bien y aceptar que a alguien siempre le da el humo.
- Chimenea de barro del tipo mexicano. Bonita y de calor moderado, con una debilidad: el choque térmico y la humedad la agrietan. Necesita una capa de arena o grava en la base, no encenderse a plena potencia de golpe, y estar cubierta o resguardada cuando no se usa.
- Brasero o chimenea de gas. Se enciende y se apaga al instante, no hace humo ni ceniza y regula la llama. Es la opción más cómoda y la más limpia de usar, a cambio de tener que alojar y cambiar la bombona.
- Chimenea de bioetanol. Fuego decorativo sin obra, sin tiro y sin instalación. Merece un apartado propio porque en torno a ella circula bastante información equivocada.
Bioetanol: qué es cierto y qué no
Estas chimeneas queman alcohol de origen vegetal en un quemador abierto, sin conducto de humos. Lo que sí es cierto: no dejan ceniza, no manchan de hollín, no necesitan chimenea y se pueden colocar casi en cualquier sitio estable. Como pieza decorativa cumplen perfectamente.
Lo que no es cierto es que no emitan nada. Toda combustión consume oxígeno y produce dióxido de carbono y vapor de agua, y el bioetanol no es una excepción: es precisamente lo que ocurre al quemarlo. Si la combustión no es completa, además, puede generar monóxido de carbono, que no huele y es peligroso. Por eso estos aparatos no deben usarse en espacios cerrados sin ventilación, ni dejarse encendidos sin vigilancia, ni utilizarse en habitaciones pequeñas. Al aire libre o en un porche abierto ese riesgo desaparece, que es su sitio natural.
Sobre el calor, conviene ajustar expectativas: un quemador de bioetanol aporta poco. En una terraza al aire libre, en octubre, la sensación térmica que produce es sobre todo visual. Si lo que se busca es calentar, la respuesta es la leña o el gas.
Y una precaución que causa la mayoría de los accidentes con estos equipos: nunca se rellena el depósito con el quemador caliente. Los vapores de alcohol se inflaman con facilidad y el retroceso de llama al verter es un accidente conocido y grave. Se apaga, se espera a que enfríe por completo (bastante más de lo que uno cree) y solo entonces se rellena.
Dónde colocarla
El sitio decide si el aparato se usa o no. Cuatro criterios:
El viento dominante. Es lo primero. El humo tiene que alejarse de la zona de asiento y de las ventanas de la casa, propias y del vecino. En una terraza urbana, esa consideración es lo que evita la mitad de los conflictos.
Distancia a lo que arde. Nada de fuego bajo un toldo, una pérgola de madera o vegetal, un seto de coníferas o una copa baja. En verano mediterráneo, un ciprés o una tuya secos arden con una violencia que sorprende a cualquiera. Un margen amplio, y hacia arriba también.
Suelo incombustible. Grava, piedra, hormigón o porcelánico bajo el fuego y en un radio generoso. Sobre una tarima de madera hace falta una base protectora específica, y sobre césped se quema el círculo.
El círculo de asientos. Alrededor de un brasero, la distancia cómoda ronda el metro o metro y medio desde el fuego. Con esa medida, un corro de seis personas necesita un espacio despejado de unos tres metros y medio de diámetro. Si no cabe, mejor una chimenea apoyada en un muro, que ordena el espacio en semicírculo.
Un detalle vegetal: el calor radiante y el humo continuado dañan el follaje próximo. Las plantas en maceta que estén al lado se apartan los días de fuego.
Qué se quema
Solo leña seca y sin tratar. La madera curada, con un año o dos de secado bajo cubierto, arde limpia y humea poco; la verde chisporrotea, humea muchísimo y da la mitad de calor. Las frondosas densas (encina, olivo, haya, fresno) son las que mejor rinden; las coníferas resinosas producen más chispa y más creosota.
Y una lista de lo que no entra nunca en el fuego:
- Madera pintada, barnizada, tratada o de palés. Libera compuestos tóxicos al quemarse.
- Restos de poda de adelfa (Nerium oleander) y de otras plantas tóxicas. El humo arrastra los compuestos de la planta, incluida la madera seca, y no conviene respirarlo ni cocinar sobre él.
- Restos de jardín en general. Además de humear mucho, la quema de residuos vegetales del entorno agrario o silvícola está prohibida con carácter general por la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular, salvo las excepciones autorizadas que esa misma norma prevé. El destino de las podas es la trituradora, el compost o el punto limpio.
- Líquidos acelerantes. Ni gasolina ni alcohol para avivar un fuego de leña.
Seguridad y vecinos
Lo básico cabe en cuatro líneas: un cubo de arena o un extintor cerca, una pantalla o rejilla antichispas si hay niños alrededor, y no dar el fuego por apagado hasta que las brasas estén frías, porque conservan calor suficiente para quemar durante horas. Nunca se dejan brasas vivas sin vigilancia.
Antes de instalar nada conviene comprobar dos cosas. En una terraza o patio de un edificio en régimen de propiedad horizontal, los estatutos de la comunidad y las ordenanzas municipales suelen decir algo sobre fuego, humos y barbacoas. Y si la parcela está en terreno forestal o en su franja de influencia, cada comunidad autónoma establece restricciones al uso del fuego y épocas de peligro alto de incendios en las que directamente no se puede encender; esa consulta es obligada antes de comprar el aparato, no después.
En resumen
Para calentar de verdad, leña o gas; para tener fuego a la vista sin obra ni humo, bioetanol, sabiendo que aporta poco calor, que consume oxígeno y produce CO2 como cualquier combustión, y que jamás se rellena en caliente. Y el gas es la opción más cómoda si se prioriza encender y apagar sin trabajo.
El resto es colocación y sentido común: fuego a favor del viento dominante y lejos de las ventanas, suelo incombustible, margen amplio con toldos, pérgolas y setos, leña seca sin tratar y brasas vigiladas hasta que enfríen. Y antes de nada, mirar qué dicen la comunidad de propietarios, la ordenanza municipal y, si hay monte cerca, la normativa autonómica sobre uso del fuego.