La decoración navideña que envejece bien es la que se apoya en material vegetal. Una corona de ramas reales, unas cuantas plantas de temporada bien elegidas y un árbol cuidado dan un resultado que ningún adorno de plástico consigue, cuestan menos y no hay que guardarlos once meses en un altillo.

Lo que sigue es cómo hacerlo con plantas vivas y con verde cortado: qué comprar, cómo mantenerlo vivo las tres semanas que dura la Navidad, qué se puede recoger y qué no, y qué plantas conviene vigilar si hay niños o animales en casa.

El árbol: natural, de raíz o artificial

La primera decisión es el tipo de árbol, y conviene tomarla con datos y no con eslóganes.

Cortado. Es la opción de la mayoría. En España se venden sobre todo dos especies: la picea (Picea abies), más barata y de aroma característico, que pierde la acícula con rapidez en un salón caldeado, y el abeto del Cáucaso (Abies nordmanniana), bastante más caro pero que retiene la hoja mucho mejor y es lo que se planta en la mayor parte de las plantaciones comerciales. Casi todos proceden de cultivo agrícola, igual que cualquier otra cosecha.

Con cepellón. Parece la opción responsable y suele acabar mal. Un árbol con raíz que pasa tres semanas dentro de casa, a veintitantos grados y junto a un radiador, rompe su reposo invernal y llega a enero agotado. Si se quiere intentar, hay que respetar tres condiciones: no más de diez o doce días dentro, el sitio más fresco y luminoso de la casa, lejos de cualquier fuente de calor, y una aclimatación gradual en una terraza o garaje antes de sacarlo definitivamente al frío. Y hay que saber que la picea y el abeto son especies de montaña que en el clima del centro y el sur peninsular no prosperan plantados en el jardín.

Artificial. Su ventaja ambiental depende por completo de cuántos años se use. Los análisis de ciclo de vida que comparan ambas opciones sitúan el punto de equilibrio en torno a una década de uso continuado, por el coste de fabricación y transporte del plástico. Un artificial que dura veinte años sale bien parado; uno que se cambia cada tres, no.

Sea cual sea, hay un cuidado que cambia el resultado en el árbol cortado: agua. Se corta un par de centímetros de la base al llegar a casa, se coloca en un soporte con depósito y se rellena a diario. Un abeto de dos metros puede beber un litro al día los primeros días. Con eso, y manteniéndolo alejado del radiador, aguanta las fiestas en condiciones.

Las plantas de temporada que de verdad duran

  • Poinsetia o flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima). Lo que parecen pétalos son brácteas, hojas modificadas; las flores verdaderas son los botoncitos amarillos del centro. Quiere luz abundante pero indirecta, temperatura estable entre unos 15 y 22 grados, y ninguna corriente de aire frío. La causa habitual de que pierda las hojas a los pocos días es el frío del trayecto desde la tienda: conviene pedir que la envuelvan y no dejarla en el coche. Se riega poco, cuando el sustrato esté seco en superficie, y se vacía siempre el plato.
  • Cactus de Navidad (Schlumbergera). Planta de sotobosque tropical, no de desierto: quiere luz filtrada, humedad y riego moderado. Bien cuidada florece cada año durante décadas.
  • Amarilis (Hippeastrum). El bulbo se planta dejando fuera un tercio, en tiesto justo, y florece unas seis a ocho semanas después. Plantándolo escalonado a partir de octubre se tiene flor en Navidad.
  • Rosa de Navidad (Helleborus niger). Vivaz de sombra que florece en pleno invierno. Es planta de exterior: en interior aguanta poco, y en una terraza fresca vive años.
  • Ciclamen. La planta de balcón invernal por excelencia en España. Quiere fresco y detesta la calefacción; en un interior a 23 grados se viene abajo en una semana.

Con esas cinco, dispuestas en macetas de barro o en cestos, se decora una casa entera sin comprar un solo adorno.

Verde cortado: coronas, centros y guirnaldas

Una corona hecha con ramas reales cuesta muy poco. La base puede ser un aro de sarmientos de vid retorcidos o de mimbre, y sobre él se atan con alambre fino manojos superpuestos de verde, todos en la misma dirección.

El material que mejor aguanta sin agua es el de hoja coriácea: eucalipto (muy duradero y de color azulado), olivo, laurel, romero, pino, ciprés, boj, brezo. Las hojas tiernas se marchitan en dos días. Se completa con frutos y textura: piñas, granadas pequeñas, nueces, rodajas de naranja secadas en el horno a temperatura baja, ramas de Skimmia o de hipérico con sus bayas rojas.

Para que dure, la corona debe estar en un sitio fresco y alejada de radiadores y de la salida del aire caliente. Una corona en una puerta exterior aguanta tres semanas; la misma corona encima de una chimenea encendida, cuatro días.

Sobre recoger verde en el campo, dos cosas. La primera, que la recolección de material vegetal en montes públicos y en espacios protegidos suele requerir autorización, y varía según la comunidad autónoma. La segunda, específica: el acebo (Ilex aquifolium) está protegido en varias comunidades autónomas españolas, donde su corta y su recolección están prohibidas o sujetas a permiso, precisamente por la presión que sufrió durante décadas por el uso navideño. El acebo que se vende legalmente procede de cultivo, y esa es la única vía razonable de tenerlo.

Cuidado con lo que se pone al alcance

Conviene aclarar una cosa muy repetida: la flor de Pascua no es la planta mortal que dice la leyenda. Su látex blanco resulta irritante para la piel y las mucosas, y si se ingiere puede causar molestias digestivas, pero los casos graves documentados son excepcionales. Lavarse las manos después de podarla es la precaución razonable.

Otras plantas navideñas sí exigen más atención. Las bayas del muérdago (Viscum album) y las del acebo son tóxicas por ingestión, y son justo lo más llamativo para un niño pequeño. Las del Hippeastrum y el bulbo de la amarilis también contienen alcaloides tóxicos. Y para los gatos, cualquier planta del género Lilium es especialmente peligrosa, así que si llega un ramo con lirios conviene ubicarlo fuera de su alcance. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario, y ayuda saber decir el nombre de la planta.

Menos adorno y más criterio

Tres reglas que aplican a cualquiera de los estilos que se llevan cada año, y que sobreviven a las modas:

  • Limitar la paleta a dos colores más el verde. Rojo y dorado, blanco y plata, o cobre y crema. En cuanto entran cuatro colores, la casa se ve recargada por muchos que sean los adornos buenos.
  • Repetir el material. Si se elige la madera y el fieltro, que se repitan en el árbol, en la mesa y en la entrada. La repetición es lo que hace que un conjunto parezca decidido y no acumulado.
  • Concentrar en tres puntos. El árbol, la mesa y la entrada. Decorar cada superficie de la casa diluye el efecto y multiplica el trabajo de recoger.

La luz merece la misma disciplina que en el jardín: cálida, de intensidad baja y en varios puntos, mejor que una guirnalda fría y potente. Y las velas, con una regla evidente que se salta todos los años: nunca junto a material vegetal seco, que arde con una facilidad notable.

Cuando se acaba

El árbol cortado no va al contenedor. La mayoría de los ayuntamientos españoles habilitan puntos de recogida de abetos en enero, y ese material se tritura para compost o acolchado. Si hay jardín, las ramas trituradas sirven como mulch acidificante, especialmente bien para brezos, camelias u hortensias.

La flor de Pascua se puede conservar. Después de la floración se poda a unos quince centímetros, se mantiene con riego escaso, y en verano se saca a una terraza en sombra luminosa. Volver a colorear las brácteas exige un régimen estricto de oscuridad total durante unas catorce horas diarias desde comienzos de octubre, algo que en una casa normal es incómodo pero no imposible. Aunque no se consiga, la planta sigue viva y verde, que es más de lo que acaba pasando con la mayoría.

En resumen

Una Navidad decorada con plantas se sostiene con cuatro decisiones: un árbol al que se le da agua a diario y se mantiene lejos del radiador, cuatro o cinco plantas de temporada colocadas donde no les dé la calefacción, verde cortado de hoja dura para coronas y centros, y una paleta de dos colores repetida en tres puntos de la casa.

Y dos avisos que conviene no saltarse. El acebo silvestre está protegido en varias comunidades autónomas y solo debe comprarse de cultivo. Y aunque la flor de Pascua no sea la planta letal de la leyenda, el muérdago, el acebo y los bulbos de amarilis sí son tóxicos por ingestión, así que su sitio no es la mesa baja del salón si hay niños pequeños o animales en casa.


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